PFQMG (Vol 2) Cap. 4 Porque te crees inteligente, pero no lo eres



Chico de genitales peque… Key


Es la quinta vez, en esta tarde, que me paseo como desesperado por la sala de mi casa. No puedo mantenerme quieto por mucho tiempo y la necesidad de romper todo a mi paso es muy potente.

Resoplo con fuerza cuando recuerdo la imagen mental que está grabada en mi cerebro: cuando Rita se sentó en las piernas de otro chico y le devoró la boca como si fuera el platillo principal de la cena… o mejor aún, como si fuera el postre y todo el chocolate juntos.

Agg.

—¡Imposible! —grito de rabia mientras no dejo de pasearme de un lado a otro.

Esa no es Rita. La Rita que conozco es la que degollaría vivo al que le pusiera una mano encima, la que amenaza con castrar a todo aquel que le hable feo. Esa de allí, la exhibicionista, la desinhibida e insensata besadora de chicos rubios con cara como para una portada de revista no es la Rita que conocí cuando casi la atropellé con mi auto.

¿Yo la llevé a ese estado? ¿Fue todo eso mi culpa?

Sí, yo no fui de gran ayuda todo este tiempo.

—¡Pero si ella es más fuerte que esto! —grito de nuevo, agarrando a golpes la pequeña almohada con forma de pera que sigue formando gran parte de la decoración de la sala gracias a mis hermanas. 

Y hablando de ellas, ambas me observan desde la parte superior de las gradas, viendo cada uno de mis movimientos. Bajan en silencio y me miran como si hubiera perdido la cabeza.

—¿Se puede saber qué haces? —pregunta Pam. Lleva unos grandes lentes de sol que cubren casi toda su cara.

—Busqué a Rita de nuevo —digo, furioso al recordar toda la escena en mi cabeza—. Hice todo tal y como me dijiste.

Eso llama su atención y veo cómo se quita los lentes para tomar asiento en el primer sillón que encuentra. Eileen, a su lado, hace lo mismo mientras acomoda una taza de café entre las manos.

—¿Contactaste al Sr. Kuroiwa? —pregunta Pam.

Asiento con la cabeza. Al menos esa es la única parte de mi plan que parece ir de maravilla.

—¿Y? —habla Eileen, haciéndome señas para que lo cuente todo.

Resoplo de nuevo, con irritación.

—Ese no fue el problema, esa fue la parte más sencilla de todo —digo—. Él aceptó el dinero que le ofrecí y ahora daré su clase por las próximas semanas.

Ambas, Pam y Eileen, gritan y aplauden de alegría.

—¡Sabía que Rita estaría en esa clase! —dice Pam, emocionada—. ¿El Sr. Kuroiwa dijo exactamente lo que pediste que dijera? ¿El cuento ese sobre ser de la familia y toda esa mierda sobre ser músico profesional?

Le doy una mirada de advertencia y luego asiento con la cabeza, suspirando con cansancio. Pam siempre ha visto con molestia el que yo toque en una banda.

—Aun no entiendo cómo averiguaste todo —murmuro de mala gana luego de unos minutos.

Pam eleva una de sus cejas y sonríe con malicia.

—Digamos que Rita tiene una vecina llamada Lucy a la que le gusta dar información personal de forma gratuita… y quien, curiosamente, era la mejor estudiante y amiga del Sr. Kuroiwa.

—Eres malvada —dice Eileen, elogiando las habilidades de Pam. También yo las elogio.

—Lo sé —responde ella encogiéndose de hombros con falsa modestia—. Pero, Key, cuéntanos más.

Me toco la cara, pasando mi mano por mi frente, irritado al recordarlo todo de nuevo.

—Rita… —comienzo, pero me detengo porque no quiero decir lo siguiente. ¿La habré perdido? —. Rita sale con otro chico.

Pam y Eileen abren sus bocas al mismo tiempo, como si estuvieran sincronizadas; en otro momento diría que resulta bastante cómico, pero la situación no me causa ninguna gracia.

—¿Rita? —pregunta Pam, como si no lo pudiera creer—. ¿De verdad?

Asiento con la cabeza.

Mis hermanas se miran entre ellas por unos instantes antes de romper en risas echando la cabeza hacia atrás y sujetándose los estómagos como si yo les hubiera contado el chiste más gracioso del mundo.

Cuando se detienen, varios minutos después, se quedan en silencio hasta que es Eileen quien lo rompe diciendo lo siguiente:

—Ella está muy fuera de tu alcance.

Mi enojo aumenta cuando ella alarga la palabra “muy” por siete segundos de más.

Para el colmo, Pam asiente con la cabeza mientras vuelve a colocarse sus lentes.

—Yo me daría por vencido —dice ella con seriedad—. Fuiste el bobo que la dejó por ir detrás de una chica que te tiene manipulado; ¿sabes qué es lo peor de todo? Lo peor es que esa misma manipuladora encontró a otro bobo en el camino y, ahora “supuestamente” se siente al fin enamorada y lista para dejarte atrás.

Me encojo de hombros, Pam resumió la historia a la perfección.

—Yo también estoy listo para dejarla atrás. Mi historia con Mia terminó…

Pam eleva una de sus manos para detenerme.

—Déjame recordarte que dijiste lo mismo antes y, luego, cuando misteriosamente la chica se quiere arrojar frente a un puente…

—Fue frente a un auto.

—Lo que sea —retoma Pam—, se quería arrojar ya sea frente a un auto, un tren, un unicornio sin licencia… es lo mismo. Ella logró lo que quería, y eso era llamar tu atención de la manera más antigua y desesperada: el embarazo. Pero ella no se embarazó, así que en este caso optó por la segunda opción más antigua sobre cómo amarrar a un hombre: el suicidio.

—Nadie juega con algo tan delicado —añade Eileen—. No sé si tragarme todavía esa historia de Mia. Y lo que más rabia provoca es que resulta que ahora está enamorada de otro. Es como si te saliera el tiro por la culata… o a ella. Y con todo lo que ocurrió con su hermana, Emilia…

—¡Exacto! —continúa Pam—. Así que la conclusión es esta: Rita analizó lo mismo que nosotras acabamos de hacer, y decidió seguir adelante porque supo que no valías la pena. Y lo siento hermano, pero te pasaste demasiado con ella. La chica no quiere ni vernos a nosotras. ¡Nosotras! Ya cumplí con mi deber de hermana mayor de ayudarte con el Sr. Kuroiwa, lo demás depende de ti.

—Ella fue inteligente —habla Eileen mientras sorbe el líquido de su taza—. Me refiero a Rita, no a Pam. Ojalá yo hubiera conseguido otro chico cuando mi primer novio decidió dejarme.

—Mia me necesitaba en ese momento —intento explicarme como por milésima vez—. Yo sé que Rita es fuerte, segura de sí misma, y creí que entendería que necesitaba estar al lado de Mia para brindarle fortaleza.

Veo a Eileen rodar los ojos. Si Pam se quitara los lentes la vería haciendo lo mismo.

—Tenías que ser hombre —murmura ésta última—. Tal vez seamos fuertes por dentro, pero todas tenemos un límite. Ciertamente tú lo rompiste al irte con tu ex y huir a otra ciudad solo para que ella recibiera “tratamiento” y se enamorara de otra persona, y venir, ¿qué? ¿tres meses después? Solo para decir que quieres volver. Eso no pasa ni en las mejores historias.

—Vas a tener que trabajar duro si la quieres recuperar —comenta Eileen—. Ahora que tiene a alguien más sugiero que la dejes en paz.

Frunzo el ceño al escuchar sus palabras.

—Pero si todo iba bien con nosotros…

—Iba —responden mis hermanas al mismo tiempo. Lo juro, a veces parecen gemelas.

—Sí —retomo la conversación—. Iba bien entre nosotros.

—Eres un imbécil —responde Pam, poniéndose de, de repente—. Si mi novio me hubiera tratado así, ya lo hubiera dejado.

Eileen imita a Pam y se levanta del sillón.

—No entiendo por qué te ayudamos a saber su horario de clases —dice ella, enojada.

Mi mirada de confusión debe impresionar a ambas porque ruedan los ojos casi al mismo tiempo.

—¿Qué hice ahora? —pregunto.

Es Pam quien se detiene a explicarme:

—¿Qué ocurre contigo? ¿Piensas que esos tres meses de distancia le hicieron bien a la relación? Las cosas evolucionan y nunca son como antes. Rita lo comprendió primero que tú, ahora solo tienes que entenderlo. ¿Crees que puedes irte y regresar después como si nada hubiera pasado? ¡Ella es una persona también! Tiene sentimientos.

De pronto soy golpeado por la mano de Eileen, justo en la nuca.

—No entiendo cómo no lo vimos antes —murmura ella.

Pam asiente a favor.

—Arréglalo tú solo —dice Eileen—. Es mejor que la dejes ser feliz con un chico que no le amargue la existencia.

—¿Cómo pasamos de “ayudarme” a “anti Key”? —pregunto, sin poderlo creer.

—Pasamos a “odiamos a Key” cuando mencionaste que regresarás a ella porque todo iba bien entre ambos. Esa es una razón muy tonta.

—Es más que eso —murmuro—. Yo de verdad me siento atraído por ella, no creo que esa sensación de hormigueo en mis piernas, cada vez que la veo, desaparezca.

—Ponte en su lugar —dice Eileen—, ¿te gustaría que ella acudiera al llamado de un ex y se quedara con él por tres meses solo porque sentía que tú eras fuerte y no te ibas a molestar si ella huía con él?

Si lo ponía desde ese punto de vista sonaba cruel… y tonto.

—¿Ahora lo entiendes? —pregunta Eileen—. No fue fácil para ella, y es difícil para nosotros porque también nos agradaba demasiado y de seguro sintió que la ignorábamos a propósito todo este tiempo. En este punto solo tienes dos posibilidades con alguien como Rita.

Eileen queda en silencio, observándome fijamente.

—¿Qué posibilidades tengo? —le pregunto cuando veo que no va a decir nada.

Ella se encoge de hombros.

—Tienes la posibilidad de enamorarla de nuevo, o alejarte y dejarla ser feliz con alguien que sí la trate como su prioridad.

Pam asiente con la cabeza.

Me quedo pensativo por varios segundos hasta que, lentamente, toda la información se va filtrando a mi cabeza.

Si yo me pusiera en el lugar de Rita… me sentiría herido, igual a como ella se siente ahora. Si ella eligiera irse con Gabriel, me sentía furioso.

Claro, así es como se siente ella conmigo.

Bien, ahora lo entiendo. Por fin puedo decir que lo entiendo.

—No puede ser —murmuro, mi rostro debe verse blanco por la revelación—: soy un completo asno.

—Y eso no alcanza a describir ni la cuarta parte de lo que eres Keyton Higinio Miller—comenta Eileen, sorbiendo lo último de su taza.

Ninguno de nosotros escucha cuando, de repente, mamá cruza la puerta entre el espacio que divide nuestra parte de la casa y la parte de papá y ella, pero pronto presenciamos su voz cantarina por toda la sala mientras se acerca uno por uno a darnos un beso en la frente.

—¿De qué hablamos? —pregunta ella mientras sonríe radiantemente—. ¿Qué pasa ahora en la vida de mis hijos?

Su sonrisa parece de esas de comercial de pasta, es enorme y muestra todos sus dientes.

—Pasa que tienes un hijo muy imbécil —dice Pam, cruzándose de brazos cuando hago mala cara.

—¿Qué ocurrió ahora? —pregunta mamá, tomando asiento y dejando el aire perfumado a su alrededor con su esencia floral

—Hablamos de Key y de lo idiota que ha sido con la que fue su novia —responde Pam—. Deberías aconsejarlo mamá, tu hijo cometió una gran estupidez.

—¿Hablan de Rita? —pregunta mamá—. Pero si me parecía una linda chica. ¿Qué ha sido de ella?

—Tu hijo la hizo sufrir —responde Pam. Cuando ve que voy a protestar, levanta la mano para interrumpirme—. Dejaré que él te lo diga todo porque a mí me cansa hablar de este tema. No entiendo por qué algunas personas hacen eso, tratarte como si olvidaran que al final de cuentas eres una flor delicada, aunque sea muy, muy en el fondo.

Con esas últimas palabras ella sale de la habitación, seguida de una muy indignada Eileen.

Doy un último resoplido de cansancio mientras tomo asiento junto a mamá.

—¿Qué hago ahora? —le pregunto.

Sus ojos me miran comprensivamente mientras pone su mano en mi rodilla para darle golpecitos con sus largas uñas pintadas de rosa pálido.

—Hijo, si la quieres ve a recuperarla. Si ella no quiere volver, déjala libre.

—Ese es el problema —digo de mala gana—, creo que ella ya no me quiere.

—Entonces creo que ya sabes qué tienes que hacer.

Me da un último golpecito en la rodilla mientras se pone de pie.

—¿Tengo que rendirme? —pregunto.

Mamá niega con la cabeza.

—Claro que no, ve por ella. Si no quiere venir a ti, sigue intentándolo. La perseverancia ha ayudado a muchos miembros de la familia Miller, hijo. Toma de ejemplo a tu padre: demasiada nariz y un acento raro. No quería verlo ni de broma, pero el muy tonto insistió y… bueno, no me he arrepentido ni un solo día de mi vida.

—¿Ni porque papá ronca demasiado?

—Ni porque suene como motor de avión.

Mamá se despide de mí con otro beso en la frente.

—Deséame suerte.

—Solo cuando sientas que ella vale la pena… pero espero que la suerte siempre esté de tu lado.

—¡No puede ser! —me quejo, riendo de repente—. ¿Pam también te hizo ver esa película?

—Y me hizo leer los libros también.

Con un último guiño la veo salir de la habitación.

¿Debería insistir con Rita? ¿Tendremos sentido alguno ella y yo?

Espero que sí porque no me canso de ser insistente cuando se requiere.





Rita


Mi clase de música oriental se está volviendo lentamente en un dolor en el trasero, un dolor agudo y punzante como la picada de un insecto, o como un grano detestable que te hace difícil el sentarte correctamente en cualquier superficie plana. Como sea, un dolor.

De alguna manera huelo algo sospechoso por parte de Key porque, ¿cómo es posible que alguien sin experiencia en el tema y ajeno al personal docente de la universidad vaya a conseguir un puesto de suplente para una clase donde la mitad de los alumnos son asiáticos? Esto tiene su firma por todos lados y voy a averiguar qué se trae entre manos.

¿De verdad es tan difícil para él entender que, la chica a la que abandonó hace tres meses, tiene ahora una vida? Aunque mi vida se está hundiendo lentamente y cayendo a pedazos cada vez que papá corre como esclavo detrás de la mujer que dice ser mi madre, pero de todas formas sigue siendo mi vida.

Ahora huyo y me escondo detrás las columnas que forman el extenso corredor que me lleva directo a la clase de música oriental, caminando en puntillas mientras intento pasar desapercibida por el salón para evitar que cierto sujeto de genitales pequeños me mire.

La clase es impartida únicamente dos días a la semana, lunes y miércoles, pero nunca imaginé que esos dos días serían los más detestables… o que yo tendría una razón para esconderme. Así que, mientras camino casi en cuclillas y asomo la cabeza por la puerta, me repito a mí misma que trato de evitar de todas las formas posibles a Key porque si lo vuelvo a ver le estamparé una silla en la cara.

Mientras observo el salón de clases noto que él no está por ningún lado, solo los mismos chicos detestables de siempre. Cuando intento ponerme de pie para ingresar y sentarme en el último asiento, es cuando noto una sombra detrás de mí, y una mano que se detiene en mi hombro.

—¿Te escondes de algo? —pregunta alguien cuya voz reconozco al instante y muy bien.

Doy la vuelta para verle la cara.

Sí, es el chico de genitales pequeños.

¿Por qué la vida no puede ser justa por al menos un instante y hacer que esto llamado karma funcione? ¿Por qué Key no pudo engordar o perder cabello en estos últimos tres meses? ¿Por qué yo sí aumenté de peso? ¿Fueron acaso las alitas de pollo? ¿O engordé por tanta comida chatarra que compra el abuelo a escondidas de la esposa de papá para que no nos regañe?

—¿Rita? —habla la irritante voz que aún recuerdo por teléfono aquel lejano día cuando me dijo que se iba con su ex novia—. ¿Te encuentras bien? Tienes la mirada fija en mi cara y eso me está asustando.

Frunzo el ceño y me recuerdo la meta en todo esto: hacer que sufra y pague, que sangre y sude, que le duela y llore, que le pique y no se pueda rascar, que…

—¿Rita? Te ves maniática —me interrumpe él.

—Sé que tramas algo —lo amenazo con mi dedo índice—, no entiendo cómo lo hiciste, pero lo sé.

Él se limita a elevar una de sus pobladas y perfectas cejas. 

—¿Qué se supone que estoy tramando? De hecho, lo único que “tramo” en este momento es dar la clase, pero estás obstruyendo la entrada.

Mis ojos se entrecierran y hago una mueca intensa y dramática.

—¿Estás sugiriendo que me veo gorda y por eso obstruyo la entrada?

Key… eh, perdón, chico de genitales pequeños es sorprendido por mi elección de palabras.

—No estoy diciendo que te veas gorda… aunque tus caderas aumentaron un poco, no es que se mire mal ya que ahora es más fácil de agarrar…

Él queda en silencio cuando nota mi mirada asesina.

—Lo siento —tose disimuladamente y señala de nuevo la entrada—. Es solo que la puerta es estrecha y es casi la hora de comenzar. ¿Estás lista para la clase de hoy? Preparé algo especial.

—Esto no me huele bien —me quejo.

—Oh, debe ser porque Pam se puso en mi contra y cambió mi perfume por uno con olor a comida. Al parecer Paco Rabanne no le bastó y prefirió arruinarla por… —él tiene la decencia de pausarse para tomar la mochila que cuelga de su hombro, junto a un estuche que obviamente parece de guitarra, y saca un bote de perfume de apariencia cara de donde lee la etiqueta— imitación importada con esencia de tocino y huevos.

Levanta la botella para que la examine y, sí, huele a tocino y huevos.

—¿Por qué me das explicaciones? —pregunto, alejando la botella con la mano—. Y no era a eso a lo que me refería cuando dije que aquí olía mal.

—Oh, entonces no lo sé.

Frunzo el ceño, sin creer ni una sola de sus palabras.

—Cuando mientes se te forma un brillo extraño en los ojos —le comento—, es el brillo extraño que tienes justo ahora.

—¿Acabas de admitir que mis ojos brillan? —pregunta, llevándose una mano a la barbilla—. Eso quiere decir que me acabas de dar un cumplido, ¿cierto?

—¡No quise decir eso! Tus ojos solo brillan cuando mientes, porque eres un mal mentiroso.

—Lo que es bueno porque me hace una persona transparente.

—Para nada…

—Y además que te descubrí a punto de escabullirte en la clase, de seguro para sentarte en la última fila, ¿verdad?

—¿Qué? No me conoces —lo amenazo—. Estás mintiendo de nuevo.

—A estas alturas pensé que abandonarías la materia. Creí que no te iba a ver más por aquí.

Me cruzo de brazos mientras aprieto mi mandíbula con fuerza.

—No eres lo suficientemente importante como abandonar algo por lo que sí vale la pena luchar y son mis estudios —respondo de manera cortante.

—Auch. ¿Qué pasó con el amor? Deberías darle una oportunidad.

—Já, le di la oportunidad y me mordió y escupió en la mano. Ahora mejor vengo preparada hasta con repelente contra idiotas.

—Pues es un muy mal repelente —contesta él—. Atrajiste al peor idiota de todos, y precisamente nos mira desde lo lejos.

Genitales Pequeños mira más allá de mi hombro, cuando volteo a ver lo que él señala, puedo ver a Aldo mirándonos con cara de seriedad. Es espeluznante ver lo buen actor que es, incluso no ha chasqueado los dedos como siempre lo haría.

—Aldo es un amor —murmuro—. Entre él y yo hay reglas distintas de las que habían contigo. Por eso mi relación ha logrado durar tanto.

—Ah, ¿sí? —La cara de genitales pequeños se acerca peligrosamente a la mía, pero no trato de retroceder porque no me va a intimidar—. ¿Cuánto tiempo llevan los dos saliendo?

—Mmm… —buena pregunta, ¿cuánto se supone que llevamos? —. Tenemos dos meses de salir.

—Qué curioso porque hablé con él esta mañana, hace como una hora, y me dijo que llevaban tres meses.

¿Él está intentando indagar más sobre lo mío con Aldo?

—Ups —digo, enojada—. Se debió confundir con cuánto hace que llevamos follando. Ahora sí, permiso.

No espero a que me dé una réplica porque ya estoy dándome la vuelta para entrar al salón. Estoy prácticamente corriendo cuando entro, esperando ir directo a los últimos asientos, pero para mi mala suerte los asientos del fondo fueron ocupados por los chicos que, minutos antes, se sentaban en la primera fila. 

Vida injusta.

—Bien, hola a todos —escucho al chico de genitales pequeños mientras cierra la puerta del aula, esperando a que yo me siente en el asiento libre frente a su escritorio. Me siento finalmente cuando veo que casi todos estás ocupados—. Yo sé que el Sr. Kuroiwa manejaba un estilo diferente al mío para dar la clase, pero trataré de hacerla un poco más entretenida, más juvenil y siempre manteniendo su estilo oriental.

Las chicas sentadas a mi lado le sonríen coquetamente, tratando de arreglar su cabello para poder impresionar al “profesor” mientras él da la espalda para escribir algo en el pizarrón.

La mayoría de pizarrones dentro de la universidad han sido modernizados, pero por lo que tengo entendido, el Sr. Kuroiwa negó la solicitud y prefirió quedarse con el pizarrón original, con todo y la tiza para escribir. Así que Key escribe su nombre y luego limpia sus manos cuando ha terminado, haciendo que pequeñas partículas de polvo caigan en su camisa negra de botones.

—¿Necesitas ayuda? —escucho que pregunta la chica a la par mía—. Me refiero, ayuda con tu ropa, se ensució un poco.

—Te la puedes quitar si quieres —dice la otra.

Mi cara de asco se debe notar como un letrero de neón porque ahora ambas chicas me observan con molestia.

—¿Qué? —me pregunta una de ellas, la que tiene frenillos en los dientes y usa un moño como de cola de conejo.

Me encojo de hombros, sin realmente importarme con quién o qué se esté metiendo Key últimamente.

—De acuerdo —habla él—, aquí nadie se va a quitar la camisa. Está bien que se ensucie de vez en cuando.

La chica de frenillos hace un sonido como de gato al ronronear.

—Le gusta sucio de vez en cuando, anotado —dice en voz baja, para sí misma.

Asco.

—Lo que les quería explicar es algo más profundo y universal —retoma la clase—, pero se los mostraré.

Entonces él se mueve hacia su asiento, sacando la guitarra de su estuche; aunque casi al instante le sigue una pequeña caja ubicada más al fondo y vuelve a guardar la guitarra en su lugar cuando termina de sacar todo.

Se toma el tiempo de abrir la caja y, como si fuera una escena que haya vivido anteriormente, saca una muñeca Barbie y un muñeco Ken y los pega en la pizarra. Ambos están desnudos pero tienen sus partes íntimas cubiertas con una hoja que a leguas se nota que es artificial.

Todos en el salón hacen ruido y elevan las voces al ver a ambos muñecos, se escuchan sonidos de aprobación por casi todos.

Mis ojos no pueden abrirse más cuando entiendo lo que está haciendo.

Mierda. ¡Leyó el libro de Hush Hush!

¿Y cómo lo sé? Porque es así como comienza el primer capítulo del libro, con la protagonista, Nora, asistiendo a clase de biología viendo a los muñecos pegados en el pizarrón.

¿Qué le pasa a Key?

—¿Vamos a hablar de porno con muñecos? —pregunta uno de los chicos sentados al fondo, riendo junto a sus otros compañeros.

—No, vamos a hablar de… ¡sexo! —la última parte la dice viéndome directamente a la cara—. Y no el que ustedes creen.

La clase entera se ríe y hace más sonidos de aprobación en cuanto al tema.

Yo simplemente me quedo viendo de manera fija a Key.

—Vamos a hablar de sexo en las canciones y cómo influyen ahora de forma global —comenta él.

La chica de frenillos y su amiga no han dejado de suspirar y emocionarse con cada cosa que dice él. Lo miran como si fuera un dios.

Apuesto lo que sea a que él pagó para que ellas actuaran así.

Digo, Key no es tan guapo… bueno, mejor cambio de tema.

—Hace poco leí un libro —dice él—. De allí devoré la idea…

—Devórame a mí —susurra la de frenillos.

Ruedo los ojos.

¿En serio? Si ella supiera que Key todavía sigue enamorado de su ex se llevaría una gran desilusión, o tal vez eso a ella no le importe.

—Y después de explicar el tema también les dejaré un pequeño trabajo en parejas —dice Key—. Pero eso sí, serán elegidas al azar.

Todos abuchean al escuchar la última parte.

—Tranquilos, tranquilos… Noté que no somos en total un número par —dice él, otra vez dirigiéndose al estuche de su guitarra para sacar esta vez una pequeña bolsa de tela—, por lo tanto, va a ver un afortunado en sacar mi nombre para completar el trabajo.

Esta última parte emociona más a las mujeres que a los hombres.

Ugg, no quiero ser la pobre desafortunada.

Key deja la bolsa de tela a un lado y continúa hablando sobre el tema sexual en todas las canciones y cómo ha ido afectando al mundo moderno y asiático hoy en día.

Para el final de la clase ya todos se muestran interesados en el tema y en la asignación de pareja; al parecer él está copiando también parte de la misma asignación que tuvieron Nora y Patch en el libro.

Elegir pareja para investigar más sobre ellos, pero esta vez su presentación no será por escrito, será dedicada en una canción. Ambos tienen que elegir una canción para el otro según su personalidad y cantarla frente a la clase.

¡Qué fea asignación! Siempre que yo intento cantar atraigo a las ballenas, no es algo agradable de presenciar.

Noto cómo Key pasa con su bolsa de tela en la mano, empezando por los chicos sentados antes que yo, todo el salón presencia los nombres que ellos sacan de pequeños papeles cortados y doblados finamente.

Entonces me toca a mí.

Antes de poder meter la mano, Key cierra la bolsa y sonríe con confianza.

—Tengo que revolverlos primero —dice él, entonces procede a cerrar la bolsa y agitarla en el aire—. Ahora sí, por favor saca uno.

Abre la bolsa y meto mi mano, sospechando de su actitud tan calmada.

¿Es posible que él haya hecho algo para alterar los nombres? No, no habría manera. ¿O sí?

Cuando saco el papel, y lo desdoblo para leerlo es que noto que la vida puede llegar a ser una serie de coincidencias, y que Key no es mi pareja. Su nombre no está en el papel que sostengo en la mano sino el nombre de un chico llamado Leo.

Se lo enseño y él lo anota en una libreta que carga en la mano, señalando a Leo con el dedo.

Leo es un chico bajito y de piel oscura, cabello salvaje y largo con ojos un tanto rasgados.

Sonrío con simpatía, pero él no me devuelve la sonrisa.

Síp, esto va a ser incómodo.

Key pasa a la próxima y veo que repite el mismo movimiento y comienza a revolver los nombres en la bolsa. La chica de frenillos estira la mano para sacar un pedazo de papel, y juro que casi se le caen los ojos de tan abiertos que los tiene cuando lee el nombre.

—¡Key! —chilla ella, emocionada—. Tengo al profesor.

Su amiga, sentada a su lado, no se mira tan contenta como ella.

El resto obtiene su pareja, y me relajo completamente cuando veo que Key no influyó en nada, al menos no con mi compañero de trabajo.

—Bien —dice él al terminar la clase—. Ya es hora de irse. Los veré el lunes, con su asignación cumplida y con las canciones listas.

Chica de frenillos, que también responde al nombre de Vanessa, se mira extasiada cuando Key se acerca a ella para hablar:

—Tú quédate después de clases para que nos pongamos de acuerdo en conocernos más, ¿puedes? 

Vanessa Frenillos parece a punto de morir, pero se logra comportar y sonríe de manera coqueta.

—Claro, profesor. Me quedaré, estoy ansiosa.

Y yo también. ¿De verdad Key no influyó ni un poco en este trabajo? Por un momento creí que ambos haríamos pareja y que tendría la oportunidad de dedicarle las peores canciones en el mundo entero. 

¿Por qué siquiera me importa?

Trato de buscar a mi pareja antes que todos salgan, pero veo que está muy concentrado viendo su libreta de manera fija. Observo también que tiene un pequeño tatuaje de una calavera en el cuello y otro de una cruz cerca de la oreja.

Pronto todo el salón es despachado para irse, así que me apresuro a recoger mis cosas y ponerme de pie para buscarlo y discutir sobre la tarea.

Me acerco a él y sonrío como si en realidad quisiera conocerlo.

—Hola —digo—, mi nombre es Rita Day. ¿Existe la posibilidad de que hablemos este fin de semana para conocernos más y dedicarnos una canción?

Leo ni siquiera aparta la vista de la libreta, sin parpadear o mostrar señales de vida.

Suspiro con cansancio. Hasta allí quedó la Rita amable y sonriente.

Pateo su zapato con la punta del mío, tratando de llamar su atención.

—Oye, yo odio esta asignación tanto o más que tú —comienzo a decir—, pero no por eso me voy a mostrar estúpida ante la gente. ¿Podrías decirme si puedes reunirte conmigo este fin de semana? Si no lo haces, créeme que le diré a la clase entera que te gustan los ponys y que adoras ver novelas en tu tiempo libre.

Finalmente el chico alza la vista, haciendo una mueca y gruñendo como si fuera una clase de respuesta.

—Di lo que quieras —es su única contestación. Se pone de pie y se aleja dando zancadas de la clase.

Bien, los ponys serán.

Cuando estoy a punto de irme, es cuando veo que Key se coloca a mi lado y me detiene del brazo.

—Rita, necesito que tú también te quedes un momento —me pide.

Sus ojos color miel se ven más claros desde esta posición.

Sacudo la cabeza, tanto como para negar y como para sacarme esas locas ideas.

Key es una enfermedad, algo peor que una infección en la orina.

—Tengo otra clase —le digo—. No me puedo quedar.

Alejo mi brazo de su agarre y me muevo a la salida.

Él me detiene de nuevo.

Esta vez mi enojo se apodera de mis palabras:

—¿Qué quieres? —digo casi gritando. Los alumnos que nos pasan se quedan viendo con interés, interés que es perdido con rapidez cuando notan mi mirada asesina—. Has sido una tortura desde que comenzó la clase, ¿qué más quieres ahora?

Key se ve asustado, elevando ambas manos al aire, a la altura de su rostro.

—No me muerdas. Solo quería decirte que hoy es tu turno de limpiar el pizarrón. El Sr. Kuroiwa armó desde la semana pasada a los encargados de la limpieza y tu nombre está en esa lista.

Él señala un pequeño letrero laminado detrás de mí, pegado en la pared junto a la puerta.

Y sí, según la fecha y el día de clase, al parecer me tengo que quedar para limpiar la bendita pizarra.

Resoplo con fuerza, acercándome al borrador cercano al escritorio que ahora ocupa Key.

Él se las ingenió para escribir un gran testamento con cada punto del tema de hoy, y se encargó de detallar la asignación para la siguiente semana, haciéndome un poco difícil la tarea de limpiar el pizarrón.

—Espero y seas condescendiente conmigo la próxima semana —escucho que Vanessa Frenillos le dice una vez que estamos solos.

—¿Y eso por qué? —pregunta Key.

—Porque me toca a mí la limpieza del pizarrón. Espero y no te emociones mucho escribiendo.

Key se ríe en voz baja.

Ugg.

¿Cómo se puede reír de alguien que habla así de feo como ella? ¿De verdad está haciendo ese acento tan malo? Parece una versión muy mala de un doblaje de un niño con problemas del habla.

Veo cómo Vanessa Frenillos agita su delgado cabello rubio cenizo y sonríe mostrando los dientes.

—Seré considerado contigo —responde por fin Key.

Ruedo los ojos mientras termino de limpiar.

¿Desde cuándo me importa lo que le pase a Key y con quién coquetee?

Salgo lo más rápido que puedo del salón una vez que finalizo, no sin antes darle una última mirada a la versión prostituta miniatura que sigue hablando con el chico de genitales pequeños. Tal vez ambos sí se merecen un poco después de todo.

Sacudo la cabeza, dispuesta a ir detrás de Aldo para contarle y burlarnos juntos de Vanessa Frenillos, pero la vida parecía tener otros planes porque, justo cuando abandono el aula, me pego de frente a la misma reencarnación del diablo en persona: Mia.

Y no iba sola, iba tomada de la mano de un chico que se me hacía vagamente familiar.

—Oh, ¡pero si es Rita! —grita ella, al parecer emocionada de verme—. Esto es perfecto, vine a ver a Key porque sus hermanas me dijeron que se encontraba aquí, y no sabía que este sería un día de combo. Justo es contigo que quiero hablar.

Mi ceja se dispara lo más elevada posible.

—Lo siento —murmuro—. No tenemos absolutamente nada que decirnos.

Me aparto, pero es ella quien se apresura a seguirme.

—Espera, por favor de verdad necesito hablar contigo.

—Primero se congela el infierno.

Me muevo con rapidez, tratando de agotarla para que reduzca el paso, pero sigue obstinada a mi lado, dejando a su chico abandonado atrás.

—Yo estoy con otra persona —dice ella—. Key de verdad quiere estar contigo, lo siento.

Niego con la cabeza.

—Eso ya no tiene importancia para mí.

—¡Me porté como una cretina manipuladora! —grita finalmente, haciendo que me detenga de golpe—. Lo siento, solo quería estar con Key pero me di cuenta que él ya no quería nada conmigo. Lo manipulé y le pedí que te dejara… es mi culpa, no suya.

Respiro de manera agitada, escuchando cada palabra que sale de su boca.

Después de unos segundos que parecen eternos, doy la vuelta para enfrentarla.

—Puede que tú lo hayas manipulado —digo—, pero él fue quien aceptó. Tu culpa fue abrirme los ojos, y estoy agradecida por eso. Así que no importa la cantidad de disculpas que hagas porque simplemente entrarían por este oído —señalo mi oído izquierdo—, y saldrían por el otro.

Paso la mano por mi oído derecho.

Mia abre la boca para decir algo, pero me apresuro a irme de nuevo. Esta vez al menos tiene la decencia de no seguirme.

—¡Yo sé que tú todavía sientes algo por él! —grita ella. La ignoro todo lo posible.

¿Yo? Yo ya no siento nada. Así que se equivoca.



Key puede ser todo suyo si lo desea. No soy la clase de chica que pelea por un chico, y eso ya me he encargado de dejarlo en claro.

Comentarios

  1. AAAh pobre Rita es que Key no se da cuenta que la está lastimando aún más!!! Ahora el bobo la quiere conquistar de ésta forma???
    Me encantan las hermanas de Key!
    gracias por regalarnos un nuevo capítulo, adoro cómo escribes!!!
    saludos desde Argentina

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  2. Lia, el capítulo estuvo FABULOSOOOO!!! el ingenio que tenes para crear cada palabra es simplemente impresionante, ahora Key es un imbécil que ahora recién entiende todo, ahora recien!!!y en cuanto a Rita tiene toda la razón, Mia abrió el juego pero Key decidió jugar.
    Por Favorcito no nos dejes abandonadas tanto tiempo.
    Me encanta como quedó el blog.

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  3. Rita cantando en cetáceo!!! Jajaja. Me la imaginé tipo Dory. Tiene razón, Mia lo manipuló, pero él fue lo suficientemente débil para permitirlo. Se merece a alguien mejor.

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  4. Claro es que como cree que Rita lo perdonara así nada mas porque si, es menso. Me encantan las hermanas de Key jajajaaja mori con la loción, quiero saber mas de este personaje misterioso de la tarea de Rita. Gracias por el capitulo.

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  5. me encanto este cap................

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  6. OMG!! debo confesar que soy nueva en el blog hace unas dias comence leyendo prohibido enamorarse de Adam Walker y no podía esperar empezar con la historia de Rita y Key pero o Dios no me di cuenta de las fechas y que este libro no lo has acabado, la verdad no me gusta esta situación porque no soy de las que esperan o tardan mucho en terminar de leer un libro ( desde que empiezo con una historia o película tengo que saber su final porque no puedo descansar en paz (algo dramática pero cierto)) en fin me encantan tus historias y porfavor por mi salud mental no demores en terminar..��������

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    Respuestas
    1. Ya leíste prohibido obsesionarse con Adam Walker? Tal vez te ayuda con la espera.

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  7. Quiero ver la reacción de key al comentario de "confundido con cuando empezamos a follar"

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  8. Eres genial, Rita!
    Todas las chicas deberíamos ser como tú!

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Gracias por sus valiosos comentarios :)

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