PFQMG - Cap 22 - Final- ¿Porqué tuvimos un final?

Rita


—No puedo creer que nunca hayas visto esta película —digo mientras mastico de mi balde de palomitas de maíz, provocando que algunas se vayan al escote de mi camisa.
Key mastica de su propio balde y extiende sus pies hacia el vacío asiento de enfrente.
Tenemos todo el cine para nosotros, somos casi los únicos viendo El Resplandor. Claro, nosotros y otra pareja que no ha dejado de besarse y comerse el rostro desde que se sentaron en sus asientos a cuatro filas por debajo de los nuestros… ¿De verdad hay gente que paga por besarse dentro del cine, sin ver la película? ¡Eso es un sacrilegio!
En fin, esta tarde es “clásicos de terror” y animé a Key a entrar conmigo, incluso prometí tomar su mano cuando sintiera miedo en algunas escenas sangrientas. Ha pasado una semana desde que ambos practicamos ese hábito, así que ahora es más fácil sostener su mano sin romper en sudor o mentalmente empezar a contar ovejas para no sentirme incómoda. Tal vez sea porque me voy acostumbrando a tener a Key en mi vida.
Es lindo tener a alguien que cuide de ti de vez en cuando.
Key, a mi lado, sigue absorto en la película; así que repito mi pregunta inicial:
—No puedo creer que no hayas visto El Resplandor antes.
Esta vez me escucha y me presta atención, sonriendo al ver mi rostro de estupefacción.
—No me atraían mucho las películas de terror —contesta él mientras lleva un puñado de palomitas de maíz a su boca—. Siempre se me dieron más las actividades al aire libre, estar en contacto con la naturaleza y esas cosas; casi no soportaba tener que vivir a base de ver televisión así que me perdí de mucho de eso mientras crecía.
Le lanzo unas cuantas palomitas al rostro y él parpadea, viéndome con confusión.
—¿Vivir a base de ver televisión? —pregunto—, ¿en serio?
—¿Qué?
—Yo no vivía a base de ver televisión. Estos son clásicos que todo el mundo ve alguna vez en la vida; y para que sepas, a mí nunca se me dieron las actividades al aire libre. Las odiaba.
En definitiva, la naturaleza y yo no somos amigas, soy alérgica a casi cada planta que existe en el planeta, y me aterran los animales, en especial si tienen escamas o si se arrastran por el suelo… Solo de pensarlo me entran escalofríos.
—Bueno, yo era anticuado —se defiende Key—. No me gustaba ver televisión, prefería ver crecer a mi planta de frijol en su frasco lleno de algodón.
—¿Tú también hiciste eso?
Veo que asiente con la cabeza al mismo tiempo que lleva sus labios a su refresco de soda.
—No hay niño en esta tierra que no haya hecho crecer una planta de frijol en su respectivo frasco mientras estaba en la escuela. Yo lo hice cientos de veces —admite una vez que termina de sorber de la bebida—. Era el mejor de la clase. Siempre me gustó todo lo que tuviera que ver con la tierra.
—Yo soy lo opuesto. Mi planta se marchitó cuatro veces antes que lograra brotar algo, y luego cuando brotó, se murió.
Escucho la risa de Key, pero pronto se disipa cuando se distrae viendo la escena en donde Wendy golpea a Jack con el bate de beisbol.
—¿Por qué no simplemente lo noqueó con el bate? Sabe que él está loco ya —murmura Key en dirección a la pantalla—. ¡Vamos, mujer, golpea fuerte!
—Key —lo regaño—. La pantalla no te va a escuchar; en cambio, la pareja que se come la cara, sí.
—Esos dos están en su propio hábitat —responde él—. Apuesto a que, si les lanzamos palomitas, ni siquiera se van a dar cuenta.
—Claro que se van a dar cuenta. No pueden simplemente ignorar que no están solos.
—Rita, solo les falta quitarse la ropa y hacerlo en público. Y tal vez la única razón por la cual no lo hayan hecho ya es por falta de preservativos.
Suspiro en voz alta.
—Debes decirle a tu tía regala-condones que visite los cines y lugares oscuros, son como imames para gente como ella.
—Lo tendré en cuenta —murmura distraídamente—. ¿Qué te parece si les lanzamos algunas palomitas y ponemos en práctica nuestras teorías?
Me muerdo el labio mientras analizo lo gracioso que será cuando Key las lance y el chico, que parece que va a succionar la nariz y boca de la chica, quiera golpearlo.
—Bien —termino aceptando—, pero si se desconcentran, tú pierdes.
—¿Qué, exactamente, pierdo? —pregunta él.
—Veremos maratones de películas de terror, todo el día, si pierdes.
—Trato hecho. Ahora, si tú pierdes…
Se queda pensativo, llevándose a la boca uno de sus dedos para lamer la mantequilla mientras sus ojos se pierden en la película por unos breves instantes.
—Si yo pierdo, ¿qué? —insisto mientras él está hipnotizado viendo la escena.
Le toco el hombro y eso llama su atención.
—Oh —murmura, parpadeando varias veces—. Si tú pierdes entonces la próxima vez que vengamos al cine nos besaremos como esa pareja lo hace: sin detenerse a respirar aire y haciendo sentir incómodo al resto del mundo. Comenzaremos a besarnos desde el momento en que nos veamos.
Ruedo los ojos.
—Qué mala apuesta. Además, pides demasiado.
Se encoge de hombros.
—Es mi precio, Patchie.
—Quiero agregar más a lo mío —añado—. Si pierdes, no solo verás películas de terror conmigo, sino también besarás a todos lo que ese día te llamen por tu nombre. Me encargaré de que lo hagas. Beso en la boca, nada de esa mierda barata en la mejilla.
Él se limita a elevar una de sus cejas, el desafío escrito en toda su cara. Entonces extiende una mano para que la estreche con la mía.
—Trato hecho, nada de mierda barata —dice—. Aunque no debería dejar que agregues más a tu lista.
Nos damos la mano y luego comenzamos con la ardua labor de lanzar palomitas de maíz en dirección a la pareja que, sorprendentemente, aún se sigue besando.
Key se encarga de lanzar unas de prueba, y luego comienza a experimentar con los lanzamientos reales. Yo también me uno, pero están demasiado lejos como para ser alcanzados.
—No funciona —me quejo en voz baja, tratando de contener la risa—, ¿y si nos acercamos?
—No, no, no —dice él, negando también con su dedo índice—. Nada de trampas.
—No es hacer trampas.
—Si vamos más cerca, vas a hacer que yo pierda la apuesta.
—Bien, aunque aquí el único tramposo eres tú.
Suspiro mientras procedo a atacar con un puñado de palomitas.
Para nuestra sorpresa, esta vez sí caen directo a sus caras. Entonces la pareja se despega de la boca del otro, y lo primero que hacen es alzar las miradas, justo en nuestra dirección.
—¡Al suelo, al suelo! —grito en un murmullo. Empiezo a descender en mi asiento hasta que la mitad de mi cuerpo está tocando el suelo, apoyándose de las puntas de mis pies mientras la otra mitad está todavía en la silla, sujetándome con los codos.
Key, a mi lado, hace lo mismo que yo.
—Creo que nos vieron —dice, masticando palomitas de maíz de manera incontrolable.
—¿Crees que siguen mirando en nuestra dirección? —pregunto yo a cambio.
Key eleva la cabeza, e inmediatamente la vuelve a bajar, su mano buscando más palomitas de forma incontrolable.
—Sí —responde él, sudor bajando por su frente—. Yo digo que esperemos unos minutos antes de levantarnos, tal vez cuando vuelvan a besarse y se olviden de este pequeño incidente.
Con cierta dificultad elevo también mi cabeza, y para mi consternación, el chico besador se está levantando de su asiento, dirigiéndose directamente hacia nosotros.
—No te vayas a alterar —murmuro—, pero el chico viene hacia aquí.
Key maldice en voz baja, tomándome de la mano.
—¿Y si gateamos hasta el otro lado de la sala? —pregunta finalmente.
Niego con la cabeza.
—Presiento que vendrá por nosotros.
—Oh, tengo una idea —dice Key, sonriendo con ganas.
—Pues ponla en práctica rápido.
Después de decir esas últimas palabras, él me toma de los hombros y me tira a sus brazos, haciendo que ambos perdamos el equilibrio y caigamos al suelo.
—Ahora tienes que besarme —murmura, sin aliento.
Mis ojos se abren enormemente cuando veo su mano trasladarse a mi nuca, y repentinamente nos estamos besando. Mis labios chocan contra los suyos mientras me encuentro totalmente desprevenida, su mano impidiendo que me mueva de lugar.
Justo cuando estoy a punto de darle un rodillazo en las bolas… alguien detrás de nosotros se aclara la garganta. Y es ahí cuando nos separamos.
Inmediatamente me siento en una posición más erguida, dando espacio para que Key haga lo mismo mientras se abotona la camisa que, aparentemente, se había desabrochado en su repentino arrebato.
Ambos miramos al tipo parado frente a nosotros: cuerpo bastante atlético, alto, de cabello oscuro y con la camiseta tan pegada que parece casi tatuada a la piel.
—¿Podemos ayudarte en algo? —pregunta Key.
Apuesto a que mis labios lucen rojos debido al beso, aunque no creo que lo vaya a notar en una sala tan oscura.
—¿Fueron ustedes los responsables de lanzarnos esas palomitas? —pregunta el chico, lleva en su mano una bebida de tamaño gigante.
—Oh, lo siento, hombre —se excusa Key—. A mi novia y a mí se nos fue un poco la mano. Ella es tan intensa que de seguro botó algunas en tu dirección.
El chico parece conformarse con esa respuesta y pronto lo vemos mover los pies, como queriendo regresar a su asiento.
—De acuerdo —dice él antes de bajar—. Aunque opino que deberían conseguirse una habitación; al cine no se viene para hacer esa clase de cosas, se viene para ver la película.
Mi enojo toma el control cuando escucho sus palabras. Es como si me transformara en Hulk casi al instante y no pudiera hacer nada para evitarlo.
¿De verdad nos está diciendo eso, aun cuando era él quien parecía que iba a succionarle la cara a esa chica?
—Mira —lo señalo con mi dedo índice—, chico “toma-esteroides” eras tú el que no dejaba de meterle la lengua a tu novia como si fuera el fin del mundo y temieras morir virgen…
—Rita —Key me detiene, siento la tensión salir de su lado mientras aprieta mi hombro—. Basta ya, deja al hombre en paz.
—No he terminado —continúo con mi ataque—. No vengas a decir que consigamos una habitación porque, hace apenas unos minutos atrás, tú y tu chica se veían listos para ocupar una.
No puedo ver bien la expresión del “toma-esteroides”, pero sé que se encuentra molesto. Así que decido agregarle más sal a la herida:
—Si no fuera por la intervención de nuestras palomitas de maíz, ustedes dos estuvieran fornicando justo allí en el asiento, así que disculpa por interrumpirte.
Key está más tenso que nunca.
—Rita… esto no es buena idea —murmura en mi oído, se encuentra realmente asustado.
—Relájate, vaquero —respondo en tono desafiante—. Si este tipo quiere atacar, sé muy bien dar un buen apretón de bolas para dejarlo noqueado por un par de minutos. Yo cuido tu espalda.
—Se supone que yo haga eso —responde Key—. Soy el novio, por cierto.
Dice esto último en dirección al “toma-esteroides” que suspira con cansancio.
—Como soy un caballero —habla él—. Los dejaré en paz, pero que esta sea la última vez que nos molestan en medio de una película tan buena.
Ruedo mis ojos, porque, ¿en serio?
—¡No estaban viendo nada! —grito con desesperación, necesitando defender mi punto—. A menos que hayan desarrollado superpoderes para ver aun cuando sus ojos no están abiertos.
Tal vez sea buena idea ponerme de pie para mostrar mi altura y dejarle en claro que no me voy a intimidar, pero antes de que pueda hacer nada, mi mano encuentra una goma de mascar pegada en el suelo.
—¡Qué mierda! —grito, exhausta.
—No —responde chico “toma-esteroides” —. Esto sí que lo es.
Entonces, usando la mano que no sostiene su bebida, agarra del cuello a Key. Justo cuando creo que va a golpearlo o de alguna forma lastimarlo, muy tardíamente me fijo que su bebida va en mi dirección.
Muy pronto siento el impacto de lo helado del refresco, mojando mi cabello y mi ropa en el acto. Luego el “toma-esteroides” lanza a Key de nuevo al suelo, pero para mi sorpresa, Key se pone rápidamente de pie y veo su puño ser lanzado en dirección a la cara del chico. El golpe suena en la vacía sala y veo con horror la escena frente a mis ojos.
—Rita, corre —murmura Key.
No lo pienso dos veces y me pongo de pie, corriendo al final de la fila de asientos para ir a dar a la salida. Key me sigue, corriendo a igual velocidad que yo.
Chico “toma-esteroides” nos sigue también y ahora nosotros parecemos sacados de una de las escenas de la película de terror.
—Corre, corre, corre —grito con fuerza.
Salimos de la sala, directo a las brillantes luces del pasillo. En algún punto Key toma de mi mano y ahora corremos juntos.
Pronto logramos abandonar del pasillo y encontramos la salida del cine. A estas alturas el chico “toma-esteroides” no nos sigue ni nos siguió más allá de la sala. Key y yo finalmente nos detenemos a tomar aire. Luego de unos minutos nos estamos riendo con fuerza mientras caminamos hacia el estacionamiento en busca de su auto.
—Creo que nunca deberíamos provocar a nadie más en el cine —murmura él mientras se limpia el sudor de la frente.
—Estoy de acuerdo con eso —digo, riendo como posesa al recordar su expresión cuando pensó que el chico lo iba a golpear y terminó empapándome a mí de refresco.
—No puedo creer que me metiera en una pelea más por ti, Rita.
—Así es esto, supongo. ¿Crees que somos novios convencionales?
Key lo piensa por unos segundos y luego niega con la cabeza.
—Lo convencional ya pasó de moda. Tenemos nuestra propia normalidad, creo.
—Bien.
Y con eso tomo de su mano nuevamente, caminando cuidosamente hacia su vehículo, riendo porque acabo de ganar la apuesta y eso hace más reconfortante el caminar empapada en soda.
—Por cierto —murmuro, limpiando algo del refresco que cayó en mi cabello—: gané.
—No me lo recuerdes.
—Besarás a todo el que, prácticamente, diga… Además, verás películas de terror conmigo.
—Comencemos por ésta que no pude terminar de ver —dice negando con la cabeza, parece que todavía no puede creer todo lo que pasó.
—Ojalá hubiera tenido mis botas puestas —suspiro—, lo hubiera pateado en las partes blandas con gusto.
—Yo sé que así sería, mi Patchie. Yo sé. Ahora vamos a casa a limpiar todo este desastre.


*****

Key y yo tenemos una semana increíble, a pesar del incidente con el chico en el cine y de cómo pienso cobrarme muy pronto mi premio por ganar la apuesta. Al final de cuentas todo sucede como en un sueño, y sí, sé que sueno jodidamente cursi y lo detesto; y sí, probablemente me salgan unicornios del trasero y vomite mariposas, pero no lo puedo evitar.
Estoy teniendo sentimientos reales por Key, como más que gustar, como realmente reales-reales, de los de verdad, no los confundidos sino los reales… Agg, de acuerdo, me está gustando demasiado y eso me aterra. No me quiero involucrar mucho porque sé que en algún momento puedo terminar con el corazón roto y eso me sería difícil de procesar. Pero también sé que debo arriesgarme y atreverme a darle a Key una oportunidad, se lo merece.
Después de su cumpleaños él ha estado con un ánimo sombrío, así que nuestra salida al cine lo reanimó por completo, a pesar de que casi pudo recibir una paliza y que yo tuve que rehacer todo mi maquillaje, por no mencionar el hecho de que una de mis blusas favoritas se arruinó; pero en general, la pasamos bien juntos.
Luego de eso, nuestros días han sido muy normales, pero para nada aburridos. A veces él viene a mi casa y juega con mis hermanos, o si no sus hermanas me insisten en ir con ellas y mostrarme las fotos vergonzosas de un Keyton de diez años apasionado por libros del viejo oeste.
Todavía sigo suspendida en el trabajo, pero falta unos cuantos días para regresar nuevamente así que paso la mayor parte de mi tiempo con Key, prácticamente parezco su siamesa. Por esa misma razón, es realmente extraño cuando esa mañana nunca se aparece por mi casa o me llama desde muy temprano para despertarme con alguna de esas canciones de rock que tanto le gusta escuchar en su auto.
E incluso, él siempre avisa en caso de que no pueda venir o se ausente por periodos largos. Pero hoy se siente diferente, demasiado.
Me paseo dentro de mi habitación, pensando en si le habrá pasado algo. Al final dejo mi temor de lado y decido llamarlo de una buena vez; tampoco quiero ser como esas novias neuróticas que necesitan saber con desesperación cada movimiento que da su chico, pero no es normal en él no aparecerse. Y es aún más anormal que la llamada caiga directo al buzón de voz. Lo que significa que Key tiene apagado su teléfono.
Key nunca tiene apagado su teléfono.
¿Qué está pasando con él?
¿Le habrá ocurrido algo? ¿Se ahogó? ¿Accidente de tráfico? ¿Se murió la batería de su móvil? ¿Lo asaltaron? ¿Lo violaron? ¿Podría seguir al lado de Key en caso de que lo violaran? ¿Por qué estoy haciendo tantas preguntas?
Sí, me pongo un poco paranoica al respecto. Pero basta, no soy de esa clase de novias, no lo soy.
Necesito repetirlo unas diez veces más hasta que me tranquilizo.
Decido dejar mi teléfono a un lado y esperar por saber de él; tampoco es como si se lo hubiera tragado la tierra.
Para el final del día, y luego de veinte llamadas fallidas después, estoy realmente perdiendo los estribos. No he recibido una sola llamada o mensaje de texto de Key.
No sé nada de él, y no puedo seguir pretendiendo que no me afecta y que no estoy preocupada; así que decido tomar la iniciativa en esta ocasión y le envío un mensaje de texto, en caso de que decida responder:

«¿Estás bien? No me has llamado en todo el día…»

Y luego de cinco minutos vuelvo a hacer lo mismo:

«Responde, responde, responde… ¡Keyton! ¿Key?»

Pasados otros diez minutos mis dedos se ven en la necesidad de enviarle otro mensaje para aclarar el anterior:

«Lo siento, no soy de esa clase de novias posesivas que necesitan saber a cada minuto lo que hace, come o defeca su novio, pero estoy preocupada. ¿Estás bien?»

Esta vez espero solo un minuto para enviarle el siguiente mensaje:

«Lo de defecar era una broma, no lo tomes tan literal»

Otros treinta segundos para enviar el siguiente:

«La palabra “defecar” es muy extraña, ¿lo has pensado? “Defecar”»

Ruedo los ojos mientras me encuentro acostada en mi cama, alejando el teléfono antes de escribirle alguna otra tontería. ¿En serio utilicé “defecar” con él? Estoy mal de la cabeza. Vuelvo a escribirle:

«Por favor, olvida todo acerca de defecar. Soy terrible con las palabras… y olvida todo sobre lo posesiva que sueno al escribirte constantemente. Prometo no volver a molestar»

Con ese último mensaje dejo de lado mi móvil y me concentro en no pensar en Key.
Espero una media hora, alternando la vista entre el teléfono sobre mi almohada y entre la laptop que estoy usando para revisar mis correos electrónicos, y es ahí cuando recuerdo que puedo molestar a Pam o a Eileen, ambas me dieron sus números de teléfono para casos como estos. Adiós a mi promesa de no molestar.
Rápidamente, y casi de forma frenética, voy en busca de mi celular para contactarlas.
A la primera que llamo es a Pam, y ella responde casi al instante.
—¡Pam! —saludo inmediatamente una vez que ella contesta; estoy tratando de no sonar desesperada—. Hola, solo quería…
—Rita —suspira ella, como si se sintiera repentinamente aliviada—. ¡Qué bueno que llamaste!
—¿Sucede algo? —pregunto—. He tratado de llamar a Key en todo el día, pero no responde.
Pam empieza a maldecir en voz baja.
—Pensé que Key estaba contigo. Yo también he intentado llamarlo, pero no contesta. Creí que tú sabrías dónde se encuentra.
—¿Yo? No.
Pam suspira de nuevo, puedo notar la irritación y preocupación en su voz y eso me asusta de gran manera.
—Esta mañana, mientras estábamos desayunando, recibió una llamada —explica ella—. Salió corriendo después de eso, y no hemos sabido nada de él en todo el día.
—Pero, ¿quién lo llamó?
—No lo sé. Estoy preocupada, Rita. Key no es así.
—No creo que sea algo grave, él ya hubiera llamado —miento miserablemente—. Talvez solo quería un respiro de todo.
—Sí, tienes razón —dice Pam, esta vez se escucha más animada—. Puede que solo esté alterándome sin sentido alguno. Aunque es extraño que no haya hablado contigo.
Me encojo de hombros, aunque ella no pueda ver mi gesto.
—Puede que su teléfono se arruinara.
—Sí… o puede ser que esté herido, sangrando en el suelo, con un objeto punzante en la cabeza…
—Eh, ¿Pam? —pregunto, alarmada—. No estás ayudando.
Escucho el suspiro de su parte.
—Lo siento. La única vez que hizo esto anteriormente fue cuando te atropelló y te trajo a casa. Siempre que tiene un secreto, nos evade.
—Oh.
Mi ceño se frunce, pensando en las locas teorías de Pam. ¿Qué secreto puede posiblemente tener Key? ¡Es un libro abierto! Y no es ni siquiera uno de esos que vienen escritos en griego, sino más bien de esos que hasta traen imágenes porque son para niños. Ese es Key.
—¿Crees que esté herido? —pregunto.
—No —responde ella inmediatamente—. Lo hubiera sentido, tenemos algo así como sensación entre gemelos.
—¿Sensación entre gemelos? —resoplo—. Tú y Key no son gemelos, no lo puedes “sentir”
—Bueno, pero podríamos serlo… En fin, probablemente esté bien. Si en algún momento él te llama, dile que se comunique también conmigo.
—Bien, yo le digo. Haz lo mismo en caso de que te llame primero, me lo haces saber.
—¡Claro! Oh, espera —escucho que el sonido de su voz se aleja, entonces regresa conmigo—. ¡Es Key! Me está llamando en la otra línea.
Mis preocupaciones se disuelven cuando escucho esa oración.
—De acuerdo —digo de mala gana—. Colgaré para que ustedes dos hablen; dile que se comunique conmigo en cuanto…
No espero recibir una respuesta de Pam porque pronto ya me está colgando la llamada.
Espero pacientemente unos cuantos minutos para ver si Key me llama a mí también; para mi pesar, no recibo ninguna llamada por la siguiente hora, ni de él o de Pam.
Me dedico a revisar mi teléfono para ver si tal vez haya algo malo con él, o si tengo alguna función bloqueada, pero todo está normal.
¿Entonces por qué no me ha llamado?
Niego con la cabeza, reconociendo que estoy actuando extraña de nuevo. De seguro su plática con Pam se extendió.
Al cabo de dos horas, y a punto de cerrar los ojos por el sueño, todavía sigo esperando su llamada… pero nunca llega.
Me quedo dormida rápido, con la preocupación marcada en mi rostro y el pensamiento de qué puede ir mal con Key.

Al día siguiente repito el proceso del anterior y empiezo a imaginar que talvez Pam nunca habló con Key. Entonces procedo a llamar a Pam, esperando una explicación.
Para mi sorpresa, ella es quien tiene el celular apagado en esta ocasión.
Frunzo el ceño mientras me dedico a llamar esta vez a Key.
No responde. Mi llamada cae al buzón de voz.
Allí es cuando decido enviarle nuevamente un mensaje de texto:

«Hola…»

La preocupación me tiene abrumada. ¿Habrá pasado algo malo? Espero un minuto para seguir enviándole otro texto:

«Key, ¿qué ocurre? ¿Hablaste con Pam anoche? Estoy preocupada, escríbeme»

Espero otro minuto para enviarle el siguiente:

«Si es sobre mis mensajes de ayer, solo ignórame. Olvida todo lo que dije sobre defecar y eso… Sabes que soy terrible tratando de expresarme, pero oye, ya sabías que era rara»

Como veo que no responde, le doy tiempo y me apresuro a hacer desayuno para mis hermanos, aunque a estas alturas seguramente ellos ya se prepararon algo de comer.
Ambos están en la mesa, sus ojos pegados a la televisión que se puede divisar desde la sala hasta el comedor; ambos alzan la vista al verme y Russ hace un sonido de desaprobación.
—¿Hoy no vendrá tu novio? —pregunta de mala gana.
—No estoy segura —digo mientras me encojo de hombros—. Tal vez sí, tal vez no.
—¿Va a venir a jugar con nosotros? —pregunta Rowen, mirándome con esos ojos color miel, masticando su cereal mientras habla con la boca llena—. Porque quiero la revancha por lo del otro día.
—Puedes jugar con Russell —lo animo—, una vez que vengas de la escuela y hayas hecho todas tus tareas.
Rowen frunce el ceño, haciendo un puchero extraño con la boca.
—La escuela es para débiles. No creo en el sistema educativo de este país, es defectuoso —dice él, masticando lentamente.
Ahora la que frunce el ceño soy yo.
—¿Quién te dijo eso? Esas no son palabras que tú usarías.
El niño sonríe, como si tuviera el mejor secreto guardado.
—Me lo dijo el abuelo.
Justo en ese momento, el abuelo entra a la cocina, sirviéndose una taza de café.
Cuando nota que lo observamos, se detiene abruptamente y eleva ambas cejas.
—¿Qué? —pregunta—, ¿ahora qué hice?
—¡Abuelo! —lo regaño—, deja de decirle tus teorías sobre el sistema educativo a Rowen, es solo un niño.
—¡Esas son estupideces! —grita él, a cambio—. Sabes que es defectuoso, Rowen debería educarse en casa, como yo lo hice.
—Por favor —respondo—. No empieces con tus teorías raras.
—Yo puedo educarlo —dice él—. Se convertiría en alguien como su abuelo, en alguien grande.
—Agg… eso sería terrible —añado—, sin ofender.
—No me ofende.
Me desestima con un gesto de su mano mientras continúa tomando café.
—Y… ¿bien? ¿Cuándo viene la comida de primera clase? —pregunta él luego de un rato.
—¿Cuál comida de primera clase?
—Se refiere a tu novio —responde Russell por el abuelo.
Mi rostro se contrae, recordando que no me ha devuelto las llamadas o los mensajes.
—No estamos pegados todo el tiempo —me defiendo—. Él tiene cosas que hacer y yo tengo las mías.
—Lo que significa —explica Russell—, que no sabes dónde está. ¿Cierto?
—¡No es eso! Es solo que él tiene una vida, y yo tengo la mía. Somos una pareja moderna, que confía el uno en el otro.
O eso me engaño a creer.
El abuelo me observa sin decir nada, tomando de su taza y mirando minuciosamente en mi dirección, evaluándome.
—¿Qué pasa entre ustedes dos? —pregunta luego de unos minutos—. ¿Se pelearon?
—No lo sé —respondo con sinceridad—. No me ha llamado desde ayer, pero supongo que es algo normal. Tal vez estoy reaccionando como novia posesiva y celosa. No me prestes atención.
—Dale su espacio —dice el abuelo—, tal vez algo haya ocurrido y a su momento te lo dirá.
—Sí, eso creo.
—Es una lástima —continúa hablando él—, como que ya me había acostumbrado a la buena comida.
—Yo también —dice Russ.
—Igual yo —imita Rowen.
Ruedo los ojos mientras me sirvo un tazón de cereal, sin querer admitir que lo que más extrañaba era la compañía de Key, él y sus ridículas camisas a cuadros que lo hacían lucir sensual.
Por primera vez en la vida, deseo poder tener trabajo que hacer en lugar de quedarme en casa y estresarme pensando en lo que habrá ocurrido; y eso es preocupante porque nunca antes necesité de nadie para sentirme completa. No quiero empezar a necesitarlo ahora.
Sacudo la cabeza mientras alejo esos pensamientos. Soy independiente y capaz de funcionar sin compañía. Puedo con esto.
Al final, en todo ese día, no recibo ninguna llamada de Key o de Pam, incluso me veo en la obligación de llamar a Eileen, prometiéndome que es la última vez que voy a molestarlos. Pero ella también tiene el teléfono apagado. Esta vez no hay nadie que me responda.
Eso es realmente alarmante, pero no llamaría otra vez o iría a buscarlos; no está en mí comportarme de esta forma y no lo voy a hacer. No sé qué ocurre con Key, pero merezco una buena explicación.
Mientras me encuentro divagando sobre lo mucho que me cuesta creer cuánto lo necesito, Russell, a mi lado, me toca el hombro con insistencia para llamar mi atención.
—¿Qué ocurre? —pregunto de mala gana. Sus ojos están fijos en la ventana con vista la calle, su ceño se frunce mientras sigue observando.
—Mira allá —señala con el dedo la dirección.
Sigo con la mirada hacia donde señala, y mi cara toma la misma postura que la de él.
Lo que faltaba.
Justo frente a nuestra casa, y saliendo de un taxi, una flameante mujer de cabello rojo se aproxima en nuestra dirección. Pero eso no es lo más preocupante; lo que más me deja en estado de coma es la enorme barriga de embarazo que carga con ella.
—¿Esa es? —balbucea Russell.
Asiento con la cabeza, con la boca abierta de la impresión y con el malestar cada vez que veo a esa mujer.
—¿Quién es ella? —pregunta Rowen, viendo hacia donde nosotros observamos atentamente.
Trago saliva mientras no puedo creer mi suerte.
Esto debe ser una broma.
—Esa mujer —digo sin disimular mi enojo—, ella es nuestra madre.
Rowen era demasiado pequeño cuando ella lo abandonó, y sus visitas cesaron con el tiempo, así que es normal que el niño no la conozca. Y al parecer está embarazada, así que eso solo significa una cosa: viene a sacar el inexistente dinero de papá y a dejar a su futuro bebé  su cuidado, así como lo ha hecho en el pasado.
Niego con la cabeza, sin poder creerlo.
Ella luce igual a como la recuerdo, solo que esta vez su cabello está teñido con un color rojo fuego y no con el rubio de bote que suele usar.
Pronto la vemos tocar el timbre de la casa, plantando una sonrisa falsa.
Como nadie se atreve a abrir la puerta, papá sale del encierro de su habitación y es el primero en verla.
—¡Mira quién volvió! —es lo primero que dice ella, emocionada.
A papá casi se le salen los ojos al verla; el pobre hombre siempre estuvo enamorado de ella.
—Rita —dice papá, balbuceando al verla—. Esto es toda una sorpresa.
—Y no de la buena —digo, atreviéndome a acercarme en su dirección—. ¿Qué haces aquí?
Mamá, si es que la puedo llamar así, sonríe aún más. Sus siguientes palabras suenan entusiastas y reveladoras:
—Pues obviamente vengo a quedarme —responde—, esta vez de forma permanente.
No, no, no. Esto es una pesadilla.
No puede estar sucediendo.
Pero sí, está pasando de nuevo, y sé que será un caos total tenerla.
Mierda.


Key

Enciendo mi teléfono por quinta vez en el día.
No hay llamadas de Rita. Pero supongo que eso es lo quiero, ¿verdad? Yo fui quién deliberadamente la ignoró por toda la semana, y ella se cansó de enviarme mensajes y de llamarme perdidamente.
Si esto es lo que quiero, ¿entonces por qué me siento como si repentinamente estuviera vacío sin ella?
—¿Key? —La voz a mi lado me sobresalta.
Inmediatamente me pongo alerta y voy en su dirección.
—Aquí estoy —respondo, tomando de su frágil y delicada mano—. Siempre aquí.
Mia está acostada sobre la cama, apenas y puede abrir los ojos del sueño debido a las pastillas que le dan. Cuando me mira, me sonríe como si hubiera visto el sol y a las estrellas del cielo juntas.
—Gracias por estar —murmura con voz suave y ronca—. Perdona que tengas que venir a mi rescate.
Con la mano que tengo libre me rasco la nuca y trato de desviar la vista.
Mia luce frágil y delicada, postrada en una cama y no precisamente por voluntad propia.
—Tienes que explicarme —le pido, mi voz rozando la desesperación—. ¿Qué pasó contigo? ¿Por qué lo hiciste?
Ahora es ella quien desvía la mirada y oprime sus labios.
—Lo siento mucho —empieza—, de verdad lo lamento por todo.
—Deja de pedir disculpas y empieza por darme explicaciones, por favor. No me has dicho nada en estos días, y hoy es el último que puedo esperar.
Veo cómo traga saliva mientras aparenta formar palabras con su boca, su mano abandona la mía y hace el intento por sostenerse en sus codos, pero no tiene la suficiente fuerza como para mantenerse erguida por mucho tiempo.
Mia abre y cierra su boca, sus ojos rápidamente se llenan de lágrimas que decide no soltar.
Mi corazón se contrae, pensando que yo soy uno de los culpables en esto, tal vez el principal.
—Estaba deprimida —comienza a decir, su voz bajando hasta convertirse en un suave murmullo—. No pensé que verte con alguien más iba a dolerme.
Aprieto el puño de mi mano, pensando en lo egoísta que suena en este momento, pero sé que no es algo que deba decirle justo ahora que está tan frágil. Tengo muchas ganas de decirle que a mí me dolió mucho más cuando la encontré engañándome con otro, pero me refreno, sin querer agrandar esta situación.
—¿Entonces estabas deprimida? —pregunto— ¿Por eso intentaste acabar con tu vida? ¿Porque me viste feliz y tratando de seguir con la mía?
Tengo que respirar varias veces para no perder el control y elevar mi voz
—¿Esa es tu razón para hacerlo? —insisto—. ¿Es esa tu motivación principal? ¿Es que acaso soy tan importante como para que tu vida se centre en si me tienes o no?
Ella no me mira a los ojos, y su mano hace mucho tiempo se apartó de la mía y ahora juega con sus dedos.
—No lo entiendes —murmura, finalmente sus ojos se encuentran con los míos—. Me sentía demasiado… vacía, sola. No tienes ni idea de lo culpable que me puse por haberte sido infiel con alguien que no valió la pena en absolutamente nada.
Se aclara la garganta al mismo tiempo que continúa hablando:
—Eres un buen chico, Key, el mejor. Todavía no puedo creer que ya tengas otra novia mientras yo sigo pensando en recuperar lo nuestro. Puede que sea tarde, pero de verdad quería continuar con lo que teníamos. Todo era mejor cuando estábamos juntos, y no tenerte a mi lado a creado un peso enorme en mi interior.
Sus ojos finalmente sueltan las lágrimas retenidas.
—Mia…
—Key, te necesito conmigo —suplica ella, tratando de limpiar su rostro sin tener mucho éxito—. Contigo todo era sencillo y fácil de llevar. No sabes lo mucho que me odio a mí misma por haber roto lo que teníamos. Soy una estúpida por no ver lo que había frente a mí.
Niego con la cabeza, tratando de mantener mi expresión de disgusto.
—No digas eso —murmuro—. Nosotros tuvimos lo nuestro, pero era momento de pasar…
—No, no sigas Key —suplica ella—. Sabía que no me comprenderías. Y por eso decidí seguir los pasos de Emilia. Todo se sentía… mal, equivocado. Tú ya no mostrabas importancia por Emilia y, sé que es realmente tonto, pero me dolió que no la tomaras en cuenta en tu cumpleaños. Realmente no sé por qué sigo aquí cuando pensé que estaría ahora viendo el rostro de mi hermana.
Sus lágrimas se acentúan más y me muerdo el labio para evitar compadecerme más de lo que ya lo hago. Todo lo que Mia pide es comprensión, debería entenderla.
—Estás con vida gracias a un chico que lo impidió —le refresco la memoria—. Si no hubiera sido porque él estaba cerca de donde pretendías suicidarte, lo hubieras logrado. ¿De verdad te ibas a lanzar frente a un auto?
Tal vez estoy siendo duro con ella, pero me siento enojado por lo que intentó hacer.
—El chico está muy preocupado, por cierto —sigo hablando, aprovechando que ella está en silencio—. Ha estado viniendo a verte casi todos los días, aunque sea solo para recibir noticias tuyas.
—Perdón —murmura—. No quería incomodar a nadie, y sí recuerdo al chico. Supongo que debería agradecerle.
Suspiro mientras me paso una mano por la cara.
—Mira —digo con cansancio—. Voy en busca de Rosie para que te cuide mientras yo voy a hablar con el chico que te salvó. El pobre está preocupado.
Eso, además que tengo finalmente que hablar con Rita. He sido un completo imbécil con ella y, porque les pedí a mis hermanas guardar el secreto, ambas desconectaron momentáneamente los servicios en sus teléfonos para evitar decir algo. Quiero ser yo quien le explique y me disculpe.
Estoy a punto de marcharme cuando siento una mano en mi brazo.
—No te vayas —suplica Mia—. Key, no me dejes.
—Solo es por unos minutos, además Rosie está cerca.
Ella sabe que he pasado mis días y mis noches a su lado, no debería dudar ahora.
—Sé que vas a hablar con… —ella traga saliva, como si intentara pronunciar una palabra difícil— con tu novia. Pero no sabes lo mucho que me duele verte con ella. Sé que es extremo pedirte algo como esto, así que, por favor, déjala. Déjala por mí.
Mi boca se abre y se cierra con rapidez.
—Mia yo no…
—Por favor —suplica sin soltar mi mano—. Sé que es mucho pedir, pero te necesito más de lo que te necesita ella en estos momentos. Tampoco te pido que volvamos en plan romántico, solo te suplico por no hacerme daño de esta forma. No con ella, no en este momento.
Mia comienza a llorar gravemente, su llanto volviéndose más fuerte.
—Key —dice, su voz rota—. No me hagas esto… Te necesito conmigo, y sé que sueno completamente egoísta contigo y que no te merezco después de todo lo que te hice, pero te lo suplico…
Su llanto se vuelve ruidoso, atrayendo la atención de Rosie que ahora asoma su cabeza por la puerta.
—Mia, no sigas llorando —digo, elevando mi dedo pulgar para limpiar sus lágrimas.
—¡Por favor! —sigue insistiendo ella—. Sé que estoy pidiendo demasiado, sé que no merezco que siquiera llegues a considerar mi petición, pero no me dejes. No lo hagas porque me lastima en estos momentos.
Suspiro mientras Rosie entra por completo en la habitación.
—¿Está todo bien? —pregunta, su rostro compungido al ver a su hermana acostada en esa cama.
Mia llora un poco más hasta que niega con la cabeza.
—¿Ves? —me pregunta ella—. Por esto quería largarme de este mundo. Parece que cada cosa que digo suena egoísta y te hace miserable. No te estoy pidiendo el mundo entero… te pido únicamente que te quedes a mi lado, por favor.
Veo a Rosie elevar una ceja mientras observa mi reacción.
Finalmente, y con un nudo enorme en la garganta, asiento con la cabeza.
—Me quedaré —digo en voz baja—. Sé que me necesitas contigo, así que me quedaré a tu lado el tiempo que sea necesario, ¿está bien?
Eso hace que Mia baje el nivel de sus lágrimas, y ahora simplemente se escucha un leve sollozo.
—Gra… gracias —respira entrecortadamente mientras más lágrimas salen de sus ojos—. Lo siento, lo siento, lo siento…
—No te disculpes —le aprieto la mano y luego beso su palma—. Pero de verdad necesito que estés con tu hermana por unos minutos, debo hacer algo importante.
Debo enfrentar a Rita, explicarle para que tal vez así entienda.
Pero sé que no lo hará, no lo entenderá. Mia tiene razón en algo: me necesita más de lo que Rita lo hace.
—¿Estarás bien por unos minutos? —pregunto.
Mia finalmente, y de mala gana, asiente con la cabeza.
—Bien —susurro, luego me inclino para besar su frente—. Ya regreso.
Me alejo de ella, dándole una mirada preocupada a Rosie para que la cuide y evite que intente hacerse daño a sí misma de nuevo.
Rosie asiente con la cabeza, como si entendiera el mensaje no hablado entre los dos.
Me marcho de la habitación, preparándome mentalmente para, o seguir ignorando las llamadas de Rita, o hablarle con la verdad; la verdad sobre quedarme junto a Mia.
Sé que ella preferiría la verdad, así que seré honesto, sobre todo. Al menos mis hermanas ya podrán dejar de ignorarla para no hacerla sentir mal. Y sí, me siento como un imbécil en toda categoría.
Cuando salgo a la zona de recepción, noto que el chico que le salvó la vida a Mia sigue sentado en la sala de espera de la clínica, como casi todos los días que ha venido.
El chico es de mi estatura y de mi edad, con cabello marrón y ojos celestes. Se levanta al verme y puedo notar que su mirada luce atormentada.
—Hola, lamento no presentarme antes —hablo, extendiendo mi mano para tomar la suya—. Tengo que darte muchas gracias por haber salvado la vida de Mia.
Él hace un gesto negativo.
—No es un problema —responde—, debe ser una situación complicada para todos.
Asiento con la cabeza, preguntándome por qué sigue esperando solo si ya cumplió con su deber.
—Me imagino que te debes estar preguntado por ella, ¿no es así?
—Sí, me gustaría verla, si se puede. Ella y yo hablamos un poco cuando la rescaté, y quisiera saber más, si no te molesta que robe algo de tiempo con tu novia.
—Claro, no te preocupes. Y ella no es mi novia, así que tranquilo —respondo, entonces llevo una mano a mi frente—. Perdona, no me presenté como era debido. Me llamo Key.
—Gracias por dejarme verla Key, y mi nombre es Diego.
Asiento en reconocimiento mientras le muestro la habitación de Mia.
—Puedes entrar ahora, está con su hermana —digo—. Solo tengo que hacer una llamada y pronto estoy con ustedes.
Diego asiente mientras se apresura a verla.
Es ahora o nunca, el momento en el que debo sincerarme con Rita. Tal vez soy un loco por pensar que ella me puede llegar a esperar mientras veo que Mia se recupere. Una vez que ella esté lista, yo iría de nuevo por Rita, lo haría. Ahora solo falta saber si Rita lo miraría de esa manera.
Cuando estoy lejos de la habitación de Mia, finalmente me decido a marcar el número de Rita.
No espero que conteste de inmediato, pero me sorprende cuando lo hace. Mi angustia aumenta al escucharla, preocupada por mí todo este tiempo y yo, como cobarde, ocultándole lo de Mia.
—¿Key, eres tú? —pregunta Rita, como si no se lo pudiera creer.
—Mmm, sí, soy yo.
Trago saliva mientras pienso en dejar a Rita, aunque sea temporalmente.
Noto que Rita queda en silencio, solo se escucha su respiración.
—¿Estás bien? —pregunta finalmente.
—Sí, lamento haberte preocupado tanto todos estos días.
—¿Entonces por qué lo hiciste? ¿Por qué me ignoraste tanto?
Ahora el que se queda en silencio soy yo.
—Key, por favor habla de una buena vez. Toda tu familia me da tratamiento de silencio y no dejo de preguntarme si hice algo malo o si les caigo tan mal como…
—No —la interrumpo—. No es nada de eso, de verdad. Lo que sucede está muy lejos de eso. Perdóname por haber demorado tanto en decirtelo.
—De acuerdo —responde con confusión—. Dime, tal vez entienda.
—Hace unos días recibí una llamada de Rosie —comienzo a explicar—, ella estaba muy alterada y me contó que Mia intentó suicidarse, intentó lanzarse frente a un auto en una de las autopistas más concurridas.
Escucho un jadeo al otro lado de la línea.
—¿Está bien? —pregunta Rita.
Asiento con la cabeza, como si ella pudiera verme a la cara.
—Sí, un chico la salvó a tiempo. Tuvimos que internarla en una clínica porque amenazó con volverlo a hacer.
—Eso suena… —se queda en silencio y luego vuelve a hablar— eso suena ¿manipulador?
—Entiende, ella está en estado frágil en estos momentos. Se tiene que recuperar completamente.
—¿Y por qué no pudiste decírmelo desde el primer día que sucedió?
Esta es la parte complicada:
—Porque Mia... Mia me pidió permanecer a su lado desde el principio. Ella, incluso hoy volvió a repetirme, quiere me quede hasta que se sienta mejor y logre procesar lo nuestro.
El resoplido de Rita no se hace esperar.
—¡¿Y no te das cuenta de que te está manipulando?! Lo siento si parezco brusca con la pobre chica, pero me parece muy conveniente que esa fuera su petición. Parece como si tuviera todo planeado desde antes.
—¡Rita! —le digo, sin poder creer sus palabras hirientes—. No es así; ninguno conoce al chico que la salvó y él asegura que Mia se iba a lanzar al tráfico. No es algo que se pueda planear con tanta precisión.
—¿Y qué me estás sugiriendo entonces? —pregunta ella.
—El problema es… A Mia la internarán todo este tiempo, y yo acepté quedarme con ella durante el proceso.
Por unos instantes Rita no dice nada, luego vuelve a hablar. Su voz suena histérica.
—No puede ser —dice—. ¿Acaso estás terminando conmigo por teléfono? ¿Es eso?
Su voz suena casi a punto de romperse.
Soy un imbécil, un idiota.
No sé cómo explicarle a Rita, no sé cómo hacerla entender sin que crea que la estoy traicionando. Así que digo lo que será más justo en estos momentos, hasta que la pueda recuperar de nuevo si es que me deja:
—Así es —lo confirmo—. Lo siento mucho, pero es lo mejor que puedo hacer por ti.
—Dijiste que Mia no era tu responsabilidad —ataca ella—, ¿ahora de repente sí lo es? ¿Decir eso me hace egoísta?
—Rita…
—Ayúdame a darle algo de sentido a esto.
—Es temporal, solo pido que me esperes por favor.
Escucho su resoplido mientras noto la agonía en su voz.
—Claro —dice de repente—, debí imaginarlo. Puedo ver que, entre ambas, la prefieres a ella. Perfecto.
—No, Rita. No lo veas de esa forma. Ella me necesita…
—Ya, ya. Entiendo, supongo que yo no lo hago, ¿correcto? No te necesito.
Se queda callada por unos momentos y luego vuelve a hablar.
—Entiendo, Key —dice—. Se terminó, listo.
—No lo veas así, por favor. Tienes que…
—Se terminó —repite una vez más—. Lo entiendo. Es simple como eso.
—Rita…
Ella cuelga el teléfono sin esperar a escuchar más.
No le regreso la llamada.
Ella no vuelve a llamar más.



Rita


Entiendo.
Sí, lo hago. Eso no significa que deje de doler menos.
Duele mucho.
Pero lo entiendo. Fui la culpable por dejarlo entrar a mi vida, y eso no volverá a pasar.
Jamás.
Entiendo, ¿entonces por qué no puedo dejar de llorar? La última vez que lo hice fue por el estúpido de Gabriel, mi ex novio. Y ahora por Key, también un ex. Hay que ver que mis lágrimas solo brotan en momentos tan superficiales.
Me limpio el rostro con la palma de la mano, pero pronto vuelven a caer más.
Pero al final de cuentas lo entiendo; además, no soy la chica que suele quedarse con el chico al final de la historia, ¿por qué creí que podía ser diferente?


Key

¿Terminamos?
Pensarlo hace que se me forme un nudo en la garganta. Decirlo en voz alta va a ser diez veces peor.
No sé por qué me incomoda demasiado. No es como que fuéramos el amor eterno del otro, ¿o sí? ¿Entonces por qué se siente tan mal, tan equivocado, estar sin ella?


Rita

Nunca va a ser diferente para mí. No sé por qué lo pensé por un instante.
De nuevo, lo entiendo.


Key

No lo entiendo.
¿Por qué?


Rita

Así es mejor. No es bueno depender de nadie, o llegar a necesitarlo.
Está bien. Estoy bien.


Key

No está bien, no estoy bien. No puedo simplemente hacerle esto; me siento como la peor clase de ser humano.
Tomo el teléfono y le marco, espero a que conteste.


Rita

Mi teléfono suena. Es Key.
Sonrío por dentro, sabiendo que sus modales, o lo que sea que lo comprometa a actuar como buen ciudadano, no le permite hacerme sentir mal; probablemente sienta la necesidad de reconfortarme.
Así que le hago un favor: no le respondo. Y no creo que le pueda responder nunca más.
¿Por qué? Porque es mejor así. Él mismo lo dijo antes, es mejor para ambos. No vale la pena dedicarle un solo minuto de mi tiempo a algo que no va a llegar a ninguna parte.
Ninguno va a llegar a ninguna parte.
Comprendo, está bien.


Key

No contesta.
Ahora el que lo entiende soy yo; entiendo que la perdí y no creo que la pueda recuperar.

Lo he arruinado todo. ¿Qué hice?






*** Recuerden que habrá un volumen 2***

Comentarios

  1. Loro y Lloro porque así...!!!!
    Esto es más triste que Ana y Adam por favor escribe pronto ahora tengo el corazón partidor...!!

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  2. Yo también lloro y lloro...me dolió cuando ella dice "Nunca va a ser diferente para mi, no sé por qué lo pensé por un instante" encima ahora Rita tiene que aguantar a su mamá de vuelta, ella sí necesita a Key. La verdad que se merece algo mucho mejor.

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  3. si que dolió :( hasta largar lágrimas

    Me llegó mucho este capítulo, tal vez porque adoro a Rita muchísimo, tiene ese toque de locura que tienen algunas personas que las hacen tan distintas y especiales. Me recuerda toda la desconfianza y el temor a sentir que podemos tener. Ella tuvo miedo pero se lanzó, Key no la siguió. Y no por quedarse con Mía, porque al fin y al cabo ella necesita ayuda, de eso no hay duda, pero me hace preguntarme si quiere verdaderamente a Rita, me transfiere el miedo, puede alguien quererte cuando se tiene que preguntar tantas veces si lo hace? :( Sentir incomodidad al terminar, cuando a ella, a mi superwoman!! la está lastimando y haciendo llorar, pareciera que solo se siente mal porque es un buen chico, y los buenos chicos no se comportar así. O tal vez es sólo el momento que a veces no nos permite pensar con claridad. Me muero por saber cómo seguirá.
    Así como tanto le deseaba un golpe en la cabeza a Adam para ver si se acomodaban las ideas, lo mismo para Key, una caricia en la cabeza con una bolsa de 10 kilos jajaja
    Lo que le espera a Rita con la vuelta de la loca de su mamá T__T

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  4. y todavia le queda sufrir a la pobre Rita con el embarazo de Rosie....Tal vez Key no valga la pena

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    Respuestas
    1. Rosie otra perra 😾.
      Ahora estoy pensando que seria mejor que Rita quede soltera pero que pudo lograr todos sus senos y ser exitosa :')

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  5. Adoro a Rita, y Key se merece un golpe :(
    No puedo esperar por el soguiente capitulo...

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  6. Este capituló me dolió mucho y mas porque Key no se da cuenta de que lo están manipulándolo, Rita me duele más ella dejo de creer en él amor y por muchos años pensó que no era cosa para ella. Cuando se da cuenta de sus sentimientos decide decirlos aunque la respuesta sea mala, después todo resulta bien y decide seguir y dejar enamorarse, ser feliz y poder ilusionarse porque junto a key sentía que él jamas la traicionaria, ahora Rita esta sola y se siente vacía con muchos problemas que se vienen y sin poder contárselos a alguien :'( <\3

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  7. Ay como sufri con este capitulo, Key eres un menso y te mereces un golpe!!!!! Rita pobre de ella, ahora su madre y esto, claro que le afecta, ella piensa que no es digna =( muero por la continuación.

    Gracias por un capitulo mas, amo tu trabajo.

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  8. Lloro por Rita, tonto de Key.

    Lia hermoso capítulo

    Esperando el siguiente volumen jeje

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  9. Amo tu trabajo, amo como escribes pero ahora mismo te odio. Joder, lloré con este capítulo.
    Eres genial ♥.

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  10. No se que les pasa a estos chicos, con razón son amigos, uno es más menso que el otro...este Key, no tengo palabras para su idiotez ojala Rita lo haga sufrir, ayyyyy espero con ansias la continuación
    gracias Lia!!!!

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  11. Maravilloso, esperaré con ansias la continuación de esta historia.

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  12. Me encanto pero muero por saber que sigue

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  13. No puedo con esto :'( maldita mía y estúpido key pobre de Rita u.u demonios no tardes en subir el volumen dos por favor lía!

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  14. Ay mi corazoncito, esto duele. Key te pasate ... osea COMO DIABLOS TE QUEDARAS CON MIA!!! Y ABANDONARAS A RITA!!! Me identifique tanto con R cuando decia "lo entiendo".
    VOLUMEN 2 PLLLLLLLLS

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  15. Me duele pero mierda, creo que es lo mejor. Key la cagaste, hiciste que Rita cerrara mas que nunca su corazón, volver a confiar en alguien le va a costar un montón a Rita.

    Es acá donde Key se acuesta con la zorra y le dice que espera un hijo de key?
    Seguro tira la típica "estaba dolido" " me pase de bebidas" " no sabia que hacia" " Extrañaba a rita" Puffff
    Y en teoría no están mas juntos pero duele como si fuera una traición a Rita.

    Por lo menos a Rita no le va doler "tanto" ya que no estaban saliendo más cuando paso lo de key y la zorra.

    A ver que cosas hará key para tener lo que no se merece.

    PD: Sigo sin confiar en los sentimientos de key. Parece un nene que no sabe lo que quiere y cuando se lo quitan ahi recién lo quiere.
    Tambien parece de los que le gusta vivir una vida comoda, cotidiana, ir a lo seguro y eso parecía que antes le daba Mia.
    Rita es un bomba en todo sentido y esto lo tenia desconcertado.

    pdpd; QUÉ VA A DECIR Y HACER EL PEQUEÑO HERMANO PROTECTOR DE RITAAAA. jjajajaja Es un pequeño diablillo xD

    Gracias!! espero que sigas publicando de ellos y le des a Key tremenda angustia :)
    xoxo

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  16. Casi siempre los libre tienen finales felices y por eso los leo para olvidar muchas cosas... pero con este final he llorado y mucho porque me recordó mi propia historia..
    Espero que por cada lágrima de Rita Key derrame el doble debe madurar y crecer para ser merecedor de su amor. Pobre Rita este sufrimiento la va volver más dura...
    Odio a Mía de verdad que la odio zorra se parece a alguien que conozco.
    Gracias Lia

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  17. Amé cada capítulo de este libro y de pedaw y podaw ... te felicito Lia, es poco decir lo extraordinarias q son tus historias y como me transporte en cada línea y capitulo de los libro. ahora soli quiero saber la continuación de la historia de Rita y Key. No sé como encontrar la segunda parte por favor. sé q ya está por favor por favor. algún dato para encontrarla pliiiss y Gracias por lo genial q escribes🤗

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  18. Hola!!!! chicas y espero que la escritora si lea los comentarios jejejejeje

    Primero: Cuando vi el Belikov si se me vino a la mente un Instructor Ruso de cierta Academia y al leer que te gustaba vampire academy dije Si!!!! lo sabía jajajajjaa

    Por otro lado me agrada mucho la historia de Anna y Adam, apenas la empecé y para ser amateur me gusta bastante, me ha hecho reir!!! y eso que lo consiga un libro ya es bastante, y lo que me ha dejado aun mas sorprendida es que no buscas lucrarte con ello!!!! eso si que es una verdadera expresión de "amor por escribir" que admiro..... Espero que no dejes de lado la Historia de Anna y Adam!!!!

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  19. De verdad que esta es la octava vez que lo leo, por favor Lia no nos dejes sufrir 😭😭😭

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  20. Cuando saldra la segunda parte???
    Me encanta la historia y me quede super picadaa!!!

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Gracias por sus valiosos comentarios :)

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