06 abril 2017

PFQMG - Cap. 20 - Cómo sacaste mi lado romántico

Rita

Siento lástima por Mia.
Bueno, solo un poco. Pero siendo realista sé lo feo que se siente cuando alguien elige a otra persona por sobre ti; aunque ella también eligió a alguien más por sobre Key, haciendo que ahora se arrepienta por sus decisiones. Ella ya tuvo su oportunidad con Key y la dejó escapar, ahora es mi turno y yo no dejaría de lado lo que sentía por él, solo quería dejárselo en claro.
Todos vemos cómo Mia se marcha corriendo, lágrimas corren por su cara pero nadie la detiene, ni siquiera Key. Una parte de mí espera que corra tras ella, así que es realmente increíble ver que él no lo hace sino que se acerca más a mi lado.
—¿Las vas a dejar irse? —le pregunto—. ¿Incluso en ese estado?
—Ella ya no es mi responsabilidad —murmura él—, es responsabilidad de alguien más. Ya entendí que debo dejarla ir.
—¿La dejaste ir entonces?
—Ya dije lo que siento por ti, Rita. ¿Quieres que lo escriba en algún lado para que te convenzas?
Niego con la cabeza. Le creo.
—Supongo que ya dije todo lo que tenía que decir —dice él, pasando su brazo por mis hombros, ese contacto poniéndome nerviosa.
Rara vez me pongo nerviosa, no sé si quiera que se repita esa sensación. Me aparto de su lado, un poco cohibida.
—Yo también dije todo lo que quería decir —digo—. No sé qué harás con todas esas palabras, pero…
—¿Qué haré? —me interrumpe él—. Haré lo que quiera, como esto.
Sus manos alcanzan mis hombros y suben por mi nuca, en un rápido movimiento pega su boca contra la mía.
Presiento que es algo que nos gusta hacer a ambos.
Su beso me da la confianza que momentáneamente perdí.
Como si fuera una batalla, mis manos también se apresuran a ir tras su nuca, imprimiendo fuerza al beso; no es hasta que escuchamos una garganta aclararse que recuerdo a sus hermanas detrás de nosotros. Intento alejarme, pero Key me detiene.
—Son solo mis hermanas —dice él—, no son importantes. No te detengas.
Sus palabras son dichas entre beso y beso, y yo les hago caso.
—Eileen —escucho que dice Pam—, esto se está convirtiendo en un evento porno. Vámonos.
—Es asqueroso e hipnotizante ver esto —responde ella—. No se olviden, tortolitos, que mañana es la gran fiesta.
Con eso creo que ellas desaparecen, dejándonos solos.
Soy la primera en romper el beso.
—Eso no fue para nada incómodo —digo de manera sarcástica—. Tus hermanas creerán que abuso de ti.
—Que piensen lo que quieran —se encoge de hombros.
Veo que intenta tomar mi mano con la suya, pero al instante que ambas manos se encuentran, siento la necesidad de retirarla.
—¿Qué pasa? —pregunta Key—. ¿Por qué no dejas que te tome de la mano?
Intento balbucear una idea coherente para darle a entender lo que siento, pero no me sale nada de la boca.
—¿Qué es? —intenta tomar mi mano de nuevo.
Suspiro de manera cansada.
—Lo siento —explico—, siento cosas extrañas cuando me tomas de la mano. No sé si puedas entenderme, pero parece algo personal e íntimo.
—¿Más íntimo que un beso, o un beso con lengua?
Asiento con la cabeza.
—Todavía más, lo siento. Sé que es ridículo pero hace mucho tiempo ya que no se me acelera tanto el corazón… y no sé si quiera volver a sentir lo mismo.
Key sonríe como si le hubiera contado el secreto mejor guardado del mundo.
—Entiendo la sensación —dice—. Tienes miedo de volver a amar, de bajar la guardia y que te guste alguien para que después te rompan el corazón, ¿cierto?
Asiento con la cabeza, dándole la razón.
—Es algo tonto, y sé que acabo de arriesgarme justo ahora. Pero no sé si debo dejarlo seguir.
—Está bien. Lo entiendo, ¿qué te parece si hacemos algo?
—¿Algo como qué?
Me toma de la mano en contra de mi voluntad, arrastrándome hacia el interior de la enorme casa.
Cuando pienso que me va a conducir al lugar de siempre, me sorprende caminando directo a una puerta escondida bajo las escaleras.
—¿Qué vas a hacer? —pregunto con curiosidad—, ¿me vas a dar tratamiento al estilo Harry Potter? ¿Me vas a dejar bajo las gradas?
—No tienes tanta suerte, cállate y deja de hablar.
—No eres mi jefe para que me des órdenes.
—Ni aunque lo fuera; apuesto a que el pobre tipo te tiene miedo.
—Debería.
Abre la puerta y enciende una el interruptor del lado derecho, iluminando lo que parece ser una bodega de lujo. No sabía que las bodegas podían verse así de organizadas y modernas.
Key entra y empieza a rebuscar entre una sección de cajas apiladas por color.
—Aquí está —murmura él luego de unos minutos—. Esto será para cuando te sientas perdida y los sentimientos te superen y tengas dudas.
Levanta un juego de pinceles y un botecito de pintura color rojo sangre.
Lo único que puedo hacer es elevar mi ceja, sin saber muy bien qué trama con todo eso.
—Todavía no he desarrollado poderes de lectura mental —digo—. ¿Podrías decirme lo que intentas hacer?
Abre la tapadera del botecito de pintura y empapa un pincel con el apasionado e intenso color rojo.
—Dame tu mano —dice.
—¿Para qué? Creo que estoy asustada de esa actitud tuya.
Key rueda los ojos, haciéndome señas para que le pase mi mano.
Hago lo mismo y se la paso.
Pronto dibuja una equis en mi mano derecha.
—¿Qué intentas probar con esto? —pregunto.
Key se limita a sonreír y pronto dibuja una equis en su mano izquierda. Una vez terminada, la levanta para que aprecie su obra maestra. Ahora ambos tenemos la X marcada en nuestras manos.
—A veces creo que estás más loco de lo que yo lo estoy —digo mientras ruedo los ojos.
—Es una equis —dice él con orgullo—, porque la X siempre marca el lugar, Rita. La dibujé en tu mano y en la mía para que ambas encuentren su camino. Así sabrás a dónde pertenece.
Sonrío, con mi rostro empezando a colorearse.
—Recuerda —murmura—, es para cuando te sientas perdida y los sentimientos te superen.
Eso es… realmente lindo.
Sonrío sin decir palabra alguna. No lo necesitamos.
Me acerco a su boca y lo beso con renovada actitud; él responde a mi beso y me estrecha entre sus brazos.
—A veces puedes llegar a ser muy tierno —digo cuando nos separamos, lo tomo de las mejillas.
No se lo diré nunca, pero se ganó un pedacito de mi corazón con ese gesto.
—Estoy a sus órdenes, querida dama.
Entonces lo vuelvo a besar, solo porque puedo y se me da la gana. Lo beso por sus estúpidas equis que me derritieron por dentro, y por su lado enloquecido que entiende a la perfección el mío.
Lo beso porque sí, y es agradable dejarse llevar de vez en cuando. Se siente bien intentarlo de una vez por todas.



******

Estoy feliz.
Siento que estoy caminando en las nubes y toda esa mierda cursi de la que tanto intenté huir por largo tiempo. Pero es cierto, creo que hasta canto en la ducha y yo no suelo hacerlo.
Hoy es el cumpleaños de Key, aunque no sé muy bien qué somos él y yo en este momento. ¿Somos novios? ¿Somos amigos que se están dando una oportunidad a conocerse? ¿Somos amantes?
No tengo ni la menor idea y no me importa, aunque espero que, por su bien y el de sus bolas, seamos exclusivos.
Escuchar a Key decir que yo le gustaba fue toda una agradable sorpresa, la mayoría de hombres ya estaría asustado de tratar con alguien como yo y como mi familia de necesidades especiales. Siempre pensé que ese día nunca llegaría, porque vamos, lo admito: soy alguien sumamente difícil de complacer.
Pero él ha sabido manejarme a la perfección, con toda mi locura incluida.
Creo que no he dejado de sonreír como payaso, y esta mañana dibujé una pequeña equis con lápiz tinta en mi mano derecha para reemplazar la otra que él había hecho con pintura. ¿Eso significa que estoy infectada de alguna enfermedad? Siento como si esta nueva Rita se está apoderando de mí y de mi lado romántico.
—Rita, ¿qué te pasa? —pregunta mi hermano menor, Rowen, esa mañana de lunes mientras come su desayuno—. Tu café se está derramando por el suelo.
Parpadeo por un momento, procesando sus palabras. Entonces noto que aún sostengo la cafetera con una mano mientras lleno la misma taza de café hasta que se desborda.
Me detengo con un chillido, corriendo por la cocina en busca de un trapo de limpieza para eliminar todo el café desperdiciado.
—Creo que Rita está enferma —dice Rowen en dirección a papá, ambos sentados en la mesa del comedor—. Anoche la escuché hablar dormida. Mencionó bastante a Key y de cómo le gustaban los calzoncillos de pato.
Me sonrojo gravemente.
Papá levanta la vista de su desayuno de huevos con tocino para observarme directamente a los ojos, el abuelo hace lo mismo desde su lado de la mesa del comedor. Si Russell estuviera despierto también haría lo mismo.
—Mira, enano glotón —lo amenazo mientras limpio el desastre de café—, que ésta sea la última vez que dices semejantes mentiras.
—¿Mentiras? —dice la pequeña rata— ¡Hasta el abuelo tuvo que correr a tu habitación porque estabas gritando alto!
—No es verdad, ¿abuelo?
El abuelo asiente con la cabeza mientras bebe de su café.
—Pensé que habías visto a un ladrón —responde él—. O que estabas siendo atacada… ¿Es Key tu novio de verdad ahora? Porque anoche lo gritabas con mucha energía. Incluso ahora te ves más radiante a pesar de la noche que nos hiciste pasar.
—¿Qué? ¿Acaso no puedo mantener un secreto oculto de ustedes?
—No cuando gritas dormida —responde él—. Mencionaste bastante al muchacho y algo sobre un beso con lengua; sonabas muy alegre también. Es bueno verte feliz y no siempre a la defensiva sobre tus valores feministas.
El calor se intensifica en mi rostro.
— No son valores feministas… y no estoy feliz. Bueno, no estoy feliz por las cosas que tú crees.
—Claro —dice él, guiñándome un ojo.
Suspiro exageradamente.
—De todas formas —cambio de tema—, ¿alguien sabe si Russell ya despertó?
—Russell está aquí —responde Russ, parado justo a un lado de nosotros, usando su uniforme escolar —. Si alguien no gritara mientras duerme sería grandioso. Gracias por no dejarme dormir, Rita.
—Lo siento —digo sin realmente recordar el haber gritado. Aunque sí, mi voz suena ronca, comprobando lo que ellos argumentan.
Russell me mira con el rostro serio.
Él es realmente guapo, y sé que desde ya está rompiendo corazones en sus clases. Tiene unos labios gruesos de color rosa, piel intacta y unas pestañas largas y curvadas que hasta yo envidio. Ojalá yo hubiera heredado sus genes y él hubiera heredado los míos, ¿estoy mal deseando eso?
 —¿Por qué me miras de esa forma? —le pregunto cuando noto que no deja de observarme desde la distancia—. Ya me disculpé.
—No puedo creer que tengas novio —dice, regañándome—. Nos dijiste que él no era nada tuyo.
—Es que sucedió ayer… y no sé realmente si somos novios.
—Pues los no novios no vienen temprano en la mañana cargando bolsas de comestibles —dice él, señalando la ventana detrás de nosotros.
Rápidamente volteo y observo a Key caminando hacia la entrada, cargando bolsas y bolsas con el logotipo de algún restaurante.
—¿Qué hace aquí? —me exige Russ.
—Oye, hijo —dice papá, calmándolo—. Tienes que darle un voto de confianza a tu hermana, ella tiene bien puesta su cabeza y no creo que haya que juzgar mal al chico, si lo eligió Rita sabes que tiene calidad garantizada. A mí me cae bien.
—No es un producto en venta —murmuro sin poder contenerme. ¿Calidad garantizada? ¿En serio?
Al parecer ambos me ignoran porque Russell sigue discutiendo con papá.
—Ese es el problema, papá. ¿Sabes que Rita puede llegar a casarse con él algún día? ¿Has pensado en eso? —le reclama mi hermano menor—. Si se casa nos va a abandonar a todos aquí.
—Russell no pienses eso —le respondo—. No es como si Key y yo fuéramos el amor eterno del otro. Simplemente le dije que me gustaba, y él me dijo que yo le gustaba también. No pienses en cosas que ni siquiera han sucedido.
—Nos vas a dejar…
Resoplo en voz alta, casi al mismo tiempo que el timbre de la puerta suena, silenciándonos a todos.
—Yo nunca los abandonaría —le digo—. No soy esa clase de persona que se transforme por un chico. Entiéndelo y deja tus inseguridades.
—¡Te vas a casar con él, te lo aseguro! —grita Russ.
—Siiiiiiii —aporta Rowen, derramando pedazos de su comida mientras habla con la boca llena—. Sería perfecto, PlayStation gratis todo el tiempo, ¿te imaginas?
El timbre suena una vez más y me pongo de pie para poder abrirle a Key. El abuelo se adelanta y me obliga a sentarme en mi lugar mientras él va hacia la puerta.
—No seas injusto, Russell —digo—. No me estoy casando con él; ya compórtate.
—Pero de seguro lo harás y te alejarás de nosotros, nos vas a dejar justo como mamá nos dejó.
Abro mi boca para asegurarle que yo nunca sería como nuestra madre, pero la voz de Key nos interrumpe a todos. Parece contento mientras carga las bolsas y las deposita sobre la mesa.
Russell se queda en silencio al verlo.
—Hola a todos —saluda Key a mis hermanos, dándoles el puño. Saluda también a mi papá con un apretón de manos—. ¿Interrumpo algo?
Me fijo en él de pies a cabeza, hoy luce más vaquero que nunca. Tiene puesta una camisa a cuadros de color rojo con azul, pantalones ajustados y faja con hebilla gigante que jamás le había visto.
—Interrumpes una pelea imaginaria —le contesto—. ¿Por qué el atuendo? Pareces más vaquero que ayer.
—Es que alguien me dijo que le gustaba con todo y mis gustos raros sobre la ropa —hace una reverencia en mi dirección— y decidí sacar mi mejor arsenal. ¿Cómo me veo?
Lo aprecio de pies a cabeza. Esos pantalones hacen maravillas por su trasero, y la camisa se ajusta perfectamente en los lugares correctos.
—¿Se van a casar mi hermana y tú? —pregunta Rowen, interrumpiendo lo que estaba a punto de decir—. Sería agradable porque así al fin tendré mi propia habitación.
—Rowen —lo regaño—. Basta ya con el tema.
—Si te casas con mi hermana será como casarte con el abuelo —dice Russell, sentándose junto a mí y señalando al abuelo que justo viene directo hacia nosotros, a punto de quitarse la camisa.
Las cejas de Key se elevan por lo alto mientras lo observa atentamente.
—¿Eso significa que Rita pasará sin camisa todo el tiempo? —pregunta Key, retóricamente—. Está bien para mí.
—¡Abuelo ponte la camisa! —lo regaño mientras procedo a husmear lo que sea de comida que haya traído Key—. Si pretendías que yo iba a pasar sin camisa, estás equivocado. Explícame ahora qué es todo esto.
Señalo la comida que desprende un olor delicioso.
Mi estómago despierta a la vida nuevamente.
—Te prometí comida decente para cuando te sintieras mejor —me responde él—. Aunque creo que vine tarde porque veo que ya están desayunando.
—Oh, no me molesta repetir —respondo mirando con hambre en dirección a unos deliciosos panqueques con arándanos y crema—. En mi otra vida nací con cuatro estómagos, así que la comida doble no es un problema. En serio, abuelo, la camisa. Ahora.
—Hace calor —se defiende él—. Que levante la mano aquel que le moleste verme sin camisa.
Nadie levanta la mano, solo yo.
—Traidores —les comento a todos. Rápidamente saco los panqueques y veo cómo papá, Russell y Rowen pelean por el resto.
—Nos contó un pajarito que Rita y tú eran novios, ¿es verdad? —le pregunta papá a Key.
¿Novios? Key ni siquiera me ha preguntado nada todavía. ¿O es que acaso ya no se preguntaban estas cosas? No tengo idea de cómo funciona el mundo moderno.
—Ella confesó que yo le gustaba —responde él, encogiéndose de hombros—. Entonces, al ver el valor y coraje que tuvo, le confesé que a mí también me gustaba ella. En especial si se parece en algo a su abuelo.
Guiña un ojo y mi rostro se vuelve rosa. ¿En serio? ¿Desde cuándo me sonrojo tanto?
Estúpido y atractivo Key, pero hacer comparaciones con el abuelo no es agradable.
—No soy nada como el abuelo —digo en mi defensa.
—Sí lo es —responde Rowen—. Le gusta cantar mientras se baña, según ella está cantando en coreano, pero en realidad es algún idioma inventado.
—Y tiene caspa —añade Russell—, mucha. Tiene que comprar tratamiento especial para el cabello.
—¡Oye, se me quitó el año pasado! —grito, golpeándolo en la nuca—. No les creas nada, son puras calumnias.
—La suspendieron del trabajo —continúa diciendo Russ—, quiso envenenar a una chica poniéndole restos de uñas y asquerosidades de sus pies.
—¡No eran de mis pies! —me defiendo—. No soy asquerosa… Bien, al menos no la mayoría del tiempo.
—Cuando era niña se comía la goma de mascar que estaba pegada bajo las mesas —continúa diciendo Russell.
—¡Oye, tenía cuatro años, pedazo de…!
—¿Estamos diciendo ahora las verdades sobre Rita? —interrumpe un muy confundido Rowen.
Russell asiente con la cabeza al mismo tiempo que yo niego.
—Oh, bueno —dice él—. Entonces déjame decirte que Rita tiene una obsesión con los jugadores de fútbol; no conoce a ninguno, pero igual dice que le atraen sus piernas musculosas.
—¿Puede alguien más ser el centro de conversación en esta mesa? —pregunto de mala gana—. Es cansado ser criticada por tus hermanos.
—A mí me parece interesante el tema de conversación —murmura Key—. ¿Qué más debo saber sobre su hermana? ¿Qué más le gusta?
—Le gusta hablar sola —responde papá, como si fuera un concurso sobre mi vida—. Y anoche creo que vivió el momento más emocionante de su vida porque no ha dejado de hablar sobre ti y sobre besos con lengua.
—Bien —los detengo, con mi rostro completamente rojo—. Basta ya de hablar solo de mí. No abrumen tanto a Key o lo van a asustar.
—Esa es la idea —dice Russell.
Lo fulmino con la mirada.
—¿No se te hace tarde para ir a clases? ¿A todos no se les hace tarde? —pregunto, observándolos uno a uno.
Russell se levanta de la mesa primero y revisa el reloj de pared.
—Vámonos Rowen —dice él con urgencia—, se nos hace tarde. Ya hablaremos más tarde sobre mi hermana.
Esto último se lo dice a Key, tendiéndole la mano para que él se la estreche.
Rowen se despide de mí con un beso muy salivoso, y luego hace lo mismo con papá y el abuelo.
—¿Vendrás mañana a hacernos compañía? —pregunta el pequeño a Key.
Key asiente con la cabeza.
—Aquí estaré, amiguito.
Se dan los puños y yo suspiro internamente.
No hay nada mejor que ver a un chico actuar de manera especial con un niño.
Es muy tierno.
—Me gusta tu atuendo el día de hoy —dice él cuando mis hermanos se han ido. Papá y el abuelo aún permanecen en la mesa, uno sin camisa y el otro ocupado devorando la comida.
Observo mi atuendo: camisa de pijama barata con hoyos en el cuello, pantaloncitos cortos y mis siempre únicos zapatos afelpados con forma de gatos.
—Gracias —respondo, coquetamente—, me gusta el tuyo.
Me regala una sonrisa que me deja babeando internamente. Hacerlo reír, aunque sea solo una pequeña sonrisa, es lo que hace mi día completo.
¿Estoy sonando cursi desde ya? Agg, no lo puedo evitar.
Basta de cursilerías, Rita. Basta.
Entonces, para mayor vergüenza, él encuentra con sus ojos el lugar exacto en donde dibujé esta mañana una pequeña equis en mi mano derecha.
Él sonríe, levantando su mano izquierda, enseñándome la pequeña equis que dibujó en la suya.
—La equis siempre marca el lugar, ¿cierto? —pregunta en mi dirección.
¿Puede mi rostro volverse más rojo?
Vamos, Rita. Supera esto ya.
Aclaro mi garganta mientras me concentro en comer la comida. Key procede a hablar, recordándome de algo importante que había olvidado por completo:
—Espero que hoy vayas a mi fiesta “sorpresa”. Se me olvidó antes decirles a tus hermanos que pueden asistir; ustedes también están invitados —dice esto último en dirección al abuelo y a papá—. Los adultos de la fiesta desaparecen todos juntos para tomar algunas bebidas más fuertes en el jardín.
A papá se le iluminan los ojos al escuchar la promesa de alcohol.
—¡Cuenta conmigo, muchacho! ¿Con qué ocasión se celebra la fiesta? —pregunta papá.
—Es mi cumpleaños —responde Key.
Soy la peor no novia del mundo. ¡Ni siquiera lo felicité todavía!
—Lo siento tanto —murmuro—, era lo primero que debía decirte hoy: ¡Felicidades, Keyton Higinio!
Me levanto de la mesa para darle un abrazo, uno que termina siendo incómodo cuando ninguno de los dos quiere soltarse.
Escucho al abuelo carraspear su garganta mientras bebe de su café.
Nos separamos al instante.
—Bien —murmuro—. Lastimosamente ayer eclipsaste mi día así que no pude comprar nada para ti.
Recordar el día de ayer me pone los pelos de punta. Key y yo actuamos como una pareja real, solo que esta vez era cierto, no teníamos que fingir y todo se dio de forma espontánea, tanto que a veces me asusta. Pero entonces recuerdo su tonta equis y todo vuelve a la normalidad.
—El mejor regalo ahora sería que aparecieras en mi fiesta —dice Key, pasando su brazo por mis hombros—. Y que me siguieras a mi auto porque te tengo una sorpresa. Bien, es una sorpresa obligatoria, pero… acompáñame para que veas de lo que hablo.
—¿Estoy bien para la ocasión? —pregunto, señalando mi ropa de dormir.
—Estás perfecta, vamos —me suelta para después tomar mi mano, y mi mano repentinamente suelta en sudor. ¡Me está tomando de la mano otra vez! —. Sr. Day, ¿puedo robar a su hija por un momento?
Papá sonríe.
—Claro, te la presto —dice sorbiendo más de su café.
—Y por lo de esta noche —continúa Key—, no se preocupen por el transporte que yo lo voy a proporcionar.
Papá asiente con la cabeza.
—Gracias, muchacho. Y feliz cumpleaños.
—Dile a Rita que se envuelva en un moño —sugiere el abuelo antes de retirarnos del comedor—. Ese sí que era un regalo en mis tiempos.
—No voy a hacer eso, abuelo —respondo mientras lo fulmino con la mirada.
El abuelo se encoge de hombros.
Saco a Key rápidamente de la casa de locos, y veo cómo me dirige hacia su vehículo.
No logramos llegar todo el camino porque a mitad estoy siendo emboscada por una chica quien me envuelve en un apretado abrazo. Es Pam.
—¿Cómo está mi nueva cuñada? —pregunta mientras me sonríe.
Todavía estoy algo molesta por lo de ayer, ¿cómo se le pudo ocurrir ponernos a competir a Mia y a mí?
—¿Eres la sorpresa obligatoria? —pregunto, elevando una de mis cejas.
—Sí, lo soy. Este día tú y yo saldremos juntas. Hoy es la fiesta de mi hermano y quiero que luzcas radiante, me han dicho que soy experta en moda.
—Pensé que siempre lucía como un rayo de sol.
Me cruzo de brazos, todavía molesta.
—Oye, Rita. Está bien, lo siento por lo de ayer, de verdad —dice ella—. Solo intentaba presionar un poco las cosas para acelerar todo entre mi hermano y tú. ¿Podrías perdonarme por favor?
Suspiro de mala gana. No puedo enojarme con ella por más tiempo; es demasiado adorable para eso.
—Estás perdonada —respondo—. ¿Ahora qué se supone que hacemos?
—Ahora dejamos a Key de lado porque es hora de las compras. ¿Piensas ir así?
Me mira de pies a cabeza.
—Deja que me dé un baño y luego te acompaño, ¿está bien?
—No te demores. Key, tú desaparece.
Observo atentamente a mi vaquero. Luce atractivo, mucho.
—Si sale una chica con rasgos asiáticos por esa puerta… —digo, señalando la casa vecina— es mejor que huyas porque esa es Lucy, tiende a emocionarse con los chicos y será mejor que no se emocione mucho contigo. Soy una persona un tanto posesiva.
—Lo he notado —murmura él.
Estoy a punto de entrar a cambiarme cuando me toma de la mano y me atrae para un beso.
Tal vez me pueda acostumbrar a esto.
Compartir:

9 comentarios:

  1. Que te puedo Decir Lia que ya no sepas, sos una excelente escritora, tus historias realmente llegan al corazón...gracias por el capítulo, espero con ansias saber cuando entra en todo esto la desvergonzada de Rosie!!!

    ResponderEliminar
  2. AMO A Keyton Higinio!!!!!....se gano mi corazón completamente!!!!!!
    pero se que mi burbuja de felicidad absoluta por ellos dos explotara y mi corazón sufriraaa muuucho!!!

    Lia te has superado con esta historia es una de mis favoritas ...felicitaciones linda!

    ResponderEliminar
  3. Pero que emocionante, hahahaha.... me encanto, todos aman a Rita es mi super chica y esas cuñadas que bellas. felicidades, ya muero por el próximo capítulo

    ResponderEliminar
  4. aaah...gracias por compartir otro capítulo más...me gusta mucho Key...todavía no me puedo imaginar como termina creyendo que es papa del Bebe de Mía, es que quiero que nunca pase...adoro la pareja que hacen!!!

    ResponderEliminar
  5. A ver a ver qué pasó aquí? Jajajaja
    Algo tiene que pasar, no creo que estemos or el final. Tengo que prepararme 😣

    ResponderEliminar
  6. Ahhhhhhhhhhhhhhhhh me encanto Rita tan romantica y Key tan tierno y cariñoso (corazones volando)

    ResponderEliminar
  7. Esperando el siguiente capítulo ��

    ResponderEliminar

Gracias por sus valiosos comentarios :)

© Delirios de una Adicta al Chocolate All rights reserved | Designed by Blogger Templates