PFQMG - Cap. 19 - Cómo supe lo que sentías por mí

Key


Santa mierda.
Santa… mierda.
Saaaaanta miiiieeeer…
Mi mente está en blanco.
¿Qué rayos acaba de pasar?
Soy consciente que luzco como un total idiota en estos momentos: abriendo y cerrando mi boca, sin procesar lo que acaba de suceder. Es como si alguien metiera mi cerebro en una licuadora y lo volviera papilla.
¿De verdad pasó lo que acaba de pasar o solo estoy soñando? ¿De verdad fue Rita la que entró por esa puerta, luciendo como una diosa del Olimpo y arrasando con mi boca de la manera en que lo hizo?
Mi cuerpo actúa por inercia mientras lentamente me levanto de mi asiento y con el mismo movimiento vuelvo a sentarme solo para ponerme de pie de nuevo, tratando de seguirla, como si ella fuera un imán y yo el metal, o como si alguien amarrara un hilo invisible alrededor de mi cintura que me tiene atado a ella.
Justo cuando pienso abandonar el café en el que me encuentro, una mano se envuelve alrededor de mi brazo y me detiene.
—¡Key! —escucho mi nombre ser gritado, pero mi cerebro sigue nublado, tratando de reajustar cada pieza a su lugar original—. ¿A dónde vas?
Intento ignorar la voz, pero es difícil cuando su mano sigue sujetándome.
—Me tengo que ir —murmuro luego de unos instantes, parpadeando para salir de la espesa niebla en la que ahora se encuentra mi cerebro.
¿Qué acaba de pasar? ¿Rita solo… solo entró y me besó como si fuera de su propiedad?
¡Cielos! Me siento usado, pero de una buena manera. ¿Soy de su propiedad ahora? ¿Qué?
—¿Por qué vino ella? —la voz pregunta de nuevo—. No sabía que se habían vuelto tan cercanos. ¿Sigue siendo tu novia o algo así?
—Algo así —respondo.
—La verdad es que, el día que me la presentaste en el cumpleaños de tu madre, pensé que la habías conseguido solo para darme celos. ¿Key, me estás escuchando? ¡Key, mírame!
Finalmente soy capaz de reconocer que es Mia la que me habla y aún me sostiene del brazo; mi cuerpo quiere ir directo a la salida para ir detrás de Rita, como si una necesidad urgente pulsara a través de mi cuerpo, pero me obligo a detenerme por un momento.
—Me voy —es todo lo que puedo decir—. Lo siento, fue un gusto verte, luego hablamos.
Mis ojos tratan de seguir lo que queda de la sombra de Rita al otro lado de la calle, aunque es algo difícil porque ya se ha perdido de mi vista.
—¡Key! —grita Mia—. No te puedes ir así.
Por primera vez, desde que Rita llegó y me dejó sin habla, me fijo en los ojos de Mia. Ella parece, de alguna forma, decepcionada.
Es su mirada de dolor la que me mantiene presente por unos pocos minutos más.
—Lo siento, tienes razón. No estaba pensando claramente —digo, haciendo una mueca—. No me puedo ir así.
Mia sonríe, asintiendo con la cabeza.
Entonces procedo a sacar la billetera de mi pantalón, dejando algunos billetes sobre la mesa para pagar por la cuenta.
—Ahora sí —comento—, ya puedo retirarme.
Me dirijo nuevamente hacia la salida, para alcanzar a Rita, pero la mano de Mia vuelve a detenerme.
—No me refería a eso —dice ella—, ¿qué ocurre entre ustedes dos? ¿Ella de verdad es tu novia? ¿Qué hay de lo que te acabo de preguntar, o el beso que nos dimos? ¿No fue eso algo importante para ti?
Los eventos que Mia nombra me parecen demasiado lejanos, como si hubieran sucedido hace mucho tiempo atrás.
—Lo siento, Mia. ¿Qué te parece si hablamos en otro momento? —es lo único que puedo responderle.
—Espera, no me puedes dejar aquí.
Suspiro, sabiendo que tendré que ir primero por mi vehículo para buscar a Rita y que a estas alturas ya será difícil seguirle el paso.
Veo a Mia nuevamente, parece realmente dolida.
—Claro, perdona. No sé en lo que estoy pensando —digo ante sus palabras.
Retrocedo a mitad de camino y voy nuevamente en busca de mi billetera.
—Gracias —dice ella.
Saco, de forma impaciente, un fajo de billetes y los deposito en su mano. Mia los observa detenidamente, como si intentara saber qué hará con ellos a continuación.
—No te puedo dejar sin transporte —digo—, creo que con esto es suficiente como para te vayas en un taxi. Me tengo que ir, pero estaremos en contacto.
Estoy a punto de llegar a la puerta, casi golpeando a dos chicos que acaban de entrar, cuando la mano de Mia me detiene de salir corriendo… nuevamente.
Suspiro en voz alta.
—Esto es injusto, no te estaba pidiendo dinero —se queja ella—, no quiero hacerte perder más tiempo, pero por favor, considera lo que hablamos hoy. No me descartes tan rápido, y danos a ti a mí otra oportunidad.
Sus palabras tocan un punto sensible, pero todavía no puedo saber cómo me hace sentir eso.
—Hablaremos después —me separo de su mano, caminando rápidamente hacia mi vehículo en el estacionamiento, esta vez Mia no me detiene en absoluto y camino libremente. Es allí, cuando llego al auto, que noto las maletas de Mia que aún siguen en la parte trasera.
Al parecer todo resulta complicado cuando intento alcanzar a Rita.
Subo al vehículo y conduzco hacia la entrada del café, en donde Mia se encuentra ahora, sosteniendo el dinero que dejé en su mano hace unos instantes atrás. Con mucha rapidez me bajo del auto y abro la puerta.
Noto cómo el rostro de Mia se ilumina con ese gesto.
—Sabía que no podías haberme dejado sola —dice con entusiasmo.
Trago saliva, sabiendo muy bien que voy a decepcionarla. Curiosamente eso no me parece importante ahora.
—Mia —murmuro, apenado—. Dejaste tus maletas en mi auto, solo quería dártelas. Todavía no he cambiado de opinión, solo sé que necesito más tiempo para pensarlo.
Comienzo a bajar las maletas, una por una.
Su rostro decae.
—¿Qué? ¿Solo para eso venías?
Asiento con la cabeza, avergonzado por el gesto.
—Hablaremos después —repito—. Tengo unas cosas que aclarar con Rita.
Ella asiente, su rostro descompuesto por completo.
—Entiendo —responde.
Entonces subo a mi vehículo y me pongo en marcha para encontrar a Rita y exigir algunas explicaciones.


Es un poco difícil dar con ella, pero busco entre las calles más cercanas hasta que la encuentro. Está prácticamente trotando, su corto cabello marrón apenas y se sostiene de una pequeña cola; la ropa deportiva que usa acentúa más su cintura y sus piernas largas.
Me atrevo a decir que es hermosa, Rita es hermosa.
Es como una guerrera amazona, intimidante e inalcanzable para los mortales.
¿Qué sucede conmigo? Ya hasta empiezo a hablar como mujercita enamorada.
¡Basta, hombre! ¡Piensa como macho!
Como macho, como macho.
La sigo lentamente en mi auto mientras ella cruza una calle, estoy a su lado en cuestión de segundos.
—¡Rita! —la llamo, ella inmediatamente se detiene pero no me mira a la cara—. Rita, sube al auto.
Ella sigue de pie, todavía sin mirarme.
Pasan unos segundos, entonces veo que se moviliza hacia donde me encuentro.
—Sube al auto —le pido.
Rita se encoge de hombros, sus ojos me evitan.
—Puedo irme en autobús —dice finalmente.
—Yo te puedo llevar, solo sube.
Asiente con la cabeza, respirando hondo.
—Bien —murmura. Entonces abre la puerta del vehículo y sube a mi lado.
Veo su perfil detenidamente. Quiero besarla de nuevo.
—Tengo miedo de preguntar y que no me contestes —admito—. ¿De verdad acabas de besarme como si mi boca fuera la respuesta a todos tus problemas?
Ella frunce el ceño, viéndome por primera vez a la cara.
—Oye, niño bonito —contesta—, no pienses más de lo que en realidad es. Te vi besando a Mia.
Ahora es mi rostro el que se pone rojo.
Estamos estacionados a orillas de la calle, el motor en marcha.
—Mia me pidió, una vez más, reconsiderar lo nuestro —digo.
Rita asiente con la cabeza.
—Entonces, ¿me dejaste sola en mi clase de salsa por estar con ella?
—Tenía cosas que aclarar.
—¿Son más claras ahora? ¿Las cosas son claras, Key?
—¿Por qué me besaste? —pregunto, cambiando de tema.
Ella resopla, cruzándose de brazos y viendo hacia la ventana.
—Lo hice simplemente por la venganza, ¿recuerdas? Querías vengarte de Mia por haberte sido infiel. Solo adelanté el día.
Ahora el que resopla soy yo.
—¿De verdad lo hiciste solo por eso? Juraría que ese beso fue otra cosa más, se sintió real.
—No veas cosas donde no las hay.
—No veo manzanas donde solo hay peras —le comento—, y a la única que miro es a ti.
—¿Qué? ¿Qué significa eso?
—Tú eres la pera, o más bien la reina de las peras.
—¿De qué estás hablando? ¿Ahora te metes sustancias raras en el cuerpo?
—No son raras, dejé que metieras tu lengua en mi boca y esa no me parece una sustancia rara a considerar.
El rostro de Rita enrojece.
—Hay una cosa llamada actuación y eso fue lo que puse en práctica al verlos —murmura, tragando saliva entre cada oración—. Pero en verdad, de todos los cafés del mundo, ¿tenías que elegir el que está más cerca de donde recibo la clase de salsa?
Ahora soy yo el que resopla con fuerza.
—Mia y yo solíamos ir bastante a ese lugar, ella sintió nostalgia y me pidió regresar —explico.
—Bien, entonces tendrías que asumir que yo pasaría por allí ya que está en la ruta que sigo para llegar a casa —reclama ella—. ¿Y adivina qué? ¡Te vi con Mia! Obviamente me pareció muy claro lo que tenía que hacer.
Y es ahí cuando entiendo el último mensaje de texto que ella me envió: “acabo de abrir los ojos”. ¿Entonces se refería a esto?
—De acuerdo —comento de forma pausada—, ¿pero lo que sientes ahora son celos, o reclamos?
Sus ojos se abren, mirándome indignada.
—¡No son nada de eso! Ni son celos, ni te reclamo nada.
—Para mí suena como celos.
Ella resopla y luego ríe.
—Para que me des celos, primero necesitas importarme de esa forma.
—¿De cuál forma?
—De la forma romántica —dice.
Por un momento mi mente se entusiasmó con la idea de ella y yo juntos, pero luego lo deseché. Rita, obviamente, no estaba interesada en mí.
—Entonces, cuando le dijiste a Mia que yo era “tu vaquero” ¿estabas actuando? Porque se escuchó muy real… y posesivo, como que me gustó ser “tu vaquero”.
—Era simple actuación, ahora ¿piensas poner el vehículo en marcha de una buena vez? Tengo cosas que hacer.
Suspiro, haciendo como ella dice.
Una pequeña decepción me golpea mientras sus palabras se repiten en mi mente.
¿Estuvo actuando? Todo parecía real.
—Lo siento —digo luego de unos minutos, Rita juega con la radio hasta que detiene la estación en una canción pop.
—¿Por qué lo sientes? Soy yo quien debería disculparse. Apuesto a que no viste venir esa, ¿cierto? Lo que me da más asco es saber que probablemente saboreé de la misma saliva de Mia porque ella acababa de besarte antes que yo. Pero al menos logré demostrar mi punto.
Niego con la cabeza.
—El beso de Mia no se profundizó de esa forma —explico—. La única que metió su lengua hasta mi garganta fuiste tú; así que técnicamente no pudiste haber probado saliva de ella.
Mis palabras casi la hacen ahogarse del disgusto.
—¡Yo no metí mi lengua en tu garganta!
—Me sentí violado. ¿Debería acusarte con la oficina de derechos del hombre?
—¡Estás delirando! Todo fue actuación.
—Ciertamente la actuación fue demasiado convincente.
—No te hagas ilusiones, Key.
—“Mi vaquero” —digo suspirando teatralmente—. Pienso poner esa frase en una calcomanía en mi parachoques. Pero te lo advierto, no me gusta que me traten como un objeto o una posesión, ¿sabes que no soy solo un pedazo de carne al cual puedes marcar como tu propiedad cuando quieras? Soy un ser humano también, tengo sentimientos.
—Eres un burro, eso eres —se queja ella, cruzándose de brazos—. Lo dije para añadir más tensión en el ambiente. No me gustas Key, entiéndelo.
—Claro, síguetelo repitiendo, tal vez algún día te lo creas de verdad.
—Eres una bestia.
—¡Oye! La bestia se queda con la bella, tiene el dinero —enumero con mis dedos—, y se vuelve atractivo al final. Vamos, llámame bestia que lo tomo como cumplido.
Entonces ella me saca la lengua, luego sigue su tercer dedo.
—Tú fuiste el que se emocionó en el beso —comenta—, tiraste de mi cabello como si quisieras arrancarlo de raíz. Tengo que considerar denunciarte con la oficina de derechos de la mujer.
—En realidad, enredé mis dedos en él —aclaro—. Incluso pensé que me darías una cachetada o algo peor, así que fue una agradable sorpresa recibir un beso a cambio. Pero la razón de por qué lo siento, y no me dejaste terminar antes, es por haberte dejado plantada aun sabiendo que contabas conmigo. Así que lo siento… por no haber estado allí, por no haber estado cuando me necesitabas.
—No te preocupes —tardó en responder ella, evitando mis ojos—, además el profesor de baile era muy atractivo de todas formas. Como yo era la única sin pareja, él se ofreció a serlo así que no me hiciste mucha falta.
Frunzo el ceño, sin gustarme nada sus palabras.
—¿Qué pasó con el chico oloroso? Me parecía una buena opción.
Me encuentro con los enormes ojos marrones de Rita que me miran con incredulidad.
—Me dijiste que no me emparejara con él, ¿recuerdas?
—No hay que juzgar a un hombre por su aroma —contraataco.
—Y dicen que las mujeres somos las bipolares —comenta ella, rodando sus ojos.
Nos detenemos ante un semáforo en rojo y aprovecho para verla a la cara.
—Por cierto —digo—, ¿la clase de salsa no duraba más de una hora? Tendrías que estar todavía allí.
—Es que sucedió algo —dice ella, evitando mis ojos.
—¿Qué sucedió?
—Promete que no te vas a reír.
—Lo prometo —digo, dándole un saludo militar.
—La clase era de salsa… pero erótica.
—¿Salsa erótica? ¿Eso existe?
—Sí, existe. Aparentemente me apunté para eso; lo peor fue que el que profesor me había insinuado hacer algo erótico con él y yo… le di una cachetada.
Y hago lo que prometí no hacer: me río en voz alta.
—Lo siento —trato de hablar en medio de la risa—. Pero estas cosas solo te pasan a ti. Es como si vinieras programada para instantáneamente golpear a alguien.
—¡Te pedí que no te burlaras y ahora te estás riendo!
—No lo pude evitar, perdón.
Me rio un poco más hasta que ella comienza a lanzarme una serie de papeles que suelo mantener por todo el tablero del auto. Cuando se le acaban los papeles, abre la guantera del vehículo y comienza a lanzarme viejas monedas y más papeles en la cara.
—¡Rita no hagas eso! —grito en medio de nuestra guerra de papeles.
—Esto es por reírte —grita.
Me lanza más papeles y de repente se detiene al ver uno en específico.
—¿Receta de crema facial para suavizar el cutis? —pregunta, leyendo la factura. Trato de arrebatársela, pero ya es muy tarde.
—Eso no es mío —explico—. Creo que mis hermanas toman mi auto cuando yo no estoy.
—Aquí dice: factura a nombre de Keyton… —se detiene y veo cómo comienza a apretar sus labios, como si intentara reprimir la ria—. Oh por… ¿Qué nombre es este? ¿Higinio? ¿Este es tu segundo nombre?
Rita se ríe con fuerza, doblándose a la mitad mientras sostiene su estómago.
—No se suponía que vieras eso —murmuro, avergonzado. Mis padres y su amor por los nombres exóticos iban a ser mi ruina, le arrebato la factura y la hago una bola—. Además, se pronuncia Hi-yinio, con aire italiano.
Ella levanta la ceja mientras sigue riendo y burlándose de mi nombre.
—Se pronuncia tal y como se lee —dice ella con tono burlón—: Hi-gi-nio. ¿En qué pensaban tus padres?
Me encojo de hombros.
—No pensaban mucho por esa época. Mis hermanas también tienen nombres extraños.
Rita frunce el ceño.
—A mí me parecen nombres normales: Pam y Eileen, ¿cierto?
Asiento con la cabeza.
—En realidad son diminutivos —comento, a punto de llegar a su casa—. Sus verdaderos nombres son más complicados que esos.
—¿Estás bromeando?
—Ojalá fuera así. Todos cambiamos nuestros nombres en cierto punto, papá y mamá lo aceptaron con el tiempo. Ellos admiten haber pasado por una etapa “hebrea-azteca-irlandesa” en esa época cuando eligieron nuestros nombres.
Pasados unos segundos, Rita se empieza a reír con fuerza.
—Están locos —ríe en voz alta—. Pero lo entiendo, mi madre nos nombró a todos sus hijos con la letra inicial R, aunque sinceramente tus padres se llevan el premio mayor.
—¡Oye! No insultes a tus suegros, por favor.
Eso logra detener su risa.
—¿Mis suegros?
—Claro, ¿qué dices? Mi apellido quedaría perfecto con tu nombre.
El rostro de Rita se vuelve instantáneamente rojo.
—Claro que no. Jamás. Mi apellido es mi apellido y no estoy lista para dejarlo cambiar.
Pronto llegamos a la entrada de su casa y Rita se vuelve frenética una vez que estaciono el auto.
—Eso jamás va a pasar —vuelve a decir, alterada, tratando de desabrochar su cinturón de seguridad— así que… gracias por traerme. Supongo que te veré después, ¿cierto?
—Me verás el día de mi fiesta.
Ella se apresura a bajar del vehículo, deteniéndose en seco al escuchar mis palabras.
—No creo que sea necesario asistir, ya cumplí con mi parte de la venganza por hoy —dice de manera nerviosa.
—Eso no fue suficiente —digo, frunciendo el ceño—. Necesito que vayas, necesito… más.
Rita evita mi mirada.
—No creo que sea necesario.
—Claro que lo es. No acepto un no por respuesta.
—Key…
—Mira, Rita, no lo hago por la venganza. Lo hago porque quiero verte allí, por favor.
Ella se muerde el labio, mirando hacia todos lados menos a mí. Finalmente asiente con la cabeza, dirigiendo sus ojos a los míos.
—Está bien, estaré allí ese día. Pero lo hago solo para demostrar que yo sí cumplo con mis promesas, no como alguien que me dejó plantada para besuquearse con su exnovia a la cual no ha logrado superar.
—Auch —digo llevándome una mano al corazón—. Eso dolió. Pero lo acepto, me lo merezco. Solo espero que asistas.
—Lo haré —promete.
Con eso se aleja de mi lado lentamente, despidiéndose con la mano antes de entrar por la puerta.
Rita es todo un caso complicado, pero me fascina que lo sea. Ella logra captar mi atención como nadie nunca ha sabido.
Tal vez siga el consejo de mis hermanas y sea hora de darle una oportunidad a las peras.
Corrijo: la pera, en singular, porque como ella no hay dos.



******


Ha pasado exactamente un día desde la última vez que vi a Rita y a Mia, pero mi cabeza da vueltas a cada hecho sucedido entre ambas, como si hubieran pasado varios años en lugar de unas horas.
En casa tampoco lo tenía fácil. Por alguna loca razón, mis hermanas Eileen y Pam, llenaron mi habitación con objetos decorativos con forma de peras; desde carteles con peras animadas hasta pequeños peluches rellenos que se esparcían por todo el lugar. Ellas incluso llenaron el refrigerador con productos hechos a base de peras. Había juguitos de pera, papillas de pera, peras ahumadas, carne con peras, hasta cajas y cajas de peras.
Estaba cansado.
—Se acabó esto de la pera —les digo a mis hermanas ese mismo día cuando descubro que pusieron un cobertor tejido con figuras de pera en mi servicio sanitario—. Me agrada Rita, ¿de acuerdo? ¿Eso querían saber? Desde hace mucho tiempo ya la consideraba. Con ella es fácil hablar, con ella río, con ella me siento relajado y frustrado al mismo tiempo. Con ella me siento feliz. ¿Están satisfechas ahora?
Mis hermanas guardan silencio mientras me observan en estado de shock.
Pam se encuentra boca abajo en la cama mientras devora un paquete de gomitas con forma de osos y ojea su teléfono celular; Eileen está su lado, también boca abajo, comiendo de una bolsa de papitas. Ambas detienen lo que hacían mientras escuchan mi confesión.
—Ahora, quiero ir al baño y orinar tranquilamente sin tener que encontrarme con otra de estas cosas —digo levantando un tapete con estampado de dos peras tomadas de la mano mientras flotan corazones a su alrededor—. ¿Me dejarán en paz de una vez?
Ni Pam o Eileen dicen algo, me miran como si me hubiera crecido otra cabeza. Es Eileen la que rompe el silencio:
—En otras palabras, ¿te gusta Rita?
—Todavía no sé qué responder a eso —comento de mala gana.
—Ya sé qué es lo que está arruinando todo —dice Pam, apoyándose en sus codos mientras se impulsa en la cama para ponerse de pie—. Es Mia. Estás confundido por ella también, ¿cierto?
Asiento con la cabeza.
—Ella sigue insistiendo en regresar —les confieso.
—¡Desgraciada! —dice mi hermana—, ella es como una infección estomacal severa: aparece en los momentos equivocados y luego molesta todo el día. De todas formas, ¿por qué no se queda en Berlín de una buena vez? ¿Por qué siempre tiene que regresar para empeorarlo todo?
—Mia no es eso…
—Key —me interrumpe Eileen—, no puedo creer que sigas confundido por algo que es más claro que el agua para nosotras: tienes miedo de que te atraiga más Rita, a tal punto de superar a Mia. Me parece algo ilógico que olvides todo lo que Mia te hizo, cómo te engañó con alguien más. ¿Qué te garantiza que no lo va a volver a hacer en el futuro? Despierta de una vez que las oportunidades se esfuman rápido.
Mi boca se abre y se cierra, tratando de procesar toda la información.
—No estoy tampoco defendiendo las acciones de Mia —digo, resoplando.
—Claro que sí lo haces —responden ambas al mismo tiempo.
—De todas formas, es mi decisión a ser tomada. Ahora —digo, cambiando de tema—, basta de peras, por favor.
Justo cuando finalizo la frase, escucho el timbre de la puerta principal sonar varias veces. Mis hermanas se observan entre sí, emocionadas.
—¿Quién puede estar viniendo a esta hora? ¿Y en un domingo en la mañana? —pregunta Pam, con fingida sorpresa.
—¿Qué hiciste, Pamdora? —le reclamo.
Ella se encoge de hombros.
—Yo no hice nada.
El timbre vuelve a sonar, me apresuro a bajar por las gradas y ver quién puede ser. Pam y Eileen corren a mi lado, tratando de llegar antes que yo.
—¿Qué están planeando? —les grito mientras ambas me pasan y logran abrir la puerta primero.
Cuando me asomo noto que es Rita la que viene, usando un par de pantalones ajustados y zapatillas bajas. Su camiseta es la que más llama mi atención porque tiene un diseño de peras en miniatura, todas con caras sonriendo.
—¿Qué…? —balbuceo, pero Eileen me manda a callar.
—Hola, Rita —saluda ella—. Qué bueno que lograras venir,
—Y veo que recibiste nuestro regalo —murmura Pam, saludándola con un abrazo—. Key está listo para la cita.
—¿Cita? —pregunto con incredulidad—. ¿Cuál cita?
—La que ambos van a tener en este momento —responde mi hermana.
—Pam…
—Tranquilo. Será en un lugar completamente neutral.
Fulmino a mi hermana con la vista mientras Rita nos mira confundida.
Inhalo y exhalo de manera ruidosa, tratando de traer algo de paz mental a mi vida. Es entonces cuando el timbre de la puerta vuelve a sonar y con eso arruina todo mi día.
Eileen es la encargada de abrir, dando paso a una alegre Mia que nos examina a todos, uno por uno. Sus ojos se agrandan al ver a Rita, y Rita no puede disimular su irritación tampoco.
—Ups, habíamos olvidado mencionarlo —dice Eileen—, Mia también viene para una cita contigo.
—¿Qué? —preguntamos Rita y yo al mismo tiempo.
Eileen asiente con la cabeza, sin decir nada más.
—Muy bien, chicos —nos llama Pam—. Prometí un lugar neutral, y esta casa es perfecta para tener la cita con ambas, ¿qué mejor lugar puede ser? Ahora sí, felices juegos del hambre, y que la suerte esté siempre de su lado.
La.voy.a.matar.
Mis hermanas me arreglaron dos citas con Rita y con Mia, al mismo tiempo.
Ambas están muertas.
Acabadas.
Fritas.
—¿Por qué hiciste esto, Pamdora? —murmuro en su oído.
—Porque necesitas decidirte rápido. Esta es la manera precisa para hacerlo.
Ella aplaude y les pide a las chicas que acudan a la sala. Mia se mueve, caminando de forma insegura, aún sin entender lo que está sucediendo.
Rita en cambio se dirige a la puerta de salida.
Pam es quien la detiene.
—No te vayas, por favor Rita —suplica ella—. No seas así. Es para una buena causa.
—¿Una buena causa? —pregunta Rita— Nos están haciendo competir por la atención de Key. Yo no soy esa clase de persona que se rebaja por un chico, mucho menos competir por él. Él tendría que desear estar conmigo y rogar con que eso sea suficiente para alcanzar la felicidad eterna.
—Pero Rita…
—Deja que se vaya, Pam —digo—. No es necesario que participes de esta locura, Rita. Mis hermanas no tienen vida propia.
—No es verdad, nos movimos en base a lo que escuchamos —responde Pam—. ¿Quieres escuchar también para refrescar la memoria?
Entonces ella saca su teléfono y reproduce una nota de voz que puedo reconocer al instante:

“Me agrada Rita, ¿de acuerdo? ¿Eso querían saber? Desde hace mucho tiempo ya la consideraba. Con ella es fácil hablar, con ella río, con ella me siento relajado y frustrado al mismo tiempo. Con ella me siento feliz. ¿Están satisfechas ahora?”

—Somos rápidas —dice Pam cuando pone en pausa la grabación.
La fulmino con la mirada, deseando lanzarla de un puente.
—¿Eso lo dijo Key? —pregunta Rita, su rostro se encuentra hermosamente sonrojado—. No puedo creerlo.
—Yo tampoco —comenta Mia, quien al parecer había escuchado la grabación. Sus ojos comienzan a aguarse lentamente—. ¿Es verdad eso, Key?
Todos se quedan en silencio, esperando a que diga algo. ¿Pero el qué?
Trago saliva con fuerza.
—Key —vuelve a decir Mia—, ¿ya te he perdido? ¿Ya te olvidaste de todo lo que vivimos?
—Sí, Key —Pam imita su tono—, ¿ya te olvidaste de la vez que te enteraste que ella te fue infiel con otra persona? La encontraste en la cama con otro hombre, eso no es fácil de superar.
Mia comienza a llorar, sus lágrimas cayendo de forma descontrolada.
—Nunca me perdonarás por ese error, ¿verdad?
Su llanto se hace mayor a medida que avanzan los segundos, entonces Rita hace algo que no esperábamos: se acerca hacia Mia y se pone de pie frente a ella.
Rita es más alta que Mia y se extiende de manera imponente, haciendo que Mia se sienta cohibida.
—Oye —comienza a decir Rita—. Tengo que aclarar algo en primer lugar que tal vez traiga paz mental para ti: él me pagó por fingir ser su novia. Lo típico, lo sé.
Rita rueda sus ojos, mientras tanto no puedo creer que ella esté contándolo todo.
—Si te hace sentir mejor —continúa diciendo—, Key no siente nada por mí. Es todo simple actuación. Obviamente es solo un trabajo que me hace ganar dinero extra.
Mia parpadea al escuchar sus palabras, sus lágrimas cesando.
Mis ojos buscan los de Rita, absorbiendo lo que acaba de decir.
¿No significo nada para ella? ¿Soy solo un empleador ante sus ojos? Escucharla decir eso me duele y no quiero admitir el por qué.
—Pero no te confundas —le dice Rita a Mia—, porque eso era lo que pensaba antes. La realidad es que me gusta Key, y mucho. Me gusta con todo y su extraño nombre que le resta popularidad, me gusta con todo y su afición por usar camisas a cuadros y parecer granjero cuando sé que en su vehículo solo escucha música rock, contradiciendo su estilo.
» Me gusta con todo y su extraña cortesía con mi familia, y eso que mi familia está loca. Me gusta a pesar de que a él le gustas tú, y que nunca, ni en un millón de años él podría tomarme en serio… aunque se lo pierde porque no va a encontrar a nadie que lo haga reír como yo y vivirá el resto de sus días con alguien aburrido que gaste su dinero como si fuera agua.
Rita se queda en silencio, así como el resto de los que estamos escuchándola.
—Me gusta, es simple —termina de decir.
Entonces ella se aleja de Mia, caminando con la cabeza en alto.
—Es todo lo que tenía que decir —dice ella, evitando verme a los ojos—. Dicho esto, me retiro. Supongo que mi presencia ya no es más requerida en este lugar. Y allí está, te ahorré la difícil tarea de tener que elegir entre una de las dos.
La última parte la dice viéndome directamente.
—Rita… —murmuro. Ella levanta una mano para detenerme.
—No lo digas —dice—, no quiero estar con alguien que, en primer lugar, tenga que pensar en si deba o no estar conmigo. Ten una buena vida, Key.
Rita sale prácticamente corriendo hacia la puerta de salida, y yo me quedo de pie, observando cómo se va.
—¿Es cierto lo que ella dice? —pregunta Mia—. ¿Le pagaste?
Cierro los ojos por un momento, mordiéndome la lengua por dentro.
Pam y Eileen observan entre ambos, Mia y yo.
Es cuando me decido, y lo hago porque sé que así lo he sentido desde hace un tiempo atrás.
Voy tras Rita.
La detengo antes que vaya más lejos.
—Oye, Patchie —grito, ella se detiene y se da vuelta para verme a la cara
—Antes que digas algo —dice ella—. Me siento muy estúpida por confesar mis sentimientos en voz alta, solo sentí que iba a explotar si no lo hacía.
—Y a mí me alegra que lo hayas hecho —respondo—, y me alegra que no quieras estar con alguien que todavía dude sobre sus sentimientos. El problema es que nunca he tenido dudas, solo algo de temor, lo normal. La verdad es que también me gustas, pero creo que ya te habías dado cuenta.
Rita entrecierra los ojos.
—¿Lo estás diciendo solo para no hacerme sentir mal? Porque eso es muy grosero. Tampoco quiero que lo hagas por compromiso, solo porque yo lo confesé primero.
Niego con la cabeza, seguro con mi decisión.
—Me gustas, Rita Fiorella Day. Me gustas con todo y tu loca familia, con todo y tu extraño trastorno del sueño que te hace hablar dormida, me gustas con todo y tu navaja y tu licencia para castrar. Me gusta toda tu actitud y no creo que quiera cambiar nada de eso. Me gustas.
Rita abre y cierra su boca un par de veces. Soy consciente que mis hermanas están detrás de mí, escuchando todo, así como Mia. Pero quiero decir cada palabra que dije.
—¿Y ahora? —pregunta Rita—. ¿Qué hacemos?
—Ahora nos besamos, incluyamos un poco la lengua también.
Rita frunce el ceño, viendo por sobre mi hombro, ignorando mi broma.
Cuando me giro para ver lo que observa, descubro a Mia de pie a una corta distancia, sus ojos soltando enormes y gruesas lágrimas mientras nos observa a Rita y a mí.
Esto no es nada bueno. Ahora siento el remordimiento que me consume.
¿Qué se supone que tenga que decir?
Nada. Porque al fin entiendo que no le debo ninguna explicación por mis sentimientos; ella perdió ese derecho hace mucho tiempo.
Tan simple como eso.

Dejo que ella se marche, sin decir ninguna palabra. Es lo mejor para Mia, es lo mejor para mí.

Comentarios

  1. gracias y perdona pero espero el siguiente

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  2. Me encanta como escribes, el capitulo estuvo genial, gracias!

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  3. Me encanta, Muchísimas Gracias Lía.

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  4. Amo a las hermanas de Key son geniales de no haber hecho eso el jamas se hubiera decidido o se hubiera dejado llevar por Mia otravez a una relación toxica y todo por miedo de dejarse llevar por aquello tan fuerte que sentia por Rita.
    Al fin!!! Rita tuvo el valor para romper ese muro que puso en su corazón y fue capaz de declararse...sin miedo de nada ni nadie la verdad es alguien a quien admirar y Key de no haber
    ido trad ella no hubiera encontrado alguien como ella en el futuro, jamas...
    La perra gano a la manzana podrida...no es por mala pero ya no puede componer aquello que ya esta roto.
    Key merece ser feliz y que mejor si es a lado de Rita.

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  5. Oh por Dios, Rita se confeso y Key tambien me encanta, esperando con ansias el siguiente, me encanta tus historias Lia.

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  6. Cada vez creo que amo más a Rita. Me gusta como es pero no se si key siente lo mismo o se drja llevar. Sí, no confío mucho en él. Capaz quiero que lo demuestre o algo. Ver como vacilaba hace unos párrafos no me convence.

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  7. Al fin mi Dios!! jajajajaj mia en su sitio, y Rita que bella jajaja ojala la felicidad dure porque siendo key amigo de adam en algun momento del camino segurisimo que la caga

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  8. Me encantó este capítulo, rodaron alhunas lágrimas cuando Rita se le confesó a Key la verdad pensaba que El no iba a ir tras ella, mr encanta como escribes. Actualiza pronto por fis

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  9. Me encantó este capítulo, rodaron alhunas lágrimas cuando Rita se le confesó a Key la verdad pensaba que El no iba a ir tras ella, mr encanta como escribes. Actualiza pronto por fis

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  10. acabo de encontrar tus maravillosos libros, estoy siguiendo la historia de Adam y Anna y me dejaste en shock con el ultimo capitulo de PODAW es real que asi termina la historiaaaaa!???????? no puedo con estoooooooo de verdad

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  11. pobre Rita ....Lo que que queda por sufrir :(

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  12. Amé este capitulo... Por fiiin!!! por fin se confesaron lo que sentían! ya era hora... como siempre chica, no esperaba menos de ti... estupenda escritora, espero ver muchos más, y en físico... puntos suspensivos :)

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  13. ame este capitulo de principio a fin!!! por fin se declararon!!! y las hermanas locas de Key son mis idolas!

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  14. me enamoro en cada capítulo.

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  15. Amo a las hermanas de Key, jajaajajaja y "que la suerte este de su lado". Al fin ya se merecían decir sus sentimientos Rita y Key. Ya quiero saber que mas pasara =) Gracias por el capitulo

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  16. lia, creeme que si tuviese dinero en cantidad, financiaria la publicacion de tus libros, en fisico, invadiria tooodas las librerias y haria una serie o pelicula de cada uno... mi favorito principalmente, este... puntos suspensivos :)

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  17. Increible, espero por mas capitulos, eres la mejor ^^

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  18. Me encanta la personalidad de Rita como lo enfrentó a Key cuando lo vio en la cafetería besándose con Mia, ¡que gran actitud! Sé que todavía algo va a pasar pero espero que Rita no sufra, ella no se lo merece. Pd: adoro las peras! jajaja

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  19. Me encantó,mil gracias lía :3

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