03 marzo 2017

PFQMG - Cap. 17 - Cómo me empezaron a gustar más las peras que las manzanas

Rita

El sábado es un día común y corriente en el trabajo. Cliff, el puerco de mi jefe, está obligándonos a usar otro de sus trajes pervertidos e inventados que simplemente se limitan a denigrarnos porque muestran demasiada piel. Pero no nos quejamos mucho ya que dejan muy buenas propinas, y en este empleo se trata todo sobre las propinas porque la paga inicial es un asco.
Estamos a unos cuantos minutos de abrir el restaurante, así que por lo general nos tomamos ese tiempo para limpiar nuestras estaciones de trabajo. Hoy estoy junto a Anna atendiendo la caja registradora, sintiéndome mejor y viendo cómo mi resfriado empieza a curarse progresivamente.
Anna, a mi lado, se encuentra tensa y concentrada mientras que yo me debato sobre si contarle acerca de Key o no; ni siquiera había tenido el valor de decirle a mi mejor amiga que me atraía cierto chico con complejo de vaquero. No sabría por dónde empezar, y ciertamente no sabría cuánto iba a durar esta cosa que tengo por Key.
Pero todo indica que Anna está en su propia burbuja de angustia así que decido esperar para contarle.
—¿Qué te pasa? —le pregunto a ella pasados unos minutos, cuando la veo limpiar una y otra vez la misma mancha inexistente en la barra de pedidos.
Ella alza la vista, deteniéndose de su labor.
—Nada —frunce el ceño, regresando a la mancha—. ¿Por qué lo preguntas?
—Te miras… distinta. ¿Qué ocurrió?
—Nada, en serio.
—No me mientas —la regaño—. Te conozco demasiado bien como para que niegues que me estás ocultando algo. ¿Qué ocurre? Sabes que puedes confiar en mí.
Ella suspira audiblemente.
—Es que… —hace una pausa, desviando la vista—. Adam y Marie han estado pasando mucho tiempo en el departamento. El otro día… los encontré a punto de hacer… eso.
Mis ojos se abren de gran manera. ¡Ese idiota!
—No me digas que se acostó con Marie mientras tú escuchabas todo —llevo una mano a mi frente.
Anna asiente con la cabeza.
—Y ella no fue precisamente silenciosa al respecto —murmura ella de mala gana—. Digo, es obvio que todo este tiempo debieron haberlo hecho en casa de él porque nunca los había encontrado en el departamento antes, pero fue toda una sorpresa presenciarlo, verlo con mis propios ojos.
—Eso es jodido. ¿Por qué no le dices a Adam que Marie ya tiene novio? O al menos deja que le diga a Eder que su “novia” lo engaña.
Anna niega con la cabeza.
—A veces tengo tantas ganas de hacerlo —admite—. Pero creo que Adam debería llevarse una lección con ella.
Noto la mirada triste de mi amiga. A ella obviamente le atrae él.
—No deberías torturarte de esa manera —le digo, pasando mis manos por sus hombros—. Eres una chica hermosa que merece mucho más que las sobras de un chico tonto que se acuesta con la equivocada.
—Lo sé. Pero de todas formas no me importa, ya no más.
—Yo sé que todavía te importa.
—No, ya no tendría que importarme.
—Mira, te voy aconsejar ser fuerte. Aléjate de Adam porque no vale la pena. Que no te intimide en ningún momento, ¿escuchaste? No demuestres que te afecta.
—Definitivamente no me afecta —miente ella.
Niego con la cabeza.
—Anna, Anna, Anna —murmuro—. No te mientas a ti misma. Haz todo lo posible para ignorarlo y sacarlo de tu vida.
Ella no dice nada, simplemente regresa a su labor de limpiar su espacio.
Si Anna no es capaz de decirle a Adam sobre quién es en verdad Marie, entonces yo debo decírselo. Es una promesa.
—Es difícil alejarse —dice mi amiga luego de unos instantes—. Está bien. Dejaré de mentirme a mí misma: creo que me gusta Adam, un poco. Pero no quiero que me guste, lo tengo que evitar a toda costa.
—Me parece perfecto —estoy de acuerdo—, cualquiera que se mete con tu prima ninfómana no debería ser digno de merecerte.
Anna suspira con cansancio.
—Pero tienes que ayudarme, Rita —dice—. Tienes que enseñarme a cómo evadirlo y a cómo no dejarme influenciar por él. No quiero que me afecte.
—Anna, cielo. Eso es muy fácil. Tengo maestría en ese tipo de situaciones. La regla número uno: siempre sé sarcástica.
—¿Sarcástica? ¿Eso en qué me va a servir con Adam?
—El sarcasmo siempre es la respuesta cuando no sabes qué responder, te lo digo por experiencia. Y no dejes que vea lo mucho que te importa. Hazte la difícil… no, difícil no. Hazte la imposible por todo el tiempo que puedas soportar.
—Bien —dice ella, resignada—. Lo intentaré.
—Y tienes que contarle sobre Eder. El chico merece saber que su “novia” esconde otro “novio”
—No creo que el momento sea el conveniente. Siento que ella me odiaría si sabe que soy yo la que le dice eso a Adam… o a Eder.
Niego lentamente con la cabeza, llevándome ambas manos a la cintura.
—Entonces tendré que encargarme de eso yo.
—No lo hagas, ¿quieres?
—Oh, Anna. Tienes que ser fuerte y no dejarte manipular por tu prima. Ese lagarto vestido de mujer que tienes por prima no merece tu compasión y tu lástima. Sé fuerte.
Ella frunce el ceño.
—La verdad es que tienes razón —murmura luego de unos momentos—. Pero sería mejor si Adam se entera por sí mismo lo que es capaz de hacer Marie.
—Entonces pongámosle una trampa para que la perra caiga —estoy casi gritando, pero no me importa—. Esto será muy emocionante.
Y yo definitivamente quiero ser parte de eso.
—No lo creo conveniente, Rita.
—Anna, deja ya de ser tan mojigata y únete a mí.
—No soy mojigata.
—Sí, lo eres. Y eso es perfecto porque es así como eres tú. ¿Está bien? Pero yo no lo soy y definitivamente no tengo ninguna conexión con tu prima; si me hace algo, por más pequeño que sea, considérala muerta.
Marie tiene que caer y golpearse el trasero con fuerza.
—Está bien —suspira Anna—. Haz como quieras.
—Bien.
Así lo haría.


El día pasa de manera lenta, hay muchos clientes que esperan por sus pedidos y hay otros que se acercan tanto a Anna como a mí para ver nuestros escotes y salivar un poco en sus bebidas. Solo basta de una de mis miradas asesinas para ponerlos quietos y luego se retiran sin dar pelea.
Justo es pasado el mediodía cuando, juntas, Anna y yo, vemos a Adam entrar al restaurante, tomado de la mano de Marie. Ella se pavonea frente a nosotras mientras va en busca de una mesa vacía en donde deja a Adam esperando, como buen perro con dueño.
Ella camina moviendo de manera exagerada las caderas y agitando su cabello naranja mientras se detiene frente a nosotras para ordenar comida.
Con tanto que come esta mujer no entiendo cómo no se ha convertido en un cerdo. Probablemente sea bulímica, o anoréxica. O ambas.
—Quiero… —dice ella mirando el menú detrás de nosotras, luego pasa su completa atención deliberadamente sobre Anna—. Mmmm. ¿qué me recomiendas, Anna, para reponer fuerzas después de una maratón de sexo con mi novio?
Esa perra.
Veo a Anna titubear, sus ojos casi estrechándose por el desagrado. Si ella no le va a responder, responderé yo:
—Te recomiendo una prueba de enfermedades de transmisión sexual, así puedes advertirles a los chicos de todas las enfermedades que posees antes de acostarte con ellos —digo—. Y un examen de vista para el chico, porque no entiendo cómo, en la vida, puede acostarse con alguien como tú un día y al día siguiente no sienta deseos de suicidarse o arrancarse los ojos. Lo que venga primero.
Marie frunce el ceño, molesta por mi comentario.
—Hablaba con Anna, no contigo —responde de manera enojada.
—Y yo pensaba en voz alta, querida. ¿Qué vas a ordenar? Si no ordenas nada deberías moverte porque tenemos más clientes por atender.
Ella aprieta su mandíbula, furiosa. Esta vez se acerca más a mi estación y ordena directamente en mi cara.
—Quiero todo lo que hay en el menú —dice demasiado alto, como para que todos en el restaurante la escuchen, para simplemente humillarme—. Y quiero que tú los sirvas, empleada.
—Claro —sonrío de buena gana. Ella no sabe con quién se está metiendo—. ¿Refrescos agrandados o normales?
—Los más grandes.
Con eso ella se retira, agitando su cabello en el aire, y toma su asiento junto a Adam.
Esa perra va a caer, y a lo grande.
—Hubieras dejado que yo la atendiera —murmura Anna, paranoica—. Ahora está furiosa.
—Es que las gatas se enfurecen cuando se sienten amenazadas.
—¿Quieres que yo les lleve el pedido?
Niego con la cabeza.
—Oh, no. Eso no será un problema. Sé cuándo tragarme mi orgullo.
Y Marie está a punto de tragarlo también.
—¿Estás segura? Marie puede ser una desquiciada, mezquina y ninfómana persona cuando se lo propone.
—Estoy segurísima —comento.
—¿Qué estás tramando, Rita?
—¿Yo? Nada.
Anna suspira y dejo que atienda ella sola la caja registradora mientras voy al área de preparación de alimentos, dispuesta a servirle una buena dosis de lección a Marie.
Lo primero que sirvo es una orden muy cargada de papas fritas con queso derretido y tocino. Obviamente le tengo que poner de mi toque especial.
Primero me aseguro que no haya nadie observando, y luego voy al ataque.
—¿Las papas de quién estás escupiendo? —pregunta Dulce detrás de mí. Al parecer no me aseguré de vigilar lo suficiente.
—Las de nadie —me apresuro en decir, tragando lo último de la saliva que iba a mezclar con la salsa.
Dulce frunce el ceño, mirándome detrás de esos lentes de contacto color rojo vampiro que tanto me dan miedo y que decidió ponerse hoy.
—No te creo, Rita —dice ella, cruzándose de brazos—. Te dije que quería ser parte y tú me excluyes.
—¿Segura quieres ayudar a la causa?
—¿Para quiénes son? —pregunta señalando las papas—. ¿Algún depravado te miró de más por el escote? ¿O es para Cliff, otra vez?
Niego con la cabeza.
—Es para Marie, la zorra sin control en su válvula de escape.
—¿Qué?
—Olvídalo. Estas son para ella.
Dulce frunce el ceño y luego de unos instantes toma la hamburguesa más cercana a ella, levanta el pan y la lechuga, y la escupe.
—Bienvenida al club, querida amiga —le digo con orgullo—. Dejaremos unas cosas sin escupir para su novio, Adam. El chico todavía no me ha hecho nada malo así que… separaremos las cosas contaminadas de las que no.
—De acuerdo.
Ambas nos ponemos a escupir, a cortar pedacitos de nuestras uñas y a colocar del polvo que Mirna todavía no ha limpiado del suelo.
—Esto es divertido —dice Dulce.
—¿Qué es divertido? —pregunta Mirna detrás de nosotras, viendo mientras enrollo uno de mis cabellos entre la carne de hamburguesa de pollo picante para Marie.
—Nada —me apresuro en responder.
—Oh, por favor —contesta Dulce—, es Mirna. Ella va a colaborar. Todo esto es para Marie, la “diva” hija del dueño.
Mirna eleva una ceja y pronto se frota las manos.
—Perfecto —dice, sonriendo con picardía—. Me uno. Digo que pongamos laxante en sus nachos también… oh, y quiero raspar los cayos de mis pies, pasarán por queso rallado.
—Eso es nauseabundo —digo arrugando la nariz—, y malévolo. Pero me agrada. ¿Acaso estoy siendo muy malvada?
—Para nada —responde Mirna—. En mis tiempos conseguía pulgas de los animales de granja donde me crié, y luego los ponía en las ropas de mis hermanas mayores, para vengarme de ellas cuando me trataban mal.
—Mmm, pulgas —murmuro—, es buena idea también. Lástima que no tengamos acceso a ellas en este momento.
Me encojo de hombros y, entre las tres, nos ponemos a trabajar lo más rápido que podemos, hasta que separamos toda la comida comestible de la que no.
Mirna cumple su labor y me entrega una pequeña bolsa donde ralló sus pies hace no menos de un minuto atrás mientras iba al baño.
Me aseguro de esconder cada cosa para que Marie no lo vaya a notar, una especie de camuflaje.
—¿Qué hacen todas aquí? —se acerca Anna a nosotras.
Me sobresalto de inmediato.
—Ellas me ayudan a preparar lo de Marie —respondo de manera casual.
—¿De verdad? —pregunta—. Porque siento como que no les creo.
Comienzo a apilar las cosas comestibles en una bandeja y las otras en la siguiente bandeja.
—Llevaré la comida —digo en voz alta—. No estamos haciendo nada malo.
—Mjum.
—Es cierto —dice Dulce—. Seguiré en mi labor de ignorar al mundo y regresaré a la parrilla.
Las dejo solas mientras pongo una sonrisa para nada fingida en mi cara y me dirijo a la mesa de Marie.
—Aquí están las cosas —le digo a ella mientras deposito la bandeja en la mesa—. ¿Algo más?
Marie niega con la cabeza, acariciando el cuello de Adam.
—Nada más, empleada.
—Muy bien —respondo—. En un momento traigo el resto.
Aprovecho que Marie se pone de pie y se dirige a los baños, y así me acerco a Adam, sentándome frente a él.
—Mira, chico —lo señalo con mi dedo índice—. Te haré una pregunta y si la respondes bien te diré algo que salvará tu vida el día de hoy.
Adam me mira con sus enormes ojos verdes, confundido.
—Adelante —responde—. Pregunta.
—¿Te gusta mi amiga, Anna?
Su boca se abre y mira en todas las direcciones antes de enfocarse nuevamente en mí.
—¿Por qué lo preguntas?
—¡Responde rápido! —lo detengo cuando veo que toma una papa de la tanda de Marie. Esas tienen raspado de pies de Mirna.
Él libera la papa y la suelta en su lugar.
—No, no me gusta de la manera que crees —responde finalmente. Puedo decir que está mintiendo.
Ruedo los ojos.
—Bien, veo que tú también lo niegas, son idénticos en eso.
—¿Qué?
—Mantente alejado de mi amiga, entonces. Eres un tiburón de agua salada y mi amiga es como… —frunzo el ceño, pensando en una descripción de Anna—, no sé, ¿un delfín? Oh, ¡una sardina! Exacto. Eres un tiburón y ella una sardinita en plena formación de sus facultades. No la vayas a seducir.
Adam se ríe, resoplando con fuerza.
—¡No lo voy a hacer! Me agrada Marie y tengo una relación seria con ella.
Ahora la que ríe soy yo.
—Sigue ciego entonces, muchacho.
Me levanto de la mesa, no queriendo encontrarme con la bestia de pelo naranja.
—Te doy un consejo —digo antes de retirarme—: no tomes nada de esta bandeja, todo lo comestible se encuentra en esta otra.
Le señalo ambas bandejas. Él me mira con mayor confusión.
—La comida de Marie tiene otro tipo de preparación —le advierto—. No digas después que no te lo dije. Además, no dejes que ella coma de esta otra bandeja. Me lo agradecerás después.
Mi conciencia se queda tranquila mientras me alejo, al menos pude advertirle.



Key

—¡La estás utilizando de excusa! —grita mi hermana mayor, Eileen, mientras se pinta de rosado sus uñas del pie.
Pam, a su lado, asiente con la cabeza. Sus uñas ya pintadas en tonos púrpuras.
—Keyton Higinio Miller —dice ella, pronunciando el nombre que tanto odio con pasión—. Mamá y papá no criaron a un cerdo por hijo.
Ruedo mis ojos.
—En primer lugar —digo—: no me llames así, nunca. Lo detesto. Soy Key, simplemente Key. Y, en segundo lugar, no estoy usando de excusa mi fiesta de cumpleaños.
Eileen y Pam elevan sus cejas al mismo tiempo.
—Sí, lo haces —responde la primera—. Sabías que Mia vendría, aunque no fuera invitada. Ella siempre encontraría la manera de colarse. Y aun sabiendo que no tienes nada con Rita, la estás involucrando en esto.
—Ella se ofreció voluntariamente a hacerlo, les recuerdo.
—¿Crees que a ella no le importas o no le gustas? —pregunta Pam—. Key, es una chica, aunque sea en el nivel más básico de enamoramiento, ¿crees que no le dolerá ser utilizada por ti mientras te vengas de tu ex? Ni siquiera ella, aunque fuera de hierro, soportaría esa condición.
—Rita y yo no tenemos nada —me defiendo, sintiendo la culpa quemándome por dentro. La verdad es que desarrollé un cariño especial por ella.
—Si no tienes nada por ella, ¿entonces por qué la has estado yendo a visitar todos estos días?
—¿Cómo sabes que es a ella?
—Corazonada.
—Eso y que Pascal, el conserje, te ha visto acompañado de una chica con las descripciones de Rita —se entromete Eileen—. Por si no lo sabías, él vive a unas calles de ella así que nos mantiene informadas.
—Ese viejo chismoso —me quejo—. Veo a Rita porque ha estado enferma. Solo la voy a visitar, ya sabes, para preguntar cómo está, como amigo.
—Aja —dice Pam, sin creérselo—. Admite de una vez que te importa lo que le pase.
Desvío la mirada.
—Me importa porque soy su amigo —digo, encogiéndome de hombros.
—Su amigo, pero quieres ser más, ¿no es cierto? ¿Saldrás con ella hoy?
—Sí, es simplemente una visita médica.
Eileen se ríe en voz alta.
—Lo siento, Dr. Miller —dice ella.
—En realidad es Enfermero Miller —le aclaro en son de broma—. Chicas, no vean manzanas en donde solo hay peras, por favor.
—Es que no solo tienes manzanas, Key. Tienes todo un coctel de frutas en la olla —responde Pam.
Resoplo con fuerza
—No hay otras frutas —aclaro—. Solo hay una.
—¿Y esa fruta es pera?
—En realidad, es manzana… o tal vez no.
—La pera no será manzana, pero es pera —dice Pam—. Deja ir ya a la manzana y tómate un buen jugo de pera de una buena vez.
—No me gusta la pera, aunque no la detesto.
—Si le das la oportunidad —dice Pam—, incluso te puede sorprender.
Eileen nos mira a ambos, confundida con nuestro intercambio.
—¿Qué? —pregunta—. Me perdí, ¿quién es la pera y quién la manzana?
—Leen —responde Pam, rodando los ojos—, la “pera” es Rita, Mia es la “manzana”.
—Oh, ahora entiendo. ¡Elige la pera, Key! La manzana ya está muy sobrevalorada.
—Es que no se trata de elegir —la regaña Pam—, se trata de que ella lo elija a él.
Eileen asiente con la cabeza.
—Basta ya —las silencio—. No más peras y manzanas. Déjenme en paz.
—¿Sabes una cosa? —pregunta Pam, observándome de manera metódica—. Rita te hace bien. No eres tan tóxico como lo fuiste con Mia. Trata de darle una oportunidad, ¿quieres?
—Bien —ahora el que pasa rodando los ojos soy yo—. Prometo darle una oportunidad, de ahora en adelante, a las peras.
—No, no —dice rápidamente Pam—. No son “peras” en plural, tú solo tienes una pera en esta vida y esa es Rita. Ella es tu media pera.
—Bien, basta de hablar sobre las metáforas de las peras. Me iré dentro unas horas, no hagan conclusiones apresuradas sobre lo que pasa entre Rita y yo.
Camino lejos de la sala, en donde mis hermanas siguen murmurando sobre más frutas, y me dirijo directo a mi habitación. Estoy a punto de tomar mi teléfono y hablarle a Rita sobre la clase de salsa de hoy, cuando me cae una llamada inesperada.
Es de Mia.
Me debato en si debo responderle o no, pero mi debilidad por ella es grande así que contesto después de unos segundos.
—¿Mia? —pregunto sin poderlo creer.
—¡Key! —grita ella—, qué bueno que respondes.
Mi boca se abre y se cierra a la vez. Ella suena feliz.
Camino lejos de donde se encuentran mis hermanas y hablo en voz baja para que nadie nos pueda escuchar.
—¿Cómo estás? Te oyes contenta, ¿qué sucedió?
—Estoy emocionada —admite—, y no adivinarás nunca el por qué.
—Podrías comenzar por darme una pista.
—Bien —suspira ella—. ¿Sabes quién te verá el día de tu cumpleaños? ¡Yo!
Su tono de voz es bastante alegre, mi conciencia se agita. Pensaba vengarme de ella ese mismo día.
Tal vez lo mejor sea cambiar de opinión.
—Qué bien —digo tratando que no escuche la decepción en mi voz.
—¿Qué pasa? ¿No estás contento? —pregunta ella. Probablemente no lo oculté tan bien como creía.
—Sí, lo estoy —le respondo—. Pero, Mia, pensé que habíamos aclarado todo la última vez que hablamos.
—¿Estás bromeando? —resopla a través de línea telefónica—. No aclaramos nada, y dijimos muchas cosas. Pienso recuperarte Key.
Trago saliva, nervioso por sus palabras.
—No entiendes…
—Espera —me interrumpe ella—, antes que digas cualquier cosa, déjame decirte primero algo.
—¿Qué es? —murmuro.
—Pues que no deberías ser maleducado y no dejar esperando a alguien afuera de tu puerta por mucho tiempo.
—¿Cómo? ¿Estás aquí? —pregunto, desconcertado. Me apresuro a caminar en dirección a la puerta principal.
—¡Sí, aquí estoy afuera! Abre de una vez, ¿quieres?
—Pero… ¿cómo?
—Pedí unos permisos especiales en mis clases y me dieron toda esta semana de vacaciones. Quise venir antes de tu cumpleaños para sorprenderte, vengo directo del aeropuerto.
Justo en ese momento llego hasta el pomo de la puerta y la abro. Delante de mí está una muy hermosa y sonrojada Mia. Su cabello rubio ha adoptado nuevos reflejos marrones, y sus labios están igual de deseables como siempre.
—¡Sorpresa! —chilla mientras corre a saltar sobre mí al verme, dejando su maleta olvidada en el suelo.
—Wow —murmuro mientras el olor de su cabello se entromete en mis fosas nasales—. Estoy muy sorprendido.
—¡Lo sé! —se separa de mí—. Qué bueno verte de nuevo, Key. Tengo muchas, demasiadas cosas planeadas para estos días. Vine con la intención de volver a intentarlo, de volver a lo que éramos antes.
—Mia… no sé qué decir.
—No te pienso abrumar. Hablaremos más tarde. Ahora, ¿piensas dejarme aquí todo el día? ¿No me vas a invitar a pasar?
Señala el interior de la casa.
—No, claro, pasa.
Salgo para sostener su maleta y la acompaño a la sala, en donde encontramos a mis hermanas mayores todavía discutiendo sobre Rita.
—¡Hola, chicas! —murmura Mia, saludando alegremente.
Pam es la primera en fruncir el ceño, no intenta siquiera ocultar su desagrado.
—¿Qué haces aquí? —pregunta ella.
Noto cómo la sonrisa de Mia titubea. Ese gesto en sí me hace dudar sobre si es o no buena idea llevar a cabo los planes que tenía con Rita sobre la venganza. Mia se mira tan… vulnerable.
—Lamento molestar —responde ella—, pedí unos días de permisos especiales en mis clases para poder aclarar unas cuantas cosas con Key. Espero que podamos reiniciar todo, no quiero que me odien ustedes también.
Eileen resopla con fuerza, desviando la vista a sus uñas recién pintadas.
—Eso lo hubieras pensado antes de serle infiel —responde Pam, su tono es mordaz y expulsa veneno con su mirada.
El rostro de Mia se vuelve rojo.
—Quiero aclararles que pasaba por un mal momento —dice ella—, no pienso pretender que me perdonarán rápidamente, pero quiero que sepan que me arrepiento mucho de las decisiones que tomé en el pasado.
Mia mira en mi dirección, sus ojos suplicando clemencia.
—Por favor, ahórratelo —responde Pam—. No quiero seguir escuchando esto… Eileen, vámonos.
Eileen y ella salen de la sala, enviando miradas de odio hacia Mia mientras caminan a la segunda planta.
—Key —grita Pam antes de perderse del todo—. Eres un idiota si decides perdonarla. No olvides todo lo que sufriste, todo lo que te lastimó, lo que ella te hizo.
Mia desvía la mirada, sus ojos comenzando a empañarse.
Frunzo el ceño, haciéndole un gesto a Pam para que cierre la boca y nos deje a Mia y a mí solos. Ella hace lo que silenciosamente le pido y sigue avanzando hasta perderse de vista no sin antes haberme sacado el dedo medio.
—Lo lamento —murmuro—, mis hermanas son muy maleducadas.
—Pero ellas tienen razón —dice Mia—. Te lastimé mucho… creo que fue un error haber venido.
Justo cuando ella estaba a punto de salir huyendo de la habitación, mi mano cobra vida propia y la detiene a tiempo.
—No te vayas —le susurro—. Viniste a hablar y eso haremos.
Sus ojos lucen esperanzados ante mis palabras.
—¿Podemos ir a otro lado? Creo que no será prudente si tus hermanas ven que sigo aquí. Ellas me odian.
Asiento con la cabeza.
—¿Quieres que lleve tu maleta en el auto?
—Por favor.
La escolto fuera de la casa, cargando con su pesada maleta mientras veo cómo se limpia la humedad de sus ojos.
—Perdona que viniera sin avisar —murmura ella—. Tal vez tenías otros planes…
—No, no importa.
Entonces me detengo, recordando que tengo que ver a Rita para la clase de salsa a la que prometí asistir este mismo día.
—¿Qué ocurre? —pregunta Mia, deteniéndose a mi lado.
—Nada —murmuro de mala gana. Tendré que cancelar los planes con Rita.
—¿Te interrumpo en algo el día de hoy? Porque si es así no hay problema, puedo ir a casa a ver a Rosie, ella sabe que llego hoy.
Niego rápidamente con la cabeza.
—Está bien. Cancelaré lo que tenía para hoy, no te preocupes.
Caminamos hacia mi vehículo estacionado y me apresuro a abrirle la puerta. Mia nunca se acostumbró a la altura de mi camioneta así que la ayudo a darle un empujón para que suba y se siente.
Ambos reímos al recordar que solía hacer eso por ella hace mucho tiempo atrás, cuando éramos novios.
Con Rita no había necesidad de hacerlo, probablemente me golpearía antes de dejar que la tocara de “forma inapropiada” y, además, ella me daría un discurso sobre lo independiente que es y de cómo no necesita a un hombre en su vida para subir a un auto, aunque secretamente creo que amaría que la trataran como una flor delicada.
Ruedo los ojos, riendo por dentro.
—Veo que estás de mejor humor —comenta Mia cuando me subo a su lado y pongo el motor del viejo vehículo en marcha.
Sonrío al pensar en Rita. Luego me retracto, ignorando esa sensación de malestar al tener que abandonarla el día de hoy; tendré que enviarle un mensaje para cancelar los planes.
—No es nada —digo después de unos minutos, cuando Mia no puede dejar de verme—. Solo estaba pensando en cosas que me ponen de buen humor.
—Espero ser una de esas cosas.
—Claro que lo eres —le digo, sin querer admitir la verdad. Tal vez las peras no sean tan malas después de todo, no pueden serlo si me acuerdo de ella a cada instante.
—¿En qué piensas tanto? —pregunta Mia luego de unos instantes—. No has podido borrar esa sonrisa de tu cara.
Mi sonrisa se extiende al escuchar sus palabras.
—Pienso en peras.
—¿En peras?
—Sí. En lo mucho que destacan de otras frutas.
Mia se queda en silencio por unos segundos, resoplando con fuerza.
—Para mí no tienen nada de excepcional —dice finalmente.
—Últimamente no puedo dejar de pensar en peras —murmuro—. Olvídalo, es algo tonto.
—A veces resultas ser todo un extraño, Key.
—Lo sé, Mia. Lo sé.
Suspiro en voz alta. Tengo que decepcionar a Rita el día de hoy, y no estoy preparado para lidiar con lo que eso me hace sentir.
 No estoy preparado para nada de lo que ella me hace sentir.
Lo mejor será guardar eso en un compartimiento cerrado por los momentos, al menos hasta que Mia y yo tengamos una larga conversación.
Sí, eso será lo mejor.


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19 comentarios:

  1. Key no hagas nada de lo que puedas arrepentirte, no hagas sufrir a Rita =0 !!!!!!!
    Gracias por este capitulo, como siempre me divierto un montón con las locuras de Rita, jamás me imagine polvo de callos jajajajaja-

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  2. Hay Dios, cada capitulo me encanta mas, muchas gracias por escribir tan maravillosamente, espero con ansías el próximo.

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  3. Lo amé. Odio a Key por dejar a Rita por Mia

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  4. Quede con ganas de leer mas!! quiero saber cual será la reacción de Rita y si cobrará venganza! Gracias Lia por el capitulo

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  5. Otro idiota que hara sufrir a una chica xD que fastidio, me molesta. mia es una perraaaa

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  6. Siento que esta historia será más dolorosa que la de Adam y Anna. Key no hagas sufrir a Rita ...
    Lia podrias actualizar pronto ..
    Gracias por subirlo, escribes genial

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  7. Siento que esta historia será más dolorosa que la de Adam y Anna. Key no hagas sufrir a Rita ...
    Lia podrias actualizar pronto ..
    Gracias por subirlo, escribes genial

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  8. Key es un bruto ojala Rita se vengue de la mejor manera en que es ella, Lia me encanto esperando por tu actualización :)

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  9. Ayyyyyy!!!!!!!!!! Lia voy a morir :( como key hace eso nooooo !!!!!! Mía no se lo merece que RABIA!

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  10. Ya me estoy preparando para la ira de Rita, decepción y como ahora va a ver qué eligió a la otra por más que sea algo pequeño. Rita seguro va a decidir no amar a kei.
    Si es así yo creo que se lo merece,kei parece muy indeciso. No entiendo como puede estar tan tranquilo y querer pasar tiempo aunque sea un poco con su ex que vio como se follaba a otro.
    Si hace llorar a ritame va a costar perdonarlo.
    Solo espero que la historia no se vuelva densa.
    Muchas gracias!

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  11. que te puedo decir Lia, me encanto como siempre...me rompe el corazón que los chicos en tus novelas sean tan ciegoooos, pero ya aprenderán, hasta la próxima

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  12. Espero actualización de este libro pronto, amo la historia :3

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  13. Para mí este capítulo se sintió diferente, es como si los personajes estuvieran madurando un poco conforme van avanzando los capítulos, y eso está muy bien!, porque siguen teniendo su toque, su personalidad ❤️
    Me encanto este capítulo.

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  14. NOOOO!!!! maldita sea KEy se mas fuerte!!! no caigas en la tentación....T_T....porque siento que este libro me hará sufrir mas que el de adam y ana T_T

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  15. por favor, cuando nos daras otro capitulo.

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  16. ohh Lia por favor no me hagas esperar un año para el final del libro plis plis

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  17. GRACIAS A GREAT DR Sunny PARA SOLUCIONAR MIS PROBLEMAS SU CORREO ELECTRÓNICO ES (drsunnydsolution1@gmail.com

    Mi nombre es la señorita Jones, yo estaba casada con mi marido durante 5 años que vivíamos felices juntos por estos años y no hasta que viajó a Australia para un viaje de negocios donde conoció a esta chica y desde entonces me odia a mí y los niños y el amor Ella solo Así que cuando mi marido regresó del viaje nos dijo que no quiere ver a mí ya mis hijos de nuevo, así que nos llevó fuera de la casa y que ahora iba a Australia para ver que otra mujer. Así que yo y mis hijos estaban ahora tan frustrados y yo estaba simplemente quedarse con mi madre y yo no estaba tratando bien porque mi madre se casó con otro hombre después de mi padre la muerte por lo que el hombre con el que se casó no estaba tratando bien, i Y mis hijos estaban tan confundidos y yo estaba buscando una manera de conseguir que mi marido regresara a casa porque lo amo y lo aprecio tanto, así que un día mientras estaba navegando en mi computadora vi un testimonio acerca de este conjurador DR Sunny, testimonios Compartido en el Internet por una señora y me impresiona tanto que también pienso en darle una oportunidad. Al principio tuve miedo, pero cuando pienso en lo que yo y mis hijos están pasando por lo que se puso en contacto con él y me dijo que para mantener la calma por sólo 24 horas que mi marido volverá a mí y para mi mejor sorpresa he recibido una llamada De mi marido en el segundo día preguntando después de los niños y yo llamamos DR Sunny y dijo que tus problemas se resuelven mi hijo. Así que esto era cómo consigo a mi familia detrás después de una tensión larga del freno para arriba por una señora malvada así que con toda esta ayuda de DR Sunny, quiero que todos ustedes en este foro se unan a mí para decir un enorme agradecimiento a DR Sunny y voy a También consejo para cualquiera en tales o problemas similares o cualquier tipo de problemas también debe ponerse en contacto con él su correo electrónico es) (drsunnydsolution1@gmail.com) él es la solución a todos sus problemas y predicaments en la vida. Una vez más su dirección de correo electrónico es (drsunnydsolution1@gmail.com)

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