02 febrero 2017

PFQMG - Cap. 15 - Cómo conocí tus secretos


Rita

La noche alrededor de la fogata pronto termina. Nuestro equipo, el azul, estuvo a punto de ganar en la competencia, pero nuestra historia de terror fue realmente patética gracias a Elena. Su voz y presencia arruinó por completo el ambiente cuando contó algo sobre un pirata borracho atrapado en una cueva que come su propia pierna.
Lucca, nuestro líder de grupo, se lamentó de no haber elegido a Pam con su historia de las monjas.
Y así terminó la noche, dando paso al día. Key y yo desayunamos juntos y bromeamos cuando Marie bebió una caja de leche que ya había caducado e inmediatamente fue al baño a vomitarla.
Como este era el último día en el campamento, los grupos nos unimos de nuevo para tomarnos fotografías juntos y varios me felicitaron por mi relación con Key, incluso hubo dos de sus tíos que me pidieron que los llamara por su nombre de pila porque me consideraban parte de la familia. Si tan solo supieran que yo era un engaño.
Ese mismo día Key y yo viajamos juntos en el autobús, y esta vez no me bajé en ninguna de las paradas. Las hermanas de Key iban a mi lado, platicando y burlándose del pobre Keyton y su obsesión por las grandes hebillas y sombreros de cowboy.
Más pronto que tarde, termino en la puerta de entrada de mi casa, en el asiento del auto de Key (ya que él se había ofrecido a dejarme), escuchando una canción de 30 Seconds to Mars que parece adecuada para el momento porque habla de una hermosa mentira; y eso éramos él y yo, una mentira. No me bajo de inmediato del auto, ni él hace señas de querer que me vaya tampoco.
—De acuerdo —menciona, apagando el motor del vehículo—. Fue muy interesante haberte conocido, Rita… o Andrea Cipriano, como sea que te llames.
Me guiña un ojo y yo me rio en voz alta.
—Es Rita y lo sabes —contesto.
Tal vez esta sea la última vez que nos veamos… El trabajo de ambos ya ha concluido. Mia no está cerca, sus hermanas saben que lo nuestro no es real, y no me necesita para ninguna otra farsa.
—Le agradaste a mi familia, eso es un logro muy alto —comenta él luego de unos instantes.
—Es extraño, por lo general no le caigo bien a la gente. Como te dije antes: soy una rara pieza humana con sentido del humor atrofiado.
—Solo tú podrías decir “pieza humana” y “atrofiado” en una misma oración.
—Bienvenido a mi mundo.
Suspiro en voz alta, jugueteando con el colgante de alas de ángel que mantengo siempre en mi cuello.
—Para mí eres una pieza humana muy interesante —dice Key, haciéndome sonrojar.
—Eso dices ahora porque no me conoces bien todavía.
—Espero conocerte mejor entonces. Además, me debes la venganza de Mia. No lo olvides.
—¿De verdad quieres vengarte de ella? Sé que estás muy enamorado todavía, independientemente de lo que te haya hecho.
Key suelta el aliento que parece estar sosteniendo, y me sonríe con nostalgia.
—Pienso que, de esta manera, tal vez pueda superarla. No se me ocurre nada más. Fueron siete años los que estuvimos juntos, ¿sabes? Siete años de memorias y secretos compartidos que ahora no le interesan… o tal vez nunca le interesaron. Me acostumbré a tenerla cerca para todo.
Key suspira de forma ruidosa.
—Estar con ella era cómodo —comenta finalmente.
Asiento con la cabeza, entendiendo el sentimiento.
—Ella te engañó, lo entiendo —respondo—. Sé que no estoy en posición de juzgar a una persona, pero tengo cierta experiencia con el tema de la infidelidad. A veces, y aunque no lo creas, la mejor venganza es vivir feliz y tener una buena vida.
—¿Estás hablando de tu ex novio? Me refiero a la experiencia. Por cierto, ya hice que lo despidieran, la familia apoyó mi decisión. No tendrás que volver a preocuparte por Gabriel.
Ahora soy yo la que sonríe con nostalgia.
—Gracias por eso, y no, no me refería a Gabriel en esta ocasión —me reclino contra el asiento y miro hacia mi pequeña casa del color de una sandía madura. Ya es algo tarde y el sol está a punto de ocultarse, pero las luces se encuentran encendidas desde antes—. Se trata de mi madre.
Key se gira en su asiento para verme a la cara. No me gusta contar nada sobre mi patética vida porque no me gusta que crean que soy la víctima en algo, pero siento confianza con él. La única otra persona que sabe sobre mi madre es mi mejor amiga, Anna.
—¿Qué pasa con tu madre? —pregunta Key—. Adelante, puedes contarme.
Trago saliva.
—Mi madre… Ella y papá me tuvieron a muy corta edad. Mamá siempre tuvo el sueño de ser famosa y triunfar de cualquier forma, ya sea en la actuación o en el canto; cuando consiguió su primer trabajo en un comercial, comenzó a pasar más tiempo lejos de casa, teniendo grandes periodos de ausencias porque siempre estaba filmando alguna toma para un comercial barato de sodas. Mi papá fue quien me educó y se quedaba en casa conmigo. Él no quería decirlo, pero sabía que estaba desempleado la mayoría del tiempo; por culpa de ella renunciaba a muchos trabajos.
»Fue entonces cuando mamá apareció en casa una tarde, recuerdo que era domingo. Un señor gordo y con enorme bigote esperaba por ella en su vehículo. Dijo que se marchaba con él porque podía darle una mejor vida, una vida de estrella que ella merecía. Más tarde me enteré que el tipo era dueño de algún circo.
—Eso apesta —comenta Key cuando logro callarme por unos segundos, reviviendo el terrible día que me abrió los ojos a quién era mi madre en verdad.
—Lo sé. Ella se fue y regresó esporádicamente luego de eso —continúo—. Cuando apareció de nuevo unos meses después, yo estaba muy molesta con ella; papá sufrió mucho… aún sufre por ella. Me enteré que el tipo del circo era casado y que ahora salía con otra persona. Cuando mi madre localizó su siguiente objetivo, su siguiente hombre, se fue nuevamente de casa con alguien más. Regresó años después, embarazada de mi hermano Russell. Estuvo con el bebé por apenas un mes y luego se marchó con otro hombre, dejando a Russell con nosotros.
—Debo decirlo —dice Key—. Tu madre es una…
—Perra —completo yo por él—. Lo sé.
—Ella no los merece ni un poco.
—Gracias, opino lo mismo —comento—. De igual forma, ella llegaba esporádicamente cuando se le acababa el dinero. Mi padre había conseguido trabajo en esta compañía de publicidad y le iba bien. Ella se quedó por unos meses más, sacándole todo el dinero que podía, pero luego se marchó. Regresó mucho tiempo después, ya embarazada de su tercer hijo: Rowen.
—Adivino, ¿lo dejó también al cuidado de tu padre?
Asiento con la cabeza.
—Así es. Yo fui quien prácticamente los educó. Creo que ellos no me miran como hermana mayor, me miran como su madre ya que ella apenas y reconoce su existencia.
Ambos permanecimos así, en silencio, por unos breves minutos hasta que acabara la canción y comenzara una nueva.
—Pero basta ya de hablar de mi patética vida —comento, recordando el motivo por el cual le cuento mi historia—. Mi punto con esto es, Key, no dejes que esta chica te manipule y atraiga de nuevo como una serpiente haría con su presa; así como dijiste que mi madre no merecía tenernos, ella no merece tenerte. Que tu venganza sea vivir tu vida lo más feliz que puedas, sin ella.
Key desvía la mirada hacia el frente.
—Sé que debería ser así…
—Pero es más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad?
Él asiente con la cabeza.
—Bien —acepto—. Para eso estoy… vamos a enseñarle a esa chica que eres feliz sin ella. Que no la necesitas. Esa será mi venganza para ella.
—¿Cómo vas a hacer que eso pase? Lo veo difícil.
—Para eso me tienes —digo con convicción—. Espera mi llamada en estos días, vaquero. Y ya deja de estar triste, el dolor nunca dura una eternidad, se detiene en algún punto.
—Bien, pequeño saltamontes de consejos sabios.
Ruedo los ojos.
—¿Estás bromeando? —resoplo—. Es la peor comparación de todos los tiempos. No sé dar consejos, además, soy alta. No puedo ser comparada con un saltamontes, tal vez con una jirafa.
—No lo sé —murmura él, tocando su barbilla con dos de sus dedos—. Como que prefiero a las chicas altas. ¿Te digo un secreto? Me da un poco de pereza inclinarme para besarlas. Así que siéntete del tamaño correcto, o al menos eres del tamaño correcto para mí.
Mis mejillas pronto se encienden con su comentario. Mentalmente estoy convenciéndome que no lo dice por mí, nop. No puede serlo.
—Y lo digo por ti —aclara—. Hay algo en ti que me llama la atención y quiero saber qué es.
 ¿A quién quiero engañar? ¡Está coqueteándome!  ¡A mí! Alguien debería pellizcarme muy fuerte. Mi voz interna me pide que me case con él de inmediato, antes que cambie de opinión.
¡Basta, voz interna, nos va a escuchar!
Rápido, tonta, cásate y ten diez hijos con el hombre. Deja buena herencia.
Nooooo.
Síííííííííí.
—¿Rita? —escucho mi nombre y pronto veo una mano viajar frente a mi rostro, tocando mis mejillas—. ¿Estás allí?
Parpadeo varias veces, tratando de recuperar la compostura.
—¿A dónde más estaría? —pregunto, quitando la mano de Key—. Entonces, Key, deberías de ser menos perezoso, lo vas a necesitar. No todas tus chicas tendrán la suerte de tener mi altura de jirafa. Tal vez sea eso lo que te llama atención sobre mí, créeme, soy aburrida una vez que me conoces a fondo.
Comienzo a desatar el cinturón de seguridad y a salir del auto.
Siento la mano de Key tomar la mía, impidiendo mi salida rápida.
—No tan rápido, Patchie. No creo que eso sea el porqué de llamarme la atención. Y, además, me debes algo y lo tomaré, seas jirafa o ratón, no me importa.
Mi rostro se gira para ver el suyo.
—¿Qué te debo? ¡Y ya deja de llamarme Patchie!
Frunzo el ceño mientras me concentro en ver su bonito rostro. Tiene un lunar bastante escondido cerca de su párpado izquierdo, tiene forma de salpicadura de pintura.
—Me debes esto —susurra.
Entonces él se inclina en su asiento, apoyando su codo también en mi asiento. Pronto sus labios tocan los míos y sus manos toman mis mejillas con suavidad.
Mantengo los ojos abiertos por la impresión, pronto comienzo a cerrarlos.
Mi instinto natural me dice que debo apartarlo y darle una cachetada por el simple atrevimiento. Pero la otra parte, la romántica, me dice que cierre la boca y disfrute.
Por una vez en la vida, le hago caso a la parte que menos me gusta de mí: la romántica, y pronto mis labios se imprimen en los suyos, siguiendo su ritmo propio.
La mano de Key obtiene valor y baja hasta mi cuello, moviendo su pulgar por mi clavícula; la otra mano sujeta mi cabeza para profundizar y el beso.
El momento parece eterno, hasta que una voz lo arruina todo:
—¡Wooaaa! ¡Rita tiene novio paaaaaaapá!
Los gritos que se escuchan afuera del vehículo hacen que me despegue enseguida de los jugosos labios de Key.
Miro asustada hacia donde mi hermano menor, Rowen, está saltando sobre la acera, usando únicamente sus calzoncillos de Capitán América.
—¡PAPÁ, RITA SE ESTÁ BESANDO CON SU NOVIO! —grita el pequeño demonio.
Esto pasa cuando dejo que mi lado romántico salga de su cueva sin luz.
Me apresuro a salir del auto, directo a darle una paliza al niño, pero de pronto noto a mi otro hermano menor, Russell, saliendo directamente de la casa seguido de papá y el abuelo.
Mi boca se abre y mis mejillas se prenden en vergüenza cuando veo que todos aparecen en fila… usando únicamente sus calzoncillos de color blanco.
—¡Papá! —grito—. Ve a cambiarte, por favor. ¡Abuelo, no enseñes tu barriga!
Papá tiene una cerveza en la mano, mirando a hurtadillas sobre el hombro de Russell quien trata de ver quién está dentro del vehículo.
Escucho que Key baja también y corre a mi lado.
—¿Ese es tu novio? —murmura mi abuelo, tiene la poca decencia de rascar su ombligo mientras camina perezosamente para ver a Key, él incluso tiene el valor de pasearse en sus calcetines con hoyos en los dedos gordos—. ¡Hola muchacho! ¿Eres el del otro día? El que me preguntó el nombre de mi Rita, ¿cierto? El de las revistas.
Key asiente con la cabeza, tratando de no reír.
—Sí señor, gusto en verlo de nuevo —habla él.
Me llevo una mano a la frente, preguntándome si podría morir de vergüenza propia o ajena, la que sea.
—Chicos, todos adentro. Los vecinos los van a ver en ropa interior —los regaño—. ¿Papá? ¿Podrías por favor…?
Le señalo a él la puerta de entrada, pero se encoge de hombros y camina a la par del abuelo, paseándose en sus calzoncillos que una vez fueron blancos y hoy son amarillos, esos que se aflojan en la cintura porque están tan viejos que incluso todo el elástico se gastó debido al uso.
—¿Quién es él? —pregunta apuntando con la boca de la botella hacia Key—. ¿Es tu novio, hija?
—¿Cuánto has bebido? —le reclamo—, lo siento mucho Key. De seguro está tan borracho que no recuerda que tiene algo de pudor o decencia. Todos deben estarlo. O drogados.
—¿De qué hablas? Esta es la primera —comenta él, frunciendo el ceño—. Solo yo bebo y lo sabes.
—Papá, no estás ayudando en nada —le reclamo con una mirada mortal.
—¡Los vi besándose, papá! —grita Rowen mientras toma la mano de mi padre y lo guía más cerca de nosotros. Esa pequeña sabandija. No pagaré el cable y le tendrá que decir adiós a Bob Esponja—. En la boca, era asqueroso. Parecía un concurso de quién metía la lengua primero dentro de la cavidad del otro. Cavidad: C-A-V-I-D-A-D.
Deletrea esta última parte y luego aplaude como si fuera un bonito juego y él ganara el primer lugar.
—Además —continúa—. ¿Quién quiere besar a Rita si la boca no le huele bien en las mañanas?
Me sonrojo por millonésima vez.
—Enano, será mejor que entres de una buena vez antes que decida reubicar tu oreja hasta donde está tu boca —lo amenazo—. Ve a ponerte algo de ropa y no te metas en la vida de los demás.
—En realidad —dice Key—. Su aliento olía a tarta de fresa. Comimos una de camino a casa, fui estratégico.
Key le guiña el ojo a mi hermano menor.
—¿Tarta de fresa? ¿Trajeron algo? Tengo hambre, papá no sabe cocinar muy bien. Quemó mis tostadas favoritas.
—La próxima vez lo haré —responde Key.
—Está bien. Trata de no besar a Rita muy seguido tampoco, a veces le gusta comer cosas que se cayeron al suelo.
Mi sistema nervioso entra erupción como un volcán y grito con desesperación.
—¡Todos entren a la casa de inmediato!
Nadie me escucha, y en su lugar veo a Key tomar la mano de papá y agitarla en el aire.
—Usted a la persona que quería conocer —murmura él—. Mucho gusto Sr. Day. Soy Key, y soy el novio falso de su hija.
—¿Novio falso? —pregunta papá arqueando sus cejas.
Russell, quien ha estado en silencio durante el intercambio, decide acercarse. Observa a Key con mala cara, de pies a cabeza.
—Rita no sale con nadie —comenta él de mal humor.
—No estamos saliendo —aclara Key—. De hecho, le pago para que finja salir conmigo.
Mi abuelo suspira, mirando al cielo.
—En mis tiempos no era legal hacerlo —dice él—. Le llamaban prostitución… pero ahora todo se legaliza rápido
—¡Abuelo! —grito—. Las cosas no son así entre nosotros.
Papá retoma de nuevo la plática con Key.
—No entiendo su arreglo. Pero, ¿quieres pasar? Hay pizza congelada.
—Claro —responde él.
Los detengo a todos antes que esto llegue muy lejos:
—Key, es hora de que te marches. Si decides quedarte te patearé muy fuerte en la entrepierna, y luego te rociaré con mi gas pimienta. Y todos ustedes, esta será la última vez que se muestran en público de esa manera. Todos adentro o dejo de pagar el cable y el internet por más de dos meses.
Mi amenaza los asusta y pronto los veo marchar adentro. El abuelo y papá se despiden de Key con un asentimiento de cabeza.
—Necesito mis canales pre-pagados con más de las hermosas chicas Melissa y Candy —comenta el abuelo, guiñando un ojo—. No puedo vivir sin ellas, son las únicas que se quitan la ropa con estilo. Lo siento muchacho, Rita manda.
Key asiente con la cabeza.
Russell le da una mirada más, fulminándolo con los ojos.
Rowen se ríe y comienza a gritar sobre besar mi boca antes de hacerle compañía a su hermano mayor y entrar directamente a la casa.
Una vez que todos están adentro, me giro hacia Key y le sonrío con vergüenza.
—Esta es la familia Day, bienvenido. Lo siento por todo, esto es más incómodo para mí que para ellos, obviamente.
Key se ríe en voz alta.
—Deberían hacer una fiesta con temática “trae tu propio calzoncillo” Definitivamente tengo unos que quiero lucir.
Me rio en voz alta al igual que él.
—No puedo con ellos. Lamento el espectáculo, así somos.
Él se encoge de hombros.
—Ya conociste a mi numerosa y vergonzosa familia, también sabes cómo somos ahora.
—Deberíamos invitar a tu familia a la fiesta de “trae tu propio calzoncillo”.
—La tía Morgan probablemente enloquezca regalando condones.
Ambos reímos de nuevo.
—Muy bien, vaquero, se está haciendo tarde y tienes que regresar pronto. Te veré cuando te tenga que ver —me despido.
Él sonríe, asintiendo con la cabeza.
—Te veré después Rita Day.
Se despide con una inclinación y pronto comienza a caminar hacia su vehículo.
—¡Key, espera! —lo llamo una última vez—. Olvidé darte algo.
Se detiene a mitad de camino, decido avanzar hacia él.
—¿Qué olvidé? —pregunta.
—Esto…
Le doy una cachetada que resuena con fuerza.
—¡Eso duele! —jadea y se lleva la mano a donde lo golpeé.
—Eso fue por besarme sin mi permiso y consentimiento. Yo, a diferencia de otras, tengo mis límites y decido quién y cuándo los sobrepasan.
—Eso es cruel. Tú también fuiste parte del beso.
—Oh, y otra cosa —digo antes de apartarme—: mi maleta sigue en tu auto. ¿Podrías bajarla?
Él asiente con la cabeza, aún con su mano sobre su mejilla.
Baja de manera eficiente mi maleta de la parte de atrás de su vehículo y me la entrega.
—Listo. Gracias por todo —me despido.
Sintiéndome culpable por golpearlo, me acerco a él y le doy un pequeño beso en la mejilla golpeada. Eso parecía no habérselo esperado de mí.
—Lo siento por todo —digo de mala gana.
Key niega, haciendo una mueca.
—Nunca entenderé a las mujeres —dice, avanzando hacia su auto—. En un momento me besas con entrega, y luego me golpeas por haber participado. Luego me vuelves a besar… Patchie, eres una pieza humana muy extraña.
—Con el sentido del humor atrofiado, no lo olvides.
—¡Exacto!
Le sonrío con algo de vergüenza, y camino con mi maleta en mano, entrando rápidamente a casa, sin esperar a que Key encienda el auto y se marche; tal vez así él no logre escuchar mi corazón agitado a punto de querer salir de mi pecho.
Lo obligo a tranquilizarse, recordándole lo que pasa cuando le entregas tu amor a otras personas y ellos deciden humillarlo y estrujarlo como si fuera una cosa de poco valor.
Con ese pensamiento, voy directo a mi habitación, de regreso a mi regular y aburrida vida.




Key


No he hablado con Rita en más de una semana. No he escuchado sus chistes elocuentes o sus respuestas rápidas. No he sido parte de sus cachetadas dolorosas ni de su gas pimienta, no me ha dirigido ninguna de sus amenazas o sus insultos creativos. Y, a pesar de eso, siento como si una parte de mí la extrañara y se sintiera enferma por no tenerla cerca… Lo que es una completa estupidez porque no puedes extrañar a alguien que te rete a diario o te confunda con tantos sentimientos contradictorios. Imposible.
—Amigo, ¿qué sucede? —pregunta Adam esa misma tarde, observando lo distraído que me encuentro mientras observo a través de la ventana de mi habitación.
—Pienso en cosas —respondo, paseando la vista por el jardín en donde Eileen pasea a su perro.
Adam se encuentra sentado cerca de mi computadora portátil, jugando con el balón de futbol americano que Mia me había regalado hace muchos años atrás, lanzándolo de una mano a otra.
—¿En qué piensas? Déjame adivinar —él detiene el balón, ahora lleva dos de sus dedos a su frente y coloca su boca en posición de U—: piensas en Rita. Admítelo, te gusta.
Se ríe en voz alta y sus manos continúan con la labor de pasar el balón.
—No me gusta. Es una agradable persona, pero lo nuestro nunca funcionaría. ¿Y tú, sabelotodo, en qué piensas últimamente? —le quito el balón de las manos—. Alguien por ahí me dijo que te interesaba la prima de tu nueva novia, Marie.
Él se pone pálido, serio y con una mirada confusa.
—Admítelo, te gusta —continúo molestándolo.
—No, para nada —se aclara la garganta y me quita el balón de las manos—. Sí, siento curiosidad, pero no pasará nada. Ella no merece estar con alguien como yo.
—¿Y Marie sí?
—Marie tiene bajos estándares. Siento vergüenza de decirlo, pero ella sí está a mi nivel.
—Eso es basura y lo sabes —abro mi boca para decir más, pero un golpe en la puerta nos distrae a ambos—. ¡Adelante!
Precisamente la misma chica de la que hablábamos se encuentra ahora de pie, Marie, la novia de Adam.
Su cabello naranja se encuentra firmemente envuelto en un moño, y sus ojos escanean mi habitación hasta detenerse en él.
—¡Aquí estás! —grita ella, corre a sentarse sobre las piernas de mi amigo—. Espero no se molesten por la interrupción, pero me prometiste una cita.
—¿Ah, sí? —pregunta mi amigo—. No recuerdo ninguna cita.
—Típico de ustedes, lo olvidan todo —ella rueda sus ojos y luego le toca la nariz a Adam—. Llévame al lugar donde hacen aquella deliciosa pizza que comimos el otro día.
Él frunce el ceño, distraído por un momento.
—No recuerdo haberte llevado a comer pizza todavía —comenta él—. Tal vez fuiste con alguien más.
Ella se ríe con incomodidad, y descarta todo con una mano. Pronto se encuentra besando el cuello de Adam, pasando sus manos por su pecho.
—Creo que fui allí con Anna —responde—. Te mostraré el lugar para que lo conozcas. Es increíble.
Ella vuelve al ataque y decide esta vez besar su boca como si se tratara de una profesión legítima.
Me aclaro la garganta para recordarles que sigo en la misma habitación, y es allí cuando ella se detiene y me da una mirada apenada.
—Lo siento, perdona mis malos modales, Key —se disculpa—. Hola.
—Hola —sonrío en dirección a Adam, pensando en que su novia pudo haber escuchado nuestra conversación. Él niega con la cabeza.
—¿Cómo me encontraste? —le pregunta él.
—Ayer me dijiste que estarías aquí, quise venir a verte porque te extraño —ella lame la mejilla de mi amigo y sonríe mostrando todos sus dientes—. Por cierto, lobito, necesito tu teléfono. Decidí que cambiaré mi tono de llamada en tu móvil, algo único y original para cuando te llame.
Adam eleva ambas de sus cejas, mirándome en busca de ayuda.
Hace más o menos dos meses que ella y Marie son novios, pero cualquiera pensaría que tenían una eternidad de estar juntos por la forma en la que a veces se trataban. Como esto, de tomarse libertades con el teléfono del otro.
—Bien —responde Adam finalmente—. Dime qué canción quieres y yo la cambio.
—Deja que yo lo hago —dice ella—. Tú y yo merecemos una canción como Toxic, de Britney Spears. Espera a que la oigas.
Ella le planta otro beso en el cuello, esta vez dura más que el anterior.
—Oye, Marie —hablo una vez que ella se detiene—. Adam me dijo algo sobre tu prima.
—¿Quién? ¿Anna? —ella resopla con fuerza, aun sentada en las piernas de mi amigo—. ¿Qué pasó con ella? ¿Por qué de pronto me preguntas mucho por Anna?
La última pregunta va dirigida a Adam, quien se tensa visiblemente.
—No me interesa Anna —le aclara él. Mentiroso de mierda.
—Me interesa a mí —comento para ver la reacción de mi amigo—. ¿Es la chica a la que accidentalmente golpeam… golpeó un letrero el otro día? Adam me contó todo.
—Oh, sí —Marie suaviza la boca—. El día en que Adam y yo nos conocimos. Creo que estaba destinado a que fuera de esa forma. ¿Estás interesado en ella, Key?
Asiento con la cabeza, notando la mandíbula de Adam tensarse.
—Bien, pensé que salías con Rita —comenta ella, rizando uno de sus cabellos con su dedo—. Rita es amiga de Anna… aunque no estoy segura pero parece que las dos son pareja.
—¿Pareja? —pregunto.
—Sí. Oh, pensé que ya se notaba —menciona ella—. Anna es lesbiana. No está para nada interesada en los hombres.
Creo que mis cejas se elevan monumentalmente, pero las de Adam casi se salen de su rostro.
—¿Anna no…? ¿A Anna no le gustan los hombres? —balbucea mi amigo. Adiós a sus planes con la chica—. Ella no me da esa impresión.
—Oh, sí. Lo es. Pensaba que Rita era su pareja, pero eso fue hasta que vi a Rita con Key. Mira, Key, prefiero que salgas con cualquiera que con ella, pero Anna es mucho peor. Ha tenido un par de novios, pero no es serio porque principalmente lo de ella son las mujeres.
—Rita no está muy interesada en eso —la defiendo—. Para nada. Solo no sabía que Anna fuera…
—Sí, demasiado —aclara ella. Ahora se dirige a Adam—. ¿Podemos irnos ya, lobito?
—Sí, en unos minutos. Pero… ¿no me habías dicho que tu prima tenía novio?
—Es que ella está muy confundida en estos momentos. Ya sabes, no se decide. Aunque aquí entre nos, prefiere las mujeres.
Adam asiente con la cabeza, aun sin poder creer lo que escucha. Al parecer la noticia lo afecta más de lo que él alguna vez admitirá.
—Es mejor irnos entonces —murmura mi amigo—. Nos vemos después Key, y trata de llamar a Rita.
—Claro —me despido con un saludo de manos, Marie se despide desde lejos, marchando detrás de Adam—. Hablamos más tarde.
¿Qué tanto está Adam interesado en esa chica, Anna?
El mensaje de texto que me llega unos minutos después responde mi pregunta silenciosa.

«Pregúntale a Rita si es verdad»

«¿Si es verdad el qué?»

«Comemierda, no me hagas repetirlo»

«¿Te interesa la chica?»

«No me provoques»

«Jajaja Le preguntaré y no te daré la respuesta»

«Entonces hablaré con ella yo mismo y no te va a gustar…»

«¡Está bien! Solo no hagas ningún movimiento con ella. Ella está loca… digo, es especial.»

«Ujum»

Tal vez esta sea mi excusa perfecta para hablar con Rita. Llevo una semana preguntándome qué habrá sido de ella; hoy es el día perfecto para saberlo.

Después de debatir por más de media hora en si debía o no llamarla, tomo mi teléfono y marco el número que ella me dio para localizarla. Responde al tercer tono:
—¿Hola?
No es la voz de ella. A menos que Rita haya desarrollado una terrible infección en la garganta que la haga sonar como hombre.
—¿Hablo al teléfono de Rita? —pregunto con inseguridad.
—Sí, ¿quién eres?
—¿Está Rita por allí?
—Yo soy Rita.
Caramba. Tal vez sí tenía una severa infección.
—¿Eres Rita? Me cuesta creerlo. Soy Key.
—¿Quieres que te mande un comprobante, acaso?
—Me gustaría, pero…
Pronto mi teléfono comienza a vibrar, lo retiro de mi oreja y veo que me llega un mensaje de texto con una imagen adjunta.
Efectivamente es Rita, con enormes ojeras y rostro pálido. Su nariz está roja de tanto frotarla y, si hago un acercamiento a la imagen, apuesto a que encontraría fluidos nasales por todo su rostro.
—¿Ya comprobaste?
—¿Qué te pasó? —pregunto con interés.
—Ugg, me siento fatal —la escucho estornudar con fuerza—. Es alguna clase de virus que está muy de moda, ¿no lo sabías?
—No. ¿Quieres que te vaya a ver?
—Oh, no. Olvídalo. Con mi suerte probablemente te la pasaría también.
Estornuda de nuevo y se sacude la nariz.
—¿Vas a trabajar así? —pregunto.
—No. Dulce y Anna harán mi turno.
—Bien. No se hable más, iré a tu casa y llevaré sopa de pollo. Conozco un buen lugar que prepara la mejor del mundo.
—Nooooo —se queja—. Estoy sola y no quiero que te aproveches de mí.
Ruedo los ojos, riendo por sus ocurrencias.
—No me voy a aprovechar. Lo prometo; además suenas como hombre en estos momentos y me das miedo.
—¡Lo sé! —se queja—. Ya he tenido que enviar mi fotografía más de tres veces porque la gente no cree que soy yo.
—¿Entonces? ¿Qué dices? Será rápido.
Pasan unos segundos y ella no dice nada hasta que por fin la escucho suspirar:
—Bien, pero además de la sopa quiero panecillos calientes. Oh, y un jugo natural extra grande.
Moquea de nuevo y yo sonrío al teléfono.
—Perfecto. Llego en veinte minutos.


*******


—Bienvenido a mi humilde morada —comenta Rita cuando me abre la puerta de entrada.
—Es acogedora.
—Es pura mierda y lo sabes. Al menos es un techo sobre mi cabeza, no debería quejarme
—Correcto, no deberías hacerlo. Pero, oye —la abrazo—: tu voz en persona no se escucha tan mal como por teléfono.
Ella rueda sus ojos.
—Sueno peor que un hombre constipado.
—Suenas bien ahora. Traje la comida —levanto las bolsas con toda la comida que pude comprar—. ¿Quieres comer ahora o…?
Me arrebata las bolsas y corre hacia la mesa del comedor, haciéndome lugar entre varios libros de administración y gruesos libros de colorear. Ella recoge uno que otro pañuelo descartable usado y lo lleva a los bolsillos de su pantalón.
—Lo siento por eso —murmura de mala gana—. Mis hermanos salieron de paseo con el abuelo y papá cuando se enteraron que estaba enferma. Estoy sola por ahora y tengo demasiada pereza como para limpiar mis desastres.
Se encoge de hombros.
—No te preocupes. Para eso estoy aquí. Sírvete lo que quieras…
Sin poder terminar la oración, ella ya está tomando el recipiente elaborado en donde venía la sopa de pollo.
—Esto se mira delicioso. Si pudiera olerlo, apuesto a que olería bien. Veamos si puedo saborearlo.
Rita lleva la cuchara a su boca y cierra los ojos, intentando concentrarse en el sabor.
Para hacerle compañía, tomo el otro recipiente con sopa que conseguí para mí.
Huele delicioso.
—¡Agg! —Rita abre los ojos, irritada—. No le siento gusto a nada.
—¿Ya tomaste algún medicamento?
Ella asiente con la cabeza, llevando otra cucharada de sopa a su boca.
—Sí. Una tonelada de ellos.
—¿Desde cuándo estás enferma?
—Fue hoy en la mañana. Mi jefe me corrió por tres días mientras me reponía. Dice que a los clientes no les gusta la gente con cara enferma; lo hago perder dinero.
—Tu jefe suena como un cerdo.
—Es un cerdo, en todo el sentido de la palabra. Oh, espera, es un insulto para los pobres y sacrificados animales —ella mastica una verdura y luego vuelve a rebuscar en la bolsa de comida hasta que encuentra sus panecillos tal y como lo prometí—. Ah, detesto no poder saborear nada de esto. Probablemente sea la mejor comida que coma en todo un año y me estoy perdiendo la mejor parte.
—Cuando te mejores te daré más, lo prometo.
Ella me mira fijamente, sus mejillas se vuelven del tono rosa de su boca.
Es bonita.
No, tacha eso. Yo no tengo porqué notar si es hermosa o no. No me gusta ni nada de eso.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —dice ella en su tercer bocado—. ¿Para qué llamaste esta tarde? No creo que fuera para decir hola.
Y la razón principal de mi llamada vuelve a mi cabeza.
—Mmm, sí. Quería saber algo que presiento que solo tú sabes.
—¿Qué es?
—Bien… —ella sigue comiendo, mezclando sus cucharadas de sopa con el jugo natural que me pidió—. Es sobre si…
Me quedo en silencio.
Ella eleva una ceja.
—Vamos, escúpelo, vaquero. ¿Qué quieres?
—No te vayas a molestar, pero… —¿le pregunto o no?
—No me molestaré, continúa.
—Rita, ¿es cierto que Anna y tú fueron novias? ¿Te interesan las mujeres?
Ella tose repentinamente, ahogándose con un bocado de comida.
Corro a darle golpecitos en la espalda.
—¿Estás bien? —pregunto. Rita golpea mi mano con un sonoro ruido, yo me aparto de inmediato.
—¿Y tú eres suicida? ¿Por qué me preguntas algo como eso?
—Es que Marie…
—Oh, claro. Todo tiene sentido ahora —me interrumpe—. Esa perra de cuatro cuernos me las va a pagar.
—Entonces, ¿es mentira todo?
—¡Claro que lo es! Anna es mi amiga, AMIGA. Y no me interesan las mujeres.
—Lo siento, lo siento —elevo ambas manos, dándome por vencido—. Solo era simple curiosidad.
—¿Por qué ella te diría algo como eso?
—Es porque presiento que mi amigo, Adam, está interesado en tu amiga, Anna.
Rita niega con la cabeza.
—Eso nunca —estornuda—, va a pasar. Anna es ingenua y se puede manipular con facilidad. ¡Tu amigo es un depredador y ella la presa! No va a acabar bien.
—Él no es tan malo.
—No saques más el tema o me encargo personalmente de mantenerlos alejados.
—No es para tanto. No es como si fueran a casarse y vivir eternamente juntos.
—Por tu bien, espero que no te metas con mi amiga tú tampoco.
—No lo haré, tranquila.
—Jum —resopla ella—, mi amiga y tu amigo juntos. ¿Qué va a pasar después? ¿Tú y yo viviendo en un castillo de cuento de hadas, con tres hijos y dos perros? El mundo se congela primero antes que algo como eso pase.
Me quedo en silencio, sin saber por qué le molesta tanto la idea.
—Nuestros perros deberían llamarse Chuck y Max —digo luego de unos minutos.
—Cállate y cómete tu sopa —ella sorbe con fuerza, mirándome con desprecio—. Y para tu información, se llamarían Rocky y Chase.

Suspiro sin entender a las mujeres. Todas son complicadas.



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16 comentarios:

  1. gracias, gracias, gracias Lia por continuar la historia!!! adoro a Rita y Key!!!

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  2. Amo las locuras de Rita y como Key la quiere aunque el no quiera admitirlo

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  3. Jajaja esto ya se puso muy bueno!!! *yeiii*

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  4. Me encantas me encanta Rita, me encanta Key los amo a los tres, me gusta cuando optas por la comedia en serio me obsesiono :) <3

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  5. Me encanta estoy enamorada. Exelente ya quiero leer el siguiente capitulo

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  6. jajaja!! me encantan... par de locos!

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  7. Amo a key !!! Me gusta más que Adaam pensé que era imposible,pero no key Is my men ! 😍😍💓💓💓💓💓

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  8. Me encanta Lia, escribes genial desearia que subieras mas capitulos y no esperar una semana, todos los dias abro la pagina para ver si actualizas.Me alegras los dias

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  9. Me encanta Lia, escribes genial desearia que subieras mas capitulos y no esperar una semana, todos los dias abro la pagina para ver si actualizas.Me alegras los dias

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  10. Me encanta, y como se va descubriendo lo que pasaba de cierta manera con Adam y Ana. Adoro a Rita y como Key trata de similar sus sentimientos. :)

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  11. Quiero otro capítulo por favoooor!!!!

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  12. Para cuándo capítulo nuevo Lia? Quiero ver en que termina esta simpática e increible historia

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Gracias por sus valiosos comentarios :)

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