26 enero 2017

PFQMG - Cap. 14 - Cómo supe que eras malvada


Rita

—¿Ya terminaste? —le pregunto a Key, tocando suavemente la puerta del baño en donde lleva más de cinco minutos encerrado.
¿Qué tanto puede orinar una persona?
—Rita —murmura él—. No puedo hacerlo cuando sé que estás al otro lado de la puerta, escuchando todo. Aléjate, dame mi espacio.
—¿Estás orinando en el jarrón que te di? Recuerda no botar nada, cada gota cuenta.
Escucho casi al instante cómo comienza a subirse el cierre del pantalón. Luego sus pies se arrastran por el suelo y abre la puerta.
—Toma, esto es todo lo que pude recolectar.
Para mi desgracia me muestra el jarrón que acabo de darle hace unos momentos atrás, ésta vez contiene una sustancia líquida amarilla.
Arrugo la cara y me alejo todo lo que puedo.
—Aquí está —insiste él—. Tómalo.
Niego con la cabeza.
—No lo quiero tocar. Y oye, ¿por qué no está lleno? Pensé que tomaste bastante líquido como para poder cumplir esta venganza.
—¿Qué clase de persona crees que soy? Es imposible orinar tanto. ¿Lo tomas o lo dejas?
Hago una mueca de asco.
—Perfecto —murmuro—. Lo tomo. Pero tú lo sostienes.
—Bien. ¿Por dónde empezamos?
Le hago una señal para que me siga por la habitación y nos detenemos ante la cama.
Por aquí —le señalo el lugar en específico—. Rocía un poco sobre la almohada, para que al dormir mejoren sus sueños.
Key eleva ambas cejas, asintiendo con la cabeza.
—Va a tener los mejores sueños, sin duda.
—Sé moderado, no hiciste mucho y tenemos que conservar el precioso elixir.
—¿Elixir? Nunca lo vi de esa manera.
—Que no se te infle el ego —murmuro—. No pienses más en donde no hay.
—Si tú lo dices… Elixir, soy un astro.
Ruedo los ojos, dándole espacio después de eso mientras voy directo a la mini refrigeradora de la cabaña de Gabriel. El lugar es bastante cómodo como para ser del personal. Tiene una habitación sencilla, un baño y una pequeña cocina con comedor incluido.
La cocina es mi meta por los momentos. Inspecciono los gabinetes y guardo para mí una bolsa de papas fritas que se encontraba intacta sobre un microondas así como un paquete de galletas Oreo sin abrir.
Noto que Gabriel vació casi todo el contenido de su refrigerador, pensando que lo que le había dicho anteriormente era cierto, que Key había orinado sobre sus cosas. Veo jugos de manzana aún sellados y una botella de agua a la mitad.
¡Bingo!
Tomo la botella de agua y me dirijo a la habitación en donde compruebo que Key está terminando de rociar las sábanas y las almohadas. Ahora sostiene el jarrón de vidrio con el elixir, trata de alejarlo de su cuerpo a medida que me ve.
—Tienes una mirada desquiciada —comenta él—. ¿Vas llenar ese bote de agua con esto?
Él señala el jarrón.
Niego con la cabeza.
—Lo llenaré con agua de retrete. Sería muy obvio si lo hago con eso, es amarillo. Por cierto, ¿qué cosas tomas? ¿Es normal que sea de ese color tan fuerte?
La cara de Key no tiene precio, se pone rojo y trata de evitar su vergüenza escondiendo el jarrón.
—Ya repasé su cepillo de dientes con esto —dice en su lugar—. Compró uno nuevo porque encontré el empaque en la basura.
—Bien. ¿Y su Shampoo?
—Eso todavía no.
Lo acompaño al baño para sustituir la botella de agua purificada por una del retrete. Vacío el agua del bote en el lavabo y me dedico, con mucho cuidado, a llenarla con agua del sanitario.
—Eres malvada —murmura Key mientras me ve hacer mi trabajo y él comienza a derramar el elixir en el shampoo.
—Esto es nada en comparación a lo que le haremos a tu ex, Mia.
—¿De verdad? ¿Tienes algo en mente, Patchie?
—Más o menos. Pero te lo compartiré después.
—No me lo puedo imaginar. Recuérdame no meterme contigo nunca.
—Estás avisado. Si me haces algo, ten cuidado con el agua que tomas o el cepillo de dientes con el que te lavas la boca.
—Prometido.
Sonrío con astucia y me muevo por la cocina nuevamente, regresando la botella de agua a su lugar. Después de eso voy en busca de Key aun en la habitación.
—Vamos, pon un poco en su enjuague bucal —lo animo—. Mientras tanto, iré a revisar sus cajones para ver si encuentro algo importante.
Key asiente con la cabeza, haciendo un saludo militar.
Me muevo en silencio al otro lado de la pequeña habitación y enciendo una lámpara que está dispuesta junto a la cómoda donde Gabriel guarda su ropa. Comienzo a revisar cajón tras cajón, metiendo la mano entre sus camisetas sin mangas y su ropa interior que huele a suavizante de tela.
—Oye —le susurro a Key. Él no me escucha y lo llamo de nuevo—. ¡Keyton!
Finalmente sale del baño, cargando la botella de enjuague bucal.
—Deja de llamarme así. Exijo respeto o este trato se acaba —dice él, sonando como mujer en sus cuarenta.
—Bien, bien. Pero oye, ¿sabes de algo que pueda poner en la ropa interior de un chico para darle comezón después?
Él se encoge de hombros.
—No tengo idea —murmura—. Prueba con… am, no sé, ¿pimienta?
—¿Pimienta? ¿Es una broma?
Él se vuelve a encoger de hombros.
—Realmente no lo sé. A parte de la venganza de los doce gatos hambrientos nunca había hecho algo como esto.
—Bien, probaré la pimienta —le digo. Justo cuando pienso movilizarme a la cocina, un par de relucientes y bien afiladas tijeras de pronto llaman mi nombre.
—¿Sabes qué? —comento con entusiasmo—. Olvida la pimienta.
Saco las tijeras y comienzo a cortar sus calzoncillos, haciendo una line en vertical desde la entrepierna hasta el trasero. Tomo también sus camisetas formales y corto en donde creo que se encontrarían ubicados sus pezones; repito lo mismo con todas sus camisas.
—De nuevo… —dice Key, observándome con terror—. Recuérdame no meterme contigo nunca.
Le guiño un ojo.
—¡Ups! Olvidaba las fotos —grito. Casi de inmediato saco mi teléfono del bolsillo trasero de mis pantalones y comienzo a grabar y tomar fotografías mientras Key llena su enjuague y pasa nuevamente su cepillo de dientes por el retrete, tallando las superficies con él. Entonces él detiene repentinamente lo que está haciendo, observando con curiosidad mi teléfono.
—¿Eso es tuyo? —pregunta.
Asiento con la cabeza. Él me había visto textear antes con el aparato.
—Me costó demasiado poder ahorrar por él, pero soy la orgullosa dueña —contesto, emocionada.
—Jum, qué extraño. Ahora que recuerdo me habías dicho que dejaste tu teléfono en tu casa.
Me congelo.
—Yo nunca dije que lo había dejado en mi casa.
—¿Qué dijiste entonces? Porque recuerdo que mencionaste que ni siquiera lo habías traído a este viaje.
—Sí lo traje conmigo. Lo que pasa es que había quedado en mi maleta.
—¿Así como dejaste a Phillip, tu navaja, pero demostraste que la tenías guardada en tu sostén?
—Más o menos.
—Osa, osa… mentirosa.
—Eso es tan infantil Key. Felicidades.
—Osa, osa… mentirosa. ¿Por qué lo escondiste? ¿Segura que no lo tenías cuando el autobús nos dejó? ¿No fue todo eso un plan para seducirme?
Me cruzo de brazos, dándole una mirada de muerte.
—Dicho autobús que cierta persona ordenó a dejarnos atrás. Pero no, no soy como tú; de verdad no lo tenía, lo encontré en mi equipaje. No tengo ningún plan de seducción. La pobre persona que se enamore de mí tendría que aguantar todas mis locuras; no soy esa clase de chica que es para cualquier tipo común y corriente, soy de las que necesitan a alguien que iguale su fortaleza y su locura, alguien que quiera vivir sabiendo que será amado incondicionalmente.
—Bien, voy a decidir creerte, Rita Fiorella Day. Oye, ¿crees que yo sea esa persona? ¿La que iguale tus locuras?
—Tendrías que trabajar duro, vaquero. No te lo recomiendo.
—Ya decidiré si hago o no el esfuerzo. No decidas con anticipación por mí.
—Bien, me alegra Keyton. Solo no digas que no te lo advertí.
—Bien…
—BIEN.
—Bieeeeeen…
Ruedo los ojos, deteniendo el juego tonto que parecía estábamos jugando.
Continuamos trabajando en silencio, llenando de “elixir” toda la habitación. Incluso me tomo la molestia de robar unos cuantos billetes que descuidadamente se encuentran a mi alcance. Gabriel deja el dinero en cualquier parte, y ese es mi beneficio.
Encuentro también una foto de él junto con mi ex mejor amiga, Bianca. Ambos sonríen y posan para la cámara, ella está luciendo su embarazo de unos buenos seis meses y su cabello castaño es ahora más largo de lo que era antes.
Perra.
Regreso la foto a su lugar y trato de concentrarme mientras continúo con la venganza.
Ambos, Key y yo, nos congelamos cuando de pronto escuchamos unas llaves moverse al otro lado de la puerta principal de la cabaña. Le siguen unas risas y voces como de dos personas distintas.
—Keeeey, debe ser él —le susurro.
—Hay que escondernos.
—¿A dónde?
Key comienza a buscar posibles lugares con la vista hasta que señala el espacio debajo de la cama. Nos quedamos sin mucho tiempo ya que el sonido de risas empieza a escucharse con facilidad.
—Allí, vamos a escondernos rápido —dice él.
Primero entro yo, sumiendo el estómago y deseando con todas las fuerzas ser más delgada para poder caber mejor, y luego entra Key que se desliza con facilidad.
—¿Qué hiciste con el elixir? —le pregunto cuando veo que no lo tiene con él.
—¡Lo dejé olvidado! Espera aquí que yo voy por él.
—¡No! Parece que ya abrió la puerta. Escóndete, que sea lo que tenga que ser.
—Tengo tiempo para recogerlo —dice, entonces sale con facilidad y corre hasta donde dejó el jarrón con el líquido amarillo. Regresa otra vez bajo la cama y, con cuidado, mete también el jarrón.
—Eso ya comienza a oler —murmuro, tapándome la nariz.
—No exageres, queda poco.
Nos quedamos en silencio y esperamos hasta que escuchamos los pasos de Gabriel por la habitación, pero tal y como deduje al principio, él no venía solo. Estaba acompañado por una chica que usaba zapatillas bajas que lucían caras y que tenía una risa demasiado aguda y escandalosa.
—¿De verdad eres soltero? —escucho que pregunta la chica. Luego suelta una escandalosa risa que hacen arder mis oídos.
—Soltero y disponible —murmura él.
¡Es un gran mentiroso! Bestia.
A tipos como este deberían cortarle las pelotas. Cortadas y rebanadas, luego deberían alimentar a los cerdos con ellas.
—Siempre me pareciste adorable —comenta la chica.
—¿De verdad? A mí me pareciste fascinante desde el principio —responde él.
Escucho de nuevo la escandalosa risa de la chica, seguida por la de Gabriel, luego siento cómo el peso de la cama cae en mi espalda cuando alguien se sienta en ella.
—Eres muy guapo, ¿te lo habían dicho? —dice ella—. Tus ojos son increíbles. ¿Por qué son así de exóticos?
La cama sufre otro movimiento cuando Gabriel toma asiento a la par.
—Mi mamá siempre me dijo que yo fui moldeado por los mismos dioses griegos —habla el susodicho. Veo cómo Key, a mi lado, comienza a rodar los ojos—. No sabían qué color de ojos combinaban mejor para mí y decidieron regalarme uno de cada color.
Ahora soy yo la que se encuentra rodándolos, renegando de por qué había sido tan ingenua y había caído con esa misma historia cuando él me la contó hace tanto tiempo atrás.
Mas risitas provienen de la chica, y pronto otro movimiento de la cama nos avisa que ambos se están moviendo. Puedo ver los pies de los dos acercándose hasta estar pegados. Pronto comienzan los sonidos de besos húmedos.
—Rita —murmura Key en voz muy baja—. No quiero escuchar a tu ex teniendo sexo con la guía de senderismo.
—¿Ella es la guía?
Key asiente con la cabeza.
Al parecer no fuimos tan silenciosos porque pronto el sonido húmedo de besos se detiene.
—¿Escuchaste eso? —pregunta la de risa escandalosa.
—¿Qué cosa?
—Creo que escuché voces.
La cama libera presión, dejándome respirar tranquilamente. Probablemente la chica se haya puesto en pie.
—Gabriel —murmura ella—. Nadie se puede enterar de esto; nos pueden despedir a ambos.
—Te prometo que nadie se va a enterar.
—De acuerdo.
El lado donde se sentaba Gabriel también se libera del peso.
—Soy un tonto —escuchamos que dice él—. Ni siquiera te ofrecí algo de beber. ¿Quieres agua, jugo, café?
—Agua, por favor.
—Ya la consigo.
Él deja la puerta abierta, y desde mi ángulo soy capaz de ver sus pies mientras se mueven por la pequeña cocina, sacando la botella de agua de retrete que yo acababa de llenar y devolver a su refrigerador. Toma dos vasos y reparte el agua entre ambos.
—Gracias —agradece la chica cuando Gabriel le entrega el líquido.
Escucho cómo beben y saborean. Por dentro estoy muriendo de la felicidad.
—Esto sabe muy bien —murmura ella, suspirando—. Eres un chico con buenos gustos hasta para el agua.
—No lo puedo evitar, es quien soy —dice él.
Ruedo los ojos. A mi lado, Key no puede disimular su risa.
—¿Quieres que continuemos en donde estábamos? —le pregunta él a ella.
Al parecer ella asiente porque la cama vuelve a hundirse, apretando aún más mi estómago contra el suelo. Los sonidos de besos no se hacen esperar.
—Mmm… tus almohadas huelen raro —comenta la chica después de unos instantes.
—¿Qué mier…? —Al parecer él las huele y decide lanzarlas al suelo—. Listo, ya no molestan.
Los sonidos de besos se reanudan, esta vez por más tiempo.
—Tenemos que salir —murmura Key—. Hay que aprovechar que están distraídos para escapar y huir de la cabaña.
—Apenas vienen comenzando, ¿qué tan concentrados están?
—Créeme, demasiado absortos.
—Bien. Pero ve tú primero. Quiero finalizar mi venganza con un buen final.
—Rita, no hay tiempo… ¿qué vas a hacer?
—Ve tu primero —lo convenzo—, y deja lo que queda de elixir.
Key suspira pero pronto comienza a deslizarse lentamente hasta que sale por completo por debajo de la cama.
Veo a sus pies correr tan rápido y sin hacer el menor de los ruidos.
Oigo más sonidos de besos y pronto observo cómo la ropa de la chica comienza a caer a mi lado, muy cerca de donde tengo la mano.
—Infiel una vez, infiel toda la vida —murmuro para mí misma.
Hago el intento por salir debajo de la cama, pero me asusto cuando veo volando la camisa de Gabriel por el aire.
Espero un minuto, y entonces noto que le siguen los pantalones.
Con mucho cuidado los tomo, metiéndolos bajo la cama; luego busco la entrepierna y los rocío con un poco de elixir. Es tan asqueroso que deseo tanto tomar una foto de esta obra maestra. Devuelvo los pantalones a su sitio original y pronto estoy deslizándome por el suelo sin hacer ruido. Llevando conmigo el jarrón con el oloroso elixir de Key.
Estoy en cuclillas, arriesgándome a ser descubierta por la pareja, pero no puedo evitar llevar una mano a mi teléfono y buscar rápidamente la cámara.
Entonces le tomo una foto a Gabriel mientras besa con pasión la boca de la chica, y sonrío para mis adentros. Solo hay un pequeño error en mi plan perfecto: mi teléfono no está en vibrador, y suena muy fuerte al capturar la imagen.
Ambos chicos se despegan de la boca del otro cuando lo oyen, Gabriel es el primero que me nota.
Mierda. No es bueno.
Su rostro de sorpresa no tiene precio, pero pronto sus ojos caen al teléfono en mi mano y la sorpresa se transforma en ira.
—¡Eres una hija de p…! —comienza a gritar él, pero yo decido en ese momento tomar otra fotografía, una en donde se enseña la cara de la chica desnuda en la cama de Gabriel.
—Di, “Bianca” —murmuro, tomando otra imagen de la sorprendida pareja.
Gabriel comienza a ponerse en pie así que guardo mi teléfono y hago lo que deseé hacer desde que vi la fotografía de él y mi ex mejor amiga juntos: le lanzo lo último que queda en el jarrón, y va a dar directo a su boca abierta.
Lo siguiente que pasa es que estoy corriendo, corriendo por mi vida.



Key

Estoy de pie fuera de la cabaña del ex novio de Rita. Observando el reloj en mi mano izquierda, suspirando cuando veo que han pasado más de cinco minutos y Rita no sale del lugar.
No debería preocuparme por ella, pero tampoco quiero que se quede durante todo el acto de la infiel pareja. Incluso llego a considerar seriamente llamar a la puerta y distraer a Gabriel por mí mismo, pero mi plan se esfuma cuando observo a una Rita muy emocionada salir de la puerta principal, corriendo como alma en pena.
—Rita, ¿qué…?
Ella casi no me nota en su prisa por salir huyendo, pero se detiene al escucharme.
—¡Corre, Key! —grita, dejándome atrás.
Por alguna razón hago lo que me dice y me encuentro corriendo detrás de ella. La alcanzo rápidamente y ahora estoy corriendo a la par.
Atrás escucho la voz de Gabriel. Cuando me giro para ver cuánta distancia le llevamos, noto que lleva un pantalón mal arreglado, con una gran y enorme mancha en la entrepierna.
—Rita, ¿qué hiciste? —grito, jadeando.
Ella no contesta, pero en cambio corre con mayor velocidad que la de antes.
Cuando estamos a punto de llegar al final del camino empedrado, la tomo del brazo y la llevo hacia un lado, introduciéndonos por una parte del bosque que sé que el chico heterocromático no conoce.
Pronto perdemos a Gabriel y nos detenemos después de haber cruzado por todo el campamento, chocando con gente que se dirigía a la fogata.
—Me puedes… —respiro hondo—explicar… ¿qué… sucede?
Me doblo sobre mi estómago, apoyando mis palmas sobre mis rodillas.
Rita está jadeando por aire, ambos cansados.
—Le tomé una foto cuando estaba en la cama con la chica —dice ella finalmente, tragando saliva—. Aún conservo el número de teléfono de mi ex mejor amiga.
—¿Se la vas a enviar?
—Claro —dice ella, encogiéndose de hombros. Ambos recuperamos el aliento y soltamos un último suspiro profundo.
Un mechón oscuro de su pelo se pega en su mejilla. Ella ríe mientras saca su teléfono del bolsillo y comienza a mostrarme las imágenes capturadas.
—Rita, eres extremadamente malvada. Pero el tipo se lo merece —le digo.
—A esto llamo yo karma —murmura ella, limpiándose el sudor de su frente.
—¿Por qué estabas corriendo? —le pregunto—. ¿Te amenazó ese tipo?
—Es probable que quiera las fotos de eliminadas. Pero jamás le daré el gusto.
Caminamos de manera lenta esta vez, moviéndonos con cuidado y dirigiéndonos hacia donde el resto de mi familia se encuentra. Gabriel evitaría hacer una escena que involucre a los dueños de su trasero. Sin mi familia no habría paga para él.
—Oye, ¿me puedes explicar que era esa enorme mancha en el pantalón que usaba tu ex? —comento con curiosidad.
—Creo que ya sabes qué es.
—Tengo mis sospechas pero no puedo creer que lo hicieras.
—Sí, lo hice. Puse un poco de tu elixir amarillo mágico.
Me rio con fuerza, como no me había reído antes.
—Eso es asqueroso a un nuevo nivel —digo entre risas.
Muy pronto el calor del fuego en la fogata nos golpea con fuerza en el rostro a medida que nos acercamos. La familia ya está reunida, contando historias y asando malvaviscos. Nos quedamos callados después de eso, deteniéndonos a una corta distancia antes de reunirnos con todos.
Miro a Rita con detenimiento, apreciando el ambiente y sonriendo cuando mira a mis primas pequeñas correr detrás de Adam.
—No sabía que las familias podían lucir así —dice ella.
—¿Así, cómo?
—Simplemente así de perfectas. Todos riendo y abrazándose entre sí, sentados alrededor de la fogata. Parece algo sacado de una película.
Nos quedamos en silencio por unos minutos, hasta que Rita habla de nuevo.
—¿Cómo fue crecer con una familia equilibrada y completa?
—¿Equilibrada? —pregunto—. No somos equilibrados para nada. Ya conociste a la tía Morgan, la diosa del sexo con protección.
—Para mí ustedes lucen muy normales… a excepción de tu tía, claro. Ah, y a excepción de tu abuelo el nudista.
Ella señala más allá de la fogata, en donde el abuelo Johny comienza a quitarse la ropa como si estuviera en llamas y a correr en círculos.
—Créeme, Rita, no lo somos. Somos un desastre y esta es la prueba de ello.
Desde donde estamos vemos a mamá perseguir al abuelo para vestirlo de nuevo, ella corre detrás de él, gritándole algo acerca de su recién operada espalda.
—Tienes que conocer a mi familia entonces —dice Rita con cierto aire de amargura—, no son nada normales. Les dije que iba a un campamento y solo me pidieron que les trajera recuerdos y comida. ¡Ni siquiera preguntaron con quién iba o si iba a regresar pronto! A veces siento que no me escuchan tanto como desearía.
Entonces ella alza la vista, dándome toda la atención con sus ojos marrones.
—Oh, perdona —comento— ¿Dijiste algo? Estaba distraído viendo al abuelo.
Rita frunce el ceño y me mira como si quisiera matarme.
—¡Estoy bromeando! —le digo para tranquilizarla—. Era una simple broma. Yo siempre te escucharé, Patchie. Y claro que acepto.
—¿Aceptar el qué?
—Me dijiste que tenía que conocer a tu familia, dime cuándo y yo voy.
Ella se cruza de brazos y rueda los ojos.
—No era una invitación, vaquero. Después de este campamento, y ya sabiendo que tus hermanas conocen que lo nuestro era falso, se acabarán nuestras visitas.
No sé por qué, pero me duele escuchar sus palabras. Hay cierta belleza en molestar a Rita, y extrañaré mucho no hacerlo.
—¿No piensas continuar con tu labor de enamorarme? —pregunto.
—Nop. Enamórate de quien quieras. Enamórate de aquella que logre robarte el sueño por las noches y todos tus pensamientos por el día; o de la que haga que tu vida tenga un poquito más de sentido que, por un minuto, creas que estás soñando por la forma en la que todo encaja. Pero hay algo que sí haré: mantendré mi palabra en cuanto a la venganza contra Mia.
—Mmm, ya veo. Espero enamorarme de esa persona entonces.
—Y yo espero que ella se enamore de ti.
Volvemos a caer en un cómodo silencio, observando a mis hermanas compartir un malvavisco asado entre ellas.
—Hablando de venganzas —murmuro—, ¿vas a enviarle a tu ex mejor amiga la foto de Gabriel con la otra chica?
Ella levanta su teléfono y me muestra la pantalla principal, comprobando que ya la envió.
—Eres rápida —comento.
—Ella ya me respondió.
Ahora me muestra la respuesta que recibió: perra .l.
—¿Qué significa .l.?
—Significa ten un buen día, en mensaje cifrado.
—Lindo.
Rita se encoge de hombros.
—No es algo que no haya escuchado o visto antes.
—Venganza uno, cumplida —murmuro—. Ahora sí, ¿al final de la noche obtendré un beso por haber ayudado?
Ella sonríe, enseñando sus dientes.
—Mejor sigue esperando por ello.
Con esa frase tan enigmática se aleja de mi lado y se hace espacio entre mis hermanas para comer malvaviscos asados junto con ellas.
Para cuando me uno a la fogata, papá se encuentra contando su famosa historia de terror sobre una niña en un ático. Me ubico junto a Rita, pensando que hace un par de años atrás Mia y yo hacíamos lo mismo antes, cuando pensaba que nos queríamos tanto como para superar dificultades.
Sacudo la cabeza y pronto lo olvido.
—¿Quieres uno? —escucho preguntar a Rita.
Su mano está extendida y sostiene un malvavisco realmente quemado y derretido.
—¿Quemaste al pobre malvavisco?
—Solo es por fuera… está delicioso por dentro. Prueba.
Niego con la cabeza.
—¡Vamos! Será una mordida —susurra ella.
Vuelvo a negar.
—Eres un aburrido.
—Y tú una mentirosa. No fui el único escondiendo secretos este día, Patchie.
—¿De qué hablas?
—De tu teléfono, sí lo tenías contigo hoy. Tuviste valor de escribirte con Adam después de todo.
—Creí que ese tema ya lo habíamos cerrado por hoy. No recuerdo haber dicho que no lo cargaba conmigo. Además, si de mentirosos hablamos, tú te llevas el premio, ¿no crees?
—Mentalmente estoy rodando mis ojos —respondo.
—Físicamente estoy sacando mi tercer dedo —ella lo extiende frente a mi cara para mostrarlo.
—Metafísicamente hablando, me transformo en un pájaro y defeco sobre tu cabeza.
—Mágicamente hablando, te transformo en una sanguijuela a ti y a las dos zorras de prostíbulo que rodean a tu amigo, y los encierro en un círculo hecho de sal para que no salgan.
—Wow, eso fue extremo —digo tomando el malvavisco quemado que sigue ofreciéndome.
Mastico con mucha lentitud, saboreando la parte quemada. Sabe horrible, pero me encuentro sin valor para decírselo en su cara.
—¿Sabe bien? —pregunta ella, sus ojos marrones se sobresaltan con la emoción.
—Es muy bueno —miento con la boca llena. Cuando mastico, el malvavisco cruje. ¿Es normal que haga eso?
Rita sonríe con ganas.
—Me alegra —comenta ella—. Lo encontré en el suelo y me preocupaba que se desperdiciara porque nadie lo fuera a comer.
Suelto lo que queda del malvavisco quemado y comienzo a escupir con fervor.
—¿Por qué me diste eso? ¿Qué pasa contigo?
—Eso es por cuestionar mis palabras. Nadie se mete conmigo o duda de lo que digo, Key. Nadie.
—Estás mal de la cabeza.
—Lo sé. Solo quería recordártelo.
—Hiciste tu punto. No pienso meterme contigo, Rita Day. Nunca.
Escupo de nuevo mientras ella me da una mirada de suficiencia cuando toma otro malvavisco de su bolsa.
—Mejor que así sea, Keyton. Mejor que lo sea.
Y así será.



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9 comentarios:

  1. Chica, no esperaba menos de ti, eres muy buena en lo que haces... me encantan este par de locos. espero ver mas... pronto... puntos suspensivos jajaja

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  2. Al fin cuanta espera, hermoso me encantooo y como e reído, estoy en el trabajo y la gente me ve "raro" jajaja!!! pero no podía esperar, todos los días (a cada rato) reviso tu pagina no importa la hora, por si encuentro una nueva actualización.. te adoro gracias por tus historias que llenan de alegría este corazón

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  3. amo a rita y a key no esperaba menos de ellos gracias Lia

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  4. Lia valió la pena la espera, cuando pienso que no puedes mejorar, vas y lo haces te quiero alegras mis días :D

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  5. AAAAhhh me encantan Rita y Key, gracias, pensé q ya no iba a poder leerte nuevamente...adoro esta historia. Ansiosa esperaré más de ellos. Saludos desde Argentina.

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  6. mujer como amo esta historia ....q manera de reir!!!

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  7. gracias, gracias, por continuar con esta historia moría por saber que pasaba, me alegra que hallas vuelto.

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  8. hola, estoy un poco confundida en mi celular me sale de la 1-12 pero no hay capiulo 13, despues sale el 14 y 15 y se salta al 18 no entiendo :(

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Gracias por sus valiosos comentarios :)

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