Epílogo - POAW

—Anna, despierta. Hoy es el día —susurró Adam en mi oído.
De mi parte gruñí y me di vuelta sobre la cama, quedando boca abajo, dándole la espalda.
—Quiero dormir —me quejé—. Ve tu solo, yo me quedo.
—Mmm… no creo que funcione. Arriba, arriba dormilona.
Después de eso plantó un beso en mi hombro izquierdo, metiendo su mano bajo el cobertor y deslizándola luego debajo de la vieja camiseta que había tomado de su cajón. Como no llevaba nada más que la camiseta le fue fácil llegar a donde quería.
Sus dedos acariciaron la piel de mi espalda y subieron muy lentamente hasta descansar en el costado de mi pecho, haciendo movimientos tentadores.
—No lo hagas —murmuré de mala gana. Pero de igual forma él lo hizo, su mano se coló por mi pecho y comenzó a darle suaves caricias que pronto me robaron el aliento y me hicieron despertar poco a poco mientras lo sujetaba con fuerza.
—Adam… no —me quejé mientras me daba la vuelta y comenzaba a elevarse sobre mí.
—No, ¿qué? —preguntó él con fingida inocencia.
Muy fácilmente levantó mi camisa hasta mi cuello y su boca tomó el lugar de su mano.
Este hombre era mi perdición. Este hombre y su boca.
Sentía que no tenía el control de mi cerebro así que comencé a murmurar cosas poco claras cada vez que sus dientes mordían o su lengua experta hacía maniobras para enloquecerme. Llevé mis manos sobre su cabello y comencé a tirar de él haciendo notables esfuerzos. Jadeé cuando llevó su mano por mi estómago y comenzó a descender cerca de mi ombligo.
—Adam… las niñas… —jadeé realmente fuerte.
—Shhh —respondió él, divertido con mi expresión—. Vas a despertar a toda la casa con esos soniditos tan sensuales que salen de tu boca.
—Se van a despertar de todas formas —me quejé cuando bajó su cabeza de nuevo para tomar prisionero a uno de mis pechos. Sus manos, que minutos antes exploraban mis zonas bajas, ahora tomaban con arrebato mis caderas y las movieron a su ritmo.
Él llevaba puesto su pantalón de pijama, pero moría porque se deshiciera de él.
Mi respiración se estaba volviendo errática a medida que su boca continuaba con el trabajo; mi espalda se elevaba cada vez que tocaba los lugares correctos.
Entonces, como un balde de agua fría, alguien llamó a la puerta de manera insistente.
—¡Mami, papi! —gritó una vocecita al otro lado—. Quiero entrar.
Adam detuvo sus movimientos, liberando mi pecho de su boca muy lentamente y deslizando su mano de nuevo a lugares más seguros.
—Recuérdame comprar un seguro doble para la puerta —habló él luego de unos momentos.
—¡Papi, está cerrado! —repitió la misma voz.
—¿Por qué, en la vida, se tienen que levantar tan temprano? —siguió diciendo Adam.
Me reí en voz alta, retirando ciertos mechones de pelo de su frente.
—Debe ser Bella. Adora despertar antes que todos —murmuré.
Él suspiró y pronto se puso de pie.
—¡Ya voy, nenita! —gritó. Me dio un último beso en la boca, metiendo su lengua hasta el fondo y tomando mi rostro con una mano, dejándome mareada —. Yo me encargo.
Me liberó y se movió para abrirle la puerta a una Bella que esperaba impaciente. Sabía que era ella porque de pequeña se golpeó su nariz, ahora la nariz de Bella tenía una diminuta cicatriz que la hacía diferente a la de su hermana.
Como pude, me acomodé nuevamente la ropa y le sonreí a nuestra pequeña de cinco años cuando entró corriendo como un remolino a través de la habitación, usando su pijama rosa de conejitos.
—¡Mami, mami, mami! —chilló. Se abalanzó sobre la cama y comenzó a saltar en ella—. ¡Hoy es el día! ¡Hoy es el día!
—Nenita —comentó Adam, cargándola entre sus brazos, levantándola del suelo—. No saltes en la cama de papi y mami. Es una reliquia.
—¿Qué significa reliquia?
—Significa viejo, pero valioso.
—¿Tu cama de Gokú es vieja pero valiosa?
Adam asintió con la cabeza, compartiendo sabiduría milenaria con la pequeña Bella.
—Ve despidiéndote de la cama, ya vio sus mejores momentos —lo amenacé. Este era el colmo, quise deshacerme de la cama hace más de un año atrás, pero ciertas personitas se oponían. Era suficiente.
—Me diste plazo hasta la otra semana para conseguir una cama “normal”.
—Sí, pero me gusta recordártelo para que no haya problemas con el envío.
Adam suspiró audiblemente.
—Mami ya no quiere dormir en la cama de Gokú —afirmó Bella, sonriendo al vernos.
—No, nenita. Mami quiere algo aburrido.
—¿Por qué no pides una de mariposa? Belle y yo amamos las que nos compraste.
Adam dio un pequeño beso en su frente.
—Yo sé que sí. ¿Y tu hermana? ¿Sigue dormida?
La niña asintió enérgicamente.
—Belle sigue dormida —respondió ella saltando esta vez desde los brazos de su papá—. Creo que volvió a orinarse sobre la cama.
—¿Qué les dije sobre beber agua antes de dormir? —la regañé—. Ayer fuiste tú, cariño. Ya están grandes, si quieren hacer pipí tienen que correr al baño, como les enseñé.
La niña me miró con sus enormes ojos verdes, haciendo un puchero.
—Ya lo sabemos mami. Pero no lo podemos detener.
—Bien, iré a ver a tu hermana.
Intenté ponerme de pie, pero Adam me detuvo con una mano.
—Iré yo —dijo—, quiero hablar con estos dos pájaros madrugadores.
—Oye, papi. ¿No te parece graciosa la palabra pipí?
—Mmm… me da más risa la palabra popó. Por cierto, cuando eras realmente pequeña te encantaba hacer popó en mí.
La niña se echó a reír con fuerza.
—¡Mentiras!
—¡Es cierto!
La pequeña negó con la cabeza, todavía riendo.
—No es verdad, papi. ¿Sabes de dónde viene la popó?
Las gemelas estaban en la etapa de las preguntas, querían saberlo todo.
Un día vinieron a casa después de sus clases de ballet, y me preguntaron si sabía de dónde venían los bebés. Para mi suerte, Nicole salió al rescate:
—Es obvio que los bebés vienen cuando un papi y una mami se besan por más de treinta minutos. Pero eso sí, solo resulta si son mayores —había dicho ella, guiñándome un ojo cuando recordaba las mentiras que le había dicho Adam sobre los bebés hace años atrás.
—¿Qué edad hay que tener? —había preguntado Belle—. ¿Quince, igual que tú?
—Nop, hay que tener por lo menos veintisiete —contestó Nicole.
Las niñas habían hecho un exagerado O con la boca totalmente abierta.
—¿Qué edad tienes tú, mami? ¿Tienes veintisiete?
—No, bebés. Pero basta de preguntas. Son muy curiosas.
—Oye, mami, ¿qué es el sexo? Escuché a la abuela decirle al tío Thomas que desde ahora le enseñaría todo sobre el sexo oposuesto.
Suspiré al pensar en mamá. Esta era la última vez que dejaba a las niñas a su cuidado.
—Sexo opuesto —la corregí—, y no es nada. Tu abuela está un poco mal de la cabeza.
—También dijo que le iba a cortar las pelotas al abuelo —repitió Belle—. ¿Cuáles son las pelotas del abuelo? Yo no le he visto ninguna en la casa, ¿se parecen a las que tú y papá nos compraron?
A eso le siguió toda una plática sobre pelotas que no eran pelotas, sino que eran… pelotas. Eso.
Regresando a la actualidad, Adam me miraba con diversión mientras cargaba a Bella y la sacaba de la habitación para ir en busca de su hermana mientras tenían una acalorada conversación sobre la popó y de dónde provenía.
Solté el aliento cuando me dejaron sola y me relajé en la cama, pensando que hoy era el día. ¡Hoy era el día!
Sonreí con todas las fuerzas.


*****

—Mami, ¿cómo conociste a papi? —preguntó la pequeña Belle. Usualmente siempre nos preguntaban este tipo de cosas.
Nos encontrábamos en el vehículo de Adam, de camino a recoger a Nicole del centro comercial porque había salido con sus amigas; las gemelas se encontraban muy bien aseguradas en el asiento de atrás mientras comían helado que les habíamos comprado en el camino.
Observé a Adam con diversión antes de responder a esa pregunta.
—Él me golpeó en la cabeza con un balón. Golpeó tan fuerte que me desmayé por unos instantes.
—¿Papi, golpeaste a mami? —gritó Belle.
Las mejillas de Adam se pusieron de color rojo.
—No fue así —comentó—. Mami era demasiado guapa y distrajo tanto a papi que no se fijó cuando la golpeó por accidente en la cabeza.
—La tía Marie nos dijo que mami le robó el novio. Dijo que ella hubiera sido nuestra mamá si papi y ella continuaban juntos, ¿es verdad eso?
Torcí el gesto, al igual que lo hizo Adam.
—¿Dónde viste a la tía Marie? —pregunté. No sabía de ella desde hace ya varios años, lo último que escuché fue que contrajo una enfermedad y/o que estaba embarazada y que simplemente le dio el bebé a su madre para que lo criara mientras ella desaparecía del mapa.
—Llego a casa de la abuela, pero la abuela la sacó rápido de su sala. No sabía que tenía una tía de pelo naranja —confesó la pequeña mientras daba una lamida a su helado.
—Y no la tienen —contestó Adam, furioso—. No quiero que vuelvan a tener contacto con esa mujer, ¿está entendido? Si la vuelven a ver quiero que griten “ladrona” con todas sus fuerzas.
Ambas niñas asintieron al mismo tiempo.
—¿Pero es verdad? ¿Ella hubiera sido nuestra mamá? —insistió la pequeña.
Adam sujetó con fuerza el volante del auto mientras las observaba por el retrovisor.
—No es cierto. Ustedes no tuvieran esos hermosos ojos o esas hermosas caritas si no fuera por la combinación de mami y papi. No quiero que le crean nada a esa mujer.
—Bien. Estoy confundida. Pero la ignoraré, así como ignoro a Rebecca, la que roba mis crayones y luego quiere vendérmelos —confesó la pequeña—. Pero prometo gritarle ladrona si la volvemos a ver.
—Perfecto —murmuró Adam—. Y de Rebecca ya me encargaré yo. En mi tiempo de juventud solía hacer muy buenas venganzas; tal vez esos tiempos vuelvan.
—Nada de usar la violencia —le dije, deteniendo sus planes—. Nada de venganzas.
Adam resopló, riendo a grandes carcajadas.
—Habla la que se vengó muy cruelmente de Ros… —se detuvo cuando notó mi expresión de completa molestia.
—¿De quién? —pregunté, retándolo a que dijera el nombre. Era increíble como una persona podía arruinar un nombre tan simple y hacer de él lo más odiado e impronunciable.
—De nadie, nena. Ignora lo que dije. Ignórame como Belle ignora a Rebecca, la roba crayones.
Lo ignoré por el resto del camino, tal y como me dijo que hiciera.
—La tía Rita nos dijo que ustedes peleaban bastante —comentó Bella luego de unos minutos—. ¿Están peleados ahora? No quiero que peleen.
Suspiré al escuchar sus confesiones.
—No —respondí—, no estamos peleados. A papi le divierte mucho provocar a mamá, pero no estamos peleados.
—¿Es cierto que peleaban mucho?
—Para nada, nenita —comentó Adam—. Amo a tu madre con locura, y ella lo sabe.
Sonreí ante sus palabras, recordando que no siempre fue fácil, pero que tampoco fue imposible de superar… A excepción de aquellas veces, aquellas cuando Adam era Adam y yo era inevitablemente yo.
El primer año de casados fue el más difícil, la luna de miel no fue agradable, pero la superé y la dejé atrás cuando él me regaló otra en su lugar. Aunque la arruinó cuando entendí su propósito original, todavía le reprochaba por eso.


1er Año de casados

—¿Tu madre ya solucionó el problema con tu padre? —preguntó Adam.
Negué con la cabeza mientras intentaba ponerles la ropa a las gemelas. Era imposible ya que seguían corriendo y cayéndose por toda la habitación.
—Siguen enojados desde la última vez. Papá finalmente tuvo el valor para decirle a mamá que seguían casados. Ella está tramitando el divorcio… de nuevo.
—Tal vez sea lo mejor, tu hermano menor hubiera crecido en medio de tantas peleas.
Mordí mi labio y asentí en acuerdo.
—Por cierto, Adam —comenté, saliéndome del tema—. ¿Cuándo nos traerán nuestra nueva cama? Es suficiente de dormir con Gokú a la par, mirando cada cosa que hacemos.
Adam sonrió como lobo.
—Ya pronto. Y no entiendo qué tienes en contra de Gokú, el tipo merece un monumento.
—Eres muy extremo, ¿lo sabías?
—Tal vez él nos traiga al pequeño Noah este año…
—¡Ni se te ocurra! —lo detuve a mitad de oración—. No podemos ahora con dos terremotos, peor si le agregamos un tercero. Nop.
—Está bien, está bien. Solo quería ver tu reacción. Es todo.
Me crucé de brazos, fulminándolo con la mirada.
—Ni se te ocurra.
—Tranquila nena, yo solo decía —se quedó en silencio por unos minutos mientras me veía acomodar la ropa de las niñas en su respectivo armario—. Anna, ¿ya pensaste en algún lugar para pasar nuestra segunda luna de miel?
—¿A qué viene la pregunta? Todavía no lo sé. Solo espero que no intentes recrear el mismo del año pasado.
El solo recordarlo le traía amargura a todo mi cuerpo.
—Para nada. ¿Qué te parece si vamos a Austria?
—¿Qué hay en Austria?
—Está Viena.
—¿Y qué hay en Viena?
—Pues verás, estuve leyendo el otro día sobre una famosa estatua de la fertilidad. Dicen que trae buena suerte si la tocas; tal vez podamos…
—No —lo interrumpí—. Ya sé por qué camino vas, pero te digo que Noah puede esperar.
—Pero es Noah…
—Dije que no. Si fueras tú el que se pudiera embarazar, entonces lo aceptaría totalmente.
—De acuerdo, muy bien —respondió él, resignado—. Pero el otro año…
—Aggg.


2do año de casados

Vomité de nuevo sobre el retrete. Esta era la segunda vez que lo hacía por este día.
Adam fue paciente conmigo y me ayudó a levantarme del suelo y asear mi boca, pero eso nunca quitaría el hecho de que odiaba vomitar. Odiaba esa sensación de sentirme enferma.
—¿Quieres que te alcance tu cepillo de dientes? —me preguntó él.
Simplemente asentí con la cabeza.
—Por favor.
Me cepillé los dientes con mucha paciencia y, cuando me sentí mejor y las náuseas pasaron, golpeé el hombro de Adam.
—¡Esto es tu culpa! —grité.
—¿Mi culpa? ¿Te hizo mal la comida? Es la que preparó Rita cuando te vino a visitar ayer.
Lo volví a golpear en el mismo lugar.
—No es por la comida —lo golpeé de nuevo—. ¿Por qué me tenías que convencer de ir a Viena? Tú y tu estatua de la fertilidad. Sabía que no debía ir contigo.
Le di otro golpe en el hombro.
—¿Qué tiene que ver la estatua de la fertilidad en esto?
Me sostuve el estómago cuando sentí nuevamente las ganas de vomitarlo todo.
Respiré hondo para que las náuseas pasaran y me moví lentamente en dirección a la cama para descansar.
—Tiene mucho que ver —murmuré de mala gana—. Creo que… creo que estoy embarazada, tengo un retraso y no he dejado de vomitar.
Admitirlo, con las gemelas siendo tan pequeñas todavía, me daba dolor de cabeza.
—¿Estás embarazada? —Adam amplió mucho los ojos y sonrió como bobo—. ¡Sí! Anna, esas son buenas noticias. Eso quiere decir que Noah viene en camino.
—O quiere decir que estás a un paso de ser golpeado con mi almohada. ¡Te dije que todavía no era el tiempo!
—Oye, hacen falta dos para bailar un tango.
—Sí, claro. Pero no es un juego justo si alguien reemplazó mis pastillas anticonceptivas con vitaminas, no fue un tango si la otra persona no sabía siquiera que estaban bailando.
—No las reemplacé, te lo aseguro.
—Sí lo hiciste. ¡Mamá me lo confesó todo anoche cuando vino a dejar a Thomas!
—Te estoy diciendo que yo sería incapaz de hacerlo. No lo hice. Tu madre está mintiendo.
—¿No lo hiciste?
—No. Respeto la decisión que tomaste, Anna. Entiendo que todavía no quieras a otro bebé en nuestras vidas. No tomaría esa decisión sin tu consentimiento previo.
Asentí con la cabeza.
—¿Entonces cómo me embaracé?
—¿Quieres la respuesta detallada?
Lo exterminé con la mirada.
—Ni se te ocurra.
—Bien, bien. ¿Quieres que vayamos al médico para salir de dudas?
—Sí, sería estupendo.
No fue necesario ir al médico ya que cierta visita apareció esa misma tarde, sacándome de dudas acerca de mi retraso. No, no era ningún Noah, fue más bien una infección estomacal. Adiós Noah y hola infección estomacal.
—El próximo año, vamos a Francia. A visitar la tumba de Victor Noir, escuché que, si frotas su entrepierna varias veces, tienes mayores posibilidades de quedar embarazada.
—Ni loca.


3er año de casados

—¡Te lo repito de nuevo! —grité en su cara—. Deja de reemplazar mis pastillas anticonceptivas. Sé que has sido tú todo este tiempo, mamá.
—Pero calabaza, estás a buen tiempo para tener tu segundo… bueno, tu tercer bebé.
Enrojecí de la cólera. Thomas, mi hermano menor, que se encontraba jugando con las gemelas, se había acercado para reírse de mi expresión.
—Es mi decisión por ser tomada, gracias —le respondí de mala gana a mamá.
Sujeté a Thomas en mis brazos, besando su cabeza. Casi al instante las gemelas llegaron corriendo a mi lado, queriendo que dejara a Thomas para sostenerlas a ellas. Eran estas pequeñas cosas posesivas.
—Lo siento —admitió mamá—, prometo no volver a hacerlo. Pero, lo más curioso es… ¿por qué no has quedado embarazada si las he reemplazado tantas veces? ¿Adam está siendo cumplidor en la cama?
Me sonrojé enormemente.
—No pienso responder a eso.
—Pero, calabaza. Tu padre y yo éramos como conejos en todos nuestros primeros años de casados…
—Ahh, no quiero escucharlo. Gracias, pero no, gracias.
Mamá abrió su boca para seguir comentando su vida sexual con papá, pero fui salvada por el timbre de mi celular. Era una llamada de Rita.
—¿Puedes cuidar a las niñas por mí mientras hablo con Rita por unos minutos? —pregunté, levantándome de la mesa en la que nos encontrábamos, comiendo del pastel de fresas que había comprado recientemente.
Mamá asintió con la cabeza.
Busqué el lugar menos ruidoso dentro de la casa y tomé la llamada.
—Hola, Rita.
—Eres malvada —chilló mi amiga en el teléfono—. Eres mi inspiración, ¿lo sabías?
—Y la mía —gritó Shio al fondo.
—¿De qué hablas? —pregunté—. ¿Shio está contigo?
—¿Cómo que de qué hablo? ¡Pues de Rosie! Y sí, Shio y Mindy, mis nuevas compañeras de hogar, me acompañaron al concierto que tuvo el grupo donde toca Key.
—De acuerdo, pero sigo sin entender a lo que te refieres. ¿Qué pasa con esa mujer?
Rita pegó un chillido monumental.
—¡Lo que hiciste fue muy… demasiado bueno! —gritó sin contener la emoción.
—¿Qué hice?
—Obviamente fuiste tú la que copió su número de teléfono en todos los lugares públicos habidos y por haber. Te envío una foto para que mires, acabo de ver uno grabado en la pared de un baño.
Entonces, a los segundos, ya me encontraba recibiendo una notificación con una imagen adjunta.
—Mírala, está muy buena.
Me despegué del teléfono por unos instantes y observé lo que Rita me había enviado.
Era la imagen de una puerta maltratada en donde se leían obscenidades, pero entre todos destacaba un anuncio escrito con un llamativo color rojo:

¿Quieres pasar un buen momento? Sólo tienes que llamar al siguiente número. Se hace de todo: trabajos manuales, anal, posiciones del yoga invertido, misionero estándar, y cualquier petición extra. Solo tienes que llamar y decir cómo lo quieres… ¡y lo tienes!
Pregunta por Rosie Makowski ;)

Luego ponían información de contacto, su número de teléfono y hasta su correo electrónico con una fotografía reciente. Todo bien asegurado y pegado en la misma pared.
Llevé de nuevo el teléfono a mi oreja.
—¿Por qué dices que está en todos los lugares públicos? ¿Y por qué asumes que fui yo?
Rita resopló muy audiblemente.
—Si voy al baño de un restaurante, ¡Bam! Allí está el anuncio. Si voy a la gasolinera… ¡Bam! Anuncio. Si voy a una tienda de ropa, en los probadores ¡Bam! No encuentras a un Zac Efron, pero sí encuentras hojas de papel con el mismo enunciado sobre los servicios de prostitución de Rosie. Chica, tú llenaste la ciudad con la cara de esa bestia. No sé cómo hiciste tampoco para meterte en los baños de hombres, pero Key ya me ha confirmado que los ha visto por allí también.
—Pero… pero yo no fui. No sé de ella desde hace mucho tiempo. Desde que nos visitó en casa, y Adam la sacó, ella nunca regresó. ¿Dónde se supone que conseguí toda su información personal?
—Pues si no fuiste tú, debo agradecerle a la divina divinidad por el milagro. Ella no deja de molestar a Key para decirle que hay gente extraña llamándola y pidiéndole cosas exóticas. Ya cambió de número de teléfono al menos unas tres veces y, por alguna extraña razón, el número siempre se actualiza en los anuncios que están escritos en los baños. Ya lo comprobé.
La risa de Rita se escuchó aún más allá del teléfono. Me reí con ella.
—Gracias, divina divinidad —dije en voz alta—. Pero en serio, yo no fui. Espera, ¿Rosie sigue llamando a Key? Y oye, ¿No me habías dicho la semana pasada que Key y tú ya no estaban saliendo?
—Bueno —ella hizo una pausa—. Lo que pasa es que entre Key y yo todo es complicado. Rosie sigue diciendo que el papá del bebé es Key y no Diego. ¡Incluso lo obligó a hacerse pruebas de paternidad! Y dieron los mismos resultados: Key no es el padre.
—A eso llamo yo ser pegajoso. ¿No has hablado con ella? De seguro con una de tus amenazas reflexiona.
—Créeme, ya lo hice. Hasta hablé con Diego que, por cierto, me ha preguntado por ti.
Llevaba mucho tiempo de no saber de Diego. Llamaba a sus abuelos, que eran grandes personas conmigo, pero no sabía qué había sido de él y la Sra. Ross nunca lo mencionaba tampoco para no remover viejos rencores.
—Creo que él de verdad se siente arrepentido —murmuró Rita después de un momento.
—Me alegra, y se lo merece. Pensé que era un amigo, pero resulta que simplemente quería salvar su pellejo de la responsabilidad, haciéndome sentir tan mal con todo lo que estaba pasando con Adam.
—Aggg, hombres. No hay duda que son de otro planeta. En especial Key, lo más seguro es que… no, espera, ya no sé qué es lo más seguro entre él y yo.
—Eso es triste, lo lamento de verdad.
—Bueno, solo llamaba para decirte eso. Oh, y si la llegas a ver alguna vez, a Rosie, no le digas que soy yo la que le envía pescados muertos a su casa todos los viernes.
—Rita… el pescado ya está muerto desde el momento que dices pescado —la corregí.
—¿Y cómo le dices al pescado cuando está vivo?
—¿Le dices pez?
—Mmm, suena más dramático si le digo “pescado muerto”. Me quedo con ese. Hasta luego, hermosa. Llegaré mañana para ver a mis sobrinas y corromperlas con dulces.
Suspiré de mala gana.
—Está bien. Y de nuevo, yo no soy la que puso la información de Rosie.
—Claaaaro.
Me despedí de ella y regresé de nuevo con mamá.


4to Año de casados, casi 5to


—Sabía que te gustaría Paris —murmuró Adam, besando mi oreja y haciendo pequeños sonidos exóticos mientras yo miraba la única fotografía que pude tomar en donde aparecía la Torre Eiffel.
Me separé como pude y lo fulminé con la mirada.
—Pensé que me llevarías a los típicos lugares románticos una vez que estuviéramos allí. Veo que me equivoqué.
—Ser original es mucho mejor, nena.
—Pero, ¿llevarme al cementerio? ¿De verdad?
Adam nos había llevado a toda la familia a Paris hace un par de meses atrás. Nicole y las gemelas fueron las que más lo disfrutaron porque se quedaron haciendo turismo con una muy obsesionada Rita mientras cuidaba de ellas.
Yo por mi parte me sentí agobiada cuando en realidad él me había llevado al cementerio, a frotarle las partes privadas a una estatuada de un tal Victor Noir. Se decía que frotar la entrepierna de la estatua traía una vida sexual saludable y altas probabilidades de fertilidad. Se suponía que tenía también que besar sus labios, pero ni loca iba a poner mi boca allí.
—Visitar la tumba de Victor fue lo mejor de todo el evento —comentó Adam.
Volví a fulminarlo.
—Rita subió a la Torre Eiffel y comió en un bistró elegante. Yo le froté las partes a un objeto inanimado.
—Pero disfrutamos mucho después de eso, solos, en la noche. Toda la noche —afirmó, elevando sus cejas de manera sugestiva.
Me puse roja, tanto de la ira como de la vergüenza al recordarlo.
—No fue gracias a la estatua, Adam.
—En gran parte sí…
—No lo fue.
Lo dejé en medio de la discusión y me movilicé a la cocina para tomar una hermosa manzana verde que parecía llamarme a gritos. La comí tal y como me gustaba, con sal y otros condimentos. Sabía deliciosa.
—Dime, nena —comenzó Adam—. Yo no recuerdo que te obligara a frotar su entrepierna.
—¡Me empujaste al suelo! —hablé con la boca llena—. No me quedó otra opción más que poner la mano sobre su entrepierna abultada. Eso fue asqueroso, y había demasiadas personas viéndonos.
—Fue pura cuestión de táctica. Además, esas personas iban a frotar de igual manera la reverenda entrepierna del hombre.
Me terminé la manzana en cuestión de cinco minutos. Deseaba otra.
—Pero, de todas formas —me quejé—, eso no se hace.
Creo que observé la segunda manzana con tanta hambre que, Adam tuvo que pasármela. Me miró detenidamente antes de dármela.
—Esto es curioso —comentó—. Las únicas veces que te vi comiendo manzanas verdes fue cuando estabas embarazada de…
Se detuvo a mitad de frase, y yo me abstuve de morder la manzana.
Mierda.
Era verdad.
Oh no, oh no. No, no, no.
—Adam, no estoy embarazada —finalicé, abandonando con mucho pesar mi manzana—. Mi cuerpo me lo haría saber.
En definitiva, nop. No estaba embarazada, pero de igual forma quería esa manzana.
—¿Estás segura de eso? —él se acercó a mí, inclinándose para susurrarle a mi vientre—: ¿Noah, estás allí?
Retiré la mano que él había puesto y le di un pequeño golpe en la frente.
—No seas ridículo. No estoy embarazada.
—Si tú lo dices…


5to año de casados, a principios.


—Anna, dime que sí, por favor —suplicaba Nicole, sus labios color cereza hacían un puchero mientras ella juntaba sus manos en forma de súplica—. Solo tienes que hablar con Adam.
—No lo voy a hacer.
—Eres la única que lo puede tranquilizar.
—¿Quieres que me mate? Le tienes que decir tú. Y mejor díselo ahora porque si se entera que vas a una cita con un chico, él se enfadará como nunca.
—Es que a él no le han caído bien los otros chicos que le he presentado —dijo ella. Su hermosa cara mostrando las quemaduras que había sufrido cuando era pequeña. Aún con todo y sus cicatrices, los chicos eran atraídos por su dulce carácter y su exótico color de ojos verdes.
—Entonces asegúrate de presentarle al que actúe correcto.
Ella frunció el ceño.
—Puedes invitarlo a cenar con nosotros esta noche —sugerí, suspirando—. Le puedes decir a Adam que el chico será tu cita para mañana en el cine. Es una pre-presentación. ¿Te parece?
—¿Crees que funcione?
Asentí con la cabeza.
—¿Qué puede salir mal?
Horas más tarde me lamenté de la decisión.
Adam no estaba muy tranquilo cuando le conté quién nos acompañaría a cenar, frunció el ceño de principio a fin y murmuró cosas sobre sacar el bate de béisbol que tenía guardado para ocasiones como esta. La cita de Nicole llegó puntual para la cena, se había presentado en su propio auto, con su cabello rubio cenizo bien peinado y hasta con una buena camiseta que, contrario al chico anterior que Nicole presentó, sí creía en el uso de las mangas.
Las gemelas adoraban el drama y se reían de su hermana mayor, cantándole canciones sobre besos y chicos que sacaban la lengua para besar; eso no le hizo mucha gracia a Adam.
—Y cuéntame, ¿Fabián? —comentó Adam, en medio de la enorme mesa del comedor, con todos sentados alrededor y devorando un jugoso pedazo de carne—. ¿Quieres salir con mi hija?
—Es Faviel, señor, y sí quiero salir con ella mañana —contestó un muy nervioso y algo intimidado Faviel.
—¿A dónde la vas a llevar?
—Al cine.
—¿Qué van a ver?
—Están presentado la nueva película de Disney sobre…
—¡Mentiras! —gruñó Adam, golpeando la mesa con su puño. Ambas, Nicole y yo, nos encontrábamos nerviosas—. Yo solía hacer esas técnicas cuando tenía tu edad. Sé lo que “Películas de Disney” significa.
—¿Es por eso que tiene la cara de Bambi tatuada en el brazo? —se atrevió a preguntar el muchacho.
Adam lo fulminó con la mirada.
—El que hace las preguntas aquí soy yo. ¿Cuáles son tus intensiones con mi hija?
—Bueno, señor… yo espero llegar a conocerla mejor.
—Ya la conoces. No se necesita gran ciencia.
—Quiero conocerla más.
—¿Más? —Adam resopló.
—Adam, contrólate —le susurré.
Él decidió ignorarme.
—Vamos a hacer algo, te haré un sencillo interrogatorio sobre Nicole, para ver si de verdad mereces salir con ella —dijo él, comiendo de manera furiosa—: ¿Cuál fue la primera mascota que tuvo Nicole cuando era niña?
—¿Qué? —respondió un aturdido Faviel
—Te doy cinco segundos para responder, no los desperdicies.
—Emm, ¿un gato?
—Cinco, cuatro…
—¿Un cuervo?
—¿En serio? ¿Un cuervo? Error, fue un perro —respondió un muy malvado Adam—. También tuvo una mofeta de mascota, pero el perro fue el primero.
—¡Se llamaba Carlo! —comentó Belle, riéndose con su hermana.
Las silencié.
—Segunda pregunta —Adam señaló con su tenedor hacia el muchacho—. ¿Cuáles eran los cantantes favoritos de mi hija cuando era pequeña?
—Eh, ¿Zoboomafoo? Esos eran los míos.
—Estás tan equivocado, chico.
—Adam, basta con el interrogatorio —lo interrumpí—. No es justo preguntarle eso cuando él ni siquiera lo sabe. Suenas igual que mi padre cuando lo llevé a conocer tu casa.
—Tu padre fue muy sabio al hacerme esas preguntas —dijo él—. Ninguna de mis hijas tendrá una cita con un flojo, holgazán que usa los pantalones por debajo de las caderas. ¡Fabián, levántate de la mesa inmediatamente y muéstrame tus pantalones!
—¡Adam! —gritamos Nicole y yo al mismo tiempo.
Faviel hizo caso y se levantó del asiento, elevando sus manos al aire para enseñarle a Adam que sí usaba sus pantalones de la manera correcta y que incluso usaba un cinturón.
—Señor, créame que cuidaré de Nicole.
—¿Cuántos años tienes? —lo interrumpió Adam.
—Acabo de cumplir dieciocho. Señor.
—¿Dieciocho? Mi Nicole tiene apenas quince años. No quiero que salga con un pervertido mayor de edad.
—Pero le estoy diciendo que solo quiero llevarla al cine…
—¡Al cine donde todo es oscuridad! Jamás, muchacho, jamás.
—Pero la película es…
—No.
—Yo quiero conocer a Nicole, y aunque usted lo prohíba, siempre encontraré una manera de verla. El destino es el destino y a veces hay que dejar que se joda.
Faviel se dio cuenta muy tarde de sus palabras y rápidamente se tapó la boca con las manos.
Observé la expresión de adoración en el rostro de Nicole.
Adam se levantó de la mesa, en toda su altura y con el rostro lleno de barba sin afeitar por más de una semana. Se miraba sexy… pero intimidante.
—¿Qué me acabas de decir? —preguntó él, furioso.
—Señor, yo… —el coraje de Faviel huyó momentáneamente—. Es que… Señor.
—Adam —le pedí—, deja de intimidar al chico. Es suficiente.
—¿Qué es intimar, mami? —preguntó de repente Belle, haciendo a un lado los vegetales de su comida.
—Intimidar —la corregí—. Lo comprenderás cuando llegues a la edad de tu hermana mayor y quieras traer un chico a casa.
—Bien, bien.
—¿Por qué el cine es malo, papi? —preguntó esta vez Bella, imitando a su hermana y apartando los vegetales también.
Adam torció el gesto, tratando de componerse para responderle a su pequeña.
—Porque en esta casa tenemos una regla: mis hijas salen en citas solo cuando sean mayores de veintisiete años.
—Es cierto —confirmó Bella, Belle la respaldó asintiendo con la cabeza—. Papi dice que nada de novios hasta que cumplamos veintesete…. Vientesetei.
—Veintisiete —corregimos Adam y yo.
Faviel hizo una mueca y miró con nostalgia a Nicole.
—Hice lo que pude —murmuró de mala gana.
—¿Hiciste lo que pudiste? —habló Adam—. Te diré algo, chico, ya casi me tenías ganado con la frase del destino… que por cierto tiene derechos de autor porque yo la cree básicamente, pero darse por vencido me demuestra que no estás listo para salir con una chica Walker.
—¡Estoy listo! —gritó Faviel—. De verdad. Deme otra oportunidad; sabré todo lo que hay que saber de Nicole.
—Por favor, papá—suplicó Nicole. Sabía que Adam se volvía sensible cuando le decía papá, aun sabiendo que era su tío y que su verdadero padre no era una persona honorable que actualmente se encontraba con problemas de salud mental.
Adam suavizó su expresión, tomando asiento de nuevo y pidiéndole a la cita de Nicole hacer lo mismo.
—Bien. Los dejaré salir, pero ya que la película es de “Disney”, iremos todos también.
—¡No! —gritó Nicole—. No seas así…
Adam la detuvo con una mano.
—Tranquila. Nos sentaremos en otro lado, les daremos privacidad.
Eso pareció tranquilizar a la joven pareja y se sonrieron el uno al otro.
—¿Hay trato o no lo hay? —preguntó mi esposo.
—De acuerdo, señor.
—Bien.
Después de eso la cena volvió a la normalidad, aunque Adam de vez en cuando daba miradas amenazadoras a Faviel. Pronto la noche iba terminando, todo parecía que iba bien, hasta que Faviel cometió el error de darle un beso en la mejilla a Nicole cuando se estaba despidiendo. Adam los había visto y juraba que sus labios estaban a un centímetro de los de ella.
Como celoso y posesivo que era, tomó del cuello al muchacho y lo enfrentó cara a cara.
—Mejor mantén tus labios fuera de los labios de mi hija, lujurioso. Eres mayor que ella, y el que te haya dado permiso de salir al cine no quiere decir que te haya dado completa libertad para hacer lo que quieras. Recuerda que te estaré vigilando. Siempre.
—Adam, deja al chico en paz —lo regañé—. Suéltalo. Tú eras peor que él cuando tenías su edad.
—Anna, ahora no. Recuerda chico: ¿vas al baño? Te estaré vigilando, ¿vas al club nocturno porque te crees hombre? Te estaré vigilando. Incluso cuando trates de ligar con otras chicas, te estaré observando. Tengo ojos en la nuca, tengo ojos hasta en mi tonificado trasero.
—Eres peor que mi padre —murmuré—. Déjalo ya.
—Papá, por favor —suplicó Nicole.
—Adam, reacciona. No lo vayas a golpear.
—¿Por qué no? Él se lo ganó —preguntó de mala gana.
—Porque…
—Este tipo es solo un vago. Veo que tienes un auto lujoso, ¿de dónde lo sacaste? ¿Eres estafador o algo?
—Adam, no exageres —lo regañé.
—¡Responde! —gritó él, todavía sujetándolo del cuello.
—Señor, yo… no —el chico estaba muy asustado—. Mi padre tiene dinero, él es dueño de varios hoteles.
—Adam, por favor, no…
—Ahora no, Anna.
—¡Estoy embarazada! —grité esta vez para que me prestara atención a mí.
Eso pareció hacer efecto porque pronto soltó al chico y fui dueña de toda la atención, no solo su atención sino también la atención de todos en la sala.
—¿Qué? —preguntó él sin parpadear.
Nicole imitó su expresión de tremenda sorpresa.
Asentí, enojada con Adam.
—Sí, ¿contento? Ahora suelta al chico y deja que se vaya.
—¿Qué es estar embarsada? —preguntó una de las gemelas, rompiendo el silencio.
Nadie respondió, en su lugar Adam finalmente hizo como le pedí y le indiqué a Nicole que rápidamente se llevara a Faviel. Después de eso él me siguió cuando yo corrí a la habitación y me alcanzó a tiempo, antes que cerrara la puerta en sus narices.
—Nena, ¿es verdad lo que dijiste allí? ¿Estás embarazada?
—¡Sí! Hoy me enteré de la noticia. ¿Ya estás feliz? Funcionó cada frotada de estatua de fertilidad a la que me llevaste.
Él se acercó lentamente, no queriendo perturbarme.
—¿Y eso es una mala noticia para ti? —murmuró realmente bajo.
—No lo es, pero hubiera deseado que no fuera tan pronto. Además, me pongo demasiado sentimental y extraña con tantas hormonas.
Mis ojos comenzaban a aguarse.
—¿Ves? —le enseñé mi cara—. Ya comienzo a llorar.
—Oh, nena. Eso es bueno, estás embarazada de otro bebé Walker. Vamos a dejar mucha herencia para la humanidad.
Adam me abrazó con fuerza, dándome un beso en los labios. Beso que no respondí.
—¿Qué ocurre? —me preguntó.
—Es que… no quiero que se repita nada de lo que ocurrió con el embarazo de las gemelas.
—No se repetirá nada de lo que sucedió antes —aseguró él—. Te lo prometo. Rosie no será mencionada ni siquiera como nombre para algún veneno. Yo me aseguré de que así sea.
—¿Cómo? ¿Cómo te vas a asegurar de que así sea?
—Digamos que hablé con ella. En realidad, la amenacé. ¿Recuerdas cómo te conté que había amenazado a Marie? Bueno, use el mismo método con ella.
—Oh, ¿no fuiste entonces el que dejó su nombre y su número de contacto en todos los lugares público?
—Ya me habías preguntado lo mismo antes, y no, no fui yo. No sé cómo pensaste eso.
Me sorbí la nariz con fuerza.
—Yo sé que no fuiste tú, te tengo que confesar que… en realidad sí fui yo.
Adam se separó ligeramente de mí, aun sosteniéndome en sus brazos.
—¿Fuiste tú? ¿Pero cómo? Y lo más importante, ¿cuándo? Ni siquiera lo noté.
—Bueno… ocupé ayuda de alguien. No te vayas a enojar, pero Diego me pasa el número de teléfono de ella.
—Pensé que Diego y tú ya no se hablaban. ¿Debo preocuparme por eso?
—Sabes que no. Y quien me ayuda en realidad son Diego… y Key. Ellos son los que se encargan de actualizar en el baño de los chicos —admití con una enorme cantidad de vergüenza—. Pero si me tocas el tema nuevamente, lo negaré todo y dejaré de hablarte.
—Prometo no decir nada.
Adam hizo una señal como de cerrar un zipper con la boca.
—Y ahora, deja de intimidar a todos los chicos que pretenden a nuestra Nicole —lo regañé.
—¡Es una niña! Solo tiene quince años. Tartamudeaba hasta que cumplió nueve, y le costaba hablar aún a los diez; ella merece a alguien que le dé la misma calidad que ella da. Esa niña es oro, quiero a alguien mejor que el oro para ella.
Sonreí con afecto, sentía que se me formaban unas lágrimas en los ojos.
—Yo sé que así es, pero dale al menos la libertad de salir y elegirlo por ella misma.
—Me cuesta hacerlo —él suspiró en voz alta—. Pero por ti, nena, lo intentaré. Oye, ¿estás llorando de nuevo?
—Es el embarazo.
—Mmm… recuerda que si es niño le pondremos Noah.
Rodé los ojos.
—¿Y si es niña? —pregunté.
—Si es niña… me volveré loco porque, del estrés de cuidar a otra pequeña de acosadores o de futuros pervertidos, quedaré calvo y desquiciado.
Me reí con ganas.
—Espero que sea Noah entonces… nadie quiere a un Adam Walker calvo. Aunque yo te aceptaría de igual forma.
Besé su boca y estuvimos así por unos minutos más. Nunca me cansaría de los besos de este hombre.
—Ahora, nena —murmuró Adam—. Creo que dejamos a los pequeños terremotos solas, en la sala. Vamos antes que prendan fuego a toda la casa.
Me reí nuevamente y nos movimos a buscarlas.


5to año de casados, en la actualidad


Recogimos a Nicole del centro comercial, aunque claro, sólo yo sabía que acababa de verse con Faviel, su pronto-a-convertirse-en-novio chico.
Nicole era muy hermosa, con grandes ojos verdes muy similares a los de las gemelas. En su cara siempre se mantenían las viejas cicatrices, pero eso nunca le restó autoestima. Ella soñaba con convertirse en veterinaria desde que tenía diez años de edad, y seguía con la misma pasión en la actualidad.
Ella abordó el auto, sonriendo al vernos a todos.
—¿Ya es la hora? —preguntó, emocionada—. ¿Vamos a tiempo?
—Sí, hoy es el día —gritó Belle—. Hoy sabremos si lo que está en la pancita de mami es niño o es niña. Yo quiero que sea otra niña, Bella es muy mandona.
—Buuu —respondió Bella—. Quiero que sea niño porque son menos llorones.
Nicole besó a ambas en la cabeza y luego habló:
—Yo quiero que sean trillizos. Sería divertido.
—¡No! —respondí—. No más de uno, por favor.
—Pero, nena, si son tres podemos hasta formar nuestra propia banda: Los Walkers Express —comentó Adam.
Negué con la cabeza, deseando que nada de eso sucediera.
—Por tu bien, espero que no pase —le comenté, fulminándolo con la mirada.
Adam no había puesto al auto en marcha todavía, así que pudimos ver muy claramente cuando una chica de rostro familiar se estacionaba a la par de donde nosotros estábamos. Me sorprendí cuando noté que era, de hecho, mi prima Marie.
—¡Mami! —gritó Belle—. Allí está la ladrona.
—¡Ladrona! —comenzó a gritar Bella, muy pronto Belle le siguió la corriente y le comenzó a gritar lo mismo.
—¿Por qué el ruido? —preguntó Nicole, tapando sus orejas con sus manos.
—Les dijimos que cada vez que miraran a Marie gritaran ladrona —respondió Adam—. Y esa de allí es Marie.
Nicole frunció el ceño, viendo con desdén a la chica de pelo naranja que nos ignoraba mientras salía de su auto.
—Adam, vámonos de aquí —le supliqué—. No quiero que Marie nos escuche.
Él sonrió y comenzó a poner el auto en marcha.
Mientras pasábamos junto a ella, quien iba distraída con su teléfono, las niñas bajaron las ventanas del coche y gritaron juntas “ladrona”.
Marie nos observó detenidamente y, cuando notó quiénes eran los que venían en el auto, nos sacó el dedo medio y nos vio desaparecer del estacionamiento del centro comercial.
Adam comenzó a reír con fuerza. Nicole le siguió.
—¿Mami? —preguntó una de las niñas—. ¿Qué fue eso?
La pequeña enseñó su dedo medio al igual que lo había hecho Marie. Adam rio con fuerza.
—¡No lo vuelvan a hacer! —las regañé—. Eso significa algo malo. Muy malo.
Nicole se echó a reír junto con Adam.
Aggg, me desesperaban.
—Dejen de reír —los regañé a ellos también—. No les enseñen nada de eso a las gemelas.
—Pero Anna —habló Nicole mientras reía—. Esa no es una mala señal; esa señal quiere decir “buena suerte”.
—¿Buena suerte? —preguntó Bella—. Oh, es interesante.
—No, basta —volví a quejarme. Suspiré en voz alta y comencé de nuevo a explicar que ellas, por ningún motivo del mundo, tenían que hacer eso con su dedo medio. Parecieron captar.
Ellas asintieron con la cabeza, entendiéndolo todo.

Una vez en el consultorio de la Dra. Bagda (sí, siempre con ella), todos quisieron pasar al mismo tiempo. La asistente de la doctora nos dejó entrar únicamente a Adam y a mí.
Les pedimos a las gemelas que esperaran junto a Nicole y ambas asintieron.
—Mami —comentó Bella—. Buena suerte.
Entonces comenzó a sacarme el dedo medio, Belle la imitó a la perfección.
—¡Eso no significa buena suerte! —las regañé—. Bajen esos dedos antes que me enoje.
Ellas hicieron caso de inmediato.
Adam simplemente se encogió de hombros, como haciéndome ver que no había sido culpa suya. Asno.
Pasamos juntos al consultorio, entramos tomados de la mano. La Dra. Bagda nos esperaba con una enorme sonrisa en el rostro.
—Muy bien —comentó ella—. Ha pasado mucho tiempo ya. ¿Cómo va ese embarazo?
—Excelente —respondí—. Venimos para saber si este pequeño o pequeña ya nos deja saber qué es.
—Perfecto. Anna, ya sabes qué hacer. Usa la bata que dejé para ti y sube a la camilla.
Hice como me dijo, con ayuda de Adam, y esperé por ella mientras me moría de nervios por dentro.
Adam tomaba mi mano mientras la doctora pasaba una crema fría por mi vientre, buscando señal de movimiento y latidos del corazón.
—Bien, creo que veo algo —comentó ella, pasándose la lengua por los labios mientras fruncía el ceño en apreciación.
—¿Qué es? —preguntó Adam, ansioso.
—Mmm… —la Dra. Bagda se rio repentinamente—. No puede ser verdad, voy a revisar de nuevo.
Movió nuevamente el aparato, observando la pantalla con atención.
—Sí, bien —contestó ella—. No van a creerlo… pero son gemelos.
Mi boca se abrió y se cerró.
Esto no podía estar sucediendo. No de nuevo. ¿Era siquiera posible?
—Wow —murmuró un muy afectado Adam—. ¿Es en serio? Vaya, debo ser muy potente. ¡Gemelos de nuevo! Frotar estatuas sí ayuda en verdad.
—No, no, no, no —dije realmente frustrada—. Tiene que estar bromeando.
La Dra. Bagda sonrió con diversión reflejada en el rostro.
—De acuerdo, de acuerdo. Lo captaste —habló con una sonrisa ladeada—. No son gemelos. Espero que solo sea uno.
Me relajé al instante. Definitivamente debería haber buscado a otra persona para hacer la revisión. Adam suspiró audiblemente.
—Gracias, Dios. No sabría qué hubiera hecho con dos bebés más.
—Lo siento —dijo la Dra. Bagda—. No me pude resistir.
—¿Y qué será? ¿Niño o niña?
—Bien. Veo que claramente es…
—¿Y bien? —preguntó Adam, desesperado.
La Dra. Bagda frunció el ceño mientras aun observaba a la pantalla.
—Si la vista no me falla creo que será una niña… No, espera. Es un niño. Sí, un niño.
Al decir esas palabras fue como si alguien hubiera puesto un foco sobre la cara de Adam. Su rostro se iluminó por completo. El mío también.
—Al fin tendremos a nuestro pequeño Noah —susurró él.
Asentí con la cabeza, emocionada por todo.
—Mmm… —comentó la Dra. Bagda, frotándose la barbilla mientras congelaba la imagen—. Esto es raro.
Me preocupé.
—¿Qué es? —preguntó Adam, adoptando un rostro serio.
Mis nervios estaban a flor de piel.
—Es que me aparece que sí, efectivamente tendrás un niño… —dijo ella— y también una niña. Sí, son dos.
Adam y yo nos quedamos en silencio por varios minutos. Mi cerebro todavía no procesaba la idea.
—¿Está bromeando de nuevo? —preguntó Adam—. Porque no es gracioso.
La Dra. Bagda me miró realmente apenada, sus mejillas rojas.
—Anna, los porcentajes de tener otra vez un parto múltiple suelen ser bajos. Son pocos, pero no imposibles. Estás esperando mellizos… no bromeo esta vez. Lo siento.
Entonces hice algo que no creí posible hacer en un momento como ese: me reí, con fuerza.
Me doblé a la mitad mientras reía con grandes carcajadas. Esto solo podía pasarle a alguien que se involucrara con un Walker.
Era como si yo creyera por un momento que tenía el control de mi vida cuando, en realidad, el destino se encargaba de demostrarme lo contrario. No pude evitarlo y reí con ganas.
—Esto solo podía pasarme a mí —solté entre risas.
—¿Nena? ¿Estás bien? —preguntó Adam—. ¿Crees que puedes soportarlo?
Asentí con la cabeza, sintiendo repentinos deseos de llorar. Agg, mis sentimientos estaban por todo el lugar, casi los podía palpar.
—¡Vamos a ser papás de dos más! Creo que el sueño de formar una banda se volvió real —comenté cuando logré dominar la risa loca.
—¿Qué te parece si empezamos por poner a una de las gemelas en clases de guitarra y a la otra en clases de piano? Así se hacen a la idea.
—Me parece excelente.
Decidí tomar las cosas de buena manera. Iba a ser complicado, sí, pero esta era la letra pequeña que siempre vendría en el paquete con Adam y conmigo.
—Prometo no volver a hacer que toques otra estatua encantada por el resto de nuestras vidas —murmuró Adam después de unos instantes—. Esto es tan inesperado.
Volví a reír al ver la expresión en el rostro de Adam.
Cuando salimos del área de revisión y terminamos la consulta, nos dirigimos directamente a las niñas todavía esperando por nosotros.
—¿Y? ¿Qué será? —preguntó Nicole.
Adam y yo sonreímos al mismo tiempo.
—¡Es un niño! —gritó él.
—¡Noah viene en camino! —gritaron las tres, emocionadas.
—¡Y también viene una niña! —grité, sin poder creerlo todavía.
Nicole se quedó seria por un momento, luego abrió su boca para decir lo siguiente:
—¿Están bromeando? ¿Entonces serán dos más? ¿Cómo…?
Adam y yo nos encogimos de hombros.
—¡Seremos los nuevos Kardashians! —gritó Adam, agregándole humor al momento más sorpresivo de mi vida, después de las gemelas.
Ninguno pudo evitar no reír con eso. Excepto las gemelas, ellas solo imitaron nuestros movimientos.
—¿Quién iba a decir que yo iba a ser padre de cinco hijos? —preguntó Adam, en su momento más reflexivo—. Nunca lo hubiera visto venir.
Yo tampoco lo vi venir. Cuando pensaba en Adam Walker, pensaba en estas tres cosas: caliente, estúpido y peligroso. Nunca pensé en él como futuro padre de mis hijos. Mucho menos como padre de cinco de ellos.
Al menos me quedaba el consuelo que en nuestra casa nunca habría silencio, y que los días serían agotadores, pero bien invertidos.
—¿Nena? —preguntó Adam—. Me tiemblan las rodillas, creo que me voy a desmayar.
—Sigue caminando, bebé.
—No siento las manos. Es demasiada emoción.
—Oye, la embarazada aquí soy yo. No tienes permitido desmayarte.
—Quedaré calvo.
—Y aun así te amaría… —le prometí. Así lo haría.
—Gracias —murmuró mientras me abrazaba—. ¿Me veré bien usando peluquín?
—Te ves bien en cualquier cosa.
—Tú también, nena. Tú también. Esto va a ser interesante, ¿no lo crees?
—Demasiado.
Él no tenía idea de cuánto, siempre y cuando siguiera a mi lado sería capaz de soportarlo… y definitivamente él iba a estar cambiando demasiados pañales por el resto de sus días. Me encargaría de que hiciera todo el trabajo sucio.
Oh, sí. Nadie embarazaba a Annabelle Green y se salía con la suya para contarlo, a menos que tu nombre fuera Adam Walker porque entonces sí, ese hombre siempre lograba sacar mi lado bizco, mi lado Bambi.
Comprobado.

Comentarios

  1. 2 bebés mas? jajajajaa esa nunca la esperé Lia. Muchas gracias por este bello epílogo. Gracias por hacer valer los dos años de espera.

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  2. ¡¿DOS BEBÉS MÁS?! OMG, ¡LIA! Eso no me lo esperaba pero realmente amé el final, ¡Gracias, gracias, gracias! Valió completamente la espera ❤

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  3. Holisss Lia ame el epilogo y el final realmente hermoso❤❤ y en verdad voy a extrañarlos y mas ahora que son los nuevos Kardashian jajakjaja te felicito Lia sos una gran escritoa kissitosss

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  4. Ohhhh por Dios
    Muy buen final, me encanto, fue fantástico, gracias por esta historia llena de subidas y bajadas fue la mejor (a pesar del tiempo, valió la pena) te felicito para mí eres una gran escritora que sabe ganarse al lector y transportarlo y sobre todo nunca dejar que se aburra ( bueno ese fue mi caso, me alegraba y me daba risa, claro que también había partes en las que quería llorar, eso fue lo que me encanto, que en todo momento nos hiciste partícipes de esta bonita historia )
    No me arrepiento de haber leído estos libros, porque el primero si lo encontré por equivocación y la verdad no quería leerlo pero me dije y porque no? Y me gusto gracias por esas horas de diversión y sentimientos

    Attentamente: una gran fanatica de tus historias
    N.A.C.B

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  5. OMGGG O.M.G HERMOSOOOOOOO gracias Liaaaa fue el tiempo mejor invertido 😙😙

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  6. Lia...que maravilla de historias haces, sólo te puedo dar las gracias por no abandonar la historia y darnos siempre la esperanza de que continuarías con ella y me enorgullezco de alguna manera de haber sido capaz de esperar tanto tiempo, un tiempo que no te reprocho porque simplemente volviste con una fuerza y ganas increíbles...Leí por wattpad (no sé si se escribe así) que pusiste que los valientes que se animaran a leer y continuar tus historias, yo creo que la valiente eres tú pues, a pesar de perder a "seguidores" (no lo eran si se se fueron) por el camino, supiste seguir adelante.
    Y yo como lectora te agradezco estas historias llenas de humor, pasión, locura y enfado, porque todas queremos un Adam Walker en nuestras vidas.
    Aquí tienes una seguidora tanto en wattpad, como en el blog y en redes sociales.
    Felicidades por las historias y suerte con las futuras.
    Te iba a mandar un beso y un abrazo fuerte pero mejor te mando una caja de bombones...
    Un abrazo desde Cádiz, Andalucía, España

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  7. Se puede querer mas a Adam?... Siii lo amo Lía :-) Gracias:-) muchassss gracias

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  8. Aww me encantó <3, no puedo creer que ya sea el final, de verdad extrañaré esta hermosa historia. Me fascina que Nicole le diga papá a Adán, y ya serán 5 HIJOS, eso si que es tener una familia grande, me encantó todo, la actitud de las gemelas, las tonterías de Adam, jakaja. Gracias Lía por esta genial historia, por terminarla a pesar de todo, eres una genia. Gracias :*

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  9. Gracias por esta historia, por cada capítulo, cada palabra, cada personaje fueron algunos años juntas prometo comprar tu libro en cuanto lo vea en una libreria

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  10. Wow!!!!!! su propia banda Walker jejeej. Me ha encantado el epilogo, ame y disfrute tanto esta historia que se merecían su final feliz. Gracias por esta bella historia

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  11. Por el amor de dios lia, nunca disfrute llore rei o simplemente me fruste tanto con un libro como lo hice con el tuyo, esperar un año por este final valió completamente la pena, amo como escribía y no se que voy a hacer ahora que adam y anna ya no van a ser actualizados, sos la mejor de verdad gracias por todo lo que me haces sentir con tus libros

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  12. Me ENCANTÓ MIL GRACIAS ..POR ESTA HERMOSA HISTORIA ES ÚNICA ...NOS DEJA UNA GRAN LECCIÓN ...LA VIDA ES COMPLICADA PERO CON AMOR TODO SE PUEDE MIL GRACIAS ❤

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  13. Lia, no puedo mas que agradecer todo el esfuerzo que pusiste en POAW, realmente extrañaremos a Adam, una muy bella historia, valio la pena esperar tanto por este hermoso final

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  14. ASOMBROSO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    INCREIBE!!!GENIAL!HERMOSO! DIVERTIDO, MUCHAS COSAS MÁS
    GRACIAS POR COMPARTIR TAN GRANDIOSA HISTORIA >.<
    ESPERO TU TERCER LIBRO ;V

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  15. Lia muchas gracias por todo!!! El epílogo me hizo tan feliz, es lo mejor que les pudo pasar. Amare siempre pensar en Adam y Ana. Me llamó Anabel ahora amo mi nombre como no tienes idea jeje. Sigue adelante, que cómo admiradora de tu trabajo me encanta conocerte a traves de tus historias.Felicidades por concluir una gran historia <3

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  16. hermoso realmente valio la pena esperar c: Solo son 20 capitulos verdad? bueno muchas felicidades por esta gran historia ;3

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  17. ¡¡ME ENCANTO!! muchas gracias por presentar tan espectacular trabajo, el final lo ame, no me lo esperaba >.<

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  18. Hermoso final. La verdad es que eso de tener mas drama al final, osea los dos bebes, era necesario, por que lo que mas marco esta historia fue el drama!!!!
    Me encanto que nicole siempre viera a adam como su papa. Y Adám tan protector con sus niñas :) jajajaja pobre hombre, gracias lía. Una gran historia que a pesar de tanto tiempo valió la espera cada segundo ;) gracias

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  19. FELICIDADES,me ha encantado el final
    Nunca dejes de escribir eres MARAVILLOSA,
    Y recuerda la gente que te apreciamos hemos estado a tu lado siempre, y lo volvemos a estar GRACIAS 💋💋💋

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  20. Lo primero que te voy a decir.es que valio totalmente la espera... lei muchos libros... muchos...pero nunca encontre una escritora como vos... simplemente decirte gracias.

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  21. Esta historia me hizo llorar y reir y me e canta tus libros y espero el otro de. Prometo fingir q me gusta

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  22. O llore pero es injusto quiero mas pero me encanto y te felicito nunca cambies tus historias son las mejores y te pregunto no tienes pensado escribir sobre nicole o las otras amigas de anna

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  23. OMG!! haha mori de la risa, buena suerte anna .I. hahahah no lo superare jamas, valio la pena la espera.

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  24. Ya lo puedo descargar? ): di que si ����

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  25. Oh Lia gracias por este bello epílogo, jajaja no esperaba que fueran tantos Walkers pero estoy feliz.
    Y aunque esta historia ya terminará siempre será una parte importante para mí, ha sido un largo tiempo desde que empecé a leerte que no puedo creer que hoy acabará, espero seguir leyendo tus otros proyectos pronto y disfrutar de esa imaginación y esa creatividad tan hermosa que tienes.
    Gracias por darnos tanto Lia. ������❤❤❤

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  26. Oh Lia gracias por este bello epílogo, jajaja no esperaba que fueran tantos Walkers pero estoy feliz.
    Y aunque esta historia ya terminará siempre será una parte importante para mí, ha sido un largo tiempo desde que empecé a leerte que no puedo creer que hoy acabará, espero seguir leyendo tus otros proyectos pronto y disfrutar de esa imaginación y esa creatividad tan hermosa que tienes.
    Gracias por darnos tanto Lia. ������❤❤❤

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  27. Ame el final �� sin palabras... mi Adam tan lindo

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  28. Muy inesperado pero maravilloso siempre nos sorprendes Lia.

    Gracias por tomarte el tiempo de escribir tan maravillosas historias. ❤️❤️

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  29. Queeeee emoción más grande ! Crei que jamas habria final para esta historia ; valio la pena esperar 😉

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  30. El epílogo ha estado muy bien, el elemento sorpresa respecto a los mellizos le ha dado emoción al final. Pero, sinceramente, el libro entero es un aburrido y muy, muy largo. Estamos en unos tiempos en los que queremos que las mujeres sean tratadas como a los hombres, pero eso implica igualdad, cosa que no podemos lograr si en los libros mismos apoyamos a las mujeres cuando se sienten celosas y a los hombres los abucheados por ello. Y en segundo lugar una relación no puede ser posesiva e injusta, en la cual uno de los dos miembros de ella se tiene que arrastrar para conseguir el perdón de una acción insignificante simplemente por el orgullo del otro.

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  31. OMG Muchas Gracias Lia!! Por todo tu esfuerzo y dedicación! Valió totalmente la pena la espera ;) gracias!! ♥

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  32. Simplemente mega asombrada la verdad (auqnue sigo sim saber como se pronuncia Belle😅)
    Me encanto, me fascino, me sorprendio, simplemente wow, me lei el final en wattpad 😅 pero preferi comentar por aqui, ya que en este sitio empezo todo y la verdad me alegro todo el tiempo que espere para poder ver terminado el epilogo, sinceramente me sorprendio este final, nada esperado la verdad hahahah y osea mellizos wow esto es verdaderamente increible, como me gustaria saber mas sobre esos bebes y las gemelas 😍 que son una adoracion, pero igual espeo que en el libro de "Prometo fingir que me gustas" se encuentre algo sobre esta bella familia y simplemente no hagas caso a los comentarios negativos, tu terminaste el libro cuando debia de ser y hasta que naciera algo sorprendente y este final simplemente me gusto, enserio, osea quiero leer mas historias escritas por ti😍 eres una persona super genial 😄 y de verdad me encanto, espero que leas mi mendaje, es mucho pedir lose pero bueno no pierdo la esperanza de que me leas 😁
    Saludos desde México Lia 😍

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  33. No quería leerlo sentía tristeza al saber que se iba a acabar pero la tentación me ganó esperar tanto años valió la pena, lloro de felicidad estuvo genial, Ojalá lo siguieras y contarás el embarazo de los otros dos gemelos sería genial, Saludos desde Colombia, gracias por todo y odio y te amo ��

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  34. En verdad ame tus libros!!! Este año (en específico esta semana ) leí los dos y me enamoré!!!! Gracias por causarnos cada sentimiento con tu imaginación!❤
    Jamás creí obsecionarme así como lo estoy.... Justo en estos momentos lo acabe 😍

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