Cap. 26 -Punto y seguido - POAW

Punto y seguido


Vomité luego de terminar la operación.
Me sentía cansada y lo único que quería era dormir por más de veinticuatro horas seguidas. Pero pronto descubrí que eso no podría ser tan fácil o sencillo como parecía. Casi después de llevarme a la habitación, ésta se llenó más rápido de lo que se llenaría un concierto de música pop con entradas gratis.
Mamá lloraba, grandes y enormes lágrimas en los ojos, papá lloraba junto a ella. Rita sollozaba con fuerza, abrazándose a un muy afectado Key. Los Sres. Ross tenían los ojos húmedos y sonreían sin parar. Por alguna extraña razón, todo el que entraba a la habitación se encontraba llorando casi al instante; era como un aura extraña que tocaba a la persona con simplemente poner un pie en el lugar.
Apenas podía mantener mis ojos abiertos, pero fue notable la forma en la que sabía que faltaba cierto chico de ojos verdes dentro de la habitación. Parpadeé varias veces, exhausta como nunca pensé estarlo en la vida. Mamá murmuraba algo que no podía entender, y papá trataba de hacerse el fuerte, pero terminó llorando de igual forma. Me dio un mal presentimiento al verlos llorar a todos. ¿Le pasaría algo a una de las bebés? ¿Qué pasó con mis niñas? Desperté de inmediato ante ese pensamiento.
—Mamá —murmuré en voz demasiado baja y delicada—, ¿por qué todos están llorando? ¿Qué ocurrió?
Mamá se sorbió la nariz y me dedicó una enorme sonrisa, pegándose a mi lado.
—Lloramos porque son perfectas —sollozó al decirlo—. Son tan hermosas y pequeñas, tan inocentes. No les pasa nada, están saludables. Lloro por querer saber a quién se parecerán dentro de unos años, ¡y también lloro porque al fin soy abuela y porque estoy embarazada y las hormonas me afectan, carajo!
Más lágrimas acudieron a sus ojos, pero mi tranquilidad fue absoluta al saber que mis niñas estaban en perfecto estado. Las deseaba ver de nuevo, abrazarlas y comérmelas a besos, pero parecía que el sueño me iba a vencer y no tenía las fuerzas para combatirlo.
Rita corrió a mi lado cuando mamá se excusó para ver una vez más a las bebés en la otra sección del hospital, asegurándome de regresar pronto después de tomar varias fotografías para el recuerdo, llevándose a papá con ella.
—Anna, tus niñas son tas hermosas —habló mi amiga—. Tengo ganas de tener mis propias gemelas… Pero luego recuerdo que terminaré soltera, viviendo con ocho gatos que me odiarán con fervor porque se me olvidará alimentarlos y me comerán el brazo por la noche mientras duermo.
Sonreí en medio de mi somnolencia.
—Estarás bien —dije, aunque no estaba segura que Rita lo hubiera escuchado—. Tendrás a Key.
—No lo creo Annita, pero gracias. Aunque deberías ver a Adam, está… —ella se quedó callada y fue como si su rostro se hubiera iluminado por completo al recordarlo.
—¿Dónde se encuentra él? ¿Ya conoció a sus hijas?
Rita asintió, mordiéndose el labio.
—Fue… wow. Anna, mirar a Adam es una forma de arte la mayoría del tiempo, pero ahora fue… fue increíble. Creo que hasta yo me enamoré un poco más de él al ver su reacción cuando le presentaron a las gemelas. Justo ahora debe estar todavía pegado en la vitrina de la sala de maternidad, viendo a sus bebés. Jamás había pensado que ver a un hombre llorar fuera sexy, pero Santas Manzanas, Anna, eso fue caliente al extremo. Él no lloraba como niño desconsolado o como esos chicos sensibles que terminan siendo cursis, sino que lo hacía con… como con respeto y admiración. Fue... uff, fue un nuevo tipo de arte simplemente el verlo.
Escucharla decir eso me conmovió como no tenía idea. Fue un alivio saber que Adam no había huido del país a estas alturas, o que fuera a asustarse al enfrentarse con la realidad cara a cara.
—Él será un buen padre —sonreí a medias—, o al menos quiero creer que va a serlo.
—Será el mejor, o tal vez el más consentidor. Eso te lo aseguro, amará a esas niñas con locura. Pero mejor le iré a avisar que ya estás en la habitación, creo que muere por verte.
Rita se inclinó sobre la cama y depositó un beso en mi frente. Salió de la habitación dejándome a solas con mi somnolencia y mi pesadez. Cuando Rita salía por la puerta, recordé que tenía que contarle la importante noticia sobre el bebé de Rosie. ¡No era el bebé de Key! Pero al igual que no pude decir nada por el momento, tampoco pude ser testigo de la reacción de Adam al verme porque lentamente me fui quedando dormida y ya no volví a abrir los ojos sino hasta mucho tiempo después.

******

Parecía que apenas habían pasado dos segundos desde caí dormida cuando alguien estaba llamando mi nombre y tocando mi rostro.
No quería despertar, pero la luz que provenía cerca de una ventana me anunciaba que dormí más del tiempo debido. A pesar de eso, quería seguir durmiendo por horas y horas.
—Anna, las bebés ya están aquí —murmuró otra vez la voz.
Abrí los ojos sin querer hacerlo, y me encontré con una mirada de adoración total. Era Adam, quien frotaba mi frente y murmuraba cerca de mi oído.
—Nena, despierta. Tenemos a dos niñas hambrientas que quieren conocer oficialmente a mami.
Sus palabras hicieron eco en mi mente e inmediatamente abrí los ojos por completo.
—¿Dónde están? —pregunté con una voz ronca y frágil.
No lo había notado, pero Adam cargaba a una de ellas, envuelta en una manta rosa con el logotipo del hospital. Papá cargaba a la segunda, profundamente dormida, envuelta en otra frazada rosa.
—Dile hola a mami —murmuró Adam. La pequeña cosita envuelta se sacudió y bostezó. Era el bostezo más lindo que haya visto jamás, ella era increíble—. Te presento a Walker 2.
Tocó su piecito y me enseñó un brazalete que decía Walker-Green 2. Papá se acercó con la otra cosa pequeña y rosada que tenía en su brazalete: Walker-Green 1.
Los ojos se me llenaron de lágrimas.
—La que sostiene tu padre es Walker 1, nació a las 3: 32 am. La que yo sostengo fue algo perezosa y quiso nacer unos minutos después, a las 3: 36 am —continuó diciendo él—. No estaba seguro sobre si todavía querías nombrar a nuestras hijas Belle y Bella así que las identificamos por el apellido únicamente.
Se encogió de hombros.
Hice el esfuerzo de sentarme sobre la cama, pero sentía que todo el cuerpo me dolía y protestaba por lo incómodo. Puse una mueca y al instante Adam estaba ayudándome e inclinándose para acomodar mis almohadas.
—Tranquila, nena. Toma tu tiempo para sentarte, tranquila.
—Quiero tocarlas —dije con ansias.
Él sonrió enormemente. Podía notar sus ojos enrojecidos por querer contener las lágrimas al cargar a sus bebés. Amablemente depositó a la pequeña cosita entre mis brazos, indicándome la posición correcta para sostenerla. Pronto papá le estaba dando a la otra pequeña para que me la pasara a mí. También la depositó con cuidado, haciendo espacio en la cama para sentarse a mi lado y así ayudarme a sostener a ambas, abrazándome por la espalda para darme soporte.
Después de eso papá nos dio una mirada complacida y salió de la habitación, llevándose a mi madre con él para dejarnos a solas a Adam y a mí.
—Y aquí están, las gemelas Walker —murmuró él para no despertarlas—. Tienen un llanto potente. Las podías escuchar por todo el hospital, no hubo alguien que se resistiera a verlas. Lo hiciste muy bien, nena.
Sonreí mientras tocaba a mis bebés. Logré apoyarlas entre mis piernas, sosteniendo sus cabecitas con las palmas de la mano. Su piel era tan suave y rosada, sus manos eran pequeñas y estaban cerradas en puños. Tenían cabello oscuro en su cabeza y una nariz respingona. Las adoraba absolutamente.
—Creo que ya lo he dicho un millón de veces en mi cabeza, pero son perfectas —susurré.
—Claro que lo son, se parecen mucho a ti. Me hubiera gustado poder entrar contigo a la hora de la cesárea. Pero dime, ¿cómo te sientes? ¿Sientes dolor? ¿Quieres que te consiga algo? Lo que sea.
Negué con la cabeza. Claro, me sentía agotada y adolorida a partes iguales, pero valía la pena solo por tener a mis hermosas pequeñas en mis brazos; tenía todo lo que quería en esa misma habitación.
—Estoy bien, de verdad.
Adam besó mi cuello y me invadieron miles de burbujas bajo la piel.
—Lloré demasiado cuando las vi por primera vez —admití—. No sabía que este momento sería así.
—Yo tampoco lo sabía.
Adam continuó besando mi cuello, observando a las bebés por sobre mi hombro, en silencio, por varios minutos hasta que decidió hablar de nuevo.
—No puedo procesar el hecho de que ya seamos padres —dijo él con una mirada de adoración en el rostro—. Tampoco puedo creer que me merezca tenerlas, estoy impactado.
Sonreí y lo observé fijamente. Las siguientes palabras que le dije fueron las más sinceras que pude haberle mencionado:
—Mereces ser parte de la vida de las bebés, mereces la felicidad que estás sintiendo en este momento. No te castigues por eso.
Él me dedicó una sonrisa que casi me parte el corazón. Adam era tan lindo, un asno, pero lindo.
Sus labios buscaron los míos y me vi incapaz de rehuirlos; nos besamos en medio de tanta dicha y felicidad compartida. Su boca sabía a cielo. Nos despegamos cuando escuchamos a una de las bebés gimotear mientras dormía.
—Gracias por tus palabras, Anna. Necesitaba escucharlas —susurró él—. Pero también necesito escuchar tus respuestas a otras preguntas: ¿soy merecedor de tu perdón? ¿Merezco ser parte también de tu vida, además de ser parte de la vida de las niñas?
Mis ojos rehuyeron su mirada y me aferré a mis bebés. Abrí la boca para contestar, pero la cerré rápidamente. Entonces, como si supiera de mi incomodidad, una enfermera (más específico la enfermera Daysi) apareció por la puerta, frunciendo el ceño cuando vio a Adam sobre la cama y a las bebés en mis brazos.
—Esa cama es para una sola persona, joven —dijo ella, realmente molesta con Adam—. Y esas bebés tendrían que haber comido para estas alturas. Ahora, abra la bata y póngalas cerca de sus pechos para amamantarlas. Al principio puede que se resistan, pero las tiene que forzar a succionar el pezón para así sacar la leche.
Se acercó a la cama, inspeccionando a las bebés y también inspeccionando a Adam. Definitivamente esta mujer estaba acostumbrada a forzar muchas cosas, lo suyo no parecía ser la paciencia.
—¿Piensa bajarse de esa cama algún día, caballero?
Adam se retiró de mi lado, veloz como un rayo. Probablemente le tuviera miedo a la enfermera. La mujer suspiró y me pasó un enorme cojín firme, indicándome cómo ponerlo para que no me afectara la herida de la cesárea y, junto con un asustado Adam, me enseñó a colocar a las bebés de la forma correcta, sosteniendo sus cabezas al mismo tiempo mientras exponía mis senos y las acercaba para que comenzaran a beber. Me dijo que usualmente se le conocía como “la postura del rugby” y que me iba a ser útil para más adelante.
Al principio, las bebés se resistieron, pero fueron cediendo cuando una de ellas comenzó a llorar y pronto le siguió la otra. Adam no mentía, lloraban con potencia.
Se tranquilizaron cuando acerqué mi pecho a sus boquitas sin dientes y comenzaron a encontrarle una función. La enfermera Daysi se fue después de eso, prometiendo regresar más tarde para llevarse a las bebés nuevamente y amenazando a Adam con una mirada cargada de odio.
—Cada vez que las oigo llorar tengo deseos de comprarles lo que sea que quieran —admitió Adam mientras volvíamos a encontrarnos a solas— hasta un pony, todo con tal de que dejen de hacerlo porque me rompen el corazón. Si me pidieran el mundo entero, yo se los daría.
Sonreí con afecto, sintiendo las pequeñas boquitas de las bebés que me causaban cosquillas en los pechos.
—Estoy segura de eso —murmuré—. Míralas, son tan demandantes hasta para comer. Se parecen a ti.
Le indiqué a una de ellas que colocó su manita en mi seno e hizo el intento de acercarse más a él.
—Es que saben reconocer un buen y sensual pecho cuando lo miran —respondió de lo más tranquilo.
Reí mientras entrecerraba mis ojos y le lanzaba miradas de advertencia.
—No me refería a eso y lo sabes.
—Pues yo sí me refería a eso. Por cierto, Nicole no ha dejado de escribirme y pedirme que le envíe fotos de las bebés. La pequeña piraña está emocionada por el nacimiento.
—¿Vendrá para verlas?
—No se lo perderá por nada en el mundo. Está de camino junto con mi abuela; también vienen Shio y Mindy… y según tengo entendido todas tus compañeras de trabajo vendrán a verte. Alquilaron un autobús y todo.
Rodé los ojos ante tal exageración, pero extrañaba verlas, en especial a Nicole. Luego continué observando a las bebés mientras comían.
—Creo que me gustaría mucho ponerles Belle y Bella —comenté luego de unos minutos—. ¿Estás de acuerdo conmigo?
—Nena, por supuesto que sí. Quiero lo que sea que tú quieras; además recuerda, tendremos a Belle y Bella, Nicole y Noah, Adam y Anna. Seremos más famosos que las Kardashians. Nuestros nombres combinan juntos.
Reí ante su sentido del humor.
—No hay un Noah, al menos no todavía.
—Ah, pero la palabra mágica aquí es “todavía”. Todavía no, pero algún día sí.
Volví a rodar los ojos y continuamos viendo a las gemelas mientras lentamente caían dormidas.
—Adam… —susurré en voz realmente baja para no despertarlas, era hora de admitir cómo me sentía con él, de contarle mi decisión sobre nosotros—. Con respecto a lo que me preguntaste… Te quiero en la vida de las bebés y te quiero en la mía, pero no estoy segura si cometerás otra estupidez como la que hiciste, o si vendrá otra Rosie u otra Marie y te descontroles por completo o decidan manipularte y termines destruyéndome el corazón. Siento como si fuera la única que terminara rota en esta relación. Me lastimaste, mucho; y aunque pueda que te cueste creerlo, las palabras destruyen mil veces más que una acción.
Lo miré con culpabilidad y él lució realmente apenado.
—Lo sé, Anna. Lo arruiné todo, lo entiendo —se pasó una mano por su cara, suspirando profundamente—. Me siento como el peor hombre sobre la tierra. Ni siquiera sé por qué sigues dirigiéndome la palabra cuando sé perfectamente el daño que causé. Te dije que era tóxico y me duele con toda el alma tener la razón en este caso.
Negué con la cabeza, intercambiando la mirada entre él y mis hijas.
—No eres tóxico, ya habíamos hablado de eso, deja de pensar de esa manera porque lo único que haces es auto sabotearte —murmuré finalmente—. Sí, lo admito, no está todo bien entre nosotros, te oculté cosas que no debía ocultarte y nos mentimos mutuamente, pero espero que todo sea distinto a partir de ahora; así que no intentes tapar el sol con un dedo. Trata de arreglar eso primero, intenta de verdad cambiar. Y si no puedes cambiar por mí, hazlo por tus hijas. Lamento decirlo, pero ya perdí mi confianza en ti y será difícil recuperarla nuevamente.
Su rostro se descompuso por completo, pero sabía que era necesario pronunciar esas palabras para que entendiera de una vez por todas lo que yo estaba sintiendo.
—A veces… —continué diciendo— a veces solo desearía volver a empezar justo en el momento en el que nos conocimos; detener el tiempo en esa escena y regresar atrás, a los buenos recuerdos. Pero la vida no es perfecta, y tú mismo me dijiste: los finales perfectos venden libros, solo para eso fueron específicamente diseñados. Tal vez tú y yo no podamos tener nuestro perfecto final, al menos no juntos.
Él negó con la cabeza, mirando hacia la nada.
—Yo sé que no existen los finales perfectos, pero existen los finales imperfectos y felices. Aunque yo no quiero ninguna de esas dos cosas contigo Anna, yo simplemente no quiero un final. ¿Recuerdas cuando hablamos de eso? Yo quiero un para siempre, quiero un punto y seguido contigo, o pueden ser puntos suspensivos o incluso una coma para poner pausa y espacio a la relación cuando sea que lo necesites, pero nunca un punto final. Quiero que sigamos escribiendo nuestra historia, juntos. No quiero un “él por su lado, ella por el suyo”. Anna, yo… yo quiero todo contigo.
Respiró hondo para agarrar aire, mis ojos no pudieron evitar nublarse por sus palabras. Yo tampoco quería un punto final y también quería todo con él, signos de exclamación incluidos.
—No sé si a estas alturas podamos empezar desde cero —dije finalmente, observé la respiración de las bebés, me encontraba hipnotizada por el subir y bajar de sus pechos. Trataba de evitar la mirada de Adam.
—Prometo volver a ganarme tu confianza. Solo no me saques de tu vida, todavía no, Anna.
—No entiendo cómo piensas reparar todo el daño hecho.
—Pues de la única forma que se puede hacer: comenzando a armarnos de nuevo.
Lo observé atentamente por unos minutos, esperando que ambos no estuviéramos lo suficientemente heridos como para acabar dando por terminado lo nuestro; pero si él iba a solucionar esto, yo iba a cooperar para el bien de los dos. Lo haría, y lo haría por él, por mí, por las bebés. Pero al final, si las cosas no se podían solucionar, no era mi deber tratar de hacerlas encajar ni tampoco era el deber de Adam.
Tal vez esta era la manera en que el destino nos gritaba a la cara que nunca debió haber existido una Anna para un tal Adam y que no era bueno jugar con él. Esta vez entendería el mensaje, claro y fuerte. Aunque doliera, me separaría de Adam porque no quería seguir tentando al destino de esa forma.
Era lo mejor para hacer en esos casos. Era lo inevitable.


****

—¡Anna, tienen tus ojos! Oh por todos los cielos, son tan lindas.
—Claro que no tienen los ojos de Anna. La mayoría de recién nacidos nacen con ojos grises y luego van cambiando de color.
—¿En serio? No lo sabía. Aunque, ¿estás segura? —preguntó una muy frustrada Shio a una igual de frustrada Rita—. Tú eras la que tenía la teoría de que Anna estaba encubando a una lombriz “solitaria” en el estómago cuando comenzó con sus etapas de embarazo.
—Habla la que sugirió que era una gripe estomacal. Además, tengo experiencia con lombrices; le pasó a mi tía, la que vive en Londres. Le descubrieron una lombriz de seis pulgadas en el estómago…
—Eso es imposible.
—¡Eso fue lo que pasó! Pero, shhh, estamos despertando a las bebés. Baja el volumen.
—¿Ya dije que son las bebés más lindas que haya visto? —murmuró Shio, llevó sus manos sobre sus mejillas y comenzó a dar brinquitos—. Tengo ganas de tener unas iguales, aunque recuerdo que estoy soltera, seguiré soltera, adoptaré gatos o hamsters (lo que sea que salga más barato) y viviré sola, así que se me pasa.
—Oye, yo dije lo mismo esta tarde. Bienvenida al club.
—Al menos tienes a Key… podrías tener lindos bebés con él. Aunque no tan lindos como los de Anna. Enserio, ¿qué hicieron? La mayoría de recién nacidos son horribles, parecen aliens y tienen demasiado pelo, como un mono bebé. Pero estas niñas son hermosas.
Rita suspiró a su lado
—Yo puedo tener lindos bebés con Key, no me subestimes.
—¡Entonces ve y haz algunos bebés con el hombre! Solo así probarás si tu teoría es cierta.
—Ojalá fuera tan sencillo como eso.
Suspiré al escucharlas a ambas mientras se debatían en quién sería la próxima en recibir la noticia de un embarazo. Quería contarle todo a Rita, todo lo que la Dra. Bagda me había comunicado, pero tenía que contenerme porque ocupaba respuestas de otra persona primero y dicha persona todavía no había aparecido aún.
La habitación estaba aún más llena que antes, todos con celulares en la mano, no importándoles para nada que las bebés podrían despertar en cualquier segundo. Ellas dormían bastante y lo hacían abrazadas porque todavía no sabían cómo no estar juntas. Eran absolutamente adorables.
Les pusieron una cuna dentro de la habitación y las consideraron aptas para estar conmigo y no en revisión. Tenían un poco más de peso que un bebé regular, pero no era causa de problemas, se encontraban perfectas de salud.
Yo todavía tenía que permanecer acostada en la cama, me habían puesto una buena parte de analgésicos que podía tomar para el dolor y comenzaban a surtir efecto. Mis párpados se cerraban y se sentían pesados, pero de igual forma traté de sonreír cuando un nuevo ramo de flores o un regalo para las nuevas bebés era traído a la habitación junto con un nuevo invitado.
Nicole ya se encontraba aquí y lo primero que hizo fue correr a abrazarme y a decirme lo mucho que me extrañó. La niña venía, efectivamente, de un campamento y me contó todo sobre el lugar. Ya después se percató en las bebés ubicadas en la pequeña cuna de la esquina y desde entonces no se despegaba de su lado.
—Hola Belle, hola Bella —les hablaba—, seré algo así como su hermana mayor. Ahora, les quiero enseñar lo más importante en esta vida, y lo que toda chica debe conocer: sus nombres son Harry y Zayn. Claro que están los otros miembros, pero descobi… descurbí, como sea, que ellos dos son mis favoritos.
Ella continuó hablándoles sobre sus otros cantantes favoritos y sobre su amor por las películas de Harry Potter mientras que más personas entraban por la puerta.
La abuela de Adam tuvo la misma reacción de mamá y se puso a llorar de la emoción. Le siguieron Mirna, Dulce, Gustavo (quien ya no tenía tantas espinillas) y una muy seria Mindy con su nuevo cabello de color violeta.
Todas pasaron primero a saludarme, o a Adam, y luego se prendaban en la cuna de las bebés, completamente hipnotizadas, así como yo lo estuve al sostenerlas.
La habitación era de un tamaño regular pero pronto se fue llenando demasiado, hasta que la enfermera más enojada de todas, la enfermera Daysi, los obligó a salir. Cuando todo se despejó, hizo pasar a la Dra. Bagda para revisar mi herida y recomendarme algunos ejercicios para hacer lo más pronto posible. Se marchó no antes de asegurarme que se pasaría al día siguiente para darme seguimiento.
El resto del día pasó de la misma forma: recibiendo visitas y regalos, durmiendo o dando de comer a las gemelas, desesperada por al fin llegar a casa porque la comida de hospital no tenía sal y era insípida.
Lo Sres. Ross regresaron a su casa, pero prometieron pasar dentro de unas horas. Diego no daba señales de vida y me preocupaba no poder decirle la nueva información que sabía ahora que él era el papá del bebé de Rosie. Para colmo, quería reclamarle el haberme mentido en cuanto a Adam, ¿o era Adam el que mentía? De igual forma quería hablar con él antes de soltar la bomba.

Pasaron varias horas y las visitas cesaron por completo, ya era de noche y mis ojos no podían estar abiertos por mucho tiempo; las gemelas lloraban, demasiado. Durante la madrugada fui despertada por un cansado Adam, quien me acercaba a las bebés para alimentarlas. Luego dormirían por unas cuantas horas hasta que la primera bebé lloraba y le seguía la otra.
La mañana siguiente fue agotadora. Entre varias enfermeras, y un muy ojeroso Adam, me levantaron de la cama y me obligaron a estar de pie y luego caminar al menos hasta el baño. Obviamente mi boca cobró vida propia y maldije a todo el universo y al centro de enfermeras y a sus métodos para curar pacientes. Esperaba, por su bien, que ellas entendieran mi frustración. Debería ser prohibido hacerle eso a una persona recién operada por cesárea.
Por la tarde llegaron más visitas, entre ellos la que más esperaba: Diego.
Él entró sonriendo, incómodo cuando la acosadora de mi madre se le pegó al brazo y le preguntó si él sería la nueva competencia de Adam.
—¿Puedo hablar a solas contigo? —pidió él cuando logró llegar a mi lado. Una enfermera se había llevado a las bebés para bañarlas y las regresaría a la habitación un poco más tarde. Adam la había seguido para asegurarse que hicieran un buen trabajo; lo regresaron dos minutos después, prohibiéndole la entrada. Ahora en la habitación solo estaban él, mamá y papá, y una muy ocupada enfermera Daysi custodiando la entrada cada cinco minutos.
Miré a Diego y luego alterné la vista con Adam que lo fulminaba con la mirada, parado tras él.
—Lo que quieras hablar con Anna lo hablas conmigo también —dijo él, malhumorado.
Fruncí el ceño a ambos, tratando de sentarme en la cama.
—Pero lo que tengo que decir no les incumbe a tus oídos —respondió Diego.
—Es mi esposa.
—No por mucho tiempo.
—¿Qué? —Adam parpadeó, perplejo—. Anna, dile a este hijo de p…
—Adam, ¿podrías conseguirme un jugo de naranja? —intervine—. Por favor.
—No te voy a dejar a solas con este caza ballenas —lo apuntó con el dedo índice—, te dije que te alejaras de Anna y te alejaras de nosotros. ¿Qué mierda haces aquí?
—De verdad muero de sed —le supliqué, todo con tal que nos dejara a solas—. Por favor…
Adam suspiró y me miró con ojos suplicantes.
Negué con la cabeza y él resopló con disgusto. Luego de eso salió de la habitación.
—Papá, mamá —hablé en dirección a ellos, quienes vieron la reacción de Adam y Diego— ¿Pueden dejarnos a solas?
Mamá asintió con la cabeza y arrastró a papá que no dejaba de fulminar a Diego.
—Entre dos males para mi hija —murmuró mientras se iba— prefiero el mal conocido, no puedo creer que diga esto, pero prefiero al jodido Walker.
Mamá lo regañó y se lo llevó a la fuerza.
—¿Querías hablar conmigo? —le pregunté una vez a solas—. Adelante, te escucho.
Diego apartó la mirada y llevó su mano a su cuello, movimiento que hacía siempre que estaba nervioso.
—Dilo de una vez —lo amenacé.
—Primero que todo —habló—, tus hijas son preciosas. Lamento no haber estado ayer o haber ayudado a mis abuelos a traerte al hospital. Me disculpo.
Murmuré un gracias y observé que él llevaba un ramo de flores en la mano.
—Traje estas para ti —las extendió y luego las apartó al ver la habitación entera rodeada de flores—. Creo que no fui muy original.
—Gracias, pero Diego, ve al punto.
—Presiento que ya lo sabes.
—¿Saber qué? ¿Que mentiste y negaste ser el padre del bebé de Rosie? ¿Que mentiste al decir que Adam era tu compañero de stripper?
—Es una larga historia…
—Pues comienza pronto.
Llevó una vez más su mano a su nuca y la rascó con fervor. Colocó las flores cerca a otras similares sobre una mesa. Suspiró y miró al suelo al decir lo siguiente:
—Es cierto, yo soy el padre de ese bebé de Rosie. Pero no lo entiendes… Rosie fue una equivocación.
—Pero es tú bebé, tú responsabilidad. ¿Cómo pudiste dejar que otro asumiera la culpa por algo que tú hiciste?
—¡Lo sé! Eso es lo peor. Amo a Mia, nunca pretendí lastimarla metiéndome con su hermana menor.
—Entonces ¿por qué lo hiciste?
—Debes entender primero que conocí a Mia cuando ella intentaba… intentaba suicidarse. Ella fue novia de Key, el amigo de tu esposo, y le fue infiel con su psicólogo hace ya varios años. Ella y Key habían intentado volver a ser novios, pero ya era muy tarde, él conoció a tu amiga, Rita. Mia estaba frágil y deprimida, intentó suicidarse pero logré detenerla justo a tiempo. Ella y yo pasamos momentos juntos y comenzamos a salir; Mia volvió a deprimirse cuando se enteró que Key había dejado a Rita por Rosie.
Rodé los ojos, Rosie era un destruye hogares.
—Cuando Mia comprobó que la noticia era cierta —continuó hablando Diego—, ella se fue del país sin decirme nada. Me abandonó por tres meses, meses en los que a Rosie también la abandonó Key. Ella y yo tomamos de más y… una cosa llevó a la otra. Nos acostamos y semanas después ya estaba dándome la noticia de su embarazo.
—¿Y por qué le hicieron creer a Key que él era el padre?
—Porque fue sencillo. Porque semanas antes de saber sobre el embarazo de Rosie, Mia ya estaba escribiéndome y haciéndome saber que regresaría por mí, que finalmente se encontraba en paz con todo sobre Key y que quería intentarlo conmigo. ¿Cómo iba a ser capaz de decirle que yo, de todas las personas, había embarazado a su hermana? Ella volvería a recaer y a intentar suicidarse de nuevo.
Tragué saliva, intentando darle comprensión al asunto.
—¿Qué tiene que ver Adam en todo esto? ¿Por qué mencionarlo a él?
Diego suspiró.
—Antes que nada, tienes que saber que Rosie es insistente. Ella desea todo lo que su hermana mayor tiene; me dijo que no me hiciera cargo de su hijo, que le haría creer a Key que él era el padre.
—Vaca rastrera —murmuré, quería ponerme de pie, buscarla y golpearla—. Y tú, animal de cueva.
—Rosie quería a Key. Por eso mintió —se encogió de hombros—. Resulta que pasaron los meses y se dio cuenta que no podía manipularlo; hasta que un día, o eso tengo entendido, se reencontró con alguien a quien no miraba hace mucho tiempo. Adam. Me parece que lo vio cuando iba a una de sus consultas con la ginecóloga, lo encontró contigo. Y de nuevo, a ella le gusta manipular. Fijó su objetivo y disparó.
No me había dado cuenta, pero mis manos se enredaron en puños sobre la sábana. Rechiné los dientes y quise, esta vez, golpear con odio a Diego.
—¿Qué tienes que ver en todo esto? ¿Por qué mentirme? ¿La estás solapando? —lo acusé.
—Mira, lo siento. Yo no te conocía antes, la primera vez que supe de ti fue una coincidencia, ya te lo había explicado: cuando fue tu despedida de soltera. No conozco a Adam de nada, solo lo vi esa vez cuando me pagó para dejarlo entrar al club de striptease para sacarte del lugar. Luego apareces en mi restaurante y me hablas de Rosie, y termina siendo la Rosie que yo conozco. Ella nos vio juntos, ¿qué crees que hizo? Me manipuló al igual que a todos y me amenazó con delatarme con Mia si no intentaba ampliar la grieta entre tú y Adam. La imagen que envió, y que tu viste por accidente, fue tomada cuando ella y yo nos acostamos; no lo supe nunca, pero ella la tomó sin darme cuenta. Rosie estaba a punto de enviársela a Mia si no hacía algo rápido.
Mis ojos se humedecieron.
—Creí que eras mi amigo —murmuré realmente enojada.
—¡Lo soy! Por eso quise contarte todo. Lo siento, las cosas entre tú y Adam ya estaban débiles y yo solo llegué a empeorarlas. Soy un…
Diego no pudo acabar su frase porque unas manos lo agarraron de la espalda y luego un puño salió disparado a su rostro. El golpe resonó por toda la habitación.
Pude ver cómo cayó al suelo, inconsciente.
—Imbécil. Sí, eso eres —susurró Adam, su mano todavía sujetaba la camiseta de Diego.
Abrí la boca para decir algo, pero estaba demasiado sorprendida.
—¿Escuchaste todo? —pregunté, aun viendo que Diego no se levantaba del suelo. ¿Estaba fingiendo?
—Cada palabra. Aquí tienes tu jugo, nena —me tendió un jugo de naranja en una cajita. Soltó a Diego y luego procedió a cargarlo de los hombros.
—¿Qué…? —seguía sin procesarlo—, ¿qué vas a hacer con él?
—Pensé que era obvio —murmuró, realmente molesto—. Es basura, y la basura se pone en su lugar.
—¡Espera! —grité—. No lo puedes sacar así, este es un hospital y pueden pensar lo peor. ¿Se desmayó? ¿Está muerto? Te pueden acusar y llevarte a prisión.
—Acepto los cargos, no soy este pedazo de mierda que no sabe aceptar sus errores.
—Adam, no…
—No lo defiendas. ¿Escuchaste lo mismo que yo?
Asentí con la cabeza.
—Solo no lo lastimes más —sugerí—, no quiero que presente cargos en tu contra, además sus abuelos están por llegar pronto, ellos se portaron demasiado bien conmigo. No causó graves daños, créeme.
—Causó daños —contradijo Adam—. Se merece todo lo malo que le está por pasar. Ya le envié un mensaje a Key, está de camino. Mi ojo morado será nada comparado con lo que le espera.
—¿De verdad Key le dará una paliza? Me parece una medida muy drástica.
Adam negó con la cabeza.
—No me preocupa el trato que le dará Key sino el que le dará Rita cuando lo sepa.
Suspiré, agotada por todo lo que pasaba. De todas formas, seguía molesta; tal vez Diego sí se lo merecía después de todo. ¡Estaba asociado con Rosie!
—De acuerdo, pero no hagas nada extremo con él. Entiende el estado de su novia.
—Entiendo el estado de su idiotez — Adam se detuvo por unos breves segundos y miró pensativo hacia mí—. Tal vez eso sea la solución, una buena paliza.
—¿Solución a qué? ¿A la idiotez?
—Es probable que también necesite una por haberme dejado manipular tan fácilmente, soy otro idiota y tuviste razón todo este tiempo —murmuró él al cabo de unos minutos.
Sin esperarlo, papá atravesó la puerta en donde parecía también haber escuchado toda la conversación, y lanzó su puño contra la cara de Adam.
—¡Papá! —grité. Me erguí sobre la cama, asustada.
Para su suerte, el golpe que recibió Adam no fue dado con mucha fuerza así que no cayó al suelo como el desmayado Diego.
—Gracias —dijo Adam, abriendo y cerrando la boca, tratando de reacomodar su mandíbula golpeada—. Lo merecía.
—Yo sé —respondió papá—. Fue un placer.
Mamá, quien permanecía lejos, se acercó a nosotros, observando la escena con ojos abiertos al igual que los míos.
—¿Es el día internacional de dale un puñetazo a la persona más cercana? —preguntó ella.
Entonces, inesperadamente, alzó su mano hacia papá y le dio una cachetada que nos sorprendió a todos.
—¡Mamá! ¿Qué sucede con ustedes? —grité, histérica—. La violencia no es la solución.
—¡Cecile! —comentó papá, sorprendido.
Mamá se encogió de hombros.
—Tú también has sido imbécil. Te lo mereces.
—¿Terminaron ya con los golpes? —me quejé—. No puedo creer que no tengan control.
—Es un ejercicio sano —comentó mamá—, deberías ponerlo en práctica.
—Ya lo puso en práctica —les informó Adam—, golpeó a una chica hace unas semanas.
Mis mejillas enrojecieron al recordar el golpe del que hablaba él, fue cuando le pegué a Rosie, cuando ella tuvo a su bebé.
—Se lo merecía, y lo volvería a hacer si la tuviera enfrente —dije, en mi defensa—. Ahora, ¿es saludable que Diego no despierte todavía?
Todos se encogieron de hombros.
Sorprendente. Deseaba que esto acabara pronto.
—Si se despierta —comentó Adam—, lo vuelvo a golpear. Así de simple.
Y como si fuera el destino, Diego comenzó a abrir los ojos en ese momento. Parpadeando varias veces y maldiciendo por lo bajo mientras intentaba ponerse de pie.
Adam lo tomó del cuello de la camisa y lo acercó a su cara.
—Será mejor que no hagas otro movimiento o esta vez el golpe va directo a tus bolas —lo amenazó.
Diego tosió y carraspeó, todavía se encontraba desorientado.
—¿A mis bolas? —preguntó—. No lo hagas, Anna sabe de primera mano que tengo las más bellas y grandes-llena-pantalla-de-celulares bolas.
Me puse roja cuando papá inmediatamente me miró con acusación y Adam parecía no caber en la habitación de lo molesto que se encontraba.
—Te lo advertí —fue lo último que murmuró él, a eso le siguió un golpe directo en la entrepierna de Diego. Chillé cuando escuché su quejido de dolor.
Odiaba admitirlo, pero, esta vez sí se lo tenía bien merecido.

Comentarios

  1. Ahhhhhhh Lia muchisimas gracias me encantan voy a tener un buen domingo gracias a ti si Feliz navidad Lia y gracias otra vez x el capitulo

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  2. Jajajajajaja me mato la escena final xD

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  3. Me reí a carcajadas xD
    Absolutamente amé este capitulo!!
    Gracias Lia ♥

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  4. gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Amo cada palabra de este libro! Gracia Lia y espero ansiosa en proximo capitulo!

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  5. Ja ja ja que hermoso capitulo, ya quiero leer el próximo :D

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  6. Me encanto... Esa Rosie es peor que Marie....
    Te adoro Lia..!!

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  7. Muchas gracias por el capiluto, eres la mejor!! 💓💓

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  8. Wow :-) que hermoso amo demasiado a adam y espero que en el otro capitulo rita y key le den una paliza a diego por idota, lo odio. Lia eres la mejor, te pasastes con este cap. :D

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  9. Lía, por favor que terminen juntos. Te amo, gracias por subir capítulo. Eres la mejor

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  10. Lía, por favor que terminen juntos. Te amo, gracias por subir capítulo. Eres la mejor

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  11. Holissss genial el capppppp aaarrrggg maldita Rosie y estupido Diego odiosos los 2!!! Me encanto que Adam por fin se diera cuenta de la verdad ya era horaaa. Y que bonita familia son ahora con las gemelas kissitos

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  12. Magnfico capitulo lia! Gracias y feliz navidad!

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  13. Jjjjjj espetacular, me a gustado mucho GRACIAS

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  14. Gracias lia me encantó este capítulo .
    Pasa feliz Navidad y un mejor año nuevo y gracias nuevamente por tu historia es muy bella un gran beso desde Bolivia

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  15. Diego pinche traidor!!
    Qué bueno que ya engendraste un hijo, porque ya no podrás hacer otro 😂

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  16. Muchas gracias lía!!! Justo cuando estoy deprimida por un idiota, tú subes otro capítulo!!!!! Me mató de la risa , por fa dame más

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  17. Wiii, bueno por lo menos poco a poco ka madeja se va desenredando. Eso no me quita las ganas de pelar viva a Rosie y goopear al IDIOTA de Adam por creer mas en su "amiga" que en su pareja.

    Jajaja dia

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  18. Liaaa!!! una vez más gracias por este nuevo capitulo, espero que estés bien y pases una buena semana...demás está decir que me encanto este episodio, por fin se van aclarando todas las dudas de ANNA

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  19. Gracias, me encanto el capitulo y mas cuando mi hermoso, divino, encantador y sexy adam se dio cuenta de su estupidez.

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  20. MIIIIL GRACIAS ME ENCANTÓ!!!FELIZ NAVIIIDAD!❤

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  21. Esperando ansiosa el siguiente capítulo.
    Dios te bendiga esa mente tan maravillosa, esa mente creadora de historias tan cautivadoras, de esas que cuando estás triste dices... Ohh voy a leer POAW y listo me llenas de alegría con cada linea! Gracias Lia!!!

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  22. Que mejor regalo de aniversario con mi novio que un capitulo de POAW x3 Te amo Lia!!

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