13 diciembre 2013

La hora del té

No había nada que ella pudiera hacer, todo a su alrededor se estaba desmoronando y cayendo a pedazos. Nunca lo vio venir, jamás se imaginó que pudieran existir esa clase de personas en la vida real. La clase de gente lo suficientemente fría como para cometer actos tan sanguinarios y sucios como el que se estaba desarrollando frente a sus ojos.

Su mundo se caía lentamente y una ansiedad e impotencia invadieron todos sus sentidos. Se resignó a ser un objeto, un peón en medio de un juego de ajedrez en donde los más débiles eran sacrificados, y ella estaba contada como uno de ellos.

Sus brazos estaban atados, en un segundo entendió que habían situaciones que se salían de su control. Y era gracioso, ya que sabiendo que sus horas estaban siendo contadas, lo único que sentía en ese momento era el frío y el entendimiento de que iba a morir.

Pensó en las cosas que quería hacer y no hizo por miedo o por estar cansada, pensó en lo poco que aportó por el mundo y en cómo le hubiera gustado irse y ser recordada. Pero no tenía a nadie, nadie iba a extrañarla esa noche que no llegara a casa. Sería otra noticia más para rellenar espacio en los periódicos.

Ella se convertiría en esa chica de la que la gente se lamenta pero agradecen no ser ellos mismos los que se encuentren en esa situación; nadie sabría cuál fue su color favorito o cuáles eran sus ideales y sus más profundos pensamientos. A nadie le interesaría que pasara cada noche leyendo un libro antes de acostarse, o que si se iba, dejaría una mascota en casa que siempre se acomodaba sobre sus pies para recibir algo de atención. Nadie se preguntaría qué fue lo último que pensó, o cuál fue su canción favorita o sus mejores recuerdos… o su primer amor.

Eran trivialidades que pasarían por alto y que a nadie le importarían.

Iba a ser como si nunca existió.

El olor a sangre se mezclaba con el aire caliente de la noche que hacía que su cabello negro se pegara contra su cara.

Siempre sintió curiosidad acerca de lo que sentiría cuando llegara su hora. Tal vez miedo, tal vez ira o paz. Pero mentiría si diría que estaba aterrada. Ella simplemente no sentía nada.

Estaba a punto de dejar de ser recordada.

Estaba a punto de convertirse en otra mancha en el pavimento, en otra víctima que ni siquiera llegaría a primera plana.

Se preguntaría a quién le servirían sus insignificantes posesiones, o a quién regalarían su perro canoso de siete años. Él necesitaba de una dieta especial y no podía comer cualquier cosa, no esa comida barata o de mala calidad, sino de la otra, la que era incluso más cara que la de un humano.

¿Alguien vendería sus libros? Ni siquiera pudo terminar de leer el último que compró, lo dejó marcado en la página cincuenta y siete porque el sueño le había ganado la noche pasada y tenía que trabajar temprano al día siguiente.

También recordó las tacitas de té que su abuela le había dejado de herencia. Para los demás sería poca cosa, pero para ella eran su posesión más preciada, la que no era tangible como el dinero, sino algo más importante por su valor sentimental.

Solía jugar con las hermosas tazas pintadas a mano y fingía que ella era refinada e impactante, incluso levantaba el dedo meñique porque eso se suponía que la abuela le enseñó a hacer.

Jugaba a que de hecho le gustaba el té, aunque en realidad le desagradaba su sabor. Recordaba a su abuela enseñándole a no poner los codos en la mesa, o a masticar con la boca cerrada. Ella siempre decía que con la hora del té no se bromeaba.

Tantos conocimientos almacenados en su memoria como una biblioteca, y ahora esa biblioteca estaba siendo quemada, borrada de la faz de la tierra.

Un sentimiento distinto al frío se situó en su pecho, un sentimiento de amargura al darse cuenta de que no era nadie. 

Hubo un tiempo en el que pensó que podía ser infinita y tocar el cielo con las manos, pero intentando alcanzar el sol, el sol la quemó.

Sus últimas lágrimas salían a borbotones por sus ojos, y más que pensar en sus pertenencias, pensó en lo que nunca vería de ahora en adelante. Tantos viajes pospuestos, tantos chicos lindos con los que se negó a hablar, las veces que debió llorar menos y reír más, los locos sueños con comer helado o las amistades que se negó a hacer porque ella era torpe para esas cosas, no era una chica muy social.

Su vida era triste y solitaria, y necesitó del último momento para darse cuenta de ello.

Un disparo la sacó de sus pensamientos y la llevó de nuevo a su realidad. La chica que minutos antes estaba a su lado, ahora se encontraba tirada en el suelo, convulsionándose y sangrando a una velocidad vertiginosa.

Eso sólo podía significar que era su turno. Ella era la siguiente en la lista.

Cinco personas habían muerto antes que ella, los cinco no eran más que masas borrosas que caían a su costado, masas que manchaban de sangre el suelo y que ahora no eran nada.

Y ella estaba a punto de convertirse en nada también.

Sus manos temblaron, su cuerpo se preparaba para recibir el impacto y el dolor. Sus ojos se negaron a cerrarse y su pecho se sacudió de arriba abajo, preparándose para el momento.

Esto era, el frío la comenzaba a reclamar de alguna manera.

Se preguntó si su cuerpo tendría alguna clase de elegancia a la hora de caer y lamentó haber sido una mala persona con sus padres cuando diez años antes el frío los había reclamado también.

El arma apuntó en su dirección y el frío aumentó.

Tembló y se sacudió.

Su vida se limitaba a esto, hasta aquí había llegado todo. Al levantarse esa mañana no pensó que esa sería la última vez que se subiría a un autobús, o la última vez que desayunaría huevos con jamón. Tampoco creyó que no llegaría a casa esa noche para mimar a su adorado perro, o para regar los helechos que compró en aquella tienda de segunda mano.

El chico con el arma se le acercó.

El frío le susurró en la oreja, estaba cerca, podía sentirlo aferrándose a sus huesos y a su piel.

El arma apuntó a su frente.

Ella cerró los ojos, tratando de ser valiente y repetir una última oración.

Escuchó un disparo e inmediatamente el frío la abrazó, la consumió, la devoró y la aplastó con fuerza.

Ella hubiera deseado dejar huella, hubiera deseado ser alguien importante… pero ahora esas cosas no la molestaban, simplemente pasó a ser nada... pasó a ser nadie.

Por eso, cuando al día siguiente despertó y se dio cuenta que estaba empapada en sudor, agradeció que simplemente fuera pesadilla y que solo estaba jadeando debido al calor. 

Sus ojos reconocieron rápidamente las sábanas blancas que ahora la envolvían y que le aseguraban que se encontraba en su habitación; estaba a salvo, nada malo sucedió. Estaba a salvo, y con el corazón acelerado. Su perro incluso corrió en su dirección y le acarició la mano como siempre hacía cada mañana.

Se retorció en su cama y vomitó. Tal vez esta sería su segunda oportunidad para hacer las cosas bien, las haría diferente... lo prometió.

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19 comentarios:

  1. ¡QUÉ BUENA ERES!!!! DIOSS

    Valen

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  2. Primero estaba asi O.O despues :'( al final TToTT wow mujer me abruma tu forma de escribir sigue asi :-D

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  3. Impactante. Me encanto, la forma que escribís, wow.

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  4. La verdad sos una genia mujeeer..

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  5. Y pensar que todo se desplomaria en un abrir y cerrar de ojo!! O.o ....
    Encerio impactante XD... gracias Lia jajaj!

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  6. Guau lia Guau no tengo nada que decir
    AMO COMO ESCRIBES!!!!!!!!
    Todo lo que escribes es algo nuevo, fresco.

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  7. De alguna manera, esto logró llegarme. Escribes precioso.

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  8. Omg! Es más que hermoso, me dejaste sin palabras y me hiciste reflexionar

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  9. Dios una corta pero sustancuosa lectura ¡Joder ! Eres muy buena escribiendo me encanta serás de las mejores escritoras futuras ya lo veras querida oye cada vez que leo algo que escribes enserio que me haces volar es tan... wow bueno jajaj mmm porfa nunca, nunaca pero nunca de los jamases se te ocurra dejar de escribir .
    Besos
    Att: Laura Santisteban jajaja mmm fin fin fin

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  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  11. La Palabra que describe esto es: EXCELENTE EXCELENTE! Eres Re buena escribiendo, siempre me dan mini infartos con tus historias, pero al final siempre termino con una enorme sonrisa! esta historia deja una muy buena enseñanza. Amo todo lo que escribes Lia!! ♥

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  12. La Palabra que describe esto es: EXCELENTE EXCELENTE! Eres Re buena escribiendo, siempre me dan mini infartos con tus historias, pero al final siempre termino con una enorme sonrisa! esta historia deja una muy buena enseñanza. Amo todo lo que escribes Lia!! ♥

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  13. se me puso la piel de gallina!! es increíble!

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Gracias por sus valiosos comentarios :)

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