03 mayo 2015

POAW - Cap. 20 - Parte 2



Adam me tomó del brazo y me llevó dentro de la bonita casa, procurando sostenerme de la cintura cuando parecía que daría un mal paso por forcejear con él y querer zafarme de su agarre.

—¡No seas cavernícola y suéltame!

—Tenemos que hablar —dijo en voz baja. Logró hacerme entrar hasta la sala y luego me soltó, esperando que yo tomara asiento en el sofá.

Pero quise ser obstinada y me quedé de pie.

—¿Hoy sí sientes deseos de hablar? Porque te recuerdo que cuando quise hablar contigo, tú me dijiste que preferías dormir en la habitación de Rosie. Cuando me preguntaste si eras el padre del bebé que espero, no dudaste en lanzarte en mi contra.

—Soy un estúpido, lo sé.

—No, la palabra estúpido te queda pequeña.

—De acuerdo, me merezco que me coman vivo. Lo acepto.

—Eso es poco. Mereces que alguien meta tu pie en tu trasero... y luego te devoren vivo.

—Nena...

—No estoy de ánimos como para que me digas nena. Y además, ¿de quién es esta casa en la que estamos?

Adam bajó la mirada, luciendo un poco arrepentido.

—¿No me digas que es de esa tipa? —le advertí—. ¿Estamos en casa de Rosie?

Él se apresuró a negar con la cabeza.

—Esta propiedad la alquilé para los dos. Se suponía que iba a ser una sorpresa y que pasaríamos una semana extra de luna de miel. Es para no tener que estar en el hotel todo el tiempo. Además planeé invitar a toda la familia para que disfrutaran unas vacaciones con nosotros para la siguiente semana. 

—Fue un bonito gesto, lástima que lo arruinaras todo eligiendo a zorras de pechos caídos antes que a mí.

—Rosie no es una mala persona, ella...

Levanté un dedo de forma amenazante.

—Ni se te ocurra nombrar a Rosie y "no es una mala persona" en la misma oración. ¿Acaso estás ciego? ¿No leíste nada de lo que te reenvié? ¡Tu amiguita está que moja los calzones por ti!

—No era necesario ser tan descriptiva, nena...

—Nada de nena. Se acabó esto Adam, se acabó todo. Ahora deja que el traidor de allá afuera me lleve a una estación de buses, me voy a casa y ni se te ocurra detenerme.

—En primer lugar, Anna, ya no necesitas al cabrón ese para que te lleve, además creo que él se está yendo justo ahora —señaló en dirección a la ventana, donde el auto de Diego comenzó a alejarse en la carretera. Sagitario traidor—. En segundo lugar, Rosie me juró que no te envió esos mensajes.

Esto era el colmo.

Terminé de ver cómo el auto de Diego desaparecía a final de la calle y luego me giré hacia Adam, llevándome las manos a la cadera.

—Por supuesto —dije de forma sarcástica—. Te creo, ella se ve tan pura y transparente, incapaz de engañarte.

—Me explicó que quiso ponerte celosa y que sí, quería que sintieras celos por mí. Nada más.

—Pues ella hizo una actuación formidable.

—Yo le advertí que no se volviera a meter contigo, con nuestra relación... Pero ya no sé qué creer.

—Obviamente a mí no me creerías, esa confianza se la das a Rosie.

—Por favor no te enojes. ¿Comiste algo? Puedo prepararte lo que quieras, solo trata de no exaltarte mucho, estás embarazada.

—Oh, por supuesto, ahora sí recuerdas ese pequeño detalle —dije de forma sarcástica.

—Créeme, si me entero que en verdad fue Rosie la que escribió todas esas horribles cosas, yo me aseguraré de darle una lección.

—¿Y todavía dudas que ella escribió los mensajes? No puedo creer lo ciega que estuve al enamorarme de ti. Ahora, si me lo permites, no me pienso quedar ni un segundo más aquí.

Di media vuelta pero casi al instante la mano de Adam se estaba cerrando sobre mi brazo. Sus dedos se clavaron en mi piel, provocándome calor y un malestar que sólo un hueco en el corazón era capaz de crear.

—Annabelle.... No lo hagas. No huyas.

Su pecho se pegó contra mi espalda, su mano fue bajando y se colocó sobre la mía.

—Te creo, nena. Perdóname. Es difícil para mí poder lidiar con la culpa. Discúlpame por enojarme tanto... por cegarme de esa forma.

Negué rápidamente con la cabeza.

—Este es un juego de nunca acabar —murmuré.

—Jamás cambiaría lo que tengo contigo, ni en un millón de años —susurró en mi oído, su mano acariciando mi barriga—, ni por todos los venados del mundo cambiaría el haberte conocido. Eres la única que ha logrado comprenderme, serme sincera y entenderme a la perfección.

—Pues últimamente ese radar falla muchísimo. Puede que te entienda pero no sé leer las mentes; necesito que te comuniques conmigo, que... —suspiré al pensar en lo siguiente—, necesito que no existan secretos entre tú y yo.

Los labios de Adam se posaron en mi cuello, mi piel se erizó al instante.

—¿Quieres que te siga enviando mis secretos, así como lo hice hace un tiempo atrás? Recuerdo haberte contado de mi primer enamoramiento por mi nana.

Rodé los ojos. Adam siempre lograba desviarse del tema con una facilidad impresionante.

—¿Quieres saber los míos? —dije con desprecio—: detesto a tu "amiga" Rosie. La odio como jamás creí que odiaría a alguien. Tampoco me gusta que le ponga Noah a su hijo... Ella no debería usar un nombre que signifique tanto para nosotros. ¿Por qué no le pudo poner otro?

—Bien, con respecto a eso, logré que cambiara el nombre —Adam sonó triunfante al decirlo. Me di la vuelta, aún entre sus brazos, y lo observé con atención—. Hablé de eso con ella y de lo mucho que ese nombre significaba para nosotros. Aceptó cambiarlo.

—¿Así de simple?

—Exacto.

—¿Cómo le va a poner a su bebé ahora?

Se encogió de hombros, evitando mirarme directamente a los ojos.

—Por favor Anna. Perdóname y habla conmigo.

—¿Y qué se supone que hacemos justo ahora? ¿Dormir?

—Necesito saber que no te he perdido y que todo está bien. Admito que soy un inmaduro que no sabe cómo lidiar con las cosas.

No le respondí nada y él aprovechó mi silencio para tomarme de la barbilla y darme un profundo beso.

Su lengua se abrió camino en mi boca y una de sus manos sujetó mi cuello, buscando nuevos ángulos para su lengua.

Me separé para tomar aire, sus besos me dejaron mareada.

—Te haré pagar lo mucho que me dolieron tus palabras —lo amenacé.

Él sonrió y besó mi mejilla.

—No me gusta estar enojado contigo —besó mi otra mejilla—. Soy un imbécil, yo pensé que Rosie era sincera. Sé que no quieres escucharlo pero estoy seguro que ella no es así de mala... jamás lo ha sido.

Torcí el gesto y Adam se apresuró a besarme en la nariz.

—Lo siento. No volveré a hablar de ella. Perdón.

—La verdad es que lo que más duele es que la hayas besado... Independientemente si fuiste tú o no quien inició el beso.

—Rosie nunca me provocará el millón de emociones que tú me provocas con tan solo parpadear en mi dirección. Soy el idiota con más suerte en el mundo. Ahora, por favor, ven conmigo a la habitación; dejaré tus cosas y puedes descansar. Solo no me dejes... Necesito arreglar esta luna de miel.

—Eso es algo muy difícil de lograr en estos momentos. Me siento furiosa contigo, me siento mal y no creo que lo nuestro vaya por buen camino.

—Déjame regresar a los viejos tiempos entonces…

Negué con la cabeza y él aprovechó para pegar su frente contra la mía.

—Por favor —susurró—, contrario a esos libros de alienígenas sexys que tanto amas leer, soy humano común y corriente que comete errores.

Suspiré, cansada de todo.

—Desearía que tus cambios de opinión se debieran a que eres de otro planeta. Pero no, tu bipolaridad no tiene remedio.

—Ven conmigo, nena —extendió su mano y, al igual que Eva con el fruto prohibido, la tomé ante todo pronóstico; luego asentí con la cabeza y dejé que me diera un último beso en la mejilla.

—De acuerdo —afirmé lo que ya sabía—. Te perdono pero tienes que asegurarte de saber recompensarme mucho. Más de lo normal.

Me sonrió como un niño. Como si acabara de mirar a su juguete favorito y este juguete le diera permiso de jugar con él. Probablemente eso era para él: tan solo un juguete más para su colección pero en esos momentos no me importaba.



Para cuando llegó el anochecer estaba tan llena por toda la comida que Adam tenía preparada y que nunca paró de salir mientras hablábamos hasta pasar las horas. Colocó mi ropa en los percheros y se aseguró de que tomara un baño en la enorme bañera del baño.

También acepté dormir con él, juntos otra vez en la misma cama. Sonreí al verlo caer rendido sobre una pila de almohadas y esperé hasta que su respiración se normalizó.

Dejé a un lado el libro que estaba leyendo y, sin hacer mucho ruido, tomé todo lo que pude del armario de ropa y lo metí dentro de mi maleta.

Acomodé todo en el baño y comencé a caminar a hurtadillas por la casa.

En cierta manera este juguete en particular se cansó de jugar siempre a lo mismo.

Rebusqué entre los bolsillos del pantalón de Adam y saqué unas llaves de la casa y de su auto. Las tomé y me moví sigilosamente mientras huía por segunda vez en esa semana.

Esta vez me perdería hasta que no me pudiera encontrar.

Y no me importaba si pensaba que estaba siendo inmadura. La realidad era que estaba tomando el control de mi vida, al menos por unos instantes.

Antes de irme le dejé una pequeña nota sobre la mesa del comedor, escrita en un viejo recibo que encontré entre mis cosas.



"Secreto # 1 de Anna: vas a ser padre de gemelas"



Y como el recibo era pequeño, continué en otro papel que dejé exactamente a la par, con el próximo secreto:



"Secreto #2: Yo tampoco sé si casarnos fue una buena idea. Es obvio que siempre estuvimos destinados a sabotear nuestra relación"



Y con eso abrí sigilosamente la puerta y dejé de pretender que todo era perfecto.

Me subí en el auto de Adam lo más silenciosamente que pude y me alejé con un destino en mente.

Esta vez haría las cosas bien, no dejaría que jugaran conmigo nunca más. Y amaba a Adam, pero era hora de que aprendiera la lección de la manera más dura.


Quizá ambos deberíamos aprender lecciones.
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27 abril 2015

PFQMG - Cap. 13-Parte 1

13
Cómo coincidimos en casi todo


Rita



Mis huesos de la rodilla duelen cada vez que camino o intento subir un escalón. Mi cuerpo ya no puede más y el cansancio se ha apoderado de mí.

Tengo el rostro cubierto de lodo, y tres mosquitos picaron mi cuello y mi espalda. Ahora mi apodo es la Jorobada de Notre Dame porque cojeo y me encorvo (gracias a la picadura) al mismo tiempo.

Las actividades familiares me han masticado y luego escupido, todo en uno.

Esta mañana comenzamos con ejercicios y rutinas sencillas, lo típico en campamentos: carrera en sacos de papa, carrera de cuál es el miembro más lento del equipo (osea yo), competencia con la soga y qué equipo logra salir intacto sin ni una gota de lodo en el rostro (obviamente yo no).

Jugamos al tobogán, que básicamente consiste en pasar arrastrado por debajo de las piernas de tu equipo hasta ocupar el primer lugar en la fila, vi un par de cosas que no debí ver y en definitiva algunas chicas deberían usar ropa interior cuando usen faldas... (O no usar faldas en un campamento) pero en general fue bastante bueno porque ganamos en esa competencia.

Luego vino la guerra de globos de agua, en donde Key terminó lanzándome a la piscina y en donde golpeé a su madre accidentalmente con un globo cargado. A ella le pareció divertido, a mí me dio una vergüenza infinita.

Ahora es casi de noche y mi camiseta no se ha secado del todo. Mi grupo, el azul, se dirige hacia la última actividad por este día: la fogata y la competencia de cuentos de terror.

Nos dieron unos minutos para refrescarnos y cambiarnos antes de presentarnos, pero Lucca, el chico afeminado del grupo y que viste de neón, quiere que empleemos ese tiempo para repasar nuestras tácticas para poder ganar ya que somos uno de los equipos que entró en la semifinal de la competencia.

Muevo los pies como un zombi, recordando las cuatro veces que me caí sin nada de decoro sobre la tierra. Key se pasó todo el día riéndose de mis desgracias.

—Atención, azules. Atención —llama Lucca, su ropa poderosamente neón me daña la vista y la paz mental—. Los que sepan historias de terror por favor levanten la mano para escucharla; tú no, Pam, cuentas la misma historia de las monjas fantasma cada año. ¿Alguien más?

Pam, a mi lado, frunce el ceño.

—Ridículo afeminado machista —murmura con un mohín.

A pesar de que todos los músculos de mi cuerpo están atrofiados, todavía me sorprendo de poder usar los de la cara para sonreírle a Pam con simpatía.

—Yo no he escuchado el de las monjas —la animo.

—No hagas que lo cuente —dice Elena detrás de nosotras. Ella también está empapada y cubierta de suciedad... además de la habitual suciedad en su alma—. Es tan aburrida que piensan comprarle los derechos de autor para convertirlo en sedante para caballos. Seguro los mata de sueño.

—Pero bien que te orinaste del miedo cuando lo conté por primera vez —sisea Pam en respuesta.

—Eres una vulgar, Pamdora. Nadie encontró tu historia terrorífica, mucho menos yo. Deja de decir soeces. Ese día tomé mucho líquido.

—¿Vulgar? ¿Soeces? —resopla Pam, llamando la atención de casi todo el grupo menos de Lucca que continúa hablando como si le prestáramos atención—. Escúchate, cualquiera pensaría que te volviste culta; si tan sólo supieran que la semana pasada comías chuletas como si fueran cuestión de vida o muerte, dejando únicamente los huesos del pobre animal en el plato, verían tu fachada de "culta" destruida.

—No empieces conmigo...

—¡Orden, chicas, orden! —dice Lucca desde algún lado cuando nota que ya no es el centro de atención—. Basta ya, mujeres. No peleen más. Mejor díganme sugerencias de historias de terror.

Ambas se dan miradas de advertencia pero luego apartan la vista.

Pam levanta la mano.

—¿Qué dije sobre las monjas fantasma? —la regaña Lucca.

—¡Juro que esta vez no era ese el que quería contar! Esta vez quería hablar sobre el de la chica perdida en un parque. Es una niña sin ojos...

—Eso es asqueroso —dice Elena examinando sus uñas y luego resoplando—; yo tengo una de un pirata sexy con problemas de autocontrol.

—Son cuentos de terror, no eróticos —dice Pam de inmediato.

—Prefiero el de los tres cochinitos —ruedo los ojos y me cruzo de brazos.

—Tú, Jorobi, no puedes opinar —hace mofa del nuevo apodo que, precisamente, me dieron ella y Marie.

—¿Y si contamos ese de los vampiros? —nos interrumpe otra voz. Es una de las primas de la familia.

Todos resoplamos al mismo tiempo.

—Estamos arruinados —grita Lucca. Se agarra el pelo de la cabeza y comienza a tirar de él—. ¿Nadie tiene nada?

—Jorobi es de los barrios pobres, preguntémosle a ella; seguro ahí ocurre algo de terror a diario —dice Elena en voz alta. Todos voltean a verme a mí.

En estos momentos prefiero ser llamada Patchie a Jorobi.

Estúpida alergia a los mosquitos. Estúpida Elena. Estúpido campamento. Estúpido Key... Y estúpidas ratas que dan miedo con sus hocicos peludos.

—No me sé nada. No me gustan las historias de terror —digo en un susurro—. Y ya deja de meterte conmigo Elena o mañana terminarás usando tus extensiones en las axilas porque arrancaré tu cabello mientras duermes.

—Mafiosa vulgar —murmura ella en mi dirección.

Ruedo los ojos y me cruzo de brazos.

Lucca está casi deprimido, sudado y sucio así como el resto del grupo, malhumorado y derrotado porque tenemos la victoria cerca pero no podemos obtenerla.

—Muy bien —grita él después de unos minutos—. Ya que vamos a perder por culpa de una tonta historia... al menos hagámoslo en mejores condiciones que estas —se huele la axila y arruga el rostro—. Todos regresen a sus cabañas a darse una ducha. Pam, prepárate, contaremos tu historia de las monjas.

—Pero tenía otra... y juro que hay romance y escenas eróticas.

—Grandioso —interrumpe él, sonando sarcástico—. Ahora se reirán de nosotros.

—¡Juro que la historia es aterradora! No me hagas ponerle tu nombre al protagonista que muere primero, colgado de la ingle y con la lengua salida.

Lucca rueda los ojos y nos despide con un gesto teatral de su mano; todos nos movemos en dirección a nuestras cabañas.

Antes que pueda avanzar muy lejos, alguien me toma del brazo y me aparta del grupo. Pam observa el movimiento y ve de manera extraña al dueño de la mano aún sobre mi brazo. Es Gabriel.

—¿Qué quieres? —sueno cortante. Quito mi brazo de un tirón para que me suelte—. No vuelvas a poner tus sucias manos en mí.

—Me gustaría que habláramos.

Mira discretamente a Pam y luego a mí. Sus ojos de diferentes colores, y la principal razón de enamorarme de él en un comienzo, ahora lucen preocupados y me dan lástima.

Doy un suspiro y asiento con la cabeza en dirección a la hermana mayor de Key.

—Hablaré un rato con él, estoy bien. Si se quiere sobrepasar le aprieto las bolas hasta que le queden moradas.

Pam se ríe y se va detrás del grupo, dejándome sola con Gabriel quien me aparta poco a poco hacia un lado de la habitación.

—Habla ahora, animal.

Él se sorprende por mi uso de la palabra y se recuesta ligeramente sobre la pared.

—Esto... Rita, no quiero que intervengas en mi trabajo.

—¿Yo? ¿De qué manera estoy interviniendo?

—Llevo años trabajando en este lugar, los Miller me pagan bien y soy bueno en lo que hago...

—¿Y tu punto es?

Gabriel observa la punta de sus zapatos, como si allí se encontraran todas las respuestas del universo.

—Mi punto es —alza la cabeza y me ve directo a los ojos—, si todavía estás enojada por lo que ocurrió hace años atrás, contigo y con Bianca...

—Detente ahora —lo interrumpo—. No quiero seguir recordando la vez que embarazaste a la que era mi mejor amiga.

—Bien, ¡pero no quiero que te desquites conmigo! Soy un padre ahora y tengo que llevar dinero a la casa. Y hoy, por tu culpa, me hablaron de un posible despido por todo lo que ocurrió ayer y tu novio golpeándome salvajemente.

—Eso te lo ganaste tú.

—¡No es cierto! Lo sufrí porque tú no pudiste parar de comportarte como una perra desquiciada porque se nota a leguas que no has podido olvidar lo que pasó. Supéralo de una vez, es hora de seguir y dejarme en paz. Si tan solo no hubieras actuado como una necesitada de amor, tal vez nunca hubiera recurrido a Bianca. Ahora por tu culpa mi trabajo cuelga de un hilo.

Siento cómo la rabia se va apoderando de mi sangre con lentitud; con aspecto intimidante me acerco cada vez más a su rostro, hablando con voz firme y clara:

—¿Quieres que supere el hecho de haberte encontrado follando a mi "mejor amiga" en el baño de mi casa, mientras yo estaba enferma y pensaba que estaba muriendo, a dos habitaciones de distancia? Eres un cerdo de polla pequeña que te crees superior porque lograste engañarme durante meses, haciéndome pensar que me querías, ¡prometiendo casarte conmigo y regalándome un estúpido anillo de plástico como símbolo de que pronto lo sustituirías por uno de verdad! ¿Te sentiste poderoso mientras me humillabas? ¿Disfrutaste joder con las dos? Porque yo disfruté el divino castigo del destino cuando la dejaste embarazada y días después también te dio infección urinaria y comenzaste a desarrollar ladillas en las bolas que, viéndote solamente esta tarde cuando te rascabas con insistencia, asumo que todavía tienes.

Ahora Gabriel luce pálido mientras yo respiro con dificultad, desahogándome y sacando todo lo que tengo dentro y ha estado matándome por dentro. Soy vagamente consciente que él se alterna entre mirarme a los ojos y mirar por sobre mi hombro de vez en cuando.

—Ah, y otra cosa —digo antes de dar por terminada la conversación—. Hoy por la tarde entré con Key a tu cabaña mientras tú patrullabas en otro lado, y escupí en tu agua... y Key orinó en tu shampoo, en tu jugo de manzana, en tu cama y sobre tus almohadas. Como no me pude resistir, metí tu cepillo de dientes en el retrete y luego Key lo orinó también, junto con ese ridículo protector que usas en los dientes.

Respiro hondo y noto por primera vez que a nuestras espaldas tenemos público porque los murmullos no se hacen esperar. Al parecer mi grupo decidió no irse después de todo.

Gabriel no está muy contento que digamos, pero sobre todo parece asqueado... y peligrosamente verde, como si quisiera... ¡Y acaba de vomitar cerca de mis pies!

Key, que es uno de los espectadores, se apresura a venir a mi lado y apartarme de la segunda tanda de vómito de Gabriel.

Esto no es lindo.

—Tú... —dice Gabriel, quien me señala cuando logra contenerse de seguir vomitando—. Pequeña perra maliciosa, oh cielos, me siento enfermo del estómago. ¡No puedo creer que pusieras a ese tipo a orinar sobre mis...!

Gabriel está verdaderamente furioso, resoplando y viéndome como si me fuera a matar. Para mi sorpresa, Key le lanza un golpe directo a la nariz que lo hace tropezar.

Miro hacia Key, directo a sus ojos, con la boca abierta.

—¿Lo golpeaste? ¿Por qué? —pregunto atónita.

—Vamos, Rita. ¡El tipo lo hizo en tu baño!

Key me toma del brazo y me obliga a pasar en medio de la pequeña multitud que hemos reunido... una vez más. Dejamos a Gabriel atrás, con todo y sus quejas y lamentos.

Una vez que estamos algo alejados del lugar, salgo de mi conmoción y parpadeo mucho en dirección a mi vaquero... ¡No! ¡No es mi vaquero! Es el vaquero de alguien más.

—¿Entonces escuchaste todo lo que dije?

—Cada palabra —asiente con la cabeza—. Incluso las mil orinadas que se supone di sobre toda la cabaña de ese tipo. ¿Es que acaso me imaginaste como un perro marcando territorio? Seguro y tu ex pensó que tengo incontinencia y no puedo controlar mi llave —señala su entrepierna.

Parpadeo una última vez y comienzo a reírme con fuerza.

Key es muy guapo… y sabe manejar bien mi lengua rápida y fluida, junto con todas mis excentricidades.

—Lo siento —me disculpo entre risas—. No se me ocurría qué otra cosa hacer. Pero tienes que admitir que la idea es brillante.

Me paro más erguida y la idea ya no me suena tan descabellada como antes.

—¡Eso es! —grito—. Key, ¿no te gustaría...?

—No, no, no. Ya sé lo que quieres y la respuesta es no.

—Vamos, di que sí. Hagámoslo esta noche... Entremos en la habitación de Gabriel y orinemos sus cosas. Él seguramente va a botar y sustituir todo esta tarde, nunca sabrá que esta noche orinaremos sus cosas de verdad. Es el momento perfecto para entrar a hurtadillas y cumplir con la venganza.

—Rita, ¿sabes la cantidad de líquido que me va a requerir tomar para hacer eso? Es la idea más descabellada que te he escuchado decir.

—No lo sé y no me importa. Creo que deberíamos empezar a hidratarte para preparar tu vejiga, eso es todo lo que pasa por mi mente en estos momentos.

—No, no, no, no. ¿Estás loca? ¿Quién no te dice que él decida irse y empacar sus cosas justo ahora?

—No creo que lo haga. Me pidió que no le provocara más deslices en el trabajo porque lo ocupa. Gabriel va a arrodillarse para que no lo echen, estoy segura.

Key suspira y noto su resolución viniéndose abajo poco a poco.

—¿Con eso quedaría saldado mi trato de venganza por los ex? —pregunta.

—Estaría en deuda contigo si me ayudas a hacer eso.

—Es que... No lo sé.

—Vamos, no seas así. Ayúdame y yo te ayudo, ¿recuerdas? Si tú saltas, yo salto.

—¿Esa última frase no era de Titanic?

—Probablemente. ¿Entonces? Prometo dejar que me beses.

—¿Y qué te ha hecho pensar que quiero besarte? Tú eras la que quería abusar de mí en el motel. Probablemente ni siquiera había una rata en la habitación y decidiste falsificarla para encontrar una excusa para deshonrar mi virtud.

Elevo una ceja y llevo ambas manos a mis caderas.

—Si tú no me ayudas, me encargaré de escupir en tus alimentos… ni siquiera lo vas a notar. Y créeme, tengo experiencia haciéndolo.

Él duda un momento, viendo en todas direcciones antes de suspirar mientras me lanza una mirada enfática.

—Está bien, trato hecho. Pero... ¿Puedo besarte ahora?

—De acuerdo.

—¿Beso con lengua?

—Ni se te ocurra.

—¿Puedo tocarte?

—Sólo si no quieres conservar todos tus dedos en su lugar.

—De acuerdo, bien. Tranquila mi pequeña Patchie-con-navaja-y-gas-de-pimienta-incluido.

—¡Oye! No soy tú Patchie.

—Claro que lo eres, ahora bésame, me lo debes.

Él hizo el intento de acercarse para besarme pero yo me alejé.

—Lo siento vaquero, pero eso pasará después que me ayudes.

—Eso me parece hacer trampa.

—A mí me parece ser inteligente.

Y lo digo en más de un sentido porque sé que si beso a Key en estos momentos probablemente le quiera dar cinco hijos después y eso no puede pasar. Y sé que no va a pasar porque yo soy Rita Day, y Rita Day nunca se queda con el chico al final de la historia. Mi experiencia me precede.


Key




Un litro de agua, dos tragos de Jagermeister, un vaso de jugo de naranja y luego una cerveza seguida de otros seis vasos de agua.

Eso toma para que mi vejiga sienta deseos de liberar todo ese líquido acumulado.

—¿En qué cabaña averiguaste que se hospedaba? —pregunto, moviéndome de un lugar a otro. Rita se encuentra ocupada viendo su teléfono celular, consultando por quinta vez la dirección de la cabaña de Gabriel.

Todavía sigo impactado por enterarme de qué manera tan cruel le fue infiel a Rita. Así que en parte no me arrepiento por lo que vamos a hacer a continuación.

—Adam dice que la quinta cabaña a la izquierda —dice Rita, escribiéndose mensajes con mi mejor amigo.

De alguna extraña manera no me gusta eso. Rita y Adam jamás harían buena pareja.

De pronto la escucho resoplar de la risa, viendo todavía a su teléfono.

—¿De qué te ries? —pregunto cautelosamente.

—Presiento que a Adam le gusta mi mejor amiga.

—¿Por qué lo dices?

—Porque me acaba de preguntar, de una forma nada discreta, cuál es la música favorita de ella.

Comienzo a reírme.

—Dile que ya tiene novia, que piense en ella.

Rita hace una mueca.

—Si quisiera que tu amigo pensara en una bolsa para excremento, claro que le diría que piense en Marie. Pero la verdad es que valdría la pena ayudarlo a conectar con mi amiga con tal de ver la cara de la anaranjada esa cuando Adam la deje por Anna.

Sonríe a la pantalla de su teléfono.

—¿Podemos ya entrar en la cabaña? No aguanto la necesidad de ir al baño.

—¡Oh claro! Vamos caminando por aquella dirección.

Señala a la izquierda y comenzamos a movernos.

Cada dos segundos lanza una risita maliciosa, tecleando en su teléfono.

—Te vas a caer si no miras por dónde vas —le reclamo algo enojado.

—Para eso te tengo, para que seas mis ojos cuando yo no pueda ver.

—¿Qué tanto escribes con Adam?

—Le dije que a Anna le gustaba toda la música de ese grupo musical nuevo, Patitos al Agua.

—¿Hay un grupo musical llamado Patitos al Agua?

—Claro. Si no hay entonces alguien debería crearlo.

—Adam no es tan tonto como para caer en eso.

—Pues tuvo que comprobarlo en internet —se sostiene el estómago para soltar una gran carcajada mientras mira su celular—. Me está reclamando porque dice que no encontró nada.

—Eso es porque eres terrible escogiendo nombres de bandas falsas. Y ya en serio… ¿estamos cerca de la cabaña de tu ex? Tengo necesidades.

—Esta es… esa es la cabaña de Gabriel —dice Rita deteniéndose frente a la construcción en madera—. Vamos, es hora de vengarme del hijo de fruta.

—¿Hijo de fruta? Suenas de primer grado.

—Y tú suenas a punto de estallar. ¡Ve, libera tu vejiga sobre todo lo que encuentres de Gabriel!

Comienzo a dar pasos en dirección a la entrada pero noto que Rita no me sigue.

—¿Y tú que vas a hacer? ¿No vas a entrar, Patchie?

—Oh, claro. Sólo estoy ajustando el video de mi cámara. Quiero que esto quede para la posteridad.

—¿Te dije antes que estabas desquiciada? Porque de verdad, lo estás.

—Oye, los desquiciados somos los mejores. Tenemos un amplio sentido de la creatividad. Ahora ve que tenemos un gran trabajo que hacer esta noche.



Después de eso entro en la cabaña, dispuesto a saldar mi deuda con ella y ansioso por lo que viene después.
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Debo comenzar diciendo...

que en verdad siento no haber podido publicar nada el fin de semana (tal y como en mi cuenta de Twitter mencioné, que iba a publicar algo estos dos días pasados).
Tranquilas, recibí sus mensajes de odio... pero ocurrió un problema familiar el domingo (día en que se supone iba a publicar) y mis ánimos se fueron hasta el suelo, se colaron entre las baldosas del piso, traspasaron el cemento y se mezclaron con la tierra. En otras palabras: Tuve un día de mierda.
Obviamente sé que no lo entenderán porque a ustedes lo que les interesa es saber lo que pasa con Adam y Anna, o lo que sucede con Rita y Key, pero la cuestión es que si yo me siento mal, mis personajes no se van a sentir bien.

Les mentiría si les dijera que entre semana podría publicar capítulo, pero no es así porque yo trabajo en las tardes y llego de noche a mi casa y casi sin ánimos de no hacer nada mas que dormir. Si yo solo me dedicara exclusivamente a la escritura de seguro ya hubiera terminado el libro entero... pero lastimosamente esa no es mi realidad y tengo que buscar la manera de jugar con las cartas que me fueron repartidas en la vida.

En resumen: Ya no sé cuándo va a haber capítulo... Tampoco me pregunten si sé cuándo estará terminado porque no tengo ni la menor idea. En cuanto hago planes para sentarme a escribir, llega alguien y me los cambia. ¡Ni siquiera sé lo que voy a hacer mañana, o en cinco minutos... mucho menos saber qué día podré sentarme tranquilamente a escribir y no pensar en nada más!

Con esto no pienso renunciar ni nada... amo escribir y me marchitaría si dejara de hacerlo. Sólo pido un poco de comprensión (aunque yo sé que se les hará difícil porque nadie está mis zapatos), y entiendan que escribir, contrario a lo que algunos piensan, no es tan sencillo como decir 1 2 3 4 5 6 7, no lleva cinco minutos de dedicación... claro, si eres terrible escribiendo o tienes super poderes mentales, escribir un capítulo en cinco minutos se te hará fácil, pero si eres normal como yo, escribir lleva TIEMPO; tiempo para pensar, tiempo para corregir, tiempo para asegurarte de transmitir lo que quieres transmitir y tiempo para estar seguro sobre las consecuencias que dicho capítulo que escribas va a traer a tu historia.
Escribir no es como hacer un ensayo de la escuela en el que consultas a Wikipedia o Google por ayuda y ¡BAM! te guías para cualquier cosa.
Escribir de la manera correcta requiere dedicación y esfuerzo. La que diga que escribir es tan sencillo como cambiarse de calzón, por favor la reto a que lo intente y que lo haga manteniendo una excelente trama, una buena gramática y una vida caótica y cargada con todo el peso del mundo. Adelante.
Pero por favor, si van  a  juzgar al menos háganlo con sensatez y no sin antes haberlo comprobado ustedes mismos.

En fin, cuando publique capítulo yo aviso (como siempre) en mis redes sociales. Espero sea pronto pero quién sabe... tal vez de aquí a mañana mi vida cambie y pasen cosas que yo no puedo controlar y que me obliguen a detenerme de escribir. Ni idea. Espero que no.

Les mando un saludo a todos (as) y gracias por tomarse el costo de leer esto hasta el final.
Los amo por aguantarme con todo y mis publicaciones-que-tardan-un-mes-o-más. No saben lo mucho que los aprecio y lo mucho que desearía ahora un abrazo... o una barra de buen chocolate :/

Besos!

PD: les dejo esta imagen... creo que no agradecí a la chica que lo envió pero... GRACIAS ANNIE!






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07 abril 2015

POAW capítulo 20 - Parte 1

Hola a todos! ¿Ansiosos por leer? Bueno, yo estoy ansiosa porque lo hagan también.
Falta decir que me siento muy apenada por la espera, pero agradecida con quienes logran entenderme y siguen aquí, leyéndome a pesar de las circunstancias.
Sin nada más que decir, los dejo con el capítulo:



Capítulo 20
Ni por todos los venados del mundo




Fue una noche muy larga, me la pasé con la cabeza mareada, fuertes dolores de espalda y calambres en mis piernas. Los sueños donde Rosie se reía como hiena no pararon hasta que me desperté temprano y me puse lo primero que encontré en mi maleta.

Anoche, antes que la batería de mi teléfono colapsara, recibí una llamada de mamá. Por supuesto no la tomé porque ya podía imaginar que Adam contactó con ella y que ahora estaba de su lado. Me molestaba que nadie pudiera entender la necesidad que tenía de estar sola por al menos unos días; y principalmente me molestaba la actitud de Adam.

Nuestra luna de miel debería quedar registrada en la historia de la humanidad como la peor. Ya me imaginaba el encabezado que usarían para nosotros: esposo escapa con "mejor amiga" y deja a su esposa plantada por asistir al parto (y responsabilizarse del bebé nacido de dicho parto) de la mujer que arruinó la que debería ser una semana soñada.

Era la peor luna de miel de todos los tiempos, después de haber tenido una inolvidable boda.

No entendía qué mierda sucedía con Adam; pero que el chico era bipolar, era bipolar.

Ahora me encontraba a una hora de ser llevada por Diego a la estación de buses más cercana. Esperaba a orillas de la cama en la habitación, deseando que el sol se apresurara en salir y contando los minutos para escapar de la pesadilla y tomar una decisión.

De forma desprevenida, acaricié mi estómago y empecé a trazar patrones circulares por mi ombligo ya salido.

—Perdonen el padre que les di, hermosas. Pero hoy me encargaré de remediar la situación y darle una lección que no olvide —hablé bajito, solo para mis bebés.

Adam, jodido imbécil Walker, se sobrepasó y no había nada que hiciera que pudiera remediarlo. Ni aunque me prometiera bajarme las estrellas o la luna o el sol; ni siquiera por todos los venados parecidos a Bambi que habitaban el mundo. Adam tendría que suplicar, llorar y arrastrarse de aquí a China para obtener una mirada de mi parte.

Pasada media hora escuché algo de actividad en la cocina y en la puerta de entrada de la casa. Oí voces y presté atención a los sonidos de pasos veloces subiendo la escalera. Sin pensarlo, la puerta de la habitación fue abierta abruptamente y un muy agitado Diego se detuvo en el umbral, con sus ojos asustados recorriendo con la vista toda la habitación antes de detenerse en mí.

—¡Aquí estás! Qué bueno que estés bien —gritó, acercándose.

—¿Qué sucedió contigo? Parece como si hubieras corrido una maratón.

—Es que no te imaginas lo que pasó. Necesitamos irnos pronto, Anna.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Es tu chico, me siguió desde el hospital cuando Mia y yo nos fuimos de la habitación de Rosie. El tipo está loco, histérico y enfadado como el infierno.

Me puse de pie con lentitud.

—¿Cómo que te ha seguido? No entiendo...

—Si ve mi auto estacionado afuera de la casa, va a saber que estás aquí, escondiéndote de él.

—No me importa, podemos irnos a la estación de buses sin ningún problema —comencé a ponerme en pie.

—No entiendes, está cerca. Anoche me partió el labio porque no le quise decir dónde estabas.

Al instante mis ojos fueron directo a sus labios y noté por primera vez, desde que entró, el pequeño corte y el inicio de una inflamación justo en lado derecho de su boca.

—Y el tipo hubiera seguido —murmuró él—, pero los de seguridad del hospital lo sacaron antes que me matara a golpes. Cuando fui a casa de Mia, él nos estaba siguiendo en su vehículo. No sé qué carajos pasó entre ustedes dos anoche pero eso lo hizo detonar como una bomba.

Tragué saliva con fuerza. Mis rodillas se doblaron y volví a sentarme con pesadez sobre la cama.

—Tal vez finalmente me hizo caso y leyó cada mensaje ofensivo que su psicópata "amiga" me envió.

—Sea lo que sea, está loco. Es mejor si te llevo ahora a donde tengas que ir... pero rápido porque él está cerca.

—De acuerdo, lo que menos quiero hacer es encontrármelo. Ayúdame con la maleta, por favor.

Él se apresuró a cargar mis cosas, su respiración seguía agitada y su frente llena de sudor.

—Rápido, rápido, rápido —habló, parecía en verdad asustado—. Ese loco, perdona el insulto, dijo que me tatuaría la entrepierna si no cooperaba y le daba tu ubicación. Y créeme, yo estoy adornando las palabras porque no usó nada bonito para amenazarme.

—Lo siento mucho… —murmuré mientras bajaba cuidadosamente las escaleras—. Adam puede llegar a ser muy niño a veces.

—Pues ayer se pasó de la cuenta. No solo amenazó mis partes privadas, también juró que si me veía cerca de ti iba a exterminar por completo esas partes previamente mencionadas.

—Ahora estás exagerando. Adam no tiene ese poder.

—Créeme, lo tiene. Solo basta con tener conexiones y ¡Bam! Tatúas la entrepierna de alguien.

Al llegar al primer nivel, la Sra. Ross nos esperaba en la cocina, sorprendida de vernos tan apresurados.

—¿No van a desayunar? —preguntó, nos señaló con la espátula con la que daba vuelta a los panqueques que olían de manera tan deliciosa.

Diego fue el que respondió:

—Nos vamos abuela. A Anna se le puede hacer tarde.

—Oh… —ella dejó la espátula y se limpió las manos en su delantal—. ¿Tan pronto?

—No entiendes —sonrió él—. Mi entrepierna está en juego... tenemos que irnos ahora.

—Jovencito, tu madre no te crió para que hablaras de entrepiernas frente a las chicas.

—Solo por hoy hago una excepción. Llevamos prisa.

Asentí con la cabeza, todavía extrañándome que Diego le tuviera miedo a las amenazas sin sentido de Adam.

—Me siento muy agradecida por el recibimiento —hablé, apenada por no ayudar lo suficiente y por no llegar a profundizar lazos con la familia de Diego—. Usted y su esposo han sido muy amables.

—No te preocupes, linda. Quiero que sepas que eres bien recibida en esta casa y que puedes volver cuando quieras.

—Gracias, por todo.

Ella me abrazó y besó mi mejilla.

Se separó y se dio media vuelta, pidiéndome que le diera un segundo para rebuscar algo en los cajones del mueble de cocina.

—Este es mi número de teléfono —sacó un papel y escribió los datos con letra clara—. Llama siempre que quieras u ocupes volver a refugiarte aquí.

Tomé el pedazo de papel y me despedí de ella con último abrazo (y un trozo de panqueque que logré tomar).

Después de eso Diego no tardó en tomarme del codo y apresurarse a llevarme a la salida.

Me ayudó a subir a la parte trasera del vehículo y se aseguró de ponerme el cinturón de seguridad para luego posicionarse en su propio asiento. Arrancó al instante, girando a la derecha en una esquina, viendo en todas direcciones antes de soltar un suspiro de alivio.

—Bueno, no lo veo en ningún lugar —dijo él pasados unos cinco minutos—. Puedo respirar libremente.

Nos dirigimos sin ningún inconveniente por el camino, hablando un poco sobre Rosie y su extraña actitud cuando Diego y Mia la fueron a visitar, y escuchando una suave melodía de fondo... hasta que Diego se desvió por otra calle, una que no iba a dar a la estación de buses y que en su lugar nos acercaba un poco más a la carretera con vista al mar. Me preocupé momentáneamente.

No era tan tonta como para fiarme por completo en la palabra de un extraño, porque Diego era técnicamente uno; y el día anterior, antes que mi teléfono muriera sin batería, me había encargado de buscar las posibles rutas para acercarnos a la estación. Pero en ningún lado aparecía la que Diego estaba tomando.

De hecho, íbamos en la dirección opuesta. Comencé a sentirme nerviosa, recordando lo que pasó hace ya tanto tiempo cuando me fié de otro extraño que recién conocía y se hizo pasar por el hijo de mi antigua jefa. Las cosas no terminaron muy bien y pensé que ese día iba a ser violada. Sólo esperaba que ese hecho no se fuera a repetir como la vez pasada.

Busqué la mirada de Diego a través del espejo retrovisor, pero él parecía querer evitar encontrarse con mis ojos.

—¿No vamos a la estación de autobuses? —pregunté con la garganta seca.

—Sí, estoy tomando un atajo.

Sonó nervioso.

—¿Y por qué vamos por el otro camino?

—Porque... Lo que pasa es que... —dejó de hablar y se adentró en un bonito lugar frente al mar, rodeado de pequeñas casas y con bastante vegetación.

—Lo siento, Anna. Por favor no me odies pero...

Lo entendí todo cuando segundos después se detuvo frente a una casa en particular. Mis ojos se dirigieron de inmediato a la persona que se encontraba afuera, esperando a que yo bajara del auto.

—Te dije que no me odiaras —murmuró Diego en voz baja—. Perdona que te haya traído directo a la trampa pero era necesario. Lo entenderás después.

Lo miré sin poder creerlo.

—¿Cómo pudiste hacerme esto?

La puerta de mi lado fue abierta y una mano me tomó del brazo, sacándome del vehículo con cuidado de no hacerme tropezar. Ni siquiera pude verlo a los ojos, estaba furiosa por toda la situación y todavía no podía creer lo que había hecho Diego.

El susodicho también salió del auto, luciendo apenado conmigo, llevándose sus manos a los bolsillos delanteros de los pantalones y pareciendo verdaderamente arrepentido.

—Lo siento —susurró.

—Eres un traidor —lo acusé mientras enfrentaba lo que pasaría a continuación.





*****



—¿No te parece una belleza? —preguntó Rosie mientras era dada de alta y cargaba al bebé.

Asentí vagamente con la cabeza, tratando de continuar leyendo los mensajes que Anna me había enviado.

¿Qué mierda era esa? Todavía seguía afectado por ir al hotel para querer hablar con ella sobre el por qué dejé que se marchara… ¡Pero ella no estaba ahí! Y para colmo, faltaban varias de sus cosas.

Me sentía un tonto. En primer lugar porque nunca debí dejarla ir, y en segundo por ocultarle cosas… cosas que no debí hacer estando casado con ella.

—¿Estás bien? Luces distraído —comentó Rosie.

Negué con la cabeza, despegándome un momento del teléfono y tratando de controlar le temblor de mis manos que se sacudían por la ira.

—Dime, ¿quién putas te dio el derecho de hablarle a Anna de la manera en que le hablaste?

Ella palideció al instante.

Abrió y cerró la boca demasiadas veces antes de tragar saliva y contestar:

—Sabía que ella te pondría en mi contra —agachó la cabeza y depositó al bebé en la cuna; todavía seguíamos en la habitación del hospital y ya no podía soportar el olor a antiséptico en todo el lugar.

—Anna me mandó los mensajes que le escribiste y verifiqué que fuera tu número de teléfono. Incluso me contó todo lo que le dijiste usando MI móvil… que hablando de eso, no tenías derecho a tocar.

—Lamento mucho que te enteraras de esta forma; pero lo hice por tu bien.

—¿Lo hiciste por mi bien? ¿Quieres explicarme eso?

—Adam… ¡se los envié para hacer que despertara de una vez por todas! No quiero que ambos estén enojados por mi culpa.

—Claro, y esto precisamente es la manera correcta de apagar un fuego —comenté con sarcasmo—. Lo que hiciste estuvo fuera de lugar, yo no te pedí que te entrometieras entre Anna y yo.

—Por favor baja la voz y no me hables así de feo —dijo ella al borde de las lágrimas—. Ya te dije que lo hice para que ella sintiera celos y quisiera luchar por ti. ¿Por qué siempre eres tú el que pide perdón y no ella?

—Porque por lo general lo hago mierda todo, justo como ahora —frustrado, me agarré con ambas manos el cabello y tiré con fuerza para al menos saber si esto era alguna clase de pesadilla y yo seguía dormido junto a Anna, peleando por ver a las tortugas y preocupándonos únicamente de quién se comía el postre primero. Pero como mi nombre era sinónimo de problemas, tenía que arruinarlo todo con Anna, como siempre hacía.

En estos momentos deseaba arrancarme la piel y sufrir de manera dolorosa.

—Adam, bebé —Rosie enrolló su brazo con el mío—. Perdóname por inmiscuirme en donde no me llamaron. Lo siento pero pensaba que estaba haciendo lo correcto. Si quieres hablo con Anna y le pido disculpas por la forma grosera en que le hablé.

Me separé al instante de su agarre y tiré de mi cabello con más fuerza. Tomé asiento en una de las sillas cerca de la cuna del bebé y apoyé mis codos en mis rodillas, encendiendo mi teléfono y buscando entre los mensajes.

—¿Pensaste que hacías lo correcto cuando le dijiste, y cito textualmente: Ocurrirá que Adam me estará haciendo el amor de manera lenta y sensual, mientras logra conseguir la custodia del hijo que esperas. Lo siguiente que pasará es que ese niño me estará diciendo mamá en cuanto aprenda a hablar?

Si antes ella se encontraba blanca, ahora estaba hecho un blanco cadáver.

—¡Dios mío! —chilló, llevándose una mano a su pecho y tomando asiento en la cama—. Pero… pero yo te juro que yo no le escribí eso. Sí, admito que se me fue un poco la mano mientras la amenazaba para que hiciera algo y te buscara, pero nunca le diría una cosa tan fea. Sabes que te quiero mucho pero te miro como un hermano… más precisamente como parte de mi familia, como si nunca hubiera muerto Emilia y siguiera a tu lado.

—¿Ahora me miras con afecto fraternal? —grité.

—Si te refieres al beso que te di… que nos dimos, de verdad lo necesitaba. Aunque no lo creas me siento sola. Viste perfectamente cómo Key entró en la habitación y miró al bebé por apenas unos segundos para luego marcharse. Me siento como la mierda y sólo necesitaba algo de afecto y cariño. Por eso te besé, no pienses mal.

—Y si tú no le enviaste los mensajes a Anna, ¿quién fue?

—No lo sé. Te juro por lo más sagrado… por mi bebé, que yo no le envié ese mensaje a Anna. Ya te expliqué que quería motivarla a que entre ustedes arreglaran las cosas. De seguro ella me odia y está inventando todo. Y la verdad es comprensible debido a todo lo que le dije pero…

—Pero nada —la ira hervía en mí como un volcán. Necesitaba golpear algo antes de apresurarme en cualquier cosa.

Me puse de pie y, cuando lo hice, precisamente entraron Mia y el chico que se quedó con Anna en el elevador.

No lo pensé demasiado, olvidando que hace unos segundos pretendía ser prudente, y me lancé en dirección al chico de ojos azules, sosteniéndolo por el cuello de la camisa.

—Tú, tú sabes dónde está Anna. Dímelo ahora o te rompo la mandíbula —lo amenacé.

Mia comenzó a gritar con esa voz chillona tan característica de ella.

—Yo no sé dónde está ella —respondió el chico—. Será mejor que me sueltes porque no tengo información de nada.

Retorcí más la camisa.

—Ella no estaba en nuestra habitación anoche. Dime dónde está, ahora.

Él apretó sus labios con fuerza, evitando mi mirada.

Claro, tenía que saber dónde se encontraba Anna.

En un abrir y cerrar de ojos lo solté, luego le di impulso a mi puño y tenía la intensión de golpearlo en la mandíbula pero se agachó antes de poder darle de lleno, aunque su labio no salió ileso.

Volví a tomarlo de la camisa y acerqué su rostro al mío.

—Dime dónde está mi esposa o me aseguro de arrancarte los testículos y dárselos de comer a mi hámster. Habla ahora, de una puta vez…

—Las amenazas no llevan a ninguna parte —dijo Rosie a mi lado. Ella y Mia trataban de separarnos pero ninguna tenía la fuerza suficiente. Fue consciente del llanto de un bebé en el fondo.

—Bien, tal vez deba amenazar más fuerte —dije—. Dame la ubicación de Anna. Sé que no está en casa porque ya hablé con su madre… y no está, claramente, en la habitación del hotel. Dime dónde y tal vez no considere tatuarte las bolas con mi nombre en ellas.

Tragó saliva, ahora luciendo nervioso.

—¡Voy a llamar a seguridad! —gritó Mia—. Aléjate de él, Adam.

—Quiero saber dónde está Anna. Me estoy cansando de preguntar.

—¿De verdad vas a tatuar mis bolas con tu nombre? —habló el chico—. ¿No sería un poco raro… o extremo? Lo digo porque no tenemos esa confianza aún como para hacernos tatuajes combinados porque, si tú tatúas tu nombre, tatúo yo el mío en tus bolas, ¿cierto?

La broma parecía graciosa pero no me reí. En su lugar lo sostuve contra la pared, enfocándome esta vez en su estómago y dándole un duro golpe.

—No estoy como para bromas. Habla rápido.

—Cielos, me pones nervioso.

Se quedó en silencio por unos momentos y, por primera vez noté los gritos de Mia y de Rosie.

—¡Adam Walker, suéltalo! —gritaba Mia. Ni siquiera me molesté en responderle y me concentré en el chico, resultándome familiar.

—Quiero que sepas que yo cumplo mis promesas —dije, empleando un tono mortal acompañado de un empujón contra la pared—. No bromeo cuando digo que soy capaz de cortarte los testículos usando únicamente mi mano… y lo hago todo por ella. Así que trata de no provocarme porque en cualquier momento estallo.

—Te creo… de verdad lo hago. Das miedo —me contestó—. Y quiero mi entrepierna a salvo, la necesito por si no te has dado cuenta. Ella y yo llevamos juntos 22 años y hemos pasado por muchas cosas. Por no hablar que si me cortas mis… partes privadas, tendré que vivir con prótesis y no podré orinar como persona normal.

—Hablas mucho y nada es sobre lo que me interesa.

—¡De acuerdo! Te llevaré con Anna, pero vas a esperar hasta mañana, y te diré dónde encontrarnos. Rosie me puede dar tu teléfono para avisarte.

—Me temo que las cosas no funcionan así. —Iba a lanzarle otro golpe pero alguien vino desde atrás y me apartó del chico, evitando que lo golpeara. Hasta mucho después noté a los de seguridad, quienes me escoltaron hasta mi auto.

Pero no me iba a quedar así, iba a esperar a que el hijo de puta saliera y lo iba a seguir.

Tenía que arreglar las cosas con Anna. Tenía que explicarle todo, la culpa que sentía, la carga con Rosie… no podía perderla. No la quería lejos de mí.





*****



Estaba furiosa. No podía parar de fulminar a Diego con la mirada y a Adam, a su lado, por traerme hasta aquí.

—Antes que culpes al muchacho, yo le pedí que te trajera —habló la futura víctima de violación por unicornios, Adam.

—No quiero hablar contigo, ya tuve suficiente de esto. ¿Dónde está ese unicornio violador cuando más se le necesita?

Adam se acercó lentamente a mí, pero retrocedí de inmediato.

—No puede ser que apenas y pasemos por un momento difícil en nuestro matrimonio y ya quieras darte por vencida —dijo él.

—Yo no soy quien se está dando por vencido, eres tú. ¿Por qué estoy aquí?

—Para hablar conmigo, para dejarme disculparme por mi actitud en estos días.

—¿Vas a disculparte por besar a esa sanguijuela? ¿O disculparte por dejarme todo.el.tiempo.sola? ¿O por la estupidez de preguntarme si tú eres el padre del bebé que estoy esperando? ¿O simplemente disculparte por ponerme en segundo lugar? Ya tus palabras no me hacen nada... sé que te disculpas de labios para afuera, no hay sinceridad en lo que dices.

Respiré hondo y me di la vuelta, en dirección al auto estacionado a pocos metros de donde estábamos.

Adam llegó primero y me alcanzó.

—Oh, ahora sí vas a buscarme —comenté de forma seca—. ¡No te me acerques!

—Tranquila nena... esto se te puede salir de las manos. Respira hondo y haz tiempo para perdonarme porque sé que me perdonarás al igual que yo te perdonaré muchas cosas en el futuro.

Lo fulminé de inmediato con la mirada.

—¿De verdad crees que te voy a perdonar así de rápido? ¿Yo? ¡Ni por todos los venados del mundo!

Su sonrisa se ensanchó, sus ojos verdes jamás se habían visto tan divertidos como ahora, y lo peor de todo era que se miraba demasiado atractivo y mi resistencia comenzaba a flaquear.

¡Pero no! Me iba a encargar de darle un poco de su propia medicina.

—¿A dónde dejaste a tu querida amiga? ¿Leíste las cosas espantosas que me escribió?

Convoqué mentalmente a mil unicornios salvajes y a anguilas de mar para que le dieran una lección al estúpido de Adam, pero nadie acudió a mi llamado.

—Tranquila, nena. ¿Por qué no entramos primero a la casa? Come algo, te pones de mal humor cuando no desayunas.

—¡No te atrevas a hablar de mí! Yo soy la que está embarazada y sufriendo, tú eres el que se anda besando con cualquier perro de la calle. ¡Ojala te violaran mil renos y mil unicornios!

—No olvides a los enanos —susurró Diego, quien veía todo a una distancia segura, lejos de la zona de guerra.

—¡Ojala que todo animal con un cuerno te viole! —terminé de gritar, por alguna razón los gritos se volvieron llanto silencioso—. Te odio, me haces miserable y luego me haces sentir peor cuando sucumbo a la tentación de perdonarte. ¿Por qué no puedes solo alejarte de mí y dejarme en paz?

Me quedé en silencio, esperando a que protestara, pero en su lugar se quedó igual de callado que yo.

Cuando alce la vista, me miraba con… dolor.

Bien, que sufra, se lo merecía.

—¿Acaso soy tan insoportable? ¿Quieres que me aleje de ti?

—Prometiste que me darías mi espacio y que incluso tú mismo buscarías un lugar al que yo pudiera acudir en caso de necesitar estar distanciados. Pero sigues causándome daño, torturándome y haciendo que me enferme, ya no quiero eso.

—¿Ya no quieres nada conmigo? —preguntó. La manera en que lo hizo fue simplemente desgarradora.

—No quiero nada contigo, Adam. Al menos no por ahora.

—Bien, si quieres tu espacio entonces no hay nada que pueda hacer más que dártelo.

Y con eso se dio la vuelta, caminando en dirección a la casa y cerrando la puerta con un duro golpe.

Justo cuando creí que de nuevo las lágrimas volverían y la depresión seguiría, la puerta de la casa volvió a abrirse y Adam salió disparado hacia mí.

En un arrebato, y sin darme tiempo siquiera a pensar, me tomó de las caderas y juntó sus labios con los míos, besándome con dureza.

—Te daré tu espacio —murmuró, molesto—. Pero vienes conmigo a casa porque no te pienso dejar sola una vez más.

—Esto es una locura.

—Nena, desde el principio ambos sabíamos que esto iba a ser así.

—Pues los dos estamos locos.

—Siempre y cuando sea el loco más atractivo del manicomio, no tengo problema en estarlo.

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11 marzo 2015

Hablemos de cosas incómodas... y esas otras pequeñeces que tengo que comunicar

Primero que todo, quiero saludarlos con muchas ganas!

Siempre estoy pendiente de ustedes y de cómo puedo acelerar (ultra, mega, ciber acelerar) el proceso para postearles al menos un capítulo a la semana. Pero se me hace complicado (estudio -ya mis últimas clases de la carrera- tengo deberes en casa, pasan cosas, la vida, etc) y me he vuelto lenta para pensar en Adam, Anna o Rita y Key.

No vengo a poner excusas, pero sí vengo a intentar que sean más comprensibles conmigo... aún más de lo que la mayoría ya lo son.
En fin, con respecto al título de este post, solo puedo decir que estoy asustada, se podría decir que en shock cuando me dio por poner en el buscador de Wattpad: "Prohibido enamorarse de____"
Me halagó y al mismo tiempo me desilusionó lo que encontré.
¿Por qué?
Porque como puse hace ya varios meses atrás en la parte superior derecha del blog:


Pero veo que siguen adaptando la historia, o (y esto es algo que no logro entender) suben PEAW y POAW a sus propias cuentas de wattpad, aun cuando yo ACTUALMENTE las estoy subiendo también.
¿Por qué necesitan hacerlo? Hace un año (o dos) unas cuantas chicas me pidieron subirla a sus cuentas (sin adaptarla) para darla a conocer por allí porque yo no tenía acceso a wattpad y ni me llamaba la atención actualizar por ahí.
Bien, eso fue hace años, ¿y ahora? Por si no lo saben ya tengo cuenta, subo las dos historias y me da flojera actualizar PEAW "corregido" porque sé que en otros mil quinientos lados ya subieron también la historia completa.
Así que aquí estoy, en otras palabras, pidiendo que las retiren. Si el motivo por el que la tienen es porque yo no estaba ingresada... ¡pues ya estoy! Pero si su motivo es para ganar visitas a sus otras historias originales... les pido que comiencen desde cero, así como comencé yo. Sé que cuesta en un principio pero al final vale la pena la perseverancia y la paciencia cuando comienzan a ganarse sus primeros lectores sin necesidad de ningún tipo de publicidad a parte, solo ustedes mismos, gracias a que la gente le gustó algo que escribieron. Créanme, la sensación es casi como una droga.
Con esto quiero decir: POR FAVOR ELIMINEN SUS ADAPTACIONES O LAS NO ADAPTACIONES SOBRE ADAM WALKER o sobre otros de mis fics.

He aquí unos ejemplos de lo que digo cuando utilizan el buscador de wattpad, claro, hay varios que no son adaptaciones ni plagios ni nada, son historias originales que, por la similitud del título, se fueron en la colada:









Y eso es sólo la página 1... no quise capturar las demás. Y este es apenas la primer historia, tampoco quise buscar "Prohibido Obsesionarse con____" o "Prometo Fingir que me gustas"

En resumen, debido a los plagios, adaptaciones sin permisos (que por cierto ya fueron denegadas cualquier tipo, con o sin permisos o créditos), los últimos 5 capítulos de POAW no serán publicados o mostrados en público... tendrán que esperar a que salga el PDF para poder leerlos por primera vez. Y en esta ocasión me voy a asegurar que dicho PDF esté protegido y, aunque ya los tiene desde el año 2013, con su respectivo ISBN o copyright asegurado.
Mi intención desde el principio siempre fue no dejarles posteado los dos últimos capítulos para que así pudieran leerlos hasta que estuviera lista la historia completa, pero me cansé de tanto plagio con POAW así que leerán los últimos cinco... y si sigue aumentando el plagio, sólo les postearé uno o dos capítulos más.
Mientras tanto, por favor respeten mis decisiones. Por ahora quedarían cerca de 5 capítulos más que pueden leer libremente tanto por aquí en el blog o en Wattpad. Perdonen si a algunos les parece injusto pero a mí me parece más injusto que hayan personas incluso VENDIENDO las historias en Mercado Libre (ya las reporté, por cierto) o adaptando sin permiso, o de perdido (ya que rompieron la regla de las adaptaciones) sin siquiera dar créditos de nada.



Y para continuar y refrescar un poquito, las otras cosas que les tengo que comunicar son con respecto a PFQMG.
¡Buenas noticias!



Decidí terminar pronto con la historia... faltarían poquísimos capítulos para finalizarla. ¿El motivo?
Así puedo comenzar un segundo volumen de PFQMG, conectando la historia de Anna con la de Rita. Para los que no saben, PFQMG se desarrolla antes que Adam y Anna se conocieran. Así que para unirlas (y siendo sincera también para finalizarla  y de una vez poder avanzar en la historia), estaré finalizando PFQMG dentro de poco... No se preocupen, viene un volumen 2... ya entenderán después por qué se necesita.

Y eso fue todo... ya me descargué y ya comuniqué lo que quería comunicar.
Perdonen si las hice leer toodo este testamento xD

Se les quiere mucho y sepan que yo leo tooodos sus comentarios, aunque no tenga tiempo de responder la mayoría. Escríbanme a mi Twitter por si quieren respuestas más rápidas, comunicación personal o simplemente para saber de los adelantos que dejo antes de subir un capítulo!

Besos.




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