07 abril 2015

POAW capítulo 20 - Parte 1

Hola a todos! ¿Ansiosos por leer? Bueno, yo estoy ansiosa porque lo hagan también.
Falta decir que me siento muy apenada por la espera, pero agradecida con quienes logran entenderme y siguen aquí, leyéndome a pesar de las circunstancias.
Sin nada más que decir, los dejo con el capítulo:



Capítulo 20
Ni por todos los venados del mundo




Fue una noche muy larga, me la pasé con la cabeza mareada, fuertes dolores de espalda y calambres en mis piernas. Los sueños donde Rosie se reía como hiena no pararon hasta que me desperté temprano y me puse lo primero que encontré en mi maleta.

Anoche, antes que la batería de mi teléfono colapsara, recibí una llamada de mamá. Por supuesto no la tomé porque ya podía imaginar que Adam contactó con ella y que ahora estaba de su lado. Me molestaba que nadie pudiera entender la necesidad que tenía de estar sola por al menos unos días; y principalmente me molestaba la actitud de Adam.

Nuestra luna de miel debería quedar registrada en la historia de la humanidad como la peor. Ya me imaginaba el encabezado que usarían para nosotros: esposo escapa con "mejor amiga" y deja a su esposa plantada por asistir al parto (y responsabilizarse del bebé nacido de dicho parto) de la mujer que arruinó la que debería ser una semana soñada.

Era la peor luna de miel de todos los tiempos, después de haber tenido una inolvidable boda.

No entendía qué mierda sucedía con Adam; pero que el chico era bipolar, era bipolar.

Ahora me encontraba a una hora de ser llevada por Diego a la estación de buses más cercana. Esperaba a orillas de la cama en la habitación, deseando que el sol se apresurara en salir y contando los minutos para escapar de la pesadilla y tomar una decisión.

De forma desprevenida, acaricié mi estómago y empecé a trazar patrones circulares por mi ombligo ya salido.

—Perdonen el padre que les di, hermosas. Pero hoy me encargaré de remediar la situación y darle una lección que no olvide —hablé bajito, solo para mis bebés.

Adam, jodido imbécil Walker, se sobrepasó y no había nada que hiciera que pudiera remediarlo. Ni aunque me prometiera bajarme las estrellas o la luna o el sol; ni siquiera por todos los venados parecidos a Bambi que habitaban el mundo. Adam tendría que suplicar, llorar y arrastrarse de aquí a China para obtener una mirada de mi parte.

Pasada media hora escuché algo de actividad en la cocina y en la puerta de entrada de la casa. Oí voces y presté atención a los sonidos de pasos veloces subiendo la escalera. Sin pensarlo, la puerta de la habitación fue abierta abruptamente y un muy agitado Diego se detuvo en el umbral, con sus ojos asustados recorriendo con la vista toda la habitación antes de detenerse en mí.

—¡Aquí estás! Qué bueno que estés bien —gritó, acercándose.

—¿Qué sucedió contigo? Parece como si hubieras corrido una maratón.

—Es que no te imaginas lo que pasó. Necesitamos irnos pronto, Anna.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Es tu chico, me siguió desde el hospital cuando Mia y yo nos fuimos de la habitación de Rosie. El tipo está loco, histérico y enfadado como el infierno.

Me puse de pie con lentitud.

—¿Cómo que te ha seguido? No entiendo...

—Si ve mi auto estacionado afuera de la casa, va a saber que estás aquí, escondiéndote de él.

—No me importa, podemos irnos a la estación de buses sin ningún problema —comencé a ponerme en pie.

—No entiendes, está cerca. Anoche me partió el labio porque no le quise decir dónde estabas.

Al instante mis ojos fueron directo a sus labios y noté por primera vez, desde que entró, el pequeño corte y el inicio de una inflamación justo en lado derecho de su boca.

—Y el tipo hubiera seguido —murmuró él—, pero los de seguridad del hospital lo sacaron antes que me matara a golpes. Cuando fui a casa de Mia, él nos estaba siguiendo en su vehículo. No sé qué carajos pasó entre ustedes dos anoche pero eso lo hizo detonar como una bomba.

Tragué saliva con fuerza. Mis rodillas se doblaron y volví a sentarme con pesadez sobre la cama.

—Tal vez finalmente me hizo caso y leyó cada mensaje ofensivo que su psicópata "amiga" me envió.

—Sea lo que sea, está loco. Es mejor si te llevo ahora a donde tengas que ir... pero rápido porque él está cerca.

—De acuerdo, lo que menos quiero hacer es encontrármelo. Ayúdame con la maleta, por favor.

Él se apresuró a cargar mis cosas, su respiración seguía agitada y su frente llena de sudor.

—Rápido, rápido, rápido —habló, parecía en verdad asustado—. Ese loco, perdona el insulto, dijo que me tatuaría la entrepierna si no cooperaba y le daba tu ubicación. Y créeme, yo estoy adornando las palabras porque no usó nada bonito para amenazarme.

—Lo siento mucho… —murmuré mientras bajaba cuidadosamente las escaleras—. Adam puede llegar a ser muy niño a veces.

—Pues ayer se pasó de la cuenta. No solo amenazó mis partes privadas, también juró que si me veía cerca de ti iba a exterminar por completo esas partes previamente mencionadas.

—Ahora estás exagerando. Adam no tiene ese poder.

—Créeme, lo tiene. Solo basta con tener conexiones y ¡Bam! Tatúas la entrepierna de alguien.

Al llegar al primer nivel, la Sra. Ross nos esperaba en la cocina, sorprendida de vernos tan apresurados.

—¿No van a desayunar? —preguntó, nos señaló con la espátula con la que daba vuelta a los panqueques que olían de manera tan deliciosa.

Diego fue el que respondió:

—Nos vamos abuela. A Anna se le puede hacer tarde.

—Oh… —ella dejó la espátula y se limpió las manos en su delantal—. ¿Tan pronto?

—No entiendes —sonrió él—. Mi entrepierna está en juego... tenemos que irnos ahora.

—Jovencito, tu madre no te crió para que hablaras de entrepiernas frente a las chicas.

—Solo por hoy hago una excepción. Llevamos prisa.

Asentí con la cabeza, todavía extrañándome que Diego le tuviera miedo a las amenazas sin sentido de Adam.

—Me siento muy agradecida por el recibimiento —hablé, apenada por no ayudar lo suficiente y por no llegar a profundizar lazos con la familia de Diego—. Usted y su esposo han sido muy amables.

—No te preocupes, linda. Quiero que sepas que eres bien recibida en esta casa y que puedes volver cuando quieras.

—Gracias, por todo.

Ella me abrazó y besó mi mejilla.

Se separó y se dio media vuelta, pidiéndome que le diera un segundo para rebuscar algo en los cajones del mueble de cocina.

—Este es mi número de teléfono —sacó un papel y escribió los datos con letra clara—. Llama siempre que quieras u ocupes volver a refugiarte aquí.

Tomé el pedazo de papel y me despedí de ella con último abrazo (y un trozo de panqueque que logré tomar).

Después de eso Diego no tardó en tomarme del codo y apresurarse a llevarme a la salida.

Me ayudó a subir a la parte trasera del vehículo y se aseguró de ponerme el cinturón de seguridad para luego posicionarse en su propio asiento. Arrancó al instante, girando a la derecha en una esquina, viendo en todas direcciones antes de soltar un suspiro de alivio.

—Bueno, no lo veo en ningún lugar —dijo él pasados unos cinco minutos—. Puedo respirar libremente.

Nos dirigimos sin ningún inconveniente por el camino, hablando un poco sobre Rosie y su extraña actitud cuando Diego y Mia la fueron a visitar, y escuchando una suave melodía de fondo... hasta que Diego se desvió por otra calle, una que no iba a dar a la estación de buses y que en su lugar nos acercaba un poco más a la carretera con vista al mar. Me preocupé momentáneamente.

No era tan tonta como para fiarme por completo en la palabra de un extraño, porque Diego era técnicamente uno; y el día anterior, antes que mi teléfono muriera sin batería, me había encargado de buscar las posibles rutas para acercarnos a la estación. Pero en ningún lado aparecía la que Diego estaba tomando.

De hecho, íbamos en la dirección opuesta. Comencé a sentirme nerviosa, recordando lo que pasó hace ya tanto tiempo cuando me fié de otro extraño que recién conocía y se hizo pasar por el hijo de mi antigua jefa. Las cosas no terminaron muy bien y pensé que ese día iba a ser violada. Sólo esperaba que ese hecho no se fuera a repetir como la vez pasada.

Busqué la mirada de Diego a través del espejo retrovisor, pero él parecía querer evitar encontrarse con mis ojos.

—¿No vamos a la estación de autobuses? —pregunté con la garganta seca.

—Sí, estoy tomando un atajo.

Sonó nervioso.

—¿Y por qué vamos por el otro camino?

—Porque... Lo que pasa es que... —dejó de hablar y se adentró en un bonito lugar frente al mar, rodeado de pequeñas casas y con bastante vegetación.

—Lo siento, Anna. Por favor no me odies pero...

Lo entendí todo cuando segundos después se detuvo frente a una casa en particular. Mis ojos se dirigieron de inmediato a la persona que se encontraba afuera, esperando a que yo bajara del auto.

—Te dije que no me odiaras —murmuró Diego en voz baja—. Perdona que te haya traído directo a la trampa pero era necesario. Lo entenderás después.

Lo miré sin poder creerlo.

—¿Cómo pudiste hacerme esto?

La puerta de mi lado fue abierta y una mano me tomó del brazo, sacándome del vehículo con cuidado de no hacerme tropezar. Ni siquiera pude verlo a los ojos, estaba furiosa por toda la situación y todavía no podía creer lo que había hecho Diego.

El susodicho también salió del auto, luciendo apenado conmigo, llevándose sus manos a los bolsillos delanteros de los pantalones y pareciendo verdaderamente arrepentido.

—Lo siento —susurró.

—Eres un traidor —lo acusé mientras enfrentaba lo que pasaría a continuación.





*****



—¿No te parece una belleza? —preguntó Rosie mientras era dada de alta y cargaba al bebé.

Asentí vagamente con la cabeza, tratando de continuar leyendo los mensajes que Anna me había enviado.

¿Qué mierda era esa? Todavía seguía afectado por ir al hotel para querer hablar con ella sobre el por qué dejé que se marchara… ¡Pero ella no estaba ahí! Y para colmo, faltaban varias de sus cosas.

Me sentía un tonto. En primer lugar porque nunca debí dejarla ir, y en segundo por ocultarle cosas… cosas que no debí hacer estando casado con ella.

—¿Estás bien? Luces distraído —comentó Rosie.

Negué con la cabeza, despegándome un momento del teléfono y tratando de controlar le temblor de mis manos que se sacudían por la ira.

—Dime, ¿quién putas te dio el derecho de hablarle a Anna de la manera en que le hablaste?

Ella palideció al instante.

Abrió y cerró la boca demasiadas veces antes de tragar saliva y contestar:

—Sabía que ella te pondría en mi contra —agachó la cabeza y depositó al bebé en la cuna; todavía seguíamos en la habitación del hospital y ya no podía soportar el olor a antiséptico en todo el lugar.

—Anna me mandó los mensajes que le escribiste y verifiqué que fuera tu número de teléfono. Incluso me contó todo lo que le dijiste usando MI móvil… que hablando de eso, no tenías derecho a tocar.

—Lamento mucho que te enteraras de esta forma; pero lo hice por tu bien.

—¿Lo hiciste por mi bien? ¿Quieres explicarme eso?

—Adam… ¡se los envié para hacer que despertara de una vez por todas! No quiero que ambos estén enojados por mi culpa.

—Claro, y esto precisamente es la manera correcta de apagar un fuego —comenté con sarcasmo—. Lo que hiciste estuvo fuera de lugar, yo no te pedí que te entrometieras entre Anna y yo.

—Por favor baja la voz y no me hables así de feo —dijo ella al borde de las lágrimas—. Ya te dije que lo hice para que ella sintiera celos y quisiera luchar por ti. ¿Por qué siempre eres tú el que pide perdón y no ella?

—Porque por lo general lo hago mierda todo, justo como ahora —frustrado, me agarré con ambas manos el cabello y tiré con fuerza para al menos saber si esto era alguna clase de pesadilla y yo seguía dormido junto a Anna, peleando por ver a las tortugas y preocupándonos únicamente de quién se comía el postre primero. Pero como mi nombre era sinónimo de problemas, tenía que arruinarlo todo con Anna, como siempre hacía.

En estos momentos deseaba arrancarme la piel y sufrir de manera dolorosa.

—Adam, bebé —Rosie enrolló su brazo con el mío—. Perdóname por inmiscuirme en donde no me llamaron. Lo siento pero pensaba que estaba haciendo lo correcto. Si quieres hablo con Anna y le pido disculpas por la forma grosera en que le hablé.

Me separé al instante de su agarre y tiré de mi cabello con más fuerza. Tomé asiento en una de las sillas cerca de la cuna del bebé y apoyé mis codos en mis rodillas, encendiendo mi teléfono y buscando entre los mensajes.

—¿Pensaste que hacías lo correcto cuando le dijiste, y cito textualmente: Ocurrirá que Adam me estará haciendo el amor de manera lenta y sensual, mientras logra conseguir la custodia del hijo que esperas. Lo siguiente que pasará es que ese niño me estará diciendo mamá en cuanto aprenda a hablar?

Si antes ella se encontraba blanca, ahora estaba hecho un blanco cadáver.

—¡Dios mío! —chilló, llevándose una mano a su pecho y tomando asiento en la cama—. Pero… pero yo te juro que yo no le escribí eso. Sí, admito que se me fue un poco la mano mientras la amenazaba para que hiciera algo y te buscara, pero nunca le diría una cosa tan fea. Sabes que te quiero mucho pero te miro como un hermano… más precisamente como parte de mi familia, como si nunca hubiera muerto Emilia y siguiera a tu lado.

—¿Ahora me miras con afecto fraternal? —grité.

—Si te refieres al beso que te di… que nos dimos, de verdad lo necesitaba. Aunque no lo creas me siento sola. Viste perfectamente cómo Key entró en la habitación y miró al bebé por apenas unos segundos para luego marcharse. Me siento como la mierda y sólo necesitaba algo de afecto y cariño. Por eso te besé, no pienses mal.

—Y si tú no le enviaste los mensajes a Anna, ¿quién fue?

—No lo sé. Te juro por lo más sagrado… por mi bebé, que yo no le envié ese mensaje a Anna. Ya te expliqué que quería motivarla a que entre ustedes arreglaran las cosas. De seguro ella me odia y está inventando todo. Y la verdad es comprensible debido a todo lo que le dije pero…

—Pero nada —la ira hervía en mí como un volcán. Necesitaba golpear algo antes de apresurarme en cualquier cosa.

Me puse de pie y, cuando lo hice, precisamente entraron Mia y el chico que se quedó con Anna en el elevador.

No lo pensé demasiado, olvidando que hace unos segundos pretendía ser prudente, y me lancé en dirección al chico de ojos azules, sosteniéndolo por el cuello de la camisa.

—Tú, tú sabes dónde está Anna. Dímelo ahora o te rompo la mandíbula —lo amenacé.

Mia comenzó a gritar con esa voz chillona tan característica de ella.

—Yo no sé dónde está ella —respondió el chico—. Será mejor que me sueltes porque no tengo información de nada.

Retorcí más la camisa.

—Ella no estaba en nuestra habitación anoche. Dime dónde está, ahora.

Él apretó sus labios con fuerza, evitando mi mirada.

Claro, tenía que saber dónde se encontraba Anna.

En un abrir y cerrar de ojos lo solté, luego le di impulso a mi puño y tenía la intensión de golpearlo en la mandíbula pero se agachó antes de poder darle de lleno, aunque su labio no salió ileso.

Volví a tomarlo de la camisa y acerqué su rostro al mío.

—Dime dónde está mi esposa o me aseguro de arrancarte los testículos y dárselos de comer a mi hámster. Habla ahora, de una puta vez…

—Las amenazas no llevan a ninguna parte —dijo Rosie a mi lado. Ella y Mia trataban de separarnos pero ninguna tenía la fuerza suficiente. Fue consciente del llanto de un bebé en el fondo.

—Bien, tal vez deba amenazar más fuerte —dije—. Dame la ubicación de Anna. Sé que no está en casa porque ya hablé con su madre… y no está, claramente, en la habitación del hotel. Dime dónde y tal vez no considere tatuarte las bolas con mi nombre en ellas.

Tragó saliva, ahora luciendo nervioso.

—¡Voy a llamar a seguridad! —gritó Mia—. Aléjate de él, Adam.

—Quiero saber dónde está Anna. Me estoy cansando de preguntar.

—¿De verdad vas a tatuar mis bolas con tu nombre? —habló el chico—. ¿No sería un poco raro… o extremo? Lo digo porque no tenemos esa confianza aún como para hacernos tatuajes combinados porque, si tú tatúas tu nombre, tatúo yo el mío en tus bolas, ¿cierto?

La broma parecía graciosa pero no me reí. En su lugar lo sostuve contra la pared, enfocándome esta vez en su estómago y dándole un duro golpe.

—No estoy como para bromas. Habla rápido.

—Cielos, me pones nervioso.

Se quedó en silencio por unos momentos y, por primera vez noté los gritos de Mia y de Rosie.

—¡Adam Walker, suéltalo! —gritaba Mia. Ni siquiera me molesté en responderle y me concentré en el chico, resultándome familiar.

—Quiero que sepas que yo cumplo mis promesas —dije, empleando un tono mortal acompañado de un empujón contra la pared—. No bromeo cuando digo que soy capaz de cortarte los testículos usando únicamente mi mano… y lo hago todo por ella. Así que trata de no provocarme porque en cualquier momento estallo.

—Te creo… de verdad lo hago. Das miedo —me contestó—. Y quiero mi entrepierna a salvo, la necesito por si no te has dado cuenta. Ella y yo llevamos juntos 22 años y hemos pasado por muchas cosas. Por no hablar que si me cortas mis… partes privadas, tendré que vivir con prótesis y no podré orinar como persona normal.

—Hablas mucho y nada es sobre lo que me interesa.

—¡De acuerdo! Te llevaré con Anna, pero vas a esperar hasta mañana, y te diré dónde encontrarnos. Rosie me puede dar tu teléfono para avisarte.

—Me temo que las cosas no funcionan así. —Iba a lanzarle otro golpe pero alguien vino desde atrás y me apartó del chico, evitando que lo golpeara. Hasta mucho después noté a los de seguridad, quienes me escoltaron hasta mi auto.

Pero no me iba a quedar así, iba a esperar a que el hijo de puta saliera y lo iba a seguir.

Tenía que arreglar las cosas con Anna. Tenía que explicarle todo, la culpa que sentía, la carga con Rosie… no podía perderla. No la quería lejos de mí.





*****



Estaba furiosa. No podía parar de fulminar a Diego con la mirada y a Adam, a su lado, por traerme hasta aquí.

—Antes que culpes al muchacho, yo le pedí que te trajera —habló la futura víctima de violación por unicornios, Adam.

—No quiero hablar contigo, ya tuve suficiente de esto. ¿Dónde está ese unicornio violador cuando más se le necesita?

Adam se acercó lentamente a mí, pero retrocedí de inmediato.

—No puede ser que apenas y pasemos por un momento difícil en nuestro matrimonio y ya quieras darte por vencida —dijo él.

—Yo no soy quien se está dando por vencido, eres tú. ¿Por qué estoy aquí?

—Para hablar conmigo, para dejarme disculparme por mi actitud en estos días.

—¿Vas a disculparte por besar a esa sanguijuela? ¿O disculparte por dejarme todo.el.tiempo.sola? ¿O por la estupidez de preguntarme si tú eres el padre del bebé que estoy esperando? ¿O simplemente disculparte por ponerme en segundo lugar? Ya tus palabras no me hacen nada... sé que te disculpas de labios para afuera, no hay sinceridad en lo que dices.

Respiré hondo y me di la vuelta, en dirección al auto estacionado a pocos metros de donde estábamos.

Adam llegó primero y me alcanzó.

—Oh, ahora sí vas a buscarme —comenté de forma seca—. ¡No te me acerques!

—Tranquila nena... esto se te puede salir de las manos. Respira hondo y haz tiempo para perdonarme porque sé que me perdonarás al igual que yo te perdonaré muchas cosas en el futuro.

Lo fulminé de inmediato con la mirada.

—¿De verdad crees que te voy a perdonar así de rápido? ¿Yo? ¡Ni por todos los venados del mundo!

Su sonrisa se ensanchó, sus ojos verdes jamás se habían visto tan divertidos como ahora, y lo peor de todo era que se miraba demasiado atractivo y mi resistencia comenzaba a flaquear.

¡Pero no! Me iba a encargar de darle un poco de su propia medicina.

—¿A dónde dejaste a tu querida amiga? ¿Leíste las cosas espantosas que me escribió?

Convoqué mentalmente a mil unicornios salvajes y a anguilas de mar para que le dieran una lección al estúpido de Adam, pero nadie acudió a mi llamado.

—Tranquila, nena. ¿Por qué no entramos primero a la casa? Come algo, te pones de mal humor cuando no desayunas.

—¡No te atrevas a hablar de mí! Yo soy la que está embarazada y sufriendo, tú eres el que se anda besando con cualquier perro de la calle. ¡Ojala te violaran mil renos y mil unicornios!

—No olvides a los enanos —susurró Diego, quien veía todo a una distancia segura, lejos de la zona de guerra.

—¡Ojala que todo animal con un cuerno te viole! —terminé de gritar, por alguna razón los gritos se volvieron llanto silencioso—. Te odio, me haces miserable y luego me haces sentir peor cuando sucumbo a la tentación de perdonarte. ¿Por qué no puedes solo alejarte de mí y dejarme en paz?

Me quedé en silencio, esperando a que protestara, pero en su lugar se quedó igual de callado que yo.

Cuando alce la vista, me miraba con… dolor.

Bien, que sufra, se lo merecía.

—¿Acaso soy tan insoportable? ¿Quieres que me aleje de ti?

—Prometiste que me darías mi espacio y que incluso tú mismo buscarías un lugar al que yo pudiera acudir en caso de necesitar estar distanciados. Pero sigues causándome daño, torturándome y haciendo que me enferme, ya no quiero eso.

—¿Ya no quieres nada conmigo? —preguntó. La manera en que lo hizo fue simplemente desgarradora.

—No quiero nada contigo, Adam. Al menos no por ahora.

—Bien, si quieres tu espacio entonces no hay nada que pueda hacer más que dártelo.

Y con eso se dio la vuelta, caminando en dirección a la casa y cerrando la puerta con un duro golpe.

Justo cuando creí que de nuevo las lágrimas volverían y la depresión seguiría, la puerta de la casa volvió a abrirse y Adam salió disparado hacia mí.

En un arrebato, y sin darme tiempo siquiera a pensar, me tomó de las caderas y juntó sus labios con los míos, besándome con dureza.

—Te daré tu espacio —murmuró, molesto—. Pero vienes conmigo a casa porque no te pienso dejar sola una vez más.

—Esto es una locura.

—Nena, desde el principio ambos sabíamos que esto iba a ser así.

—Pues los dos estamos locos.

—Siempre y cuando sea el loco más atractivo del manicomio, no tengo problema en estarlo.


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11 marzo 2015

Hablemos de cosas incómodas... y esas otras pequeñeces que tengo que comunicar

Primero que todo, quiero saludarlos con muchas ganas!

Siempre estoy pendiente de ustedes y de cómo puedo acelerar (ultra, mega, ciber acelerar) el proceso para postearles al menos un capítulo a la semana. Pero se me hace complicado (estudio -ya mis últimas clases de la carrera- tengo deberes en casa, pasan cosas, la vida, etc) y me he vuelto lenta para pensar en Adam, Anna o Rita y Key.

No vengo a poner excusas, pero sí vengo a intentar que sean más comprensibles conmigo... aún más de lo que la mayoría ya lo son.
En fin, con respecto al título de este post, solo puedo decir que estoy asustada, se podría decir que en shock cuando me dio por poner en el buscador de Wattpad: "Prohibido enamorarse de____"
Me halagó y al mismo tiempo me desilusionó lo que encontré.
¿Por qué?
Porque como puse hace ya varios meses atrás en la parte superior derecha del blog:


Pero veo que siguen adaptando la historia, o (y esto es algo que no logro entender) suben PEAW y POAW a sus propias cuentas de wattpad, aun cuando yo ACTUALMENTE las estoy subiendo también.
¿Por qué necesitan hacerlo? Hace un año (o dos) unas cuantas chicas me pidieron subirla a sus cuentas (sin adaptarla) para darla a conocer por allí porque yo no tenía acceso a wattpad y ni me llamaba la atención actualizar por ahí.
Bien, eso fue hace años, ¿y ahora? Por si no lo saben ya tengo cuenta, subo las dos historias y me da flojera actualizar PEAW "corregido" porque sé que en otros mil quinientos lados ya subieron también la historia completa.
Así que aquí estoy, en otras palabras, pidiendo que las retiren. Si el motivo por el que la tienen es porque yo no estaba ingresada... ¡pues ya estoy! Pero si su motivo es para ganar visitas a sus otras historias originales... les pido que comiencen desde cero, así como comencé yo. Sé que cuesta en un principio pero al final vale la pena la perseverancia y la paciencia cuando comienzan a ganarse sus primeros lectores sin necesidad de ningún tipo de publicidad a parte, solo ustedes mismos, gracias a que la gente le gustó algo que escribieron. Créanme, la sensación es casi como una droga.
Con esto quiero decir: POR FAVOR ELIMINEN SUS ADAPTACIONES O LAS NO ADAPTACIONES SOBRE ADAM WALKER o sobre otros de mis fics.

He aquí unos ejemplos de lo que digo cuando utilizan el buscador de wattpad, claro, hay varios que no son adaptaciones ni plagios ni nada, son historias originales que, por la similitud del título, se fueron en la colada:









Y eso es sólo la página 1... no quise capturar las demás. Y este es apenas la primer historia, tampoco quise buscar "Prohibido Obsesionarse con____" o "Prometo Fingir que me gustas"

En resumen, debido a los plagios, adaptaciones sin permisos (que por cierto ya fueron denegadas cualquier tipo, con o sin permisos o créditos), los últimos 5 capítulos de POAW no serán publicados o mostrados en público... tendrán que esperar a que salga el PDF para poder leerlos por primera vez. Y en esta ocasión me voy a asegurar que dicho PDF esté protegido y, aunque ya los tiene desde el año 2013, con su respectivo ISBN o copyright asegurado.
Mi intención desde el principio siempre fue no dejarles posteado los dos últimos capítulos para que así pudieran leerlos hasta que estuviera lista la historia completa, pero me cansé de tanto plagio con POAW así que leerán los últimos cinco... y si sigue aumentando el plagio, sólo les postearé uno o dos capítulos más.
Mientras tanto, por favor respeten mis decisiones. Por ahora quedarían cerca de 5 capítulos más que pueden leer libremente tanto por aquí en el blog o en Wattpad. Perdonen si a algunos les parece injusto pero a mí me parece más injusto que hayan personas incluso VENDIENDO las historias en Mercado Libre (ya las reporté, por cierto) o adaptando sin permiso, o de perdido (ya que rompieron la regla de las adaptaciones) sin siquiera dar créditos de nada.



Y para continuar y refrescar un poquito, las otras cosas que les tengo que comunicar son con respecto a PFQMG.
¡Buenas noticias!



Decidí terminar pronto con la historia... faltarían poquísimos capítulos para finalizarla. ¿El motivo?
Así puedo comenzar un segundo volumen de PFQMG, conectando la historia de Anna con la de Rita. Para los que no saben, PFQMG se desarrolla antes que Adam y Anna se conocieran. Así que para unirlas (y siendo sincera también para finalizarla  y de una vez poder avanzar en la historia), estaré finalizando PFQMG dentro de poco... No se preocupen, viene un volumen 2... ya entenderán después por qué se necesita.

Y eso fue todo... ya me descargué y ya comuniqué lo que quería comunicar.
Perdonen si las hice leer toodo este testamento xD

Se les quiere mucho y sepan que yo leo tooodos sus comentarios, aunque no tenga tiempo de responder la mayoría. Escríbanme a mi Twitter por si quieren respuestas más rápidas, comunicación personal o simplemente para saber de los adelantos que dejo antes de subir un capítulo!

Besos.




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01 marzo 2015

Noticias, novedades y duetos

Les quiero dar una gran noticia que se me había pasado por alto: ¡Me caso este mes! 








Ah. nop. Perdón, eso no era. No tengo novio así que... a menos que uno de mis tantos novios literarios salgan del libro pues nop. No me caso! Perdón, falsa alarma.

Ahora sí, voy a ser seria al respecto. La noticia es que PEAW sale en físico en Abril... ah nop. Tampoco es eso...



La noticia es que haré un dueto! Pero no, no es un dueto de cantar ni nada por el estilo.
Se trata de un dueto con una historia.
En otras palabras: Esta chica (que por cierto ella sí canta, y lo hace muuuy bien) me ofreció escribir una nueva historia con ella, y pues claro, no pude dejar pasar la oportunidad y ¡ACEPTÉ!
Así que dentro de poco esperen esta loca-pero-picante-y-romántica historia. Les aseguro que les encantará tanto como a nosotras nos está encantando escribirla.
Si quieren conocer más de esta chica con la que me uniré en este gran proyecto, les dejo su perfil de Wattpad para que curioseen y lean sus historias.
Les presento a la Srita. Jules Williams
Muy pronto los informaré sobre el título de nuestra historia en conjunto, y les traeré una sinopsis... por los momentos seguimos en proceso de creación.


Un beso enorme a todos, se les quiere mucho y... sí, esa era la noticia que quería darles.

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POAW - Capítulo 19-Parte II


Y para aquellas que dudaron en si continuaría con la historia: sí, la voy a terminar. Y no, este no es el último capítulo. Cuando vayamos por los últimos yo voy a avisar!
Gracias por sus lecturas, los quiero mucho a todos :)

PARTE II

Lo sabía. Sabía que esa tipa iba a sacar sus garras en cualquier momento, ¿pero que fuera tan descarada? Jamás se me ocurrió.

¿De verdad pensaba que Adam podía amarla?

Ojala el imbécil haya escuchado toda la conversación, sino yo me encargaría de hacérselo pasar muy mal.

Y él que estaba seguro que Rosie sólo lo miraba como si fuera un "amigo" o un “hermano”. Pfftt, ¡pura mentira! Esa sabandija no tenía corazón.

Tuve que levantarme y caminar una y otra vez sobre la alfombra de la habitación para evitar que mis pensamientos se volvieran más tóxicos y dañinos, reproduciendo en mi mente las palabras de la víbora esa.

Me encontraba hecha una furia. A estas alturas era capaz de lanzar rayos laser con mis ojos y derretir el metal con tan solo pestañear.

Me estresé tanto que mis pantorrillas comenzaron a doler y mi vientre palpitaba ferozmente.

Me obligué a tranquilizarme y a relajarme; ni siquiera pude examinarme en la clínica porque fui directo a dar de narices en la cara de Rosie, o mas bien con su fotografía tamaño mural, así que tenía que confiar en el diagnóstico de la Sra. Ross; y según ella yo debía evitar el estrés.

Respiré hondo y me senté a orillas de la cama, deseando arrancarle el cabello a la rubia odiosa.

Decir que estaba enojada era quedarse corto.

Adam era un idiota que se dejaba manipular por una bruja sin escrúpulos. Un idiota que no dejaba de serlo aunque prometió cambiar por mí. Al final eso sólo quedó en promesas vacías.

Intenté llamarlo al móvil pero la llamada se cortaba.

Lo siguiente que hice fue escribirle un mensaje:

Tu amiga es una idiota. ¡Te dije que esa psicópata sentía algo por ti!

La respuesta llegó casi de inmediato, aunque sabía que sólo podía tratarse de Rosie, la perra en celo tenía todavía su teléfono.

Ya que decidiste renunciar a él, deberías irte por completo y no seguir hostigándolo. Él es un buen chico… pero no es para ti. Deja de escribir.

Respiré hondo antes de marcar el número de Adam que me sabía ya de memoria.

Obviamente contestó la psicópata.

—Eres demasiado insistente. No sé qué vio Adam en ti —esa fue su contestación—. ¿Estás segura que no le estás empatando al pobre ese bebé que llevas en el vientre?

—¿Y tú? ¿Estás segura que tu hijo es de Key?

—Tú no lo entiendes… —la escuché suspirar—, las cosas con mi bebé son complicadas. Y tú, despreciando a alguien tan valioso. Yo quiero a Adam, lo voy a cuidar como tú nunca podrías. Por favor, te lo vuelvo a repetir, si vas a alejarte, hazlo de una vez.

Colgó y me dejó más enojada que antes.

Esto era el colmo. ¡El colmo! ¿Cómo podía?

—¡Tonta! ¡Hija de… Ah!

Mi estómago se revolvió tanto que comenzaron a darme arcadas.

Me sujeté el estómago con las dos manos y empecé a hacer uso de las clases de respiración para tranquilizarme. Podía llegar a ser malo que mi presión aumentara. La Dra. Bagda siempre me lo decía.

En la habitación se encontraba un pequeño baño en el que tuve que encerrarme y echarme agua en la cara.

¡Esa zorra! Tan hipócrita.

Me quedé por al menos una media hora en el baño, rociando mi cara con agua y evitando las arcadas que no me dejaban en paz.

Mis pequeñas patearon mi estómago un centenar de veces y me hizo llorar mi desgraciada situación.

Me encontré con el valor suficiente para marcar una vez más el número de Adam pero me envió directo al buzón de voz.

Grité de cólera y poco a poco me trasladé de nuevo a la cama de la habitación, sobando mi estómago con náuseas y aferrándome a la sábana para evitar marearme y vomitar en las alfombras.

Odiaba a Rosie. Era una persona detestable a la que nunca debió concedérsele el honor de tener un hijo. Aggg…

Alguien tocó a mi puerta, dispersando los pensamientos de odio hacia Rosie. Era la Sra. Ross.

—Anna, ya está servida la cena. Puedes bajar en cuanto quieras.

Me sonrió amablemente y, en más de una ocasión me pregunté si había hecho lo correcto en aceptar pasar la noche en su casa. La mujer podía ser una asesina y yo podría ser su víctima.

Diego llegaría más tarde, aunque él no vivía en casa de sus abuelos, pero quería transmitirme algo de confianza y confort al no dejarme con completos desconocidos. Además me llevaría a la terminal de autobuses para mañana.

—Gracias —me acordé de responder ya muy tarde. Mi enojo lograba transmitirse hasta en el aire y ella también pudo notarlo. Solo alguien del tamaño de una hormiga no se daría cuenta de lo recargado que se puso el ambiente luego de esa llamada.

—¿Te pasa algo? —me preguntó enseguida—. ¿Te sientes bien o quieres que te llevemos al hospital? Mi esposo y yo estamos a la disposición.

—Gracias —repetí—. Pero creo que tengo algo que nadie puede resolver por mí.

—¿Qué es?

La Sra. Ross se acercó y se sentó a mi lado, esperando mi respuesta.

—Tengo un caso grave de decepción mezclado con un corazón roto.

—Esa siempre ha sido una mala combinación.

—La peor de todas.

—¡Pero eres tan joven! ¿A esta edad ya te han roto el corazón?

—Me lo han roto más de una vez, me temo.

—Es una lástima. Pero al menos estos errores nos sirven para aprender. ¿Te sentirás bien como para bajar a cenar o prefieres que te traiga algo ligero para comer aquí?

—Preferiría comer aquí, si no es mucha molestia. No creo que esté de ánimos como para ser buena compañía en estos momentos.

—Lo entiendo. Te traeré algo y te dejaré en paz para que descanses y estés tranquila.

—Muchísimas gracias.

Ella asintió con la cabeza y se despidió dándome un apretón en el hombro. Dejó la habitación no sin antes indicarme que podía encender la televisión en cualquier momento.

Tomé el control remoto y traté de acomodarme en la cama, mi espalda se encontraba muy adolorida y mis pies se habían hinchado mucho. No quería seguir pensando en el ridículo de mi marido o en mi patética huída, así que empecé a ver lo primero que encontré en la televisión.

Casi al instante mi celular comenzó a timbrar con las primeras notas de la canción Dangerous and Sweet.

No contesté.

Volvió a sonar luego de unos segundos.

Volví a no contestar.

Sonó unas tres veces más hasta me cansé y lo puse en vibrador.

Lenka no estaba ayudando en estos momentos.

Al final, mi teléfono vibró para indicar que mi buzón de voz se encontraba lleno, muy probablemente con mensajes de Rosie y no me encontraba de ánimos para escucharlos.

Intenté concentrarme en el programa de cocina que estaban dando, pero fue inútil porque mi móvil no dejaba de vibrar en ningún momento.

Lo tomé y, por curiosidad, escuché los mensajes de voz.

Para mi sorpresa eran todos de Adam.



>>Nena, ¿dónde carajos estás? Fui al hotel por unas horas y me dijeron que te habías ido desde la mañana. Responde el teléfono de inmediato.



>>Anna, no bromeo. ¿Dónde mierda está tu ropa? Me estoy volviendo loco, responde
.



Y había un tercer mensaje que apenas acababa de enviar.



>>¡Mierda! Annabelle, no me hagas esto. Escucha, lamento lo que ocurrió con Rosie... Incluso hablé con ella y le pedí que respe...




No quise seguir escuchando y lancé el teléfono a la mesita de noche.

Apostaba que ahora él estaba sufriendo y dudando sobre el porqué me fui, pero no le iba a hablar y dejaría que la duda y el dolor lo carcomieran así como me sentí yo cuando me abandonó y me hizo todas esas preguntas estúpidas sobre su paternidad… ¡Aggg! Ojala se diera cuenta la clase de zorra que tenía como amiga.

Ignoré el resto de mensajes que fueron enviados al teléfono y traté de prestar atención al programa de televisión.

Dejaría que Adam sufriera y pagara por todo lo que hizo.


Cerca de cuarenta minutos después, el plato que la Sra. Ross había subido a mi habitación, todavía seguía intacto. La comida se encontraba fría a estas alturas pero mi estómago se encontraba cerrado en un nudo y no podía comer o sentía que iba a vomitarlo todo.

Pensé que mi teléfono se descargaría debido a que nunca paró de vibrar en ningún momento.

Por curiosidad volví a tomarlo y noté las… ¿era una broma? ¿110 llamadas perdidas? La mayoría eran de Adam pero también había llamadas de mi mamá, de Rita y hasta un número desconocido.

53 mensajes de texto, 1300 notificaciones en WhatsApp y otros cinco mensajes de voz.

¿Era normal recibir 1300 notificaciones de la misma persona?

Mierda.

Leí primero los mensajes de texto, los de Adam:



>>No me hagas esto. Rosie me dijo que llamaste para despedirte. ¿DÓNDE ESTÁS?¿DESPEDIRTE DE QUÉ?



>>Anna, deja las bromas. Estás embarazada, deberías tener más cuidado con estas cosas. Llamé a tu madre y me dijo que no sabe nada de ti. No estás con ella, ¿dónde estás? Rita está conmigo, llegó con Key… estamos preocupados.


Ignoré el resto y me fui a los mensajes del número desconocido.



>>Soy Rosie. Tienes a Adam demasiado preocupado, ten el valor de responderle y darle la cara. Está agonizando, aunque es claro que no lo mereces. Haznos un favor y desaparece de verdad.


Parpadeé repetidamente.

¿Quién se creía ella para hablarme de esa forma?

Respondí su mensaje con uno menos ofensivo:



>>No vuelvas a escribirme… en tu vida. Tu falta de personalidad puede ser contagiosa.


Envié el mensaje y casi de inmediato entró una llamada de Adam.

No le contesté e ignoré las cinco más que le siguieron a esa.

Después de unos segundos recibí otro mensaje del número desconocido, de Rosie.



>>Sabía que huirías como cobarde. No eres lo suficientemente buena para alguien como Adam. No te lo mereces, cobarde.


Será mejor que te detengas o le reenviaré estos mensajes a MI MARIDO. Deberías aprender a respetar a los hombres casados. Víbora.



<<¿Insultos de secundaria? Claro.


Perra desgraciada.

Pero no se detuvo ahí y envió otro mensaje.



>>¿Sabes lo que va a ocurrir dentro de unos años?


Después de leer ese mensaje ignoré el resto. Me concentré en ver la insípida televisión una vez más. Como no pude resistir mucho tiempo mientras escuchaba mi celular vibrando en la mesa, fui lo bastante estúpida como para tomarlo y revisar los mensajes que Rosie no había parado de enviarme:



>>Ocurrirá que Adam me estará haciendo el amor de manera lenta y sensual, mientras logra conseguir la custodia del hijo que esperas. Lo siguiente que pasará es que ese niño me estará diciendo mamá en cuanto aprenda a hablar.


¡Perra!

Releí su mensaje sin podérmelo creer todavía.

¡Esa perra!

Enojada, lancé el teléfono de nuevo a la mesita de noche, sin importarme dónde cayera. Tras pensarlo mejor, reenvié cada mensaje que ella mandó y se los dejé a Adam.

¡Mira lo que tú “amiga” me escribe! Y luego te preguntas por qué me fui cuando deberías estarte preguntando por qué no me fui antes.



Su llamada no se hizo esperar. Esta vez respondí.

—¿Anna qué sucede?

—Sucede que estoy cansada —tragué saliva, las náuseas estaban volviendo—. No puedo creer que la hayas elegido a ella por sobre mí.

—¿Elegí a quién? ¿A Rosie? ¡Yo no la elegí! Entiéndelo, por favor.

—La elegiste desde el momento en que decidiste no seguirme por el elevador.

—Nena…

—La elegiste cuando decidiste estar ahí para ella y no para mí. ¿Por qué lo hiciste? ¿Querías verme llorar? ¿Tan mala persona soy? ¿Acaso te he causado tanto daño?

No pude evitar los sollozos que se escaparon de mi boca.

Las náuseas eran terribles para ese entonces.

—Me tienes al borde de la locura, nena. Dime dónde estás y voy por ti para que hablemos. No es lo que parece.

—¿Ah, no? Porque todo indica que te casaste por compromiso y no porque de verdad lo sintieras.

Me llevé una mano a la boca y sentí la bilis subiendo por mi garganta.

—No vuelvas a pensar de esa forma. Rosie me necesitaba y yo me siento en deuda con ella. No tienes ni idea de las cosas que ha vivido…

—No me hables de esa víbora de agua fría. La vuelves a elegir a ella, esto es cansado.

—NO LA HE ELEGIDO EN NINGÚN ASPECTO. Por favor hazme caso y entiende.

Iba a vomitar.

Me levanté de la cama con cierta dificultad y corrí lo más veloz que pude hacia el baño.

—¿Anna? Te amo, y sí, me enojé mucho contigo ayer por la tarde pero… lo comprendo, no me hagas esto. Dime dónde estás, no me hagas sufrir más porque siento que me estoy muriendo.

—Pues eso lo hubieras pensado antes de abrir tu boca y caer en la manipulación de esa tipa engendro del mal. De mi parte ella dormiría donde los peces duermen: en el fondo del océano, con los ojos abiertos.

—No digas eso, tú no eres de esa forma.

—¡Pero ella sí! Lee los mensajes que te reenvié, esa no es tu amiga y mucho menos tu hermana… es una oportunista de primera… ¡mierda!

Vomité sobre el lavamanos, apenas pudiendo alejar mi cabello para que no quedara cubierto de vómito.

Intenté sujetarme el estómago pero me sentía muy mal.

Vomité una segunda vez.

Al poco tiempo después noté que Adam seguía en la línea telefónica; sus gritos se escuchaban desde donde tenía el celular en mi mano.

—… ¿Qué carajos pasa? ¿No te sientes bien? Me vas a matar de un paro si continúas alejándote de mí. ¡Anna! ¿Anna?

—Me tengo que… sólo voy a colgar.

Apagué mi teléfono y me deslicé cuidadosamente por el suelo del baño. No valía la pena sentirme de esta forma por alguien que tenía demasiados remordimientos y secretos.

No valía la pena sufrir por Adam. Esta vez no habría nada que él pudiera hacer para tenerme de vuelta como antes; esa Anna se cansó de sufrir por terceras personas dentro de la relación. Esa Anna se cansó de un chico llamado Adam.

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08 febrero 2015

POAW - Capítulo 19 -Parte 1


Donde duermen los peces



Existía la gente estúpida y existía Adam Walker.

Sabía que no tenía que dejar que me afectara pero de igual manera sus palabras se seguirían repitiendo en mi cabeza como una de esas canciones pegajosas que detestas pero que no puedes evitar parar de cantar.

No podía creer que después de todo lo que tuvimos que pasar, estuviera haciéndome sentir como la mierda misma. Porque así era como me sentía para él: como la mierda que se pegaba en el zapato y te morías por deshacer.

¿Qué había ocurrido para que actuara de esa forma? ¿Dónde estaba el Adam que el día de nuestra boda prometió hacerme feliz y cuidar de mí y de mis libros?

Y aunque traté de no llorar mientras presionaba el botón del ascensor, no pude evitar soltar una que otra silenciosa lágrima recordando sus palabras, dichas de labios para afuera.

Continúe presionando pero el elevador del hospital no subía, hasta que al fin las puertas se abrieron y fui a dar de narices con Diego y su novia Mia.

Ambos iban tomados de la mano, y había que admitir que la rubia se miraba nerviosa.

—¡Anna! ¿Ocurrió algo? —preguntó Diego al ver mi rostro; más específicamente las infames lágrimas que no se detenían.

Mia, de manera milagrosa, suavizó su dura expresión y me lanzó miradas de simpatía.

—Esto lo hizo mi hermana, ¿cierto? —preguntó ella.

La ignoré mientras me concentraba en no vomitar los pastelillos que acababa de llevar a mi estómago.

—Disculpen —hablé con voz ronca—, solo quiero llegar pronto a casa.

Me moví lejos de ambos y me abrí paso dentro del elevador; con la mirada fija al suelo y mis brazos cruzados a modo de protección.

—¿Anna? ¿Estás bien?

Era otra vez Diego, soltando la mano de su novia.

—Solo quiero irme pronto. Si no te importa, te sugiero que salgas del ascensor.

—De acuerdo, te dejaré en paz... Pero olvidaste algo tuyo en mi auto.

—¿Algo mío? ¿El qué?

—Tu maleta... La dejaste sobre el asiento trasero.

Era cierto. Mi maleta.

—¿Podrías dármela ahora? —dije casi en una súplica.

Noté vagamente que él asentía y le dijo algo a Mia al oído para luego dejar que ella saliera del elevador.

Las puertas comenzaban a cerrarse cuando una mano las detuvo.

—¿Sabes una cosa? —era Mia—. Todos piensan que yo soy la peor entre mi hermana y yo. Lo que ignoran es que ella es mejor actuando como si lo fuera.

Soltó las puertas y se dio la vuelta para marcharse. Cuando por fin comenzaban a cerrarse de nuevo, otra vez una mano las detuvo. Mantuve mi rostro inexpresivo y siempre en dirección al suelo.

—¿Qué? —reclamé un poco demasiado fuerte—. Ya sé que tu hermana es una perra, no tienes por qué decirm...

Me silencié al instante al notar que no era Mia quien había detenido la puerta esta vez sino Adam. El idiota.

—¿Creías que te iba a dejar ir así de fácil? —dijo él—. Voy contigo al hotel.

Entró en el elevador pero no sin antes fulminar con la mirada a Diego.

—Esta es una discusión de pareja, ¿podrías...? —le señaló la puerta.

—Ah no. Diego es mi amigo, me voy a ir con él —protesté.

—¿Desde cuándo este tipo es amigo tuyo? ¿De dónde lo conoces?

—Del mismo lugar que lo conoces tú, imbécil.

—¿Yo?

Adam seguía dentro del elevador y las puertas comenzaban una vez más a cerrarse. Aproveché mientras él examinaba a Diego, y lo empujé fuera del mismo.

—¿Podrías darme algo de espacio? —gemí—. Ya es lo suficientemente malo tener que soportar escuchar de otras mujeres que tú besas a cualquiera. Si te casaste conmigo solo porque me embarazaste, entonces... entonces es mejor que me dejes. Prefiero renunciar ahora a vivir en un matrimonio donde tú pones primero a tus mejores "amigas" y luego me dejas a mí y a tus hijas de lado.

—¿De qué carajos...?

—Y no solo eso —lo interrumpí— sino que también crees más en sus palabras que en mí, que se supone que soy tú esposa. Tú, bueno para nada... Oh, espera, sí que eres bueno en algo: en romperme el corazón. Además, no puedo creer que hayas dejado que ella le pusiera Noah a su hijo. ¡Noah era algo entre tú y yo! No puedo creer cuántas veces he repetido esto pero… eres un tonto.

Pronto me quedé sin energía para pelear y me callé.

Esperaba escuchar su respuesta pero él nunca respondió porque el elevador se puso en marcha y Adam no había logrado entrar a tiempo… o él había decidido dejarme continuar.

Suspiré, una parte de mí aliviada.

—No digas nada —le advertí a Diego cuando noté que abría y cerraba su boca para querer decirme algo.

—No iba a hacerlo —se apresuró a decir—, pero ¿hijas?

—¿Qué?

—Le dijiste a él que te dejaba a ti y a sus hijas de lado. "Hijas".

—Mierda. Solo he cometido errores este día. Supongo que ahora nos ves por lo que realmente somos: una pareja de inmaduros que contrajeron matrimonio como si fuera cosa de juego.

—No, no es así. Veo a dos personas demasiado pasionales y territoriales que solo no saben todavía cómo llevarse mejor.

Las puertas se abrieron en el primer nivel y, aunque en lo secreto esperaba que Adam me hubiera seguido, no lo vi por ninguna parte.

Yo y mis tontas ilusiones.

—De verdad solo lo estás endulzando con palabras bonitas... —le dije a Diego, caminando a paso rápido en dirección al estacionamiento— pero sé cuándo retirarme y estoy muy cansada para seguir con esto. Me voy a divorciar de él. Y no lo hago como una decisión apresurada; lo hago porque ninguno de los dos sabe lo que está haciendo. Siento que estamos jugando a ser una familia y no siendo en realidad una.

—Oye, espera. Para mí esto suena a una decisión apresurada; consúltalo con la almohada y...

—No —dije caminando más rápido—, las almohadas no siempre tienen la solución a mis preguntas. Si las cosas continúan como ahora, que es la luna de miel, no me quiero ni imaginar cómo será de aquí a unos meses. Era inevitable, me apresuré a casarme con alguien que no comparte nada de su vida.

—Yo no quiero entrometerme pero...

—Entonces no lo hagas. Por favor, mi maleta.

Diego lanzó un largo suspiro antes de desbloquear la puerta del auto para mí. Me ayudó a bajar la maleta pero le costó mucho entregármela.

—¿Vas a ir al hotel? —preguntó dubitativo.

—Sí, voy a recoger mi dinero y luego regreso a casa.

—Eh... Yo... Es tarde, la lluvia cesó por los momentos pero va a volver con fuerza después.

—Sí, ¿y?

—¿Te gustaría pasar al menos esta noche en casa de mi abuela? A ella y mi abuelo les sobran habitaciones... Estarás cien por ciento segura allí. Por favor, es probable que a esta hora ni siquiera haya transporte porque siempre que llueve se cancelan los viajes.

Una media sonrisa se dibujó en mi rostro.

—Pues qué clase de empresa de transporte más deficiente tienen aquí para que no trabaje en días de lluvia.

—Es un asco, créeme.

—De acuerdo. Tal vez sea bueno que me calme primero y pase esta noche en casa de tu abuela.

Me obligué a no dirigir la vista en dirección a la puerta de entrada del hospital, buscando a Adam; de todas formas él no estaba ahí, decidió no volver a seguirme.

—Vamos —me indicó Diego—. Te llevaré yo mismo. Devuelve esa maleta.

—¿Estás seguro? Deberías estar con tu novia.

—Ella entenderá, estoy cien por ciento seguro. Ven.



****





Mi vergüenza fue absoluta cuando Diego me hizo el favor de explicarle a su abuela que me tendrían por una noche. Su abuelo, un señor de no más de cincuenta años y de cabello cano, fue muy amable conmigo cuando se presentó.

—Un gusto —dijo haciendo una leve reverencia de caballero—. Noah Ross, para servirlo.

Sí, el nombre me perseguía a todos lados.

Traté de no avergonzarme pero era imposible. Harían preguntas y no quería responder todavía nada.

—La cena estará lista a las siete —dijo la Sra.Ross—. Me encanta recibir visitas y que así prueben mis nuevos platillos; no te sientas incómoda y piensa en esta como tu casa.

Ambos me sonrieron amablemente y me indicaron mi habitación temporal. Diego cargó mi maleta hacia el segundo nivel, todo el tiempo con su celular vibrando en el bolsillo de su camisa.

—Debe ser tu novia. De verdad estoy bien, ve con ella. Te has portado mejor de lo que cualquier persona extraña se portaría.

—Sí, ella puede llegar a acosar un poco. ¿Estás segura que no quieres que me quede?

Asentí una vez y le di una sonrisa afable.

—De acuerdo —dijo suspirando—. Será mejor que conteste. ¿Paso por ti en la mañana? Es más seguro si soy yo quien te lleva a la central de transporte.

—Bien, muchas gracias. No tenías por qué ayudarme como lo has hecho.

Se despidió de mí con un beso en la mejilla y me dejó en mi habitación.

No sabía si estaba haciendo bien o mal al aceptar quedarme en casa de los señores Ross. Ojala tuviera todas las respuestas de mi vida, así nunca sentiría dudas de nada.

Me senté sobre la cama cubierta de un bonito colchón blanco, cuando mi celular comenzó a timbrar dentro de mi maleta. Había olvidado que lo tenía guardado.

La canción Dangerous and Sweet podía escucharse por todo el segundo piso.

Era Adam.

Lo silencié y lo mandé a correo de voz pero él fue insistente y continuó llamando.

Al final me cansé y le contesté con un simple y seco:

—¿Qué quieres?

Pero, para mi sorpresa, no fue su voz la que escuché al otro lado de la línea.

—¿Anna? Lo siento, soy Rosie. Adam regresó al hotel a recoger su teléfono porque lo había dejado en recepción… Él no te encontró en su habitación, y tampoco encontró ninguna de tus pertenencias, se puso como loco.

Rodé los ojos, furiosa porque ella tuviera a algo tan personal como el teléfono de Adam. Pero a estas alturas ya nada tenía que sorprenderme después de haberla visto usando su camisa. Era hora que él pagara caro sus estupideces.

—Vuelvo a repetir —dije de forma amargada—. ¿Qué quieres?

—Bueno… de verdad lamento todo. No espero que me creas pero en realidad solo quiero lo mejor para ti y para Adam; por eso sigo sin entender cómo pudiste hacerlo esto a él.

—¿Hacerle qué? ¿Irme? ¿Tener dignidad antes que se acueste contigo en mi cara y diga que lo hizo porque eres su mejor amiga y se lo pediste?

—Las cosas no son así, no todo es negro o blanco. Por favor no malinterpretes. Tengo un bebé, soy madre y ahora poseo una vida que debo cuidar y alimentar…

— Y déjame adivinar, ¿querías a mi esposo como suministrador oficial de dinero para tu hijo? Estás loca.

—No es eso… te lo juro.

—Ya me cansé de esto. Dile a Adam que mejor no me busque porque no me va a encontrar.

—Él es una buena persona… en serio. Escucha, no hagas algo de lo que puedas arrepentirte después. Veo a Adam como un hermano.

—Pues eres una mujer muy incestuosa.

—Déjame hablar, por favor. Yo… yo cometí un pequeño error al decirle los planes que tenías de ver a su hermano, pero no sabía que ibas a alterarte por eso. Lo siento.

—Deja de disculparte de una vez. Ya lograste separarnos y eso era lo que querías; además te pido que dejes de hablar en nombre de Adam. Deja que el perezoso encuentre la manera de disculparse solo.

—Está bien, me rindo. Si quieres irte entonces vete; pero hay algo que quería decirte primero: si tú abandonas a Adam, prometo que voy a esforzarme por tenerlo a mi lado. Si tú lo dejas ir sin dar una buena pelea… haré todo lo posible por ganarme su corazón. Puede que este bebé no sea su hijo pero lo amará más de lo que alguna vez te llegará a amar. ¿Quieres que pase eso? Dime, Anna, ¿estás segura de querer que te deje de lado?

Tragué saliva con fuerza, negándome a creer que Rosie estuviera diciendo todo esto. La perra sacó sus garras.

—Él ya me hizo de lado —murmuré con voz suave. Entonces colgué la llamada.

Quería echarme a llorar pero entonces mi teléfono volvió a timbrar. Era la canción de Adam, de nuevo.

Contesté por enojo.

—No me cuelgues —se apresuró a decir Rosie, de fondo comenzó a oírse el llanto de un bebé—. Eres una estúpida. Una estúpida que tiene todo al alcance de su mano pero decide ignorarlo solo por pequeñas idioteces. Pero yo no seré igual de estúpida como tú… yo quiero a Adam; lo he amado desde que ambos éramos pequeños asustadizos de robar galletas a escondidas… lo quiero como tú nunca lo vas a querer. Por favor, te pido que no vuelvas a llamarlo nunca. Me encargaré que no te busque si eso tengo que hacer. Eres una tonta.

Entonces colgó y mi furia alcanzó niveles nuevos porque comencé a llorar de cólera.

No podía creer mi suerte. Si no era Marie la que se interponía, era Rosie. No sabía cuál de las dos era peor. Pero lo que más dolía saber era que Adam seguía siendo el mismo que se dejaría influenciar, y yo, la tonta (como bien dijo Rosie) que terminaba llorando.

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28 enero 2015

POAW Capítulo 18-Parte II

PARTE II

Por alguna razón la enfermera lo puso en mis brazos y me dijo que me acercara a Rosie.

Lo siguiente que supe fue que ella estaba sacando una cámara fotográfica y la apuntaba en nuestra dirección.

—Espero que no les moleste. Siempre tomamos una foto de todos los niños recién nacidos en este hospital junto a sus padres, pegamos las fotografías en el mural que está al fondo —explicó la chica.

—Oh no —negó Rosie, su rostro se puso rojo de vergüenza—. Él no es el padre de mi bebé.

Bajó la cabeza para ocultar su rubor y luego sonrió amablemente a la chica todavía con la cámara.

—Pero sí aceptamos una foto como amigos —dijo en su lugar.

Yo aprobé con un asentimiento de cabeza, y la enfermera se apresuró a tomar la foto.

Nos dejó solos después de eso, prometiendo que hoy mismo se añadiría a la colección en el mural. Luego de darle unas indicaciones a Rosie, se marchó cerrando cuidadosamente la puerta.

—Espero que no te haya molestado —murmuró Rosie—. De verdad que aprecio que te quedaras a mi lado, pero bien sabes que no eres el responsable por este bebé.

Lo tomó en sus manos y lo acarició lentamente y con cuidado.

—Para mí no es ningún problema —dije encogiéndome de hombros—. ¿Y finalmente sabes qué nombre le vas a poner?

Ella hizo una mueca graciosa con la nariz y luego negó con la cabeza.

—No lo sé, solo se me ocurren nombres tontos y no quiero que mi hijo se llame Bruce Lee o Wilbur.

Casi me rio pero Rosie me amenazó con una mirada para que no lo hiciera.

—¿Sabes? —comenté después de unos segundos—. Anna y yo elegimos los nombres de todos nuestros hijos el otro día. Nuestra niña que viene en camino se llamará Belle, y los siguientes que le seguirán serán Bella y Noah; así nuestra familia de seis tendrán letras en común.

—¿Letras en común? No entiendo.

—Sí, ya sabes, Anna y Adam, A y A. Belle y Bella, B y B. Nicole (mi sobrina) y Noah, N y N. Estoy seguro que nos ganaremos nuestro propio reality show. Adiós a las Kardashians, hola a los Walkers.

Rosie se echó a reír alto y fuerte; detuvo su risa cuando notó que el bebé comenzó a protestar.

—Me gusta tu teoría... y también me encanta el nombre Noah.

Se mordió el labio mientras contemplaba a su hijo y le hacía mimos.

—Sé que esto sonará envidioso —dijo ella luego de unos momentos—, pero... ¿Le puedo poner Noah al bebé? Es que sólo míralo, tiene cara de Noah.

Traté de relajar el rostro para no expresar el pequeño disgusto que me provocó aquello. ¿Quería llamarlo Noah?

Sacudí mi cabeza y sonreí. Ella era libre de elegir el nombre; además, no era exclusivo solamente para Anna o para mí.

—Adelante, este amiguito sería un perfecto Noah. Solo recuerda comentárselo a Key. Ustedes tal vez quieran discutir sobre eso más adelante.

Ella asintió, entusiasmada.

—¡Entonces ese es, se llamará Noah! Me encanta ese nombre, estoy segura que a Key también le gustará. ¿Cómo se te ocurrió?

—Umm, es una larga historia... En ese tiempo quería ganarme el corazón de Anna.

Hice una mueca al recordar lo duro que luché por tenerla, solo para dejar que discusiones como esta nos separaran. Era un tonto.

Al parecer Rosie se percató de lo mismo porque suspiró mientras me miraba con interés.

—¿Has hablado con Anna? —esperó a que negara con la cabeza—. ¿Entonces qué haces aquí todavía? Ve a buscarla.

—¿Estás hablando en serio?

—Por supuesto. Yo te quiero mucho, Adam. Sé que lo que te pedí que hicieras antes de entrar al hospital fue un enorme sacrificio —ella se refería al beso—. Pero jamás había pasado por esto sola. No tengo a mis padres a mi lado, ni a Key, ni a mi hermana... Lo que trato de decir es que no te sientas presionado por eso. Yo no quiero seducirte ni nada; eres mi amigo y te respeto, aunque para serte sincera tal vez me sentí enojada en nombre de Emilia.

Mi ceja se alzó en una mueca para nada disimulada, y ella suspiró con cansancio.

—Sí, pensaba que estar con Anna era una manera de traicionarla...

—Rosie —tragué saliva—, teníamos trece años, ni se nos ocurría por la mente casarnos a esas alturas, ¿en qué sentido podría traicionarla? Además, ella está en un mejor lugar que nosotros después de tanto tiempo con su ausencia.

—Lo sé, lo sé. Solo trato de decir que lo siento. Me sentí molesta con Anna, aunque de verdad ella no tenía que ocultarte cierta información, como lo de tu hermano, supongo que eso me enojó...

—Ahora que lo pienso siento que fui muy duro con ella.

La escuché suspirar antes que el bebé empezara a llorar frenéticamente.

La enfermera que nos tomó la foto se pasó de nuevo por la habitación para verificar que todo estuviera bien, y finalmente dejé a Rosie sola para que alimentara al pequeño Noah, aunque no sin antes de decirme que arreglara las cosas con mi esposa.



/////



—¿Quieres que te acompañe a la consulta o eso resultaría demasiado incómodo? —me preguntó Diego mientras hacía maniobras para estacionar entre un Kia color rojo y una minivan golpeada. Todos los otros parqueos parecían llenos y ya llevábamos varios minutos en dar vueltas y vueltas.

—Puedo ir yo sola, no te preocupes. Ve a buscar a tu novia.

Él soltó un largo suspiro que hizo que el solitario cabello que caía por su frente se estremeciera.

—Ella todavía no ha llegado; está atrapada en el tráfico. Al menos eso me dijo antes que saliéramos de casa de mi abuela.

—Oh... Bien, creo que esta es nuestra última parada entonces. Después del chequeo me iré a casa, a esconderme de mis problemas.

Diego terminó de estacionarse y apagó inmediatamente el auto; me encontraba a punto de abrir mi puerta cuando él me detuvo con la mano.

—Espera —dijo con lentitud—, no puedo dejar que te vayas de esta forma. Si no te digo algo ahora me sentiré peor después.

—¿Qué es? ¿Qué quieres decirme?

Suspiró una vez más.

—Pienso que te estás dando por vencido demasiado rápido. En teoría, estás empujando a tu esposo a los brazos de su amiga.

No dije nada después de un momento, pero pronto comencé a abrir mi boca, mirando hacia sus ojos azules.

—Ella no es su amiga, es su "amiga", entre comillas. Y no lo estoy empujando a sus brazos...

—Lo haces —me interrumpió él—. Recuerda que ustedes son esposos, no puedes correr a la primera metida de pata que uno de los dos haga. Ambos tienen que estar comprometidos seriamente para que las cosas funcionen y dejen de portarse como niños.

—Lo intenté —murmuré viendo hacia otro lado; en realidad era feo ser regañada por un casi extraño—. Pero es difícil dejar de enojarse cuando tu esposo duda de su paternidad... O se refugia en los brazos de otra chica, y la verdad es que ya no tengo fuerzas para lidiar con nada de eso. Las perdí hace mucho tiempo.

Unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer en el parabrisas, sorprendiéndonos tanto a Diego como a mí. El cielo sobre nosotros se volvió nublado de forma repentina.

—Sigo muy furiosa con él —continué después de observar más gotas caer sobre el parabrisas—. Me dolió mucho lo que me dijo... Quizás es hora de madurar y reconocer cuando uno fracasa, y mi matrimonio con Adam ciertamente fracasó.

—Ni siquiera lo han discutido. Perdóname por meterme pero creo en el matrimonio de una vez en la vida... O tal vez sea en el amor de una vida; no digo que sigas en una relación tóxica que te produzca daños, pero sí que deberían hablar cara a cara.

—Es probable que tengas razón, aunque con Adam no funciona hacer las cosas de esa forma. Hablaremos, yo sé que sí, solo que no en este momento. Gracias por el consejo pero por favor déjame revolcarme en mi enojo.

Sonrió, abandonando el tema con un último suspiro de su parte.

—Bien, revuélcate en tu enojo. Ahora de seguro sería bueno salir del auto porque el olor me está mareando —dijo, cambiando de tema y mirando en dirección a la canasta de pastelillos que su abuela tenía preparados y que lo obligó a llevar—. Mi estómago me sigue susurrando para que me coma uno.

El mío también me susurraba lo mismo, pero no le iba a decir eso.

Por desgracia mi estómago tenía otros planes ya que gruñó ahí mismo, fuerte y claro.

Diego elevó sus cejas de manera cómica y entonces se echó a reír.

—Veo que no soy el único que quedó con hambre —murmuró, luego llevó su mano hacia el asiento trasero, junto a mí, y tomó la canasta de pastelillos. Desenvolvió el arreglado paquete rosa en el que lo había envuelto la señora Ross, y al finalizar me tendió uno con trocitos de frutas.

—¡Son para la hermana de tu novia! —lo regañé.

—No importa —se encogió de hombros—. Se supone que ella está en una dieta especial... La cuestión de los cuarenta días y eso.

Sacó otro para él y luego le dio una enorme mordida.

—Menta con chocolate —dijo dando otra probada a su pastelillo—, es delicioso.

Mirándolo comer sin remordimientos, tomé el mío y también lo devoré con hambre, todo mientras la lluvia comenzaba a caer de manera frenética y nosotros nos encontrábamos refugiados dentro del coche.

—¿De qué es el tuyo? —me preguntó.

—De arándanos. Es muy bueno... Tu abuela es magnífica cocinera.

Él sonrió, viendo de forma distraída a la ventana y luego girando su cuerpo para verme en el asiento trasero.

—No sé si mi abuela te dijo pero ella tenía una pequeña cafetería a unas horas de aquí. Él y mi abuelo le pusieron "Noah y Lila". ¿Cursi, no crees?

Se echó a reír y yo me atraganté un poco con el bocado de pastelillo.

¡Recordaba esa cafetería! Claro, de ahí se me hacía familiar su abuela, la conocí cuando el hijastro de Laura (mi antigua jefa de la librería) me pidió encontrarme con él y llevarlo de paseo.

—Es increíble —murmuré—. Rara vez en mi vida había escuchado el nombre Noah, ahora parece seguirme a donde sea que vaya.

—¿De verdad? Curioso, ¿a quién más conoces que se llame así?

—Oh, Noah... solo era una broma entre Adam y yo, hace mucho tiempo.

Diego terminó su pastelillo en cuestión de dos bocados y no dudó en tomar otro de la canasta.

—¿Qué clase de broma? Cuéntame, claro, si no es mucho problema.

—Cuando empezamos a salir, tenía un ex novio que no dejaba de molestarme. Adam le dijo que yo estaba embarazada para que él desistiera y me dejara en paz... y hasta recuerdo con claridad que le mintió diciéndole que ya teníamos escogido el nombre de nuestro futuro bebé: Noah.

Diego comenzó a reír tan fuerte que todo el auto comenzó a moverse. La lluvia seguía azotando afuera, absorbiendo el sonido de nuestra risa.

—Y no solo le dijo a él sino que también se lo contó a todos nuestros amigos y conocidos —continué diciendo—. Lo gracioso es que, después de decirle a casi todo el mundo que yo estaba embarazada, aunque no fuera verdad, terminé estándolo.

Señalé mi estómago.

—Vaya... ¿funcionará si yo le digo a todos mis conocidos que soy millonario? De tanto repetirlo podría terminar siéndolo, quién sabe.

—Tal vez, hay que probar.

Comencé a reírme una vez más, pero me detuve cuando la mitad de mi pastelillo de arándanos cayó en la impecable alfombra del auto.

—Ay, lo siento —comencé a disculparme—. Mi culpa.

Intenté agacharme pero, en serio, era imposible a menos que me acostara a lo largo del asiento.

—Ya, déjalo así, yo lo recojo —dijo Diego. Se apresuró a agacharse, pero cuando lo hizo, su pastelillo también se cayó.

—Bueno, esto es grandioso —se quejó por el desastre.

—Déjame ayudar, yo soy la que provocó todo esto...

—Nop, espera un poco. Me voy a pasar al asiento trasero, de esa forma tengo un mejor ángulo para limpiar.

No esperó mucho más cuando él ya estaba desabrochando su cinturón de seguridad y saliendo del auto solo para pasarse a mi lado.

Entró en la parte trasera, su cabello ya se mostraba bastante mojado al igual que su camiseta. Me sonrió de forma simpática antes de empezar a recoger el desastre de los pastelillos.

—Deberías probar el de chocolate con menta, es delicioso.

—No puedo probarlo, eran para tu cuñada —además no me sentía con la libertad de hacerlo. Ya estaba abusando bastante de su tiempo como para también devorarme su comida.

Vi a Diego abrir la boca pero de manera rápida la volvió a cerrar. Su ceño comenzó a fruncirse en concentración, viendo hacia la parte delantera de su vehículo, olvidando por un instante la mancha en la alfombra y nuestra discusión sobre pastelillos.

—Mmm. No quiero alarmarte pero... —tragó saliva y comenzó a hacer señas para que dirigiera mis ojos hacia adelante—. Creo que alguien ha estado observándonos desde hace unos minutos.

Miré hacia donde indicaba, pero el agua que caía era tan fuerte que difuminaba todo a nuestro alrededor; aunque podía distinguir bien una camiseta azul a lo lejos. Una persona.

—¿Quién piensas que es? Debe ser sólo alguien que pasaba por aquí —murmuré, agachándome para apoyarme en el respaldar del asiento de adelante y tener una mejor vista.

—No lo creo, nos vigilaba desde que estacioné el auto. Es extraño.

—De seguro está pasando la lluvia, igual que nosotros.

—De acuerdo... Oh, espera —gritó de manera sigilosa—. Se está acercando.

Era cierto, la persona de camisa azul se abrió paso bajo la lluvia para dirigirse hacia nosotros.

—Debe ser un extraño que se perdió.

—Está más cerca...

Diego levantó ambas cejas cuando la persona de camisa azul se detuvo frente al vehículo. No fue hasta que tocara la ventana del asiento del copiloto, que pudimos verle la cara. La camiseta azul resultó ser de una chica.

—¡Es mi novia! Vaya, por un momento pensé que era algún psicópata con un bate en mano.

Yo también pensé lo mismo pero no se lo dije.

Él se apresuró a moverse hacia la parte delantera y apretar el dispositivo para abrir las puertas. Una vez abiertas, la chica se metió, frotándose los brazos y con la ropa empapada.

—Mia, ¿qué sucedió? ¿Por qué no solo me llamaste para saber que estabas ya en el hospital?

Mia era muy bonita, de cabello rubio y tez blanca de una textura parecida a la porcelana. Ella me miró de reojo antes de llevar ambos brazos en dirección a su novio y tomarlo de las solapas de su camisa para plantarle un beso posesivo en los labios.

—Es que me asusté por un momento. ¿Quién es ella?

Esta vez me examinó de mala gana.

Yo también actuaría igual si mi novio estuviera en la parte trasera con una chica... embarazada.

—Perdón por no presentarlas —se disculpó el chef/stripper—. Ella es Anna, Anna, esta es Mia mi novia.

Mia me dio un asentimiento de cabeza mientras hacía todo lo posible por no mostrar su desagrado.

—¿Puedo preguntar dónde la conociste, o cómo? —dijo ella de forma seca.

—La conocí esta mañana, en el restaurante. Se puso un poco mal y la llevé donde la abuela. Ya sabes cómo es ella y me pidió que la trajera aquí para una segunda opinión.

Mia suspiró, ya más calmada.

—Bueno, llegué hace diez minutos y reconocí tu auto. No quiero enfrentarme a esto sola.

Ambos se tomaron de la mano y de repente yo salía sobrando en la escena.

—Umm... Si alguno tiene un paraguas, yo podría marcharme justo ahora —indiqué.

Diego me dedicó una sonrisa mientras Mia simplemente negaba con la cabeza.

—La lluvia todavía está muy fuerte, espera un poco más —sugirió Diego.

No quería decirle que su novia ya me estaba viendo muy mal, como si yo fuera su competencia y tuviera que eliminarme.

—Como sea —respondió ella—. Estoy así de cerca de descubrir si ese bebé es o no de mi hermana… Bueno, de él.

—¿Sigues con ese asunto? —le preguntó Diego.

Ahora sí, me sentía tan inadecuada entre ellos dos.

—Es que no es justo. Rosie siempre quiso lo que yo tenía… ¡ahora esto!

Por un momento mi cerebro se congeló y no supe qué decir; hasta que al final pude balbucear las palabras.

—¿Rosie? ¿Cómo? ¿La conoces? —Ahora recordaba a Adam mencionando a una Mia, hermana de Rosie. ¿De verdad el mundo podía ser así de pequeño?

Mia me dio una mala mirada por interrumpirla y luego asintió.

—¿Conoces a mi hermana menor?

—Espera —dijo Diego—. ¿Conoces a su familia?

—No, yo solo…

—Mi hermana menor —interrumpió Mia—, la embarazada que acaba de dar a luz.

—Sí, a ella la conozco. Es la “amiga” de mi esposo, la que te conté —dije mirando a Diego. Traté de no dejar que Mia viera el desprecio que invertí en la palabra amiga.

—Rosie no es amiga de nadie —ella no disimuló el desprecio—. Deberías advertirle a tu esposo que ella solo anda buscando un padre para su bebé. Sigo negándome a creer que ese niño que lleva en el vientre es de… de él.

—¿De Key? —pregunté.

—Al parecer también lo conoces. Solo espero que no digas que también estás embarazada de él. Tengo miedo de entrar ahí y confirmar si es o no hijo de Key.

Diego no se vio muy entusiasmado por las palabras de Mia y se limitó a apretar la mandíbula.

—Déjame llevar a Anna adentro, primero, y luego regreso al auto —le dijo él a Mia. Ella asintió con la cabeza y se despidió de mí con dos dedos.

—Un gusto en conocerte, Ada.

Vaya, otra que se olvidaba cómo mencionar bien mi nombre. Al parecer era herencia de familia.

—Y escucha bien mis palabras —dijo cuando su novio se bajó para abrir mi puerta—: Rosie te va a devorar viva si la dejas cerca de cualquier hombre.

No dije nada y esperé a que Diego me ayudara a salir del auto.

—Lamento no tener paraguas, pero la lluvia ya se calmó —me dijo él justo cuando bajé del vehículo—. Y perdona la actitud de Mia, ella es bastante celosa y preocupada. No sabía que de la persona que hablábamos era su hermana, la misma “amiga” de tu novio. Lo siento.

—No te preocupes, soy yo quien lo siente ahora. Deberías decirle a Mia que yo ya estoy en un matrimonio complicado y que, por si no lo notó, estoy embarazada de un idiota que no eres precisamente tú o su ex.

Diego me llevó lo más lento posible, tomándome de la mano en todo ese tiempo para que no fuera a caerme con el suelo mojado, hasta que llegamos a la seguridad del hospital.

Terminé parcialmente empapada pero no me importó.

—Bueno... Gracias por ser una excelente persona y ayudarme. Creo que me puedes dejar hasta aquí, voy a llamar a Adam para que me recoja. Supongo que hasta ahí llegó mi plan de escape.

—Supongo —él me sonrió—. Ustedes dos son muy especiales. Nunca olvido un rostro y, en definitiva cuando te vi, te identifiqué con rapidez. Espero que las cosas vayan bien... Y fue un placer conocerte. Espero que más adelante nos encontremos otra vez; aunque el mundo es tan pequeño que estoy seguro que lo haremos.

Sonreí de lado y le di la mano.

—Un placer también. Gracias por los postres y la preocupación.

Nos despedimos y yo fui a la recepción a pedir información sobre donde podía examinarme.

Todavía estaba en shock por enterarme que todo este tiempo estuve con el cuñado de Rosie. Espera, se suponía que Diego venía a ver a su cuñada que acaba de dar a luz. ¿Entonces Rosie ya tuvo a su bebé? Ahora era yo la que se contagió del miedo de Mia. Solo que yo tenía miedo de encontrar a Adam al lado de Rosie. De seguro él tenía que haberla traído o como mínimo estar a su lado.

Pero no, esta vez no me iba a dejar. Diego tenía razón; no se lo iba a dejar a Rosie pero tampoco se lo pondría fácil. Eso no significaba que entre Adam y yo las cosas ya estuvieran bien.

Me pidieron hacerme unas muestras de sangre y me mandaron a maternidad. Aproveché a verificar si Rosie se encontraba en el mismo hospital.

Después que la amable señora de recepción me dijera que debía ir al tercer piso, subí el elevador directo a maternidad.

Para mi sorpresa, lo primero que encontré cuando las puertas se abrieron fue la cosa que más me dejó en shock.

Justo en una pared, de tamaño mural, se encontraban cientos y cientos de fotografías, y en medio, como centro de atención estaba... ¿Adam con Rosie y un bebé?

—¿Qué? —balbuceé. La foto tenía un tamaño mayor que las otras, por eso fue fácil identificarla.

Me acerqué para ver la fecha, y precisamente esa fecha era hoy.

—Tiene que ser una broma —dije para mis adentros. Ya sabía que él estaría donde Rosie estuviera pero no pensé que fuera de esta forma.

Sin pensarlo demasiado, me acerqué hasta el cubículo de enfermeras y pedí información.

No fue tan difícil encontrar la habitación de la vividora. La puerta se encontraba semi abierta y había tres globos azules amarrados al pomo.

Ahora era yo la furiosa. Me acerqué con sigilo y entré en la habitación dándome cuenta que Adam no estaba en ninguna parte de ella, pero sí la rubia con un bebé en sus brazos.

Me detuve por un momento, sin saber muy bien cómo manejar la manera en la que me sentía en esos momentos.

No pude retroceder por más que lo deseara porque Rosie me notó en ese exacto momento.

—¿Anna?

Ni siquiera dejé que terminara de hablar cuando, por impulso, me acerqué lo más que pude a su cama y levanté mi mano para golpearla directo en la cara.

Se quedó quieta y con la boca abierta, todavía con su bebé en brazos.

—Entiende que si no me lancé y te arranqué el cuero cabelludo fue debido a que estás cargando un bebé y tienes los brazos ocupados.

Ella abrió y cerró la boca, todavía en shock y sin hablar.

—Pero estoy cansada que sigas confundiendo mi nombre y que le digas cosas a mi esposo que lo único que hacen es lastimarme a mí —continué—. Si tienes algo que decir, dilo en mi cara y no a mis espaldas.

Pensé que ella estaría furiosa pero en cambio bajó la vista y se movió con lentitud sobre la cama, directo hacia la cuna que tenía a la par para depositar a su, debía admitirlo, hermoso bebé.

—En verdad, Anna. Lo siento muchísimo, supongo que Adam te contó lo del beso. Ni yo misma puedo justificar lo que hicimos pero lo necesitaba en ese momento. Sabía que entre él y yo no podía…

—¿Beso? ¿De qué beso me estás hablando?

Por primera vez desde que la conocí e invadió nuestra luna de miel, Rosie se miraba arrepentida.

—¿No te lo dijo? Nos besamos, Anna. Nos besamos varias veces pero fue por…

Me acerqué de nuevo y esta vez planté mi mano de forma más fuerte que la anterior. Su rostro se comprimió y su mejilla quedó roja.

—Deberías tener algo de vergüenza —murmuré echa una furia—. ¿Acostumbras besar hombres casados?

—Lo siento… él y yo siempre fuimos solo amigos y claro que lo veo como uno.

—¿Y eso que tiene ver con que le des ideas equivocadas o el beso que supuestamente tuvieron, o qué tiene que ver con que le cuentes sobre mi visita a la clínica de su hermano? No es asunto tuyo lo que sea que pasemos Adam o yo.

—La clínica me informó de la visita. No pudieron contactar con Adam y yo le comenté casualmente, pensando que él ya lo sabía. Yo soy la segunda persona en su contacto de emergencia; después de lo que le hizo a mi hermana yo quise vigilarlo más seguido…

—¿De lo que le hizo a tu hermana?

—Sí, a Emilia. Después de lo que le hizo, yo…

—¡Ahora entiendo! Es seguro que estás utilizando a tu hermana muerta para querer generarle simpatía a Adam, pero te lo advierto de una vez —la señalé con mi dedo índice—. No te metas más con nosotros, mucho menos pongas en duda su paternidad. ¿Qué querías lograr con eso? ¿Afectarnos? ¡Pues felicidades porque lo lograste!

—¡Yo intentaba hacerle un bien! ¿De verdad te afectó tanto que le comentara mi idea de si tu bebé era o no suyo? Es normal que quiera preguntarlo. Perdona por entrometerme.

—Ya que te parece tan normal este tipo de cosas, entonces déjame que te lo pregunte yo a ti. ¿De verdad Key es el padre de ese bebé?

—¡Por supuesto que lo es! Y no puedo creer que Adam te mencionara eso, es algo privado.

—Y no puedo creer que él también te mencionara lo que ocurrió hace meses atrás. ¿Verdad que no es bonito que alguien te confronte de esa manera?

—Anna, mira, ya me disculpé y te juro que lo siento. No sé qué piensas de mí pero yo no soy una mala persona… No trato de manipular a Adam de ninguna manera, y definitivamente no sé qué clase de complot crees que estoy armando; créeme que lo siento. Ahora tengo en mi vida a mi bebé Noah y nunca me ha importado nadie más. Lo único malo que hice fue besarlo… y sé que está mal, ya lo sé.

¿Noah? ¿Había escuchado bien? Esto era el colmo.

—No te creo nada; pedazo de basura que estás hecha —me limité a decir—. Ni una sola palabra de lo que dices es sincera. Nunca le voy a creer a alguien como tú, y por una vez te lo advierto: aléjate de nosotros. Deja de arruinar lo poco que queda de nuestro matrimonio. Y en definitiva, no creo ni de cerca que Key sea el padre, espero que tu hijo no crezca con la clase de madre que serás tú.

Para mi sorpresa, Rosie se echó a llorar de manera ruidosa y fuerte.

Grandes gotas de lágrimas salían de sus ojos, incluso llevó sus manos a su rostro para taparlo pero siguió llorando y sollozando con fuerza.

Una mano se cerró en mi codo y comenzó a llevarme en dirección a la puerta.

Esa misma mano me apretó hasta que logró sacarme.

—¡¿Qué se supone que estás haciendo?! —me gritó Adam—. ¿Qué mierda, Anna?

Su rostro se encontraba contraído y rojo. Jamás lo había visto tan enojado.

—¡¿Y qué mierda se supone que haces tú?! ¿Por qué siquiera estás aquí, con ella? ¡Ya hasta te consideran el padre de ese niño que apareces incluso en los murales! ¿Es una jodida broma?

—Soy su amigo…

—Vaya, qué buen amigo te has hecho. Esa misma frase la usan los infieles para excusarse con sus esposas. No llevamos ni un año de casados y ya estás mintiéndome como siempre. Estoy cansada de esto.

—¿Por qué la hiciste llorar de esa forma? —me reclamó. Me llevó cerca de los elevadores, otra vez pude contemplar el mural de fotos.

—¿Y por qué me lo preguntas a mí? Deberías estar preguntándoselo a ella. No puedo creer que lloré toda la noche por un imbécil que anda besando a sus “amigas”. Creo que no tienes idea de lo mucho que te odio justo ahora. Te odio.

Hice espacio para comenzar a caminar lejos de él, pero me detuvo con la mano.

—No me odias, esa es una palabra muy fuerte.

Lo odiaba del tal manera que él nunca iba a enterarse de mi parte que estaba esperando gemelas. De hecho, ese no era castigo suficiente… Me alejaría todo lo que pudiera de él. Me alejaría hasta que le doliera como a mí me dolían sus palabras.

—Siento que ya no te quiero lo suficiente como para aguantar nada de esto.

—Es que no entiendes las razones que tengo para acercarme tanto a Rosie… Su hermana, ella…

—Ya lo sé. Su hermana era Emilia, ¿no? Aquella chica que conociste a los ¿trece años? Déjame adivinar: ahora te sientes culpable por dejarla sola y te estás desquitando con nuestro matrimonio.

—No es tan sencillo…

—No te preocupes en explicarme —interrumpí—. Pienso apartarme de tu lado para que puedas pasar tiempo con tu Rosie. De todas formas recuerda que yo ya no te quiero y espero nunca quererte otra vez.

Adam frunció el ceño, viéndose ligeramente enojado.

—Sé que me quieres —dijo él en un tono firme—. Sé que lo haces todavía, no puedes simplemente despertar un día y decir que ya no me amas porque sé que mientes.

—No deberías darlo por hecho. Puede que te quiera pero estoy cansada de jugar juegos en los que tú siempre te apartas y yo quedo como la triste y desolada Anna.

Miré hacia otro lado y abracé mi estómago con fuerza.

—¿Entonces piensas apartarte primero para darme una lección?

—Yo no haría algo tan cobarde como huir —mentí. Esa misma mañana me escapé de él... así como haría de nuevo en el momento en que se diera la vuelta y no notara mi ausencia. Me iría porque sí, lo admitía, yo también era una cobarde.

Observé el suelo desgastado por un largo momento hasta que Adam finalmente habló, y no fue precisamente para decir lo que esperaba escuchar:

—Entonces haz lo que tengas que hacer Anna. Yo necesito estar aquí con...

Lo interrumpí poniendo un dedo sobre sus labios.

—No lo digas, ya lo sé. Necesitas estar aquí para Rosie pero no puedes estarlo para mí. Bien —mis ojos se estaban nublando a una rápida velocidad así que comencé a seguir mi camino—. Solo... estaré en el hotel.

Y sabía, por la mirada de arrepentimiento en sus ojos, que él notó el dolor que me había causado en ese momento. Esperé que me siguiera o que dijera que lamentaba ser un idiota, pero no hizo ninguna de esas cosas porque regresó junto a ella, junto a "su" Rosie, y consideré esta batalla perdida. Me alejé lo más pronto que pude para que nadie me viera llorar.

Era cierto, entonces, lo nuestro ya estaba acabado en varios niveles. No iba a pasar de nuevo por el papel de tonta, estaba cansada de todo. Ahora el que quedaría como tonto sería él, y me encargaría de hacérselo saber de todas las maneras posibles.

Adam Walker era un idiota de ligas mayores.

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