15 diciembre 2014

POAW Capítulo 17


Espero que pasen por alto cualquier pequeño error de gramática u ortografía, lo corregiré después.
Gracias por la paciencia... ahora: LEAN!


PD: sólo serán dos capítulos narrados como este. Luego volvemos a los que ya conocemos.





Capítulo 17
Siete unicornios y un enano




Por alguna extraña razón no podía despegar mis ojos del abstracto gato de color fucsia pintado sobre un lienzo que adornaba la sala de la habitación del hotel; al menos para mí parecía un gato aunque no podrías saberlo con exactitud a menos que inclinaras la cabeza en un ángulo poco saludable para el cuello y entrecerraras los ojos con rapidez.

Estuve cerca de diez minutos observando el extraño cuadro cuando una mano se puso en mi hombro y me sacó de mi trance.

—¿Dormiste bien anoche?

Era la voz femenina de Rosie.

Le fruncí el ceño y me encogí de hombros disimuladamente para tratar de sacarme su mano de encima. Tomé asiento en el simple sofá de tres plazas y contesté secamente:

—Fue una mierda. Me siento como el idiota más grande del planeta.

—Lo siento mucho —dijo ella en voz baja, sentándose en el asiento frente a mí. Su cabello rubio era tan largo que las puntas tocaban su estómago con ocho meses de embarazo mientras agachó la cabeza—. De veras lamento todo. No pensé que tu esposa reaccionaría de esa manera. Yo y mi gran boca...

—No fue tu culpa, yo fui el imbécil que la alteró. Deberías haber visto su cara cuando le pregunté... —un nudo se hizo en mi garganta al recordar la estúpida pregunta: ¿Soy yo el padre de esa bebé que esperas?—. Soy un imbécil.

Me levanté de un salto y comencé a avanzar hacia la puerta de la habitación, desesperado por disculparme y sentirme de nuevo bien con Anna, con volver al tiempo en el que nuestra única pelea era en ver o no a las tortugas (que dicho sea de paso no eran de mi agrado), o cuando cenábamos despreocupadamente en la cama después de haberla desordenado un poco. Tenía que buscarla.

—Adam, espera —la voz de Rosie me detuvo antes que llegara más lejos—. ¿No estarás pensando en buscarla, o sí?

Me quedé inmóvil por unos segundos, a punto de alcanzar la puerta.

—No debí dejarla sola anoche —murmuré—, Anna era mi responsabilidad y ayer me enojé bastante con lo que me contaste sobre visitar a mi hermano… y sobre lo demás.

El recuerdo de eso trajo ira a mis pensamientos. Anna no se iba a acercar ni a mil metros de él.

—Créeme, ella necesita tiempo para lamer sus heridas —contestó Rosie—. Soy una chica y creo saber cómo funciona esto. Si la buscas ahora mismo simplemente te cerrará la puerta en la cara. Dale tiempo y luego discuten esto juntos.

—¿Cuánto tiempo más tengo que esperar? Ya fue suficiente tortura por una noche. No debí alejarme de ella. La herí demasiado.

—Adam, cariño, no hiciste nada malo. Deberías mentalizarte a no creer que siempre tienes la culpa de todo; eres un gran chico y definitivamente daría lo que fuera por tener a alguien como tú a mi lado. Por eso te estoy diciendo esto, no dijiste nada que ella no pudiera contestar con sinceridad. Creo que fue estúpido que se enojara.

Escuché cómo hizo el esfuerzo por levantarse del sofá y caminar a mi lado hasta que su mano apretó mi hombro y lentamente me giró para que mis ojos se encontraran con su cara. Sus dedos se deslizaron por mi brazo y se detuvieron en mi muñeca.

—Eres un gran chico pero creo que aparecer ahora no sería realmente justo para ella.

Ella me guió de nuevo hacia el sofá, frente al retrato del gato abstracto.

—Además —añadió como si fuera una ocurrencia de última hora—, son las seis de la mañana. Probablemente esté durmiendo todavía.

Desvié la vista hacia el enorme reloj de la pared opuesta y comprobé que Rosie decía la verdad. Anna estaría aún dormida... y yo debería haber dormido junto a ella.

Era un cabrón, estábamos en nuestra luna de miel pero de repente se convirtió en una luna de vinagre desde el instante que Rosie recibió la llamada de una de las enfermeras de Aarón. Llamaron para confirmar si la visita de Annabelle Green era aprobada para el paciente. Inmediatamente reaccioné, aunque lamentaba la forma en la que perdí el control de todo.

—No tenía que haberle dicho lo que dije. Hubieras visto su rostro, estaba devastada y lastimada.

Rosie dio un largo suspiro, abrazándose a sí misma mientras trataba de envolver su suéter sobre sus hombros. No lo había notado antes pero ella seguía en bata y con el cabello adorablemente revuelto.

—¿Tampoco pudiste dormir? —pregunté observándola.

Ella sonrió y negó con la cabeza.

—Mia no ha regresado todavía —dijo encogiéndose. Mia era su hermana mayor y antigua novia de Key.

Sí, Rosie estaba embarazada de Key aún cuando Mia fue el amor de su vida durante años.

—Lo cierto, Adam —habló ella, rompiendo el silencio—. Anna debió consultar contigo primero antes de arrebatadamente presentarse ante tu hermano. Lamento decírtelo pero ella parece que quiere esconderte todo, y eso duele porque sinceramente me pareció una buena persona. No sé si es el embarazo que alborota sus hormonas pero sigo pensando que sobreactuó este asunto.

Resoplé. Rosie no tenía idea de lo mucho que Anna y yo empezamos a ocultarnos cosas.

—Es mi culpa también. Las mentiras nos alejaron a ambos.

—Pues es hora de empezar a decir la verdad. De nuevo te digo, no creo que ella debió de reaccionar de esa forma. Tu solo querías saber y tenías todo el derecho a preguntar. Eso no significa que ames menos a ese bebé; significa que aunque no fuera tuyo siempre le darías tu amor y respaldo.

Su mano encontró de nuevo mi hombro y apretó con fuerza una segunda vez.

Ella tenía razón. Anna no tenía por qué reaccionar de esa forma.

Hablaría con ella dentro de unas horas y seguiríamos con nuestra luna de miel ahora que se sentía mejor y ya no seguía vomitando.

Todo estaría bien.

—Ahora duerme un poco más —ella se acercó hasta sentarse a mi lado, poniendo su cabeza en mi hombro y envolviendo una de sus manos sobre mi estómago—. Te ves cansado y patético.

Traté de sonreír un poco pero los músculos de mi cara no ayudaron en nada. Ellos estaban en huelga y al parecer se negaban a sonreírle a nadie más que no fuera Anna.

Pero estaba a punto de compensarlos en unas horas. Claro que lo haría.





///////



Mi intensión de haber pasado la noche en el hotel era para dormir con tranquilidad antes de marcharme, pero con lo que no conté fue con las pesadillas y el llanto que no me dejaron en ningún momento de la madrugada. Ahora, a plenas diez de la mañana me encontraba cansada, malhumorada y con hambre, sentada en un comedor a menos de veinte minutos del hotel.

El fastidioso taxista se negó a llevarme más lejos cuando se enteró, de mi propia boca, que había olvidado mi billetera en la mesita a la par de la cama y que me negaba a regresar por ella porque, a esas alturas, Adam ya se habría enterado que había escapado.

Llevaba más de dos horas sentada en la misma silla, frente a la misma mesa con mantel cuadriculado y cerca de las mismas camareras que se arreglaban sus sostenes de coco y subían sus faldas fabricadas con una tela tan transparente que enseñaban más allá de sus piernas, como si los lujuriosos comensales necesitaran ver más pechos de los que ellas ya exhibían con su atrevido atuendo.

Moría de hambre pero no me atreví a pedir nada muy costoso porque apenas y tenía lo suficiente para una botella de agua tamaño miniatura y una barrita de arroz con jengibre (“especialidad de la casa”).

Me dolía la espalda y todavía seguía sumamente herida al recordar cada palabra de Adam, preguntándome dónde estaba aquel chico que en sus votos matrimoniales había prometido cuidarme y protegerme.

Lo quería de vuelta. No, lo necesitaba de vuelta conmigo.

Mis ojos se estaban cerrando y sabía que tenía la boca ligeramente abierta pero no podía hacer nada que no fuera concentrarme en no caer dormida de la silla. Hasta que de repente, y de manera sorpresiva, alguien depositó un trozo de pastel de chocolate en mi mesa.

Abrí mis ojos, instantáneamente alerta y despierta. Una mano tocó mi espalda mientras se inclinaba para susurrarme.

—¿Desearías algo más?

El dueño de la voz, gracias al cielo, no era Adam. Pero al igual que él, se trataba de un chico.

Mis ojos se movieron al pastel frente a mí; olía delicioso y tenía un relleno de chocolate puro que se derretía por los costados del abundante trozo. Fruncí el ceño.

—Lo siento, yo no ordené eso.

—Lo sé —dijo el chico a mis espaldas, todavía no le había visto el rostro—. Me tomé el atrevimiento de prepararte una rebanada cuando vi cómo casi vomitabas la barrita de arroz.

Señaló con la mano la barrita en cuestión y se rió con cierta familiaridad. Entonces giré el rostro para verlo claramente y me sorprendió encontrarme con unos ojos azules como el cielo. El chico tenía cabello marrón, nariz ligeramente rota y un piercing atravesando su ceja izquierda. Era apuesto, o al menos lo era entre los estándares del gusto popular. Usaba un uniforme de camisa abotonada blanca y pantalón de tela negro que marcaba unas potentes y musculosas piernas de deportista; obviamente trabajaba en el local ya que llevaba el logo impreso del restaurante en el costado de su camisa.

—Lo siento —volví a repetir, tragando saliva cuando observé una vez más el delicioso trozo de manjar en la mesa—, pero yo no puedo pagarlo.

—La casa invita —sonrió ampliamente.

Yo negué con la cabeza, alejando el pastel.

—No estoy segura de que deba.

—Oh, vamos —tomó la silla vacía frente a mí y le dio la vuelta para sentarse al revés, de manera que sus codos se apoyaran en el respaldar—, sé que quieres devorarlo. Además es gratis, no te cobraré nada por él.

Miré a mi alrededor en busca de alguna mesera que me mirara recriminatoriamente, pero ninguna observaba nuestra mesa, prestaban más atención al grupo de hombres que preferían desnudarlas con la vista a plena hora del desayuno.

—¿Estás seguro que tu jefe no te regañará? —pregunté ya con la cuchara en mano, acercando el platillo que despedía olor a chocolate y pan casero.

—Estoy seguro ya que el jefe es mi mejor amigo, somos socios. Además yo soy el chef, así que si dice algo, simplemente me pongo en huelga y la cena de hoy la dejaría en manos de “Las Cuatro Fantásticas” que no saben ni freír un huevo —señaló a las cuatro camareras que se dividían por todo el lugar, retocando sus labios con más lápiz labial y ajustando sus sostenes de cocos.

—Bien —murmuré—. Me lo comeré.

No esperé a escuchar su respuesta cuando ya estaba engullendo el pastel casi con los dedos.

—¿Tú lo hiciste? —pregunté con la boca llena, el trozo era celestialmente sabroso.

—Sí, es una de mis especialidades.

—Está delicioso.

Tragué con fuerza y continué con la labor. Mientras comía la mitad, noté a la olvidada barrita de arroz aún sin tocar en el plato.

—Lamento lo del otro platillo —me disculpé—, las barras de arroz no son lo mío. Pero definitivamente tienen buen sabor.

—Yo sé que me estás mintiendo —bromeó—, esas barras son horribles. Fueron un experimento mal hecho que se quedaron simplemente porque de vez en cuando, cada luna llena, atraen a hermosas jovencitas de ojos… —se acercó a mi cara para ver mejor mis ojos, al parecer— grises.

—Claro, y seguro ese comentario te hubiera funcionado de no ser por este pequeño detalle —señalé mi redondeado vientre.

Esperé ver la sorpresa cruzando su rostro, pero en cambio se rió y negó con la cabeza, como si lo hubiera subestimado o como si ya se hubiera percatado de mi embarazo desde el momento en que entré al local.

—Sí —habló con una sonrisa en los labios—, ya lo había notado. Es algo bastante pequeño a tomar en cuenta pero aún así logré verlo bien. También logré ver ese otro pequeñísimo detalle.

Señaló el dedo donde mantenía mi anillo de bodas.

Hice una mueca cuando recordé el por qué me encontraba comiendo sola en primer lugar: Adam.

Sonreí sin enseñar mis dientes llenos de chocolate y asentí con la cabeza.

—Se supone que estoy en mi luna de miel —comenté con cierto rencor.

—¿Y dónde está el novio y, supongo, padre de tu hijo?

Resoplé.

—Está con la señorita “trasero frondoso y pelo color más amarillo que el sol”.

—¿Auch?

—Así es.

—Pues sí que se lo pierde en grande. Comes muy divertido, incluso haces agradables sonidos de gatito cuando tragas.

Me sonrojé un poco y disminuí la velocidad con la que consumía el pastel.

—No, por favor, continúa. Es agradable —dijo él cuando vio que me detuve.

—Lamento mis modales, en verdad, pero es que a veces mi estómago se desenfrena y la única manera de apaciguarlo es con comida, en muchas cantidades.

—Entiendo, no te preocupes. ¿Quieres algo de beber? ¿Qué tal una soda? La casa invita, claro.

—De acuerdo —respondí con cierta confusión.

—Por cierto, no nos hemos presentado. Soy Diego —extendió su mano para que la tomara—, veintidós años, Sagitario y fanático de los sándwiches de helado.

Se levantó de la silla y se movió hacia la barra de pedidos, de donde sacó dos sodas de uva en lata y luego regresó a su asiento y me entregó el refresco.

—Soy Anna. Diecinueve años, embarazada, de luna de miel y muy, muy enojada con mi esposo —dije.

—Ya veo. ¿Estás escondiéndote?

—Más bien estoy huyendo. Pero no se puede considerar huir a olvidarte de tu dinero en efectivo y esperar, en secreto, que tu esposo entre por esa puerta y llore pidiendo perdón de rodillas, con los pantalones rasgados y la mirada desesperada por no haberme visto esta mañana… ¿y lo peor? Estar dispuesta a dejar toda la ira si él me dice cuánto lamenta ser un imbécil al que le gusta romperme el corazón en millones de pedacitos y de astillas. Y es triste esperar eso porque ni siquiera me ha llamado, y lo sé porque no me he despegado del teléfono.

Respiré hondo después de ese largo discurso y pude notar que mis ojos se empañaban levemente con las lágrimas no derramadas.

Diego se quedó callado por un momento, inclinando la cabeza como si estuviera procesando la información. Finalmente asintió y me sonrió con la misma facilidad de antes. Había algo realmente familiar en él pero no lograba saber qué.

—Te entiendo —dijo asintiendo con la cabeza—, el amor puede ser idiota algunas veces. Me ha sucedido más de lo que me gustaría en realidad. ¿Puedo preguntar por qué los pantalones rasgados?

Tragué el nudo en mi garganta y forcé a mi voz a tranquilizarse.

—Porque así sabré lo miserable que se sintió sin mí.

—Umm… ya puedo imaginarlo. Y dime, ¿estás segura con eso de escapar? ¿Tanto quieres huir de él?

—Si me hubieras preguntado hace unas horas te hubiera dicho que jamás hablaría de nuevo con él, ni aunque lo estuvieran violando siete enanos y un unicornio salvaje y yo fuera su única ayuda en todo el mundo —hice una pausa cuando escuché la risa disimulada de Diego—. Ahora lo veo inútil, mi resolución se vino al suelo, sigo sin querer mirarlo a la cara de nuevo pero sufro si de igual forma no lo tengo. Al menos quiero estar enojada por hoy... o por el resto del año. Él dijo cosas muy feas y creyó la palabra de una zorra carismática antes de creer en la mía, no puedo dejar pasar eso así de fácil.

Y ahora que lo pensaba, Adam no me había dicho cómo era que la tipa de dos cabezas sabía que yo quería visitar a su hermano.

—Como dice mi abuela —la voz de Diego me sacó de mis cavilaciones—: la forma más fácil para desenredar un nudo es cortándolo de raíz. Sería bueno que hablaras con él.

Negué frenéticamente con la cabeza, dándole un sorbo a mi bebida de uva, viendo al chico de ojos azules hacer lo mismo con su soda.

—Lo nuestro va más allá de una simple charla —no sabía por qué le contaba a un perfecto extraño mis problemas pero sentía la necesidad de hablar con alguien, desahogarme con quien sea.

—Lamento escuchar eso. Pero soy de los que piensan que todas las cosas tienen reparo; más cuando se trata de una relación.

—Esta vez no estoy tan segura de eso —murmuré, dejando el pastel sin terminar, mi estómago sufriendo falta de apetito repentino—. Pero no hablemos más de eso, ¿sí?

Diego asintió con la cabeza.

—De acuerdo, prometo cambiar de tema —él imitó poner un zipper en su boca y se puso de pie—. Bien, por más que me guste pasar el tiempo contigo tengo clientes que atender. Espero nunca ganarme tu enemistad como para que desees que siete unicornios y un enano (o era al revés) quisieran abusar de mí. Este lugar puede ser tu escondite hasta las siete de la noche; eres bienvenida de pedir lo que desees, va por mi cuenta.

—Gracias... por todo. ¿Por qué eres tan amable conmigo?

—Porque veo que lo necesitas. ¿A quién no le gusta un poco de compañía y un trozo de pastel cuando más solo y deprimido se siente? —se encogió de hombros—. Ahora si me disculpas, tengo que regresar a la cocina.

Hizo una exagerada reverencia y luego se retiró mientras yo todavía me devanaba los sesos por pensar en si conocía o no al chico porque su cara no dejaba de hacérseme familiar.



Pasar toda la mañana en un restaurante era mortalmente aburrido. Como teníamos la orilla de la playa a una corta distancia decidí abandonar el lugar seguro de mi silla y caminar por donde las olas golpearan los dedos de mis pies.

Casi al instante de haber caminado por la arena, un calambre hizo que me tambaleara y tuviera que sujetarme el estómago. Este todavía seguía resentido por la gripe que me plantó en cama por tres días, tenía que tomarme las cosas con calma.

Tal vez lo más sensato de hacer era regresar al hotel pero no me veía tentada de escuchar a Adam decir que su gran amiga Rosie me acusaba ahora de cualquier estupidez que a la tipa se le viniera en gana.

Odiaba esta situación, la detestaba.

Tampoco sabía por qué no me iba directamente a casa de mi madre a refugiarme en sus brazos llenos de múltiples pulseras baratas y su famoso té de chocolate blanco que de alguna forma lograba alegrar mis días, o su actitud de "ya superé por completo dedicarme a leer la fortuna de la gente pero secretamente todavía acepto clientes".

Ufff, pero seguro también tendría que contarle la verdad a mamá, y decírselo a ella implicaba decírselo también a mi padre y eso sería motivo de tercera guerra mundial.

Tenía tantas ganas de llorar al pensar lo que haría una vez llegara a casa, pero desde el momento en que Adam pronunció las palabras más hirientes que me había dicho nunca, la decisión fue tomada. Iba a separarme de él antes que termináramos haciéndonos más daño. O al menos creía que eso era lo mejor para los dos. No quería ni imaginarme la cara de la pequeña Nicole cuando se enterara. Me miraría de una forma miserable por haberle roto el corazón a toda la familia.

Ese fue uno de mis últimos pensamientos antes de que otro calambre sacudiera mi sensible estómago y me hiciera vomitar sobre la arena, todavía preocupada.





////////



Me.quedé.jodidamente.dormido.

Eran más de las once de la mañana y mi mejilla seguía pegada al borde del sofá de la sala. Si no hubiera sido por los quejidos y los gritos de alguien en la habitación de al lado, jamás me hubiera despertado.

Parpadeé varias veces hasta que los gritos aumentaron e hicieron que mi mente nublada se peleara con el sueño.

Anna. Tenía que buscarla. Ella debía estar gritando.

Entonces lo entendí mucho antes de ponerme de pie: no era Anna la que gritaba, era Rosie. Los gritos aumentaron junto con los jadeos ahogados de ella pidiendo ayuda.

Mierda. Mierda.

Me desperté por completo y corrí a su habitación. Ella se encontraba encorvada en la cama, con las sábanas enredadas en sus puños.

—¡Adam! —chilló al verme. Su frente estaba llena de sudor y jadeaba bastante. Era definitivamente lo que yo creía que era, esto me lo habían enseñado en las extrañas clases prenatales a las que fui con Anna.

Mierda. Rosie estaba teniendo contracciones; era muy probable que estuviera a punto de dar a luz.

Corrí a su lado y me agaché para estar a su altura encorvada.

—¿Rosie? ¿Qué hago? ¿Quieres que te lleve al hospital o llame a emergencias?

Ella negó rápidamente con la cabeza.

—Estoy bien, lo juuuu... ¡Ahh! —cerró los ojos y se sujetó el estómago con fuerza mientras alargaba la última palabra en esa oración. Su piel se enrojeció por el dolor, provocando que lágrimas se escaparan de sus ojos—. De acuerdo, hospital, ahora. Llévame.

—¿Dónde están tus cosas?

Ella señaló una maleta roja ubicada sobre un mueble y corrí a buscarla.

Traté de hacer que se levantara muy despacio de la cama pero apenas y podía moverse. Llevé mis manos detrás de sus rodillas y con poco esfuerzo ya la tenía entre mis brazos, levantándola para trasladarnos hacia el hospital.

De alguna forma pude llegar con ella hasta el elevador y luego al lobby en donde causé gran revuelo entre los empleados y clientes del hotel. Uno de ellos me ayudó a cuidar de Rosie mientras yo hacía una parada rápida en la recepción para comprobar mi teléfono y llamar a Anna y no preocuparla cuando no me viera en la habitación.

Precisamente lo tenía descargado. El inútil teléfono se descargó. ¡Mierda!

Corrí hacia el tipo que parecía gerente detrás del mueble de recepción y le lancé mi teléfono, resbalando de mi mano a su hombro. El apenas y pudo atraparlo antes que cayera al suelo.

—¡Por favor póngalo a cargar y llame a la habitación 613. Dígale a mi esposa que tuve que irme al hospital!

El hombre al que prácticamente le grité el mensaje se encontraba muy confundido, dividiendo su atención entre los gritos de Rosie que aún seguía en mi espera, y entre escuchar lo que le decía.

—¿Habitación 613? ¿La otra chica embarazada? —preguntó después de unos segundos.

Asentí con la cabeza y me incliné más cerca del mostrador para darle énfasis a mis palabras.

—¡Llámela inmediatamente! Dígale que se quede tranquila que yo ya vuelvo. Mi celular se descargó, vengo por él luego.

—Pero señor, la señorita se fu...

—Estaré probablemente en el hospital más cercano —comencé a caminar lejos del sujeto, ignorando cualquier cosa que decía. No tenía mucho tiempo para eso—, no se olvide decirle.

Corrí hacia el estacionamiento donde un par de hombres me ayudaron a acomodar a Rosie en el asiento trasero de mi auto; con eso me dediqué a intentar poner la llave correctamente antes de arrancar e irnos.

Podía escuchar a Rosie suspirando y dando leves patadas al asiento mientras yo intentaba asegurarme que todo estaba en su lugar.

Uno de los hombres que me ayudó se ofreció a acompañarme pero lo despaché con un simple gracias y un gesto de mano.

Arranqué sin mirar atrás.

—Tranquila —dije, respirando en fuertes jadeos que igualaban los de mi amiga—. A Anna le decían que respirara mucho en sus clases prenatales, creo que deberías hacerlo.

Rosie rechinó los dientes audiblemente.

—Yo asistí a la misma clase con ella —gruñó mientras atacaba el asiento a su lado con fuertes puños—. Respirar es una basura. Intenta respirar cuando logres sacar de tus testículos a un elefante bebé, luego hablamos de respiraciones.

Wow, ¿Anna se pondría igual de agresiva cuando estuviera en labor de parto? A estas alturas tendría que recubrir los asientos con material amortiguador de golpes.

Rosie pateó una vez más el asiento frente a ella y gimió con violencia.

—Casi lo olvido. Hay que llamar a Key para avisarle, ¿tienes tu teléfono? —pregunté. Sinceramente yo no sabía manejar esta situación. Me sentía fuera de mi elemento.

—No sé si lo traje, creo que lo dejé en mi mesita de noche.

Volvió a gritar, y luego, milagrosamente, se calló.

—Dios, eso fue feo —sonrió más tranquila—. Pero ya pasó… seguro no es nada…

Se quedó con la palabra en la boca cuando sus ojos se ampliaron de repente y pude ver por el retrovisor que ella miraba mucho entre sus piernas.

—Eh… —finalmente habló—. Definitivamente pagaré por esto, no te preocupes.

—¿Pagarás por qué?

—Por la limpieza de tu auto. Es que acabo de romper fuentes. Ensucié un poco el asiento…

Antes de que pudiera procesar lo que acababa de decirme, sus gritos estaban volviendo, y vaya si volvieron con más fuerza que antes.

—Muy posiblemente también tenga que pagar por esto —dijo ella en medio de los gritos y el llanto. Levantó un pedazo de lo que parecía… ¿Era eso la tapicería del asiento? Sí, lo era.

Increíble. Destruyó el asiento.

Wow… simplemente wow.

Después de eso conduje como poseso; no me detuve hasta que estuvimos justo afuera del hospital y recibí ayuda por parte de dos enfermeros.

Antes que se llevaran a Rosie en una silla de rueda, ella extendió su mano y tomó un puñado de mi camiseta.

—Sé que te parecerá una locura pero de verdad necesito esto —ella se empujó hacia arriba, hasta que su rostro quedó a la misma altura que el mío y de pronto sus labios estaba chocando contra mis labios. Me tomó del cuello de la camisa y profundizó el beso hasta que se cansó de permanecer levantada y me arrastró en el beso aun cuando ella tomó asiento.

Finalmente me soltó y me miró con ternura.

—Emilia tenía buenos gustos —murmuró cerca de mi boca—.Ya sabes, éramos hermanas y eso… totalmente te aprobaría en estos momentos.

Mi mandíbula se tensó al oír eso.

—Ella y tú probablemente estuvieran casados ahora. No estoy diciendo que Anna sea una mala persona, pero Emilia hubiera entendido por lo que estuvieras pasando. Sabes que ella era prácticamente una santa.

Torcí el gesto, dando una señal imperceptible a los enfermeros para que se la llevaran. Aunque Rosie volvió a tomar un puñado de mi camiseta para impedir que fueran más lejos.

—Por favor, solo te pido una cosa más antes de dejar que me lleven —tocó involuntariamente su estómago cuando otra contracción la atacó—. Bésame una última vez. Te lo suplico.

Y como siempre me sucedía cuando la miraba, pude ver a Emilia en ella, a esa pequeña que murió siendo demasiado joven. No podía decirle que no. Mi culpabilidad no me dejaba.

Entonces la besé, y luego otra vez hasta que finalmente me separé para dejarla avanzar, viendo cómo su pelo rubio ondeaba con el viento y escuchando sus leves quejidos de dolor.

Me sentía un imbécil.





//////



—De verdad lamento todo esto —dije realmente apenada con Diego. Su mano se envolvía entre las mías mientras me guiaba hacia el asiento trasero de su vehículo.

—No tienes por qué sentirte avergonzada. ¿Te sientes mejor? De igual forma te dije que conocía a alguien que tenía mucha experiencia en situaciones similares a esta.

Mi rostro debió ponerse pálido porque el chico se detuvo abruptamente y me examinó con detenimiento.

—¿Te duele demasiado?

Asentí con la cabeza mientras me sujetaba el estómago. Era otro calambre.

Cada uno era más fuerte que el anterior. Dolía con D mayúscula.

Había tenido que pedirle ayuda a Diego cuando uno de ellos se volvió demasiado como para soportar. Él inmediatamente buscó un reemplazo y me subió a su auto aparcado en las afueras del restaurante.

—Vamos —continuó tirando de mi mano, ayudándome a subir finalmente al auto—. Mi abuela es experta en partos. Al menos ella asegura serlo.

Esperaba que fuera cierto y no se estuviera aprovechando para llevarme a otro lado. Adam me había dejado traumada con las historias que me contaba sobre los ladrones de bebés o ladrones de órganos que se pusieron muy de moda en los noticieros.

Sacudí la cabeza, Diego se miraba realmente confiable.

—Bien —murmuré de mala gana cuando otro dolor me siguió. No quería alarmarme pero definitivamente podía sentir líquido deslizándose entre mis piernas.

Pero era imposible. Yo ni siquiera tenía los siete meses sino hasta dentro de una semana. No era el tiempo todavía para que nacieran los bebés.

—Estás muy pálida —dijo Diego con voz preocupada. Llevó el teléfono a su oreja y continuó marcando a quien sea el que llamara—. No contesta… Esto es malo. Eres la chica de Adam, ¿verdad?

Asentí distraídamente, asustada por querer saber de dónde se suponía que lo conocía.

Junté mis rodillas mientras me mordía el labio, intentando superar el dolor pero me costaba cada vez más.

—¿Lo conoces? —murmuré adolorida—. ¿Cómo?

Pude ver sus cejas elevarse mientras nos sacaba del estacionamiento y empezaba a recorrer las calles.

—¿No me recuerdas? Pensé que te ibas a acordar. Yo estuve esa noche en tu despedida de soltera, conozco a tu esposo por la pelea dura que nos dio. Yo era uno de los strippers.

Condujo aún más rápido, saltándose varias señales en rojo hasta que al fin pareció relajarse cuando nos detuvimos frente a una casa de dos plantas, ladrillos rojos, vigas expuestas y un césped abundante al frente.

—Llegamos —anunció.

Grandioso. En compañía de un stripper que sabía de alguna forma el número de Adam, en una casa desconocida, con un dolor del infierno quemando en mi vientre.

Perfecto.

Bajé la vista cuando el mismo dolor agudo y la misma sensación de líquido entre mis piernas me hicieron observar hacia ese lugar en particular. Chillé un poco cuando noté que la tela de mi ropa se encontraba manchada con una ligera línea de sangre.

Me paralicé por completo, entrando en pánico.

Esto no era bueno. Nada bueno.

No quería admitirlo pero necesitaba a Adam a mi lado. ¿Dónde estaba él?
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25 noviembre 2014

Un corto mensaje


Siempre informo en mis redes sociales el día que habrá capítulo y les aviso cuando no puedo publicar por X o Y motivo. Se los digo para que no desesperen tanto.

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13 octubre 2014

POAW - capítulo 16 - Parte 2

Capítulo 16 - Parte II




—Tal vez yo… ¿debería irme? —dijo la rubia, terminando la frase con una pregunta—. Esta es una discusión de pareja y no tengo por qué entrom…

—¡No! —gritó Adam—, quédate. Al parecer ahora somos una pareja de secretos. Tal vez sea hora que esos secretos salgan y se divulguen a los cuatro vientos.

—Pero es que yo no quise… que ocurriera esto —sus ojos buscaron los míos por primera vez desde que puse un pie en la habitación, lucía avergonzada y parecía que trataba de encogerse o esconderse.

—¿Podrías al menos decirme qué fue lo que pasó? —le susurré a Adam—. No entiendo qué es lo que sabes y te hace pensar que te odio como para no decírtelo.

Él apretó sus dientes y pude ver cómo tensó su mandíbula.

—Ahora no, Anna. Simplemente… descansa por los momentos.

Fruncí el ceño y me aparté justo cuando él intentaba tomar mi brazo para dirigirme a la cama.

—¿Por qué sigue usando tu camisa? —estallé de rabia—. ¿Qué te dijo para que te pusieras de esta manera?

—¿Qué me dijo? —repitió él, su voz sonando contenida y profunda—. Me dijo la verdad.

—¿La verdad de qué? ¿Qué hice? 

—Eh… ¿chicos? —interrumpió Rosie—, ¿será que pueden hablar de esto más tarde? De verdad que no fue mi intensión. Ah, y lo de la camiseta de Adam es porque no me quedaba ninguno de tus vestidos, soy un poco más ancha de los brazos.

—Para eso es que existen los vestidos sin mangas —la fulminé con la mirada.

Intenté sostener la toalla, haciendo un gran esfuerzo para no perder el control y salir corriendo lo más lejos posible de este Adam que no se parecía en nada con el que me casé.

—Necesitas dormir primero —me regañó el susodicho—. Todavía tienes fiebre y, enojado o no, no soy tan animal como para discutir en estas condiciones.

—¿Qué condiciones si tu no me estás diciendo nada?

—Hablaremos más tarde, Anna. Ahora déjame escoltar a Rosie a su habitación. Cámbiate, ponte algo abrigado y luego paso para hablar a solas.

Suspiró audiblemente y se llevó una mano por toda la cara, como para sacarse la preocupación, y luego me miró fijamente.

—Espero que todo esto haya sido un simple malentendido —amenazó. Nunca lo había escuchado tan enfadado.

Sin dejar de mirarme se acercó a la puerta de la habitación y dejó que Rosie pasara primero. Cerró con fuerza, casi dando un portazo.

Temblando me senté en la orilla de la cama, con mi cabello aún húmedo y mi fiebre en aumento.

Vaya luna de miel la que pasábamos. No me quería imaginar lo que sucedería si nos seguíamos quedando junto a la rubia que aparentaba ser inocente pero en realidad era peor que un lobo que asechaba sigilosamente.

Mi estómago se agitó repentinamente, sintiendo el malestar que me tendría vomitando en aproximadamente unas horas si no tomaba reposo y lograba tranquilizar mis nervios.



Pasada una media hora­ Adam entró por la puerta; si era posible estaba más enojado que antes. Mis nervios aumentaron con terror.

—¿Podrás explicarme qué sucede ahora? Estoy confundida —dije con una voz neutral.

Él me observó de pies a cabeza, desde mi cabello mojado, pasando por mi vestido con estampado florar hasta las rodillas, y mis pies descalzos.

Mis ojos se pusieron húmedos con solo mirar su postura tan tensa, recordando la vez que me pidió que me fuera de su departamento porque ya no me quería cerca. Se sentía como si volviera a repetirse en cualquier momento.

—¿Entonces? —presioné un poco más.

—Lo siento Anna, pero estoy tan enojado contigo que justo ahora no deseo verte. Dormiré en otra habitación y mañana saldré con Rosie; al menos ella sí trata de actuar con sinceridad.

Las lágrimas en mis ojos se salieron de control y no las pude contener.

—No hagas esto —supliqué—. No fue mi intensión ocultarte las cosas…

—Por favor, ahora no, Annabelle. No empeores esto y sólo deja que entre algo de aire en mi cabeza mientras decido si casarnos de verdad valió la pena.

—¿Si de verdad valió la pena casarte conmigo? ¿Estás escuchándote?

Solté un sollozo horrible desde el fondo de mi garganta.

Él hizo una mueca, como si no pudiera creer lo que acababa de decir.

—Yo…

—Oh, no. Ahora ya no puedes retractarte de tus palabras —lo acusé. Mis ojos húmedos por las lágrimas y voz ronca.

—¡Bien! ¿Quieres saber qué me molesta? —explotó en un arranque de ira.

—Pues ya es hora de que alguno de los dos hable de una vez por todas. ¿Tan malo fue lo que hice como para que quisieras reconsiderar nuestra boda?

—No quise decirlo de esa forma.

—¿Y de qué forma se puede decir algo como eso? Deberías pensarlo mejor antes de soltar cosas que hieran a propósito.

Él lucía arrepentido mientras miraba las grandes gotas de lágrimas bajar por mis mejillas.

—¿Es verdad que tenías una cita la próxima semana para ver a mi hermano? —preguntó finalmente con voz ansiosa.

Me tensé de inmediato y tuve que sujetarme el estómago para no vomitar todo ahí mismo, del alivio. Pensé que él sabría sobre las gemelas y mi estúpida decisión de no decirle nada, decisión que me estaba comiendo viva.

—¿Eso te dijo ella? ¿Cómo supo eso?

—Responde, Anna. No quiebres mi paciencia. ¿Es verdad?

Asentí con la cabeza.

—Es cierto. No es ningún delito, además tuve que escuchar por boca de tu abuela la noticia de que él en realidad no estaba muerto.

—¡Por supuesto que ella está metida en esto! —reflexionó más para sí mismo—. Pero claro, te contó todo. Y tú ignoras el hecho de que no te lo dije por una justa razón. Sabía que me harías llevarte a conocerlo, por eso te mentí, porque me imaginé que sucedería exactamente esto.

—No tiene nada de malo. Él ni siquiera iba a acercarse a mí, tendría a la abuela Gertrude, a los asistentes de la clínica, a…

—No sigas diciendo más, por favor. Detente.

—Pero… 

—Solo estás empeorando la situación.

—¿Qué te dijo Rosie? ¿Por qué te enojas tanto con algo de lo que tú mantenías en secreto en primer lugar?

—Porque eso no fue lo único que me contó.

—¿Hay más? ¿Podrías hablar conmigo, escucharme al menos por una vez? Sería agradable que quisieras saber mi opinión antes de juzgar por lo que te diga tu gran amiga del alma. ¿Cómo sabes siquiera que ella es de buen corazón? ¿Cómo estás tan seguro de que Key es el padre del bebé que carga en su vientre?

—Basta de acusaciones. ¡Ella es una gran persona! El hecho de que estés celosa no significa que me tengas que ocultar las cosas que me ocultaste.

—¡No son celos! —tal vez un poco—. ¿Le crees más a ella que a mí, tu esposa?

Él se quedó en silencio, con los brazos cruzados y sin revelar otro sentimiento más que el enojo. Se dio la vuelta y caminó hacia el armario empotrado en la pared, sacando una toalla de un estante alto.

Se acercó hacia mí y se quedó unos pasos alejado. Me tendió la toalla y empezó a secar mi cabello.

—¿Qué estás haciendo? —me aparté dándole un manotazo en el hombro.

—Te puedes resfriar.

Me aparté un vez más cuando hizo un segundo intento con la toalla.

—Sí, lo admito, quise conocer a tu hermano. Sentía curiosidad, pero es más que eso —hablé cuando finalmente se rindió con mi pelo mojado.

—¿Qué más puede ser? ¿Por qué querría una mujer embarazada conocer a un psicópata que no está bien del cerebro, que mató a su esposa e intentó también matar a su propia hija? Es porque dudas de mi palabra, todavía dudas de si lo que digo es verdad, ¿no es cierto?

Si lo ponía de esa forma sonaba escandaloso y feo.

Agaché la cabeza, sintiéndome tonta por un momento.

—No es eso… Yo lo siento —dije finalmente—. Pero me duele que la palabra de ella pese más que la mía.

—Y a mí me duele que mi palabra entre por un oído y salga por el otro, me duele que sea descartada.

Touché.

No podía verlo a la cara ahora que él sonaba más tranquilo y menos déspota como hace unos momentos atrás pero todavía no olvidaba sus palabras: “dormiré en otra habitación… decido si casarnos debió valer la pena… no deseo verte”.

Él se agachó para estar al mismo nivel de mis ojos y me tomó de la mano.

—Ahora entiendes parte de mi enojo. Lamento sonar de esta manera tan dura pero no entiendes lo difícil que es para mí saber que estuviste a punto de entrar en un lugar peligroso con una persona peligrosa.

—¿Y la otra parte?

Adam abrió la boca pero la cerró al instante.

—¿Cuál otra parte?

—Dijiste que ahora entiendo parte de tu enojo. ¿Cuál es la otra parte que no estoy entendiendo?

—La otra parte es la que más me enoja. Solo espero que me lo digas con sinceridad y que no te molestes por esto.

Mis nervios volvieron al ataque y las palmas de mis manos se pusieron sudorosas al instante.

—Anna… ¿Soy yo el padre de esa bebé que esperas?

Abrí y cerré la boca al menos unas veinte veces antes de atragantarme con mi propia saliva.

—¿Qué? —pregunté en estado atónito.

—Rosie no lo hizo con mala intención pero… yo le conté lo que pasó esa noche, con Mason y Marie…

—Detente —finalmente encontré mi voz para hablar en más de una palabra—. Es suficiente. Sé de qué hablas y no puedo creer que me estés preguntando esto.

—Sé que puede sonar una locura pero ella me dijo…

—No me interesa lo que te haya dicho. No puedo entender cómo es que se te pasó por la cabeza preguntarme algo como eso. ¿Ahora dudas que eres el padre?

—Yo no he dudado; es que Rosie me preguntó si no existía la pequeña posibilidad de que hayas entrado en shock y hubieras suprimido el evento traumático y…

—Por favor detente. No sigas —las lágrimas se reunieron una vez más por mis ojos, sollocé en silencio—. ¿Crees que Mason es el papá?

—Yo, a diferencia de lo que puedas pensar, no salto a conclusiones apresuradas. Nunca dije nada parecido.

—¿Me preguntaste si eras el papá? Además, ¿por qué tenías que contarle a ella sobre esa situación vergonzosa?

—Tú tienes a las chicas: Rita, Shio, Mindy… yo la tengo a ella como amiga.

—No es ni de cerca lo mismo. Mis amigas, a diferencia de la tuya, no quieren cogerme hasta que amanezca como se nota que Rosie quiere hacer contigo. ¡Estás ciego por ella! Y eso me hiere más que todo lo que me has dicho hasta ahora. ¿Qué pasaría si te dijera que este no es tu bebé? ¿Siempre te hubieras querido casar conmigo?

—¡No desvíes el tema! Sabes perfectamente que yo daría hasta mi piel para evitarte cualquier dolor.

—Pues no se nota —lloré—, porque el dolor aquí lo estás causando tú mismo. Respóndeme ahora, ¿siempre te hubieras casado conmigo? Porque sino, todavía estamos a tiempo de separarnos y hacer como si nunca nos hubiéramos visto.

—Me casé contigo porque te quería… porque te quiero, te amo. No digas esa clase de tonterías y no dudes nunca de lo que siento.

—Pero tú si puedes dudar de lo que yo siento, ¿verdad? Tú sí dudas de mí por lo que te dijo la zorra de sonrisa carismática. Dios me perdone si llego al día de mañana sin haberle dejado marcada mi huella en su estúpido rostro a esa “tu amiga”.

—Estás sobre actuando, no es así.

—¿Sobre actuando? —resoplé, poniéndome de pie y sosteniendo mi agitado estómago—. Bien, has de cuenta que Mason me embarazó… o mejor, has de cuenta que fue Mason quien me vio sangrar en nuestra primera relación sexual.

—¡Ya, basta! —gritó, llevándose ambas manos a los oídos, bajándolas rápidamente—. Es suficiente, Anna. No lo dije porque dude de tu palabra o desconfíe de lo que me dijiste pero sé que puede ser traumático y pudo haberse borrado de tu memoria, como esos recuerdos de memoria selectiva. Quería que recordaras muy bien todo, que pensaras en los hechos ocurridos ese día, no es que ame menos a esa bebé… es que quiero matar al hijo de puta si el rumor es cierto.

—¿Rumor? —sequé las lágrimas de mis ojos, con mi corazón latiendo apresurado y mi garganta cerrada en un nudo—. ¿Ahora hay rumores de eso? Seguro Rosie y tú hacen apuestas sobre quién es el verdadero padre, ¿no?

—Claro que no.

—¿Sabes qué? Ya no quiero seguir escuchando nada más. Dijiste que dormirías en otra habitación así que… creo que deberías de hacerlo. Estoy cansada y quiero dormir.

—Lo siento Anna pero, sí, pienso que embarré las cosas con lo que dije aunque…

—Adam, por favor vete. Sal con Rosie o haz lo que quieras, ya no me importa. Tal vez sí fue un error habernos apresurado con la boda y… todo esto —señalé a la habitación entera.

—No digas eso, nena.

—Ahora resulta que soy “nena”. No era tu nena cuando me gritabas enojado y hacías reclamos inútiles.

—No eran inútiles, al menos no el que concierne a mi hermano. Él es peligroso y tú no lo entiendes.

Negué con la cabeza, secando el nuevo lote de lágrimas que no paraban de caer.

—Ahora lo hago. Es un gen que viene de familia; ambos son peligrosos solo que tú lo eres de distinta manera.

—Te dije que era peligroso y estuviste bien con eso.

—Sí, y me advertiste que eras peor que el ébola y no pensé adecuadamente en ese entonces… me doy cuenta ahora que es una enfermedad de las peores.

—Y eso que todavía no has escuchado el resto.

—¿El resto de qué? ¿El resto de mierda que Rosie te dijo en mi contra? Ni siquiera quiero oírlo. En lo que a mi concierne, Rosie debe morir.

—Me dijo cosas interesantes.

—Pues deberías dejar de escucharla. Seguro quiere un padre para su hijo y está tan desesperada que hasta al pobre de Key lo desea entrometer.

—Me enseñó…

—No quiero saberlo —lo detuve—. Por favor, vete ahora.

Ambos nos quedamos en silencio por un momento antes de escuchar un suspiro ruidoso y el arrastrar de unos zapatos por el suelo. La puerta se cerró después de eso y yo me eché a llorar aún más fuerte de lo que ya lo hacía.

Tal vez era mejor de esa forma, él y yo nunca debimos habernos casado con tantas cosas que poníamos primero antes que la relación.

Al día siguiente, sin pensarlo demasiado, tomé mi maleta y escapé del hotel por mi cuenta.

Tomé un taxi, evitando que alguien pudiera reconocerme, y probé a jugar de la manera que Adam había jugado conmigo en el pasado: huyendo cuando las cosas empezaban a ser demasiado pesadas como para soportarlas.


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12 octubre 2014

Entrevista... con imagenes. Para pasar el rato

Preguntas a Adam Walker:


1. ¿Es verdad que tu color de cabello natural era rubio pero lo teñiste a negro?
¿Quién dijo eso? Es completamente falso. Todo lo que hay en mi sensual cuerpo es dado directamente de la mano de Dios; todo es natural como la fruta.


2. ¿Cuál es la frase que más utilizabas cuando salías de conquista?
Yo no utilizaba frases. Simplemente dejaba que mi encanto natural las sedujera, y listo.


3. ¿Cuál ha sido tu secreto mejor guardado?
¿Secretos? ¿De qué hablas? Yo soy tan transparente como el papel. ¿Lo ves?


4. Menciona el trabajo más exótico que has hecho





Lavar autos.

5. Frase favorita
Ten por seguro que si te quedas viendo fijamente el trasero de mi mujer voy a patearte hasta que llegues a China, hablando como nenita.



6. ¿Canción Favorita?
Selena Gomez and The S... perdón, esa no. Esta:



7. ¿Deseo más profundo?



Comer sin engordar, beber sin tener un coma de alcohol, ser atlético sin ejercitarse y... la paz mundial.

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Noticias importantes que hay que leer...

Les había prometido, en mi página de facebook (AQUI LO MIRAN), que este fin de semana les postearía la otra parte del capítulo 16... osea hace dos días... u hoy. Peeeeero, se los dejaré hasta mañana porque me surgieron unas cuantas cositas de las que tuve que hacerme cargo este fin de semana (nació mi sobrina y fue una locura en la casa! Tareas y deberes, problemas, lo usual de siempre).

Fue una locura


Cerré el blog porque le quería modificar el diseño, nada más, no hay gran misterio detrás de todo. No intento privatizar el blog ni nada por el estilo. Tampoco pretendo dejar sin terminar mis historias porque eso no va conmigo. Así que espero que no hayan desesperado mucho.

Y muy pronto tendré noticias GRAAANDES para darles. ¿Un adelanto de lo que será? Sobre el PDF de POAW que ya está cerquita. Tengo pensado no pasar de este año para dejarselos completo. Así que si son de los que están a punto de romper la espera del PDF por leer los capítulos, ¡ALTO! falta poco para terminar y para que disfruten de la historia completa. Más adelante daré más información.

Sé que les costará entender por qué me tardo tanto en subir un capítulo, pero desearía que por un día estuvieran en mis zapatos... a veces simplemente no puedo con todo lo que tengo en la cabeza.
Perdonen mi falta de compromiso (como un comentario Anónimo me dijo la semana pasada) con las historias, algún día seré puntual con mis capis, lo juro...


Los quiero mucho, pasen un lindo inicio de semana y... no sean malos conmigo!!
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22 septiembre 2014

POAW - Capítulo 16 - Parte 1



El capítulo es cortito y la segunda parte se las dejaré en estos días. En Wattpad lo postearé hasta que lo tenga completo!

Gracias por leerme :D



Capítulo 16
Rosie debe morir 




Esta era la peor luna de miel de la historia.

Mi marido se encontraba consolando a una mujer que definitivamente no era yo, rodeando con su brazo la cintura de la chica y tratando de hablarle con voz suave en caso de que ella se fuera a desmayar sobre el pavimento.

Llámalo celos, pero me sentía furiosa de ver lo íntimos que lucían ambos. Y tal vez sonará mal pero deseaba que acabara de una vez con el drama y nos dejara continuar con nuestro camino hacia las tortugas. Me hice ilusiones de verlas.

Mientras caminábamos, de la nada, la rubia se retorció incómodamente y dobló el cuerpo.

—¡Ahh! —gritó ella, llevándose una mano a su vientre.

Adam se detuvo en seco y vi cómo entraba en pánico sin saber qué hacer.

—¿Rosie? —preguntó—, ¿qué sucede? ¿Quieres que te lleve al hospital o llame una ambulancia?

Ella negó rápidamente con la cabeza.

—Estoy bien. Todavía no es la fecha de parto. Solo son algunos dolores típicos, no te preocupes, no es nada que requiera atención médica. Llévame con mi hermana y todo estará bien.

Sonrió cansadamente.

Tal vez yo estaba siendo demasiado egoísta con ella porque sinceramente la chica parecía como si no hubiera dormido bien durante semanas. Debería ser más compresiva.

—¿No te ha dolido la espalda últimamente, Ambar? Porque yo estoy que no aguanto —murmuró.

Olvidé lo de ser amable e hice una mueca.

—Es Anna —aclaré de mala gana—. Y sí, tengo que dormir de lado porque sino el bebé patea mucho y mi espalda duele.

—Lo siento —se disculpó—, siempre cambio los nombres. A Adam lo llamé Andrés durante un par de meses hasta que un día se enojó y me dijo que nunca lo volviera a llamar de esa forma.

Ambos, Adam y ella, se echaron a reír.

Yo no lo encontré gracioso. No habían pasado ni cinco minutos cuando le dije mi nombre, y a menos que ella tuviera memoria a corto plazo, pensaría que lo hacía a propósito.

—Pues estos dolores no son precisamente caídos del cielo. Más adelante es —susurró con voz débil.

Resoplé disimuladamente, deseando no volver a encontrarnos con Rosie en lo que quedaba del día… o del viaje.

—¿Qué les parecería almorzar más tarde? —preguntó entonces la rubia.

Me abstuve de rodar los ojos y cerrar la boca para evitar mandarla al carajo, pero para mi sorpresa, Adam negó con la cabeza:

—Lo siento Rosie pero hoy vamos a pasar el día juntos.

—Oh, claro. Cierto, cierto… por un momento olvidé que estaban de luna de miel. ¡Torpe de mí!

Mi mueca se transformó en sonrisa y sentí como si hubiera ganado una pequeña batalla.

Anna: 1, Rosie: 0

—Además —continuó Adam, estirando su brazo libre para tomarme la mano—, le prometí a alguien que veríamos las tortugas y eso es precisamente lo que voy a hacer; aunque la chica en cuestión mintió sobre el tamaño de las mismas.

¡Veríamos las tortugas!

No podía creerlo. Casi me echaba a llorar.

Anna: 2, Rosie: 0

La rubia lucía impresionada. Sus manos aferrándose a la tela de la camisa de Adam, como si no quisiera dejarlo ir nunca.

Apreté con más fuerza la mano de mi marido.

—¿Qué tal una cena? —insistió ella—. Tengo deseos de saber cómo fue su boda. ¿Les gustaría cenar conmigo?

Adam me miró por aprobación… aprobación que definitivamente me rehusaba a dar. Pero de igual forma no fue necesaria porque él ya se encontraba asintiendo en esta ocasión.

—Claro, nos vemos en la cena entonces —respondió por ambos—. Tenemos fotografías, las llevaré.

—¡Excelente! —chilló—. Yo también tengo unas cuantas, de cuando éramos apenas unos críos y jugábamos sobre las ramas de los árboles.

Adam y ella rieron con fuerza, recordando viejos tiempos al parecer.

—¡No me digas que tienes aquellas imágenes de cuando te caíste del árbol!

Rosie asintió entusiasmada.

—Las tengo todas. Hasta la que tomó mamá cuando me diste mi primer beso como disculpa por haberme roto el brazo.

Ella rió y Adam se ruborizó profundamente.

Fruncí el ceño e hice una mueca. ¿Primer beso? ¿Tenía una foto de su primer beso con Adam?

Ahora quería golpearla.

—Oh, espero que eso no te haga sentir incómoda —ella me examinó con sus ojos azules.

Le di mi mejor sonrisa hipócrita y me quedé en silencio el resto del viaje mientras ellos conversaban sobre lo bonito de su niñez y cómo Adam comenzó a darle besos (en los labios) cada vez que ella se astillaba sus dedos gordos o cuando simplemente obtenía un pequeño raspón o le dolía la uña del pie.

Aggg. Me sacaba de quicio.

Justo antes de entrar al hotel y dejarla en el restaurante, ella nos aseguró que ya se encontraba en condiciones para caminar sola el resto del camino e insistió que la dejáramos en la entrada.

Al parecer lucía arrepentida por haber hecho que nos desviáramos de nuestro destino.

Se despidió de Adam con un jugoso beso en la mejilla que le dejó todo el cachete marcado con su lápiz labial rosado, y a mí me hizo un saludo insignificante con la mano.

—Nos vemos esta noche. Por cualquier cosa, tienes mi número —le guiñó un ojo.

La vimos entrar al restaurante y sonreír al camarero, caminó hasta que ya no pudimos distinguirla a lo lejos entre los comensales.

—Así que… —comencé— ¿besos cada vez que se hería? Debiste ser su héroe todos esos años.

—Nena…

Alcé mi mano, callando lo que fuera que saldría de su boca.

—Ni te molestes. Estoy enojada. Iré a ver las tortugas yo sola.

—No deberías sentirte celosa por cosas que ocurrieron hace más de doce años atrás.

—¿Celosa? —resoplé—. Já, yo no estoy celosa. ¿Furiosa? sí.

Miré de forma recelosa hacia su mejilla estampada con lápiz labial y, sin pensarlo demasiado, llevé mi dedo pulgar a mi boca para humedecerlo y luego repasarlo sobre la estúpida marca en un intento por borrarla.

Escuché la risita de Adam justo cuando me tomó de la cintura para evitar que tropezara con las puntas de mis pies.

—Anna, entiende que ella solo me tiene en esos momentos del pasado. Esos recuerdos de cuando éramos niños es todo lo que siempre será entre ella y yo; en cambio tú me tienes para toda la vida. No deberías estar celosa o enojada.

Me rehusé a verlo a los ojos y admitir que me convirtió en papilla con esas palabras. Yo era demasiado fácil de impresionar.

—Pasado o presente, no importa, te dejó marcado con lápiz labial caro. Costará que se borre a menos que ponga más saliva o raspe con fuerza —murmuré con enojo.

—Nena —apartó mi insistente dedo pulgar y luego lo besó y lamió—. Tus labios están marcados permanentemente, no se comparan con esos —levantó su muñeca, mostrando el tatuaje de mis labios—. ¿Lo ves?

Quería decir algo inteligente, pero lo que salió de mi boca fue un: baggsh.

Carraspeé hasta apartarme un poco de él, alisando las arrugas imaginarias de mi vestido.

—Bien. Vamos pronto o perderemos la oportunidad de ir al acuario —dije con voz ronca.

Antes de que pudiera avanzar, Adam me tomó de los hombros y se inclinó para presionar sus labios contra los míos, besándome tiernamente.

—Por algo me tatué lo que me tatué en el dedo —susurró besándome una vez más—. No te quedan bien los celos.

—¿Pero a ti sí?

—A mí me queda bien todo, incluso los celos.

Me guiñó un ojo y me ofreció esa sonrisa seductora que me hacía ver de forma bizca automáticamente.

—Si sigues haciendo eso te vas a arruinar la vista y luego ocuparás lentes —susurró, divertido.

—Tal vez primero deberíamos subir a la habitación —cambié rápidamente de tema.

Las cejas de Adam se elevaron hasta el nacimiento de su cabello.

—¿Ahora? ¿No querías ver a las tortugas? Pensé que había saciado todas tus necesidades esta mañana, pero no me quejo…

Lo golpeé en el hombro.

—¡No es eso! —mis ojos recorrieron en busca de oyentes indiscretos—. Es que tengo toallitas desmaquillantes para quitarte ese feo color de lápiz labial que no te queda bien.

—De acuerdo, de acuerdo. Lo que mi nena quiera.

Asentí y comencé a caminar en dirección a los elevadores en el lobby.

Me tomó de la mano y nos pusimos en marcha juntos.

Mientras esperábamos el ascensor, no aguanté la curiosidad para salir de dudas en cuanto a un tema en particular que moría por conocer:

—Hay algo que quiero saber —murmuré— ¿Quién es el papá del bebé que espera Rosie?

—Mmm…

Adam se quedó callado repentinamente.

—Tú debes saber. ¿Quién es? —insistí.

Y aunque probablemente yo no lo conociera o nunca hubiera oído hablar de él, quería que mi curiosidad fuera saciada.

—Es… —dio un suspiro largo y me soltó la mano para ponerla sobre mi barriga—, es algo entre ella y el padre.

—¿No piensas decirme? ¿Qué acaso conozco al chico?

—De hecho, sí, lo conoces.

—¿Lo conozco? —mis ojos se ampliaron—. Con más razón, dime quién es.

—Es Key.

Me quedé paralizada por un momento. Mi mente no procesaba lo que acababa de escuchar, mucho menos me imaginé que Adam fuera a decírmelo así de fácil.

—¿Key? ¿Tu amigo Key es el padre?

Asintió con la cabeza.

—Fue sin querer. Al parecer ambos habían bebido y las cosas se fueron de control… Rosie terminó embarazada y Key se hizo responsable de todo, aunque no se quiso casar con ella.

Mi boca seguía abierta desde que me dijo el nombre.

—Pero… pero ¿Rita y él?

El ascensor indicó que ya estaba en el primer piso y luego se abrieron sus puertas. Subí en modo automático.

—Exacto —murmuró—. Presiento que Rita es la razón por la que él no se está casando ahora con Rosie.

Otras dos parejas jóvenes se subieron al mismo elevador y presionaron los números de sus pisos mientras yo aún lucía congelada.

Rita no me había dicho ni una sola palabra al respecto. Ella no me había contado nada.

¿Qué clase de terrible amiga debía ser yo como para que ella no sintiera la confianza de decirme? Claro, por eso la notaba muy distante con Key últimamente.

Me sentía herida y sorprendida a partes iguales. Y yo que pensaba que tenía en alta estima a ese desgraciado con camisas de vaquero.

—Promete que no dirás nada —dijo Adam después de un momento—, Key no quiere que nadie sepa lo que ocurrió con Rosie. Ni siquiera la misma hermana de Rosie lo sabe.

—¿Por qué no quiere que se sepa nada?

—¿No has tenido secretos que quisieras conservar antes de divulgarlos aunque sea a la persona más cercana?

Sus ojos verdes me miraron con expresión determinada.

¿Acaso él…? ¿Él? ¿Él sabía lo de las gemelas y por eso me decía esa frase mística sobre secretos?

Abrí y cerré la boca repetidamente hasta que Adam me tomó de la barbilla y me besó en los labios.

La pregunta sobre la confianza rebotó de nuevo en mi contra: ¿qué clase de persona exigía confianza pero no le demostraba al chico que amaba que, de hecho, confiaba en él?

Me sentía hipócrita.

Llegamos rápidamente a nuestro piso y bajamos en un silencio incómodo. Mi estomago decidió revolverse en ese instante.

Llevé una mano a mi boca para detener las ganas de vomitar, pero no sirvió de nada.

—Anna, ¿qué…?

Me apresuré hasta detenerme frente a una gran planta de base rectangular y vomité todo el contenido de mi estómago, haciendo ruidos fuertes de arcadas.

Unas grandes manos acariciaron mi espalda y apartaron mi cabello mientras yo buscaba apoyo en la pared y limpiaba mi frente sudada.

—Estoy bien —murmuré apenada—. Ya se me pasó.

—Olvídate de las tortugas por hoy, por favor —suplicó Adam—. Vamos a la habitación, llamaré a un médico.

Intenté negar con la cabeza pero las ganas de vomitar no me abandonaron del todo. Vomité una segunda vez, esta vez sobre la fina alfombra.



****



Gripe estomacal. Eso dijo el doctor que tenía. ¿Lo peor de todo? No podía tomar ningún medicamento para aliviar mi malestar debido al embarazo.

No afectaba a las bebés pero sí podía llegar a deshidratarme con facilidad ya que mi sistema inmunológico se encontraba desprotegido.

Adam procuraba que estuviera confortable mientras me recostaba en la cama e intentaba masajear mis pies.

—Sabía que teníamos que haber esperado —murmuró como por décima vez—. Soy un tonto, perdóname. En cuanto te sientas mejor nos vamos a casa.

Negué con la cabeza, con mis manos elevadas sobre la almohada.

—No te lo permitiré. Voy a mejorar y… —bostecé con fuerza, me sentía cansada—, y quiero ver las tortugas.

—Tú y tus tontas tortugas. Prometo que vendremos después del embarazo. O mejor, te compraré una docena de ellas cuando lleguemos a casa.

Quería negar enfáticamente pero cada vez se me hacía más difícil mantener mis párpados abiertos.

—Ya tenemos mucho animales —dije casi de manera incoherente—. No quiero ser otra Mindy. Además Ricky es muy celoso con Nicole y… Nicole quiere ver a su banda de chicos favorita. El otro día yo le hice un comentario sobre eso… con bananas y todo.

Me costaba concentrarme y buscar las palabras adecuadas. Cada vez mis ojos querían cerrarse un poquito más.

—Cancelaré la cena con Rosie.

Sentí que se inclinó para besar mi sudorosa frente y luego acomodó mi almohada.

—No —intenté abrir los ojos pero fue inútil—. No la canceles, voy a mejorar. Quiero restregarle en la cara que tu eres mío y no de ella.

Escuché su risa y quise reír con él.

—Ya se lo restregarás después, ahora descansa.

En un intento desesperado lo tomé de la camiseta.

—Lo siento —murmuré—, no era mi intención. Te amo, de verdad lo hago pero… soy una terrible mentirosa. Tus hijas… mereces saberlo todo.

Podía sentir a Adam a mi lado, absorbiendo cada palabra que salía de mis labios. Quería disculparme por mentirle sobre las gemelas pero mi boca se puso pastosa y mi cabeza se sintió nublada.

—Duerme tranquila. Mañana me cuentas —susurró él.

Eso fue lo último que escuché antes de perder la conciencia en un sueño muy profundo.


****

Cuando abrí de nuevo los ojos alguien había colocado un recipiente plástico al lado de mi cama, inmediatamente vomité y luego volví a caer dormida en un santiamén.


***



Pasaron lo que se sintieron días, y yo me intercalaba entre lo consciente y lo inconsciente, vomitando una vez y a la siguiente sintiendo algo fresco en mis labios. Agua.

La segunda vez que pasé consciente por más tiempo noté que me encontraba desnuda en la gran bañera de nuestro baño en el hotel. Sentí una mano sosteniéndome de la cintura mientras mojaba mi cuello y mis pechos, y parpadeé hasta ver la firme expresión en el rostro de Adam.

—Ey —saludé con voz débil y quebradiza—. ¿Por qué esa cara?

Su rostro se suavizó al verme despierta y sus manos inmediatamente fueron a parar a mi cara.

—Qué bueno que despertaras. Temí lo peor.

Sonreí quedamente, sintiendo mis huesos como fideos temblorosos.

—Ya estoy mejor.

—Todavía tienes fiebre —murmuró.

—Claro que no. Admite que solo querías tenerme desnuda en la bañera.

—Ojala fuera solo eso, nena. ¿No tienes ganas de vomitar?

Esperé un segundo para saber si mi estómago se revolvía, pero nada pasó.

—No. Nada de ganas.

—Bien. Ya tuve que pagar para que remodelaran una de las alfombras.

Mi cara se calentó de vergüenza al recordar que había vomitado en una de ellas.

—No puede ser cierto. ¡Qué pena!

—Solo bromeaba —me besó en la cabeza mientras se ponía de pie y alcanzaba el gel de baño—. La mancha sigue allí, pero solo tú y yo sabremos lo que significa.

Untó un poco del gel con esencia a caramelo en sus manos y luego las pasó por mis hombros.

—¿Cuánto tiempo estuve así? —pregunté cerrando los ojos, dejando que me diera un delicioso masaje.

—Sólo ayer y hoy. Si te sientes hambrienta preparé sopa de pollo.

—¿Preparaste?

—Bueno, pedí servicio a la habitación… pero igual cuenta como un gran gesto.

Sus manos se posaron enseguida en mi cuerpo y sus dedos limpiaron y masajearon hasta el punto de volver a quedarme dormida.

Todo iba de maravilla hasta una voz chillona empezó a maldecir en la otra habitación.

Los músculos de mi cuerpo se tensaron y mis ojos buscaron los de Adam casi instantáneamente.

—¿Esa… es Rosie?

Él asintió muy a mi pesar.

—Ella ha estado ayudándome contigo.

Rechiné los dientes y quise meterme bajo el agua de nuevo. ¿Por qué ella de todas las personas en el mundo?

Estaba a punto de hacer la pregunta en voz alta, cuando, un golpecito en la puerta del baño me sacó de mis pensamientos.

—¿Adam, tienes un minuto?

Era ella. Y ni siquiera esperó a que él respondiera sino que abrió la puerta de un tirón.

—Lamento tener que decirte esto pero… —ella cerró la boca en cuanto vio que me encontraba despierta… y desnuda… con los manos de Adam presionadas en mi barriga, un poco más debajo de mis senos.

—Oh por… ¡Lo siento tanto! Pensé que la meterías a la bañera con todo y ropa. Puedo entrar después.

Se dio la vuelta y corrió lejos del baño.

Miré con cierto recelo hacia el chico de ojos verdes y lo fulminé con la mirada.

—¿Ella estaba usando una de tus camisas?

—No malinterpretes. La vomitaste encima y su hermana tiene una fiesta en su habitación, no podía cambiarse ahí.

—¿Y tenías que darle una de tus camisas? ¿Ni siquiera una de las mías, de las de maternidad?

Él se encogió de hombros.

—Ella la agarró. Mira, veré qué es lo que quiere y luego te meteré directo en la cama. Todavía tienes que reponer fuerzas porque mañana nos iremos a casa.

—No quiero irme, es nuestra luna de miel.

—Anna, por una vez en tu vida escucha lo que tengo que decir.

—Y tú escucha cuando te digo que tu amiga no me cae bien.

—Entendido. Ahora deja que vaya con ella y luego te saco de esta bañera. No te muevas o hagas mucho esfuerzo.

Se limpió el resto de gel de ducha en el lavamanos y a continuación se marchó dejándome sola.

Me sentía realmente frustrada tratando de decirle mis sentimientos sobre la chica. Apostaba lo que fuera a que ella armó un complot para engañar a Key y tratar de separar a Rita.

Las chicas silenciosas podían llegar a ser letales.

Lo único que podía decirse que valió la pena fue saber que había tenido el gusto de vomitarla encima.

Anna: 3, Rosie: 0

Pasados unos diez minutos, y cuando el agua se puso demasiado fría como para mantenerme dentro, me puse de pie e intenté tomar una toalla limpia de uno de los muebles de baño. La puerta se abrió inmediatamente y un Adam muy furioso entró azotando todo a su paso.

Cuando me vio de pie, desnuda e intentando estirar mi brazo para alcanzar la toalla, su enojo simplemente creció.

—Mierda —maldijo—. Anna, simplemente continuas haciéndolo, ¿no?

Furioso como estaba alcanzó la toalla y me cubrió con ella. Fue brusco al sacarme de la bañera y yo me quejé con gemido débil. Mi estómago continuaba delicado como para hacer movimientos bruscos.

—¿Adam, qué sucede?

Su mandíbula se tensó y la vena de su frente y la de su cuello se pusieron de acuerdo en aumentar de tamaño en ese instante.

—Ahora no, Anna.

—Pero por qué…

—Lo sé todo, de acuerdo. Lo sé. Lo que no entiendo es ¿cuándo pensabas decírmelo? ¿Hasta cuándo querías seguir mintiendo al respecto? Pensé que de ahora en adelante no habría secretos entre nosotros y apareces con esto.

—¿Qué?

Ay Dios, lo sabía. ¡Él lo sabía!

Casi resbalé en el suelo pero sus manos inmediatamente sujetaron mis muñecas.

—No puedo creerlo —murmuró mientras intentaba secar mi cabello con otra toalla—. No sabía que me odiaras tanto como para hacerme esto.

Abrí la boca para decirle lo mucho que lo sentía, pero ningún sonido salió de mis labios.

Mis ojos se nublaron y quise contener las lágrimas para que no las notara.

—Vamos —me dijo, siempre sonando brusco—. Te puedes resfriar y no es bueno.

Hizo una mueca antes de tomarme del brazo y llevarme al dormitorio donde Rosie seguía de pie, usando su camiseta. Ella lucía avergonzada y evitaba encontrarse con mis ojos.

¿Qué le habría dicho?

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20 agosto 2014

2da Tanda de Recomendaciones para leer

Los siguientes son fics (libros, novelas, historias) que están terminados... Ya saben, click en el nombre para ir a la página y descargar/leer!




Saludos!!

Autora: Dana_Luz


Cuando dos de los mejores escritores se unen para crear el bestseller que los impulsará a la fama infinita, sólo pueden pasar dos cosas: o todo sale a pedir de boca .. o sus vidas se convierten en un torbellino de emociones (entre las cuales, definitivamente no se encuentran "atracción" y "romance").


Claire Manfory es la creadora de la más maldita de las mujeres que algún lector haya podido encontrar.
Derek, por el contrario, creó al personaje mas heroico, sexy y soltero del mundo.


¿Qué pasaría si, por alguna razón, estos increíbles personajes ficticios tuvieran que participar en una misma novela? Y ¿qué pasaría si .. sus creadores tuviesen que soportar el hecho de escribir juntos?





Autora: Tamara Araoz


Si pudieras desear lo que sea, cualquier cosa ¿Que seria? ¿Pedirías la paz del mundo? ¿Un auto nuevo? ¿Mayor inteligencia? ¿o simplemente pedirías que esta vez no salieras decepcionado?


Algunos deseos son egoístas, otros demasiado imposibles y los de Abi Fletcher simplemente son ignorados.
Por eso, cuando en un arranque de completa amargura y escepticismo, su mente arrojara el pedido mas irracional en la historia de todos los deseos .. "Desearía haber nacido en otra época"
Y esta vez .. no resulta ignorada.
Un mundo nuevo, un hombre y muchas cosas que ni en sus peores pesadillas habría imaginado, son solo las primeras en la lista de cosas que Abi deberá afrontar en la Inglaterra de sigo XVIII .. ¿Podrá sobrevivir hasta el año siguiente y pedir regresar?

 


Autora: Antonella

Ella ama el ballet.
Él ama el baloncesto.
Ella sueña con ser una bailarina exitosa.
Él sueña con jugar en la NBA.
Ambos van a la misma universidad.
Ella acaba de salir de una relación y está harta del amor.
Él es un mujeriego en proceso de recuperación.
Ella quiere divertirse.
Él quiere empezar a tomarse las cosas en serio.
Ella busca un ligue de una noche.
Él busca al amor de su vida.
Son como el agua y el aceite pero por cosas del destino juntos se darán cuenta que obtener lo que uno quiere es más difícil de lo que imaginaron.





Autora: Antonella

Mi nombre es Abby Johnson y tengo 18 años.
Mi vida es normal.. es mi último año en la escuela, amigas, fiestas, soy medianamente popular, mi familia es unida, tengo una especie de novio/amigo con derecho.. todo es bastante perfecto no creen? Entonces cual es el problema?
Mi mejor amiga de un dia para el otro tiene novio sin contarnos nada. Y cuando al fin se decide a presentárnoslo me doy cuenta que es ÉL.
He tenido un flechazo con Luke Grayson desde que lo conocí cuando tenia 12 años en un campamento de verano. Nos hicimos amigos de inmediato y amaba pasar tiempo con él. Aún recuerdo nuestro último día cuando caminábamos cerca del lago, estábamos riéndonos y hablando sobre cosas sin sentido cuando de repente me besó. Mi primer beso. Mi primer amor. Al día siguiente el campamento terminó y nunca lo volvi a ver hasta ahora
¿Y lo peor de todo? Ni siquiera me reconoce.
Sabía que tendría problemas desde el momento en que lo volví a ver.




Autora: D.H. Araya

Que un chico deba pasar las vacaciones con sus padres no es raro. Que no le agrade esa idea, tampoco. Que le guste una chica en esas vacaciones es bastante común. Y que ella trabaje en su casa es un cliché.
Lo raro es que la chica lo ignore, solo a él. Que se haga amiga de su hermano menor y pasen tiempo juntos. Que lo evite, que no responsa a sus preguntas y pase de él como si fuera invisible. Y que eso, solo despierte su curiosidad.
Pero, cuando se entera de que esa chica es sorda, de que habla bastante con su hermano y de que le gusta salir a bailar, hace algo más que despertar su curiosidad.
Y para solucionar esto solo hay una salida, convertirse en su amigo y quizás, algo más.
Además, tiene tres meses para perder el tiempo, y esa chica es una interesante diversión.





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